Atlas biblico de Tyndale

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Product Details

ISBN-13: 9781414375656
Publisher: Tyndale House Publishers
Publication date: 09/19/2017
Pages: 304
Product dimensions: 8.50(w) x 11.10(h) x 1.00(d)

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Atlas Bíblico de Tyndale


By Barry J. Beitzel

Tyndale House Publishers

Copyright © 2017 Barry J. Beitzel
All rights reserved.
ISBN: 978-1-4143-7565-6



CHAPTER 1

La geografía física de la tierra


EL ROL DE LA GEOGRAFIA EN LA COMPRENSIÓN DE LA HISTORIA

La civilización occidental se ha adherido en general a la lógica de las categorías filosóficas griegas, y ha intentado describir las realidades del cosmos en términos de "tiempo y espacio".

Los individuos, las ideas, los movimientos y hasta el curso de las naciones con frecuencia se interpretan precisamente en concordancia con estos cánones. De ahí las designaciones que se emplean invariablemente al analizar civilizaciones del pasado y del presente: pre-/pos-, temprana/tardía, a. C./d. C., Oriente/ Occidente, oriental/occidental, Cercano Oriente/Lejano Oriente/ Medio Oriente. (¡Observe cómo comenzó este párrafo!) La teología cristiana no ha escapado esta manera de pensar: Dios puede ser descrito en términos que son corolarios de tiempo (infinito, eterno) o de espacio (omnipresente). Además, el cristianismo afirma que, en el drama de la encarnación, Cristo renunció voluntariamente a esos atributos de la deidad y llegó a estar "encerrado en el tiempo y espacio". En consecuencia, aun a partir de una reflexión superficial, uno puede comenzar a comprender en alguna medida el significado trascendental de las disciplinas temporales y espaciales: la historia y la geografía.

Más aún, en muchos sentidos la historia está inseparablemente ligada y supeditada a limitaciones geográficas. La geografía es una fuerza activa que tanto inicia como limita la naturaleza y el alcance de la historia política, lo que podríamos llamar la geopolítica. La formación geológica y el tipo de roca tienen un impacto decisivo sobre la altitud, el modo y la extensión de la erosión, la ubicación y el caudal de la provisión de agua, y la topografía física. Estos, a su vez, tienen una influencia profunda sobre ciertos aspectos del clima, de las materias primas, de la formación del suelo y del uso de la tierra: factores que pueden repeler o atraer el asentamiento humano, y sin duda influyen en la ubicación, la densidad y la composición socioeconómica de un asentamiento. Donde se fundan asentamientos, con el tiempo se abren caminos que serán usados por migrantes, comerciantes o ejércitos, y finalmente llega la cultura a esa ubicación particular. Dicho más concisamente: "Con cada paso hacia atrás en el tiempo, la historia se vuelve más y más geográfica hasta que, en el comienzo, todo es geografía".

En pocas palabras, los factores de la geografía a menudo determinan dónde y cómo ocurrirá la geopolítica. Ciertamente es significativo desde el punto de vista geográfico que las civilizaciones antiguas hayan emergido en las riberas de los ríos. El Egipto antiguo debía su existencia al Nilo; la vida en Mesopotamia se sustentaba en el Tigris y el Éufrates; la civilización del valle del Indo estaba situada a lo largo del río del mismo nombre; el Imperio hitita se ubicó a horcajadas del Halis; la antigua cultura india surgió en los valles de los ríos Brahmaputra y Ganges; la China antigua contaba con los ríos Amarillo y Yangtsé; y la cultura europea emergió en las riberas de los ríos Tíber, Támesis, Danubio, Rin y Sena. Tampoco es de poca importancia que el Imperio romano haya podido expandirse hasta los ríos Danubio y Rin, una frontera que durante un lapso del siglo xx también correspondió con la Cortina de Hierro.

Aun en los Estados Unidos de América del siglo xxi casi todas las ciudades comercial e industrialmente importantes tienen salida a un río, al océano o a la red de los Grandes Lagos. Las pocas excepciones están ubicadas junto a una confluencia de importantes autopistas interestatales o rutas aéreas.

Otros factores de la geografía, tales como la actividad sísmica y las erupciones volcánicas, también han hecho su parte en el diseño de la historia. Es obvio que la superficie de gran parte de Asia occidental y África oriental ha sido formada por medio de la actividad sísmica. Una enorme fisura en la faz de la tierra ha sido el factor dominante en la formación del paisaje de Siria occidental, Líbano, Israel, Jordania, Etiopía, Uganda, Tanzania, Mozambique y la isla de Madagascar. [Ver mapa 13].

