Alegria

Alegria

by Randy Alcorn

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Alegria by Randy Alcorn

Se supone que nosotros los cristianos debemos de ser seres humanos felices. De hecho, estamos supuestos a radiar gozo, paz y un contentamiento tan inconfundible y tan atractivo, que naturalmente el deseo de otras personas sea el acercarse a nosotros con la necesidad de poseer lo que nosotros tenemos. Sin embargo, en nuestra cultura actual, la mayoría de los cristianos, son percibidos como personas de ira y juicio hacia otras personas con la falta evidente de gozo y alegría en sus vidas. ¿Por qué entonces no son alegres?

Nosotros tenemos la certeza de que experimentaremos un gozo inimaginable y una inmensa alegría en el Cielo, pero entonces, ¿por qué no podríamos experimentar esta misma alegría y gozo aquí en la tierra también?

En este libro, Alegría, el reconocido teólogo Randy Alcorn disipa siglos de conceptos erróneos acerca de la felicidad y la alegría que experimentamos, comprobando de manera concreta que Dios no solamente desea que la gente que le conoce personalmente sean felices, sino que Él nos manda a serlo. Este es uno de los estudios más conclusivos acerca del tema de la felicidad hasta la fecha, convirtiéndose en un libro que promete cambiar los paradigmas de tal forma que servirá como un gran llamado de atención para la Iglesia y todos los cristianos alrededor del mundo.

Christians are supposed to be happy. In fact, we are supposed to radiate joy, peace, and contentment that is so unmistakable and so attractive that others are naturally drawn to us because they want what we have. And yet, in today’s culture, the vast majority of Christians are perceived as angry, judgmental people who don’t seem to derive any joy from life whatsoever. So why aren’t we happy?

We know that we will experience unimaginable joy and happiness in Heaven, but that doesn’t mean we can’t also experience joy and happiness here on earth.

In Happiness, noted theologian Randy Alcorn dispels centuries of misconceptions about happiness and provides indisputable proof that God not only wants us to be happy, He commands it. The most definitive study on the subject of happiness to date, this book is a paradigm-shifting wake-up call for the church and Christians everywhere.

Product Details

ISBN-13: 9781414391618
Publisher: Tyndale House Publishers
Publication date: 12/06/2016
Pages: 256
Sales rank: 1,311,863
Product dimensions: 5.90(w) x 16.50(h) x 0.70(d)

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Alegría


By Randy Alcorn, Randy C. Happiness Alcorn

Tyndale House Publishers

Copyright © 2016 Randy Alcorn
All rights reserved.
ISBN: 978-1-4143-9161-8



CHAPTER 1

¿POR QUÉ ANHELAMOS LA ALEGRÍA?

Regresarán los que fueron rescatados por el Señor y entrarán cantando a Jerusalén, coronados de alegría eterna. Desaparecerán el dolor y el luto y estarán llenos de gozo y de alegría.

ISAÍAS 51:11

El deseo más esencial y activo de la naturaleza humana es ser feliz. [...] No hay nada más uniforme e inviolable que la inclinación natural a la alegría.

WILLIAM BATES

* * *


THE SHAWSHANK REDEMPTION (SUEÑO DE FUGA) contiene una escena conmovedora en la cual un prisionero, Andy, se encierra en un área restringida y pone a tocar música de ópera. La hermosa melodía suena a través de los altoparlantes mientras los prisioneros y los guardias miran fijamente hacia arriba, paralizados.

Otro prisionero, Red, personificado por Morgan Freeman, relata:

Hasta el día de hoy, no tengo ni idea sobre qué cantaban esas dos mujeres italianas. [...] Me gustaría pensar que estaban cantando sobre algo tan hermoso que no se puede expresar con palabras y que por eso te hacía palpitar el corazón. Puedo asegurarles, esas voces se elevaron más alto y más lejos que cualquiera en un lugar gris se atrevería a soñar. Fue como si un ave hermosa hubiera entrado aleteando en nuestra pequeña jaula apagada e hiciera desaparecer esas paredes, y por una milésima de segundo, cada uno de los hombres en Shawshank se sintió libre.


La música liberó a esos prisioneros, generando sentimientos de una realidad mejor y plantando la esperanza de que la verdadera belleza existe. Nosotros, también, aunque vivimos en un mundo caído, nos atrevemos a tener esperanza de una alegría trascendente que está allí afuera ... en algún lugar.

La búsqueda frenética de la alegría en nuestra cultura podría llevarnos a creer que es una moda pasajera, una cosmovisión equivalente a los pantalones de campana o los peluches de Beanie Babies. No es así. El deseo de alegría no es, como muchos lo malinterpretan, la criatura del egocentrismo moderno. La sed de alegría está profundamente arraigada tanto en la Palabra de Dios como en cada cultura humana.

Timothy Keller dice: "Mientras que otras cosmovisiones nos llevan a sentarnos en medio de los gozos de la vida, anticipando las angustias venideras, el cristianismo capacita a su pueblo para sentarse en medio de las angustias de este mundo, saboreando el gozo venidero".


MI ANHELO POR ALGO MEJOR COMENZÓ EN LA NIÑEZ.

Una investigación muestra que los niños se ríen cuatrocientas veces por día en promedio, y los adultos solo quince. Entonces, ¿qué sucede entre la niñez y la madurez que daña nuestra capacidad para ser felices?

Tengo recuerdos muy queridos de mi niñez. Pero para cuando llegué a la adolescencia, estaba muy decepcionado y vacío, aunque la mayoría de los que me conocían nunca lo habría imaginado.

Crecí sin saber casi nada sobre Dios. Mi padre tenía tabernas y dirigía Alcorn Amusements, que proveía y daba mantenimiento a máquinas de juego para tabernas. Crecí en un hogar lleno de mesas de billar y de fútbol de mesa, con máquinas de pinball y de bolos. Incluso tenía dos rocolas en mi habitación. Estas máquinas de diversión estaban diseñadas para hacer felices a las personas ... sin embargo, en mi familia nadie era feliz.

Era el segundo matrimonio tanto para mi padre como para mi madre. Cada vez que mi papá llegaba a casa ebrio y comenzaba a gritarse con mi mamá, yo me quedaba en la cama preguntándome si esta pelea terminaría en divorcio.

En la escuela secundaria tuve notas excelentes, gané premios, jugué como mariscal de campo y fui nombrado capitán del equipo y presidente del cuerpo de estudiantes, pero no era feliz. Experimenté breves muestras de alegría, pero pasé mucho más tiempo buscando la alegría y anhelando ser feliz que siendo feliz. Compré cientos de historietas, me suscribí a revistas de fantasía y ciencia ficción y pasé noches mirando a través de mi telescopio, meditando sobre el universo.

El cielo nocturno me llenaba de asombro y también de una pequeña sensación de alegría. Anhelaba algo más grande que yo. (Debido a que no sabía nada sobre Dios, los extraterrestres eran los candidatos principales). Una noche inolvidable, contemplé la maravillosa galaxia de Andrómeda, a 2.5 millones de años luz de distancia, con sus billones de estrellas. Soñé que un día la exploraría y me perdería en su inmensidad.

Pero mi asombro fue superado por un sentido insoportable de soledad y separación. Lloré porque me sentí tan increíblemente pequeño. Sin que yo lo supiera, Dios estaba usando las maravillas de su universo para atraerme a él. Por medio de la creación de Dios, estaba viendo "las cualidades invisibles de Dios: su poder eterno y su naturaleza divina" (Romanos 1:20).

Ese vacío que me carcomía creció hasta que finalmente dejé de lado el telescopio. Si el universo tenía significado — si yo tenía significado — no tenía ni idea de cuál era.

A veces me sentaba en mi cama por horas, mirando fijamente a la rocola, inmerso en los sonidos de la década de 1960. Tenía una sensación de urgencia cuando escuchaba a John Lennon cantar: "Help!" (¡Ayúdame!). Mientras cantaba la letra, "necesito a alguien", no me daba cuenta que ese "alguien" era Jesús.