En Asia occidental la actividad sísmica ha determinado que ciertas áreas sean inhóspitas para la instalación humana, y fue motivo de que las principales vías de tránsito se encauzaran básicamente en coordenadas norte-sur. Las fuerzas sísmicas que dieron origen a la imponente cordillera del Himalaya crearon, por su parte, lo que en la antigüedad configuraba una barrera longitudinal impenetrable e influyó en que la cultura se expandiera y el tránsito fluyera principalmente sobre un eje oriente-occidente. Amplios territorios estériles de lava solidificada confrontan al potencial colono con un terreno desolado, interrumpido solo ocasionalmente por tapones basálticos o conos de ceniza, sombríos recordatorios de la actividad volcánica en tiempos pasados.

Más importante aún es la severa realidad de que a menudo esta actividad volcánica hacía que el suelo quedara totalmente inútil para la productividad humana. En la antigüedad siempre significaba un ambiente muy hostil, intolerablemente doloroso para las patas de los animales de carga, lo cual impedía el desarrollo de cualquier vía de tránsito.

Las erupciones volcánicas pueden poner fin en forma abrupta a un segmento de la historia. Viene a la mente la erupción del Vesubio sobre Pompeya en el 79 d. C. En 1815 la erupción del Tambora en Indonesia generó una pérdida de unas 92.000 personas y produjo una nube de cenizas en la atmósfera superior que reflejaba la luz solar de vuelta hacia el espacio y, como resultado, causó un año sin verano. La erupción del Krakatoa en 1883 pudo oírse sobre un treceavo de la superficie terrestre, provocó un tsunami cuyos efectos eran perceptibles en todos los océanos del mundo, mató a más de 36.000 personas y modificó el clima de manera adversa a escala global durante varios años. Sin embargo, en un vívido contraste con esos sucesos, podemos mencionar la erupción de la isla griega Santorini (Tera), ubicada en el sur del mar Egeo, aproximadamente a mitad de la distancia entre Creta y Grecia continental [Para su ubicación, ver mapas 111 y 112].

Se calcula que el índice de explosión del Santorini en el punto cero fue más de 15 veces superior a la fuerza de la explosión atómica sobre Hiroshima. Posterior a la colosal erupción volcánica que tuvo lugar en Santorini en el 1525 a. C. (± 100 años, según si la fecha se calcula en forma arqueológica o radiométrica), unos 83 kilómetros cuadrados de tierra colapsaron en una caldera de aproximadamente 685 m de profundidad. Cuando las aguas del Egeo se volcaron hacia ese nuevo e hipercalentado abismo (con una temperatura estimada de más de 1400C), se produjo un tsunami gigantesco cuya altura se calcula en 240 m en la cresta de la ola. En unos 20 minutos esa masiva ola, que además impulsaba un volumen enorme de gases tóxicos y abrasadores, golpeó en Creta de manera catastrófica a una velocidad estimada en 320 km por hora y midiendo entre 60 y 90 m de altura. Los restos del Santorini fueron laminados con un depósito volcánico de piedra pómez a una profundidad de entre 20 y 60 m. Se calcula que una nube de pómez, ceniza y lava con un volúmen estimado entre 35 y 47 kilómetros cúbicos fue arrojada unos 80 km hacia el cielo, donde un viento predominantemente noroccidental la impulsó hacia Creta. El grueso manto de ceniza habría creado una atmósfera letal, que a su vez habría contaminado el agua, podrido los alimentos, y provocado diversas enfermedades.

Más aún, piedras basálticas del tamaño de la cabeza de un ser humano fueron lanzadas como misiles de Santorini a Creta. Se han encontrado fragmentos de pómez, originados en Santorini y llevados por las aguas, en toda la extensión de la cuenca oriental del Mediterráneo, y aun en lugares continentales tan lejanos como Israel y Egipto. No es difícil entender por qué la cultura minoica llegó a un abrupto y trágico final en Santorini, ni por qué se dañaron severamente varios palacios minoicos en Creta, quizás incluso siendo destruidos en aquel momento.

Montañas, desiertos y océanos han influido en la ubicación o la naturaleza de la geopolítica. Los periódicos de hoy en día con frecuencia contienen historias de primera plana sobre los efectos continentales de El Niño, la salinización, las hambrunas, la escasez de alimentos, o el calentamiento global. Algunos de esos mismos factores geográficos también cumplieron un importante papel en la geopolítica del Cercano Oriente antiguo. Las hambrunas fueron descritas con frecuencia en la literatura antigua, y los estudiosos han demostrado ampliamente de qué modo las fluctuaciones climáticas en la antigüedad tuvieron un impacto adverso en aquellas culturas.

Desde el fracaso de la flota militar persa en la batalla de Salamina (480 a. C.) hasta la derrota de la armada naval española (1588 d. C.) hubo un "escenario mediterráneo" de la historia. Las costas norte y sur competían habitualmente por la superioridad política y cultural. Pero la soberanía geopolítica del Mediterráneo quedó desafiada después de los viajes oceánicos de Cristóbal Colón, Vasco da Gama, y Fernando de Magallanes, a medida que el Renacimiento y algunas de sus ciudades importantes comenzaron a decaer y la "historia" se desplazó hacia el occidente.

Los recursos naturales son otro factor geográfico que ha influenciado en la ubicación y la naturaleza de la geopolítica.

Un amplio muestrario de documentación antigua se refiere explícitamente a la necesidad de mantener el control sobre el estaño de Afganistán, el cedro del Líbano, la plata de Asiria, el cobre de Chipre, el oro de España, y el marfil del interior de África. Además, ¿quién puede dudar de que la conformación de la geopolítica moderna haya sido dramáticamente modificada por el cártel de la OPEP? En realidad, la geografía constituye el escenario en el cual se despliega la historia, y sin ella la historia misma deambularía sin rumbo como un vagabundo. Parafraseando el aforismo comúnmente pero quizá erróneamente atribuido a Will Durant, la civilización existe por consentimiento de la geografía, sujeta a modificación sin previo aviso.

El efecto de la geografía sobre la historia se extiende al ámbito teórico. Igual que el efecto del ambiente sobre la cultura, la geografía establece de manera concreta los límites dentro de los cuales debe funcionar la historia. Quienes estudian el efecto de la geografía sobre la historia han hecho una muy útil diferenciación entre su efecto determinante y su efecto limitante. Aunque el clima invernal extremo impone el uso de ropa abrigada, no hay nada respecto a la temperatura en sí misma que determine si la gente usará pieles de foca o lana Shetland, pero deben producir y vestir ropa de invierno. Cuando llega a poblarse una región inapropiada para la agricultura, muy poco del ambiente en sí determina qué animales domésticos se alimentarán con forraje o si se conseguirá el alimento mediante anzuelos, redes, trampas o lanzas, pero seguramente surgirá una sociedad no agrícola.

Es geográficamente pertinente que los lugares del Cercano Oriente donde se manifiesta la habitación humana más antigua (monte Carmelo, Shanidar, ^atal Hüyük, Jarmo, Hacilar [mapa 23]) están precisamente en regiones que reciben un promedio anual de precipitaciones capaz de producir la generación espontánea de granos silvestres que pueden sostener la existencia humana. También es pertinente que plantas y animales particulares sean característicos de uno solo de los hemisferios, o que la escritura haya surgido dónde, cuándo y en la manera en que lo hizo. Todo esto representa expresiones de la historia geopolítica que han estado y siguen estando sujetas a las limitaciones y a los controles indirectos de la geografía.

Muchas de las mismas limitaciones son discernibles incluso en nuestro moderno mundo tecnológico, donde los desiertos pueden ser irrigados o los efectos de la opresiva temperatura pueden mitigarse mediante el acondicionamiento del aire; donde la fotografía Landsat equipada con infrarrojo permite descubrir vastos depósitos de agua fresca en el interior de la tierra, o la siembra de nubes y la irrigación permiten disminuir la severidad de un ambiente árido; donde ríos tormentosos pueden ser controlados mediante enormes diques y hasta aprovechados para uso hidroeléctrico; donde es posible nivelar, atravesar o superar barreras montañosas formidables; y donde los viajes aéreos permiten acercar lugares distantes de una manera rápida y práctica. Uno podría imaginarse cuánto más definidas y profundamente marcadas habrían sido tales limitaciones geográficas en un mundo que existiera antes de tales sofisticaciones tecnológicas: uno como el mundo bíblico.


EL ROL DE LA GEOGRAFIA EN LA COMPRENSIÓN DE LA BIBLIA

Las cuestiones de "tiempo y espacio" son unos de los aspectos más difíciles que enfrenta un estudiante de la Biblia en el siglo