Luego me enteré que en la cumbre de su éxito, Lennon le escribió una carta personal a un evangelista. Luego de citar una línea de la canción de los Beatles "Money can't buy me love" (El dinero no puede comprarme amor), dijo: "Es verdad. El punto es este, quiero ser feliz. No quiero seguir drogándome. [...] Dígame lo que el cristianismo puede hacer por mí. ¿Es falso? ¿Puede él amarme? Quiero salir del infierno".

Lennon sabía que no tenía lo que los filósofos y los teólogos han afirmado por mucho tiempo que todos queremos: la alegría.

En cuanto a mí, busqué maneras de llenar ese hambriento vacío, pero prevalecieron la falta de alegría y la soledad. Encontré la forma de distraerme, pero nunca la plenitud.

Cuando leí la Biblia por primera vez, era algo nuevo, fascinante y completamente desorientador. La abrí y descubrí estas palabras: "En el principio, Dios creó los cielos y la tierra" (Génesis 1:1). Luego leí la declaración más comedida de todos los tiempos: "También hizo las estrellas" (Génesis 1:16). Innumerables estrellas en un universo de una inmensidad de cien mil millones de años luz son una simple adición: "También".

Me di cuenta de que este libro era sobre una persona que creó el universo, incluyendo la Andrómeda y la Tierra ... y a mí.

Debido a que no tenía puntos de referencia cuando leía la Biblia, no fue solo Levítico lo que me confundió. Pero cuando llegué a los Evangelios, algo cambió. Jesús me fascinó. Todo lo que la Biblia decía sobre él sonaba a verdad, y rápidamente llegué a creer que era real. Entonces, por un milagro de gracia, él me transformó.

Muchos factores caracterizaron este cambio de vida, pero la diferencia más notable fue mi recién descubierta alegría. Mi padre, enfurecido porque me incliné hacia una creencia que él despreciaba, pronosticó que yo perdería mi conversión con la edad. Estoy agradecido de que, cuarenta años después, no ha ocurrido. (También estoy agradecido de que a los ochenta y cinco años, mi papá confió en Cristo). Como la mayoría de nosotros, he pasado por sufrimientos y angustias. Aun así, habitualmente encuentro alegría en aquel que me alcanzó con su gracia hace décadas, y lo sigue haciendo cada día.

Aunque vivo en un mundo que vende alegría falsa en los puestos de revistas, en las páginas web y en los hipermercados, le doy gracias a Dios por la alegría auténtica en Jesús.


BUSCAR LA ALEGRÍA ES TAN NATURAL COMO RESPIRAR.

Agustín, a quien muchos consideran el teólogo más influyente en la historia de la iglesia, escribió hace mil seiscientos años: "Todo hombre, quienquiera que sea, desea ser feliz". También dijo: "No hay nadie que no lo desee ni que no lo desee por encima de las demás cosas; más aún, todo el que desea cualquier otra cosa, la desea con la mirada puesta en aquélla".

Casi mil trecientos años después de Agustín, el filósofo y matemático francés Blaise Pascal (1623–1662) escribió: "Todos los hombres buscan ser felices. Es algo sin excepción".

El predicador puritano Jonathan Edwards (1703–1758) dijo: "No hay hombre sobre la faz de la tierra que no busque fervientemente la felicidad, y se manifiesta de manera abundante por las diversas formas en que con tanto énfasis la buscan; se escurren y se retuercen por todos lados, ejercen todos los instrumentos, para lograr ser felices".

Ninguno de estos hombres de Dios estaba en contra de la búsqueda de la alegría. Su mensaje era simplemente que la verdadera alegría se podía encontrar solo en Cristo.

Si no entendemos lo que estas personalidades de la historia de la iglesia sabían, pensaremos que tenemos una elección con respecto a si queremos o no buscar la alegría. De hecho, no la tenemos. Buscar la alegría es un hecho, una constante universal. Está presente en cada persona de cada edad, época y circunstancia. Por lo tanto, es completamente irracional y contraproducente que los cristianos les digan a las personas que no deberían anhelar ser felices. ¡No pueden evitarlo!

Cualquier pastor que intente desalentar a las personas para que no sigan buscando ser felices, cualquier padre que trate de hacer que su hijo se arrepienta por la motivación que le genera la alegría, está peleando una batalla perdida. Ninguno tendrá éxito, y ambos causarán daños al alejar al evangelio de la alegría que todos anhelan.


¿QUÉ PASA SI QUEREMOS SER FELICES NO PORQUE SOMOS PECADORES, SINO PORQUE SOMOS HUMANOS?

Según los libros que he leído, los sermones que he escuchado y las conversaciones que he tenido, estoy convencido de que muchos cristianos creen que nuestro anhelo de ser felices tuvo su origen en la caída de la humanidad.

¿Y qué si nuestro deseo de ser felices viene de Dios? ¿Qué si él les dio a los portadores de su imagen un anhelo innato de ser felices antes de que el pecado entrara al mundo? ¿Cómo podría esta perspectiva cambiar nuestro enfoque sobre la vida, la paternidad, la iglesia, el ministerio, los negocios, los deportes y la diversión?

Agustín hizo la siguiente pregunta retórica: "¿Pero acaso no es la vida feliz la que todos apetecen, sin que haya ninguno que no la desee?" Luego añadió una pregunta crucial: "Pues ¿dónde la conocieron para así quererla? ¿Dónde la vieron para amarla?".

Dios escribió no solo su ley en nuestro corazón (vea Romanos 2:15); ha escrito el amor por la alegría en él.

Las Escrituras retratan nuestra conexión con el pecado de Adán de una manera que trasciende el tiempo — como si hubiéramos estado en el Edén con él (vea Romanos 5:12-21) —. Esto explica por qué nuestro corazón rehúsa conformarse con el pecado y el sufrimiento, y anhelamos algo mejor.

Si solo fuéramos el resultado de la selección natural y la supervivencia del más apto, no tendríamos fundamento para creer que la alegría haya existido alguna vez. Sin embargo, incluso los que nunca han escuchado sobre la caída y la maldición saben por instinto que hay algo que está verdaderamente mal.

¿Por cuál otra razón buscaríamos la alegría y percibiríamos cómo se vería una sociedad utópica aunque nunca hayamos visto una? Tenemos nostalgia por un Edén del cual solo hemos visto algunos indicios.

¿Adán y Eva querían ser felices antes de pecar? ¿Disfrutaban la comida que Dios les proveyó porque tenía un sabor dulce? ¿Se sentaban bajo el sol porque era cálido, y se sumergían en el agua porque era refrescante? Si creemos que Dios es feliz (un tema que trataremos en la segunda parte), entonces, ¿no nos diseñaría con el anhelo y la capacidad de ser felices?

Los seguidores de Cristo dicen cosas como: "Dios quiere que sea bendecido, no feliz"; "Dios no quiere que sea feliz. Dios quiere que sea santo"; y "Dios no quiere que sea feliz; quiere que sea fuerte". Pero el mensaje de que Dios no quiere que seamos felices ¿promueve la Buena Noticia o la oscurece?

Cuando separamos a Dios de la alegría y de nuestro anhelo de ser felices, socavamos la cosmovisión cristiana. También podríamos decir: "Deje de respirar y comer; en lugar de eso, alabe a Dios". Las personas deben respirar y comer y anhelar la alegría ... ¡y pueden alabar a Dios mientras lo hacen!


POCOS ENCUENTRAN LA ALEGRÍA DURADERA QUE ANSÍAN.

El erudito medieval Anselmo de Canterbury (1033–1109) escribió lo que parece trágicamente obvio: "No todos los que tienen la voluntad de ser felices son felices". Adán y Eva se separaron de Dios y de la alegría debido a su desobediencia. Sin embargo, nunca perdieron el deseo de ser felices.

¿Por qué hay tantas personas tan infelices? Pascal propuso: "¿Quién se tiene por desdichado porque no es Rey, sino un Rey desposeido?".

Debido a que fuimos diseñados para lo excelente, la superficialidad del mundo no nos satisface. Percibimos que la infelicidad no es normal, y ansiamos que alguien, de alguna manera, nos traiga alegría duradera. Ese alguien es Jesús, y la manera de hacerlo es mediante su obra redentora.

A. W. Tozer (1897–1963) dijo: "El hombre está aburrido porque es demasiado grande para ser feliz con aquello que el pecado le da".

Como descendientes de Adán y Eva, heredamos su separación de Dios y, por lo tanto, de la alegría. Siglos después, mantenemos una profunda consciencia de que alguna vez fuimos felices, y de que deberíamos ser felices.

Este deseo imperioso de alegría auténtica, aunque a veces es doloroso, es la gracia de Dios para con nosotros. Este anhelo de la alegría que los seres humanos conocieron alguna vez puede atraernos hacia la verdadera alegría en Cristo, que se nos ofrece en el evangelio.

Dios usó mi deseo constante de alegría para prepararme para el mensaje del evangelio. Si hubiera sido feliz sin Jesús, nunca habría acudido a él.


(Continues...)

Excerpted from Alegría by Randy Alcorn, Randy C. Happiness Alcorn. Copyright © 2016 Randy Alcorn. Excerpted by permission of Tyndale House Publishers.
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Table of Contents

Contents

Introducción: ¿Qué es la alegría?, vii,
PRIMERA PARTE Nuestra imperiosa búsqueda de la alegría,
CAPÍTULO 1 ¿Por qué anhelamos la alegría?, 3,
CAPÍTULO 2 ¿Qué revela sobre nosotros nuestro anhelo de alegría?, 9,
CAPÍTULO 3 ¿Quiere Dios que seamos felices?, 15,
CAPÍTULO 4 ¿Por qué importa nuestra alegría?, 23,
CAPÍTULO 5 ¿Cuál es la diferencia entre la alegría y el gozo?, 31,
CAPÍTULO 6 ¿Pueden las cosas buenas convertirse en ídolos que nos roben la alegría?, 41,
CAPÍTULO 7 ¿Qué (o quién) es nuestra fuente principal de alegría?, 57,
SEGUNDA PARTE La alegría de Dios,
CAPÍTULO 8 ¿Es Dios feliz?, 67,
CAPÍTULO 9 ¿Qué dice la Biblia sobre la alegría de Dios?, 77,
CAPÍTULO 10 Históricamente, ¿ha considerado la iglesia a Dios feliz o infeliz?, 87,
CAPÍTULO 11 ¿Fue feliz Jesús?, 93,
TERCERA PARTE Entendiendo y viviendo la alegría en Dios,
CAPÍTULO 12 La alegría es nuestra elección, 103,
CAPÍTULO 13 Maneras de cultivar la alegría, 113,
CAPÍTULO 14 La celebración es una idea de Dios: Banquetes, festivales, días de descanso, cantos y danzas en la Biblia, 123,
CAPÍTULO 15 La alegría surge de la meditación en la Palabra de Dios, 133,
CAPÍTULO 16 La alegría en Cristo es más profunda que el evangelio de la salud y la riqueza, 141,
CAPÍTULO 17 La alegría mediante la confesión, el arrepentimiento y el perdón, 151,
CAPÍTULO 18 No necesitamos escoger entre la santidad y la alegría, 161,
CAPÍTULO 19 ¿Es egoísta buscar la alegría?, 169,
CAPÍTULO 20 La alegría mediante la gratitud, 179,
CAPÍTULO 21 La alegría y la esperanza: Ajustando nuestras expectativas, 191,
CAPÍTULO 22 Encontremos la alegría ahora en las promesas de Dios de alegría eterna, 203,
CAPÍTULO 23 Dios promete que viviremos "felices para siempre", 215,
Notas, 223,
Acerca del autor, 244,

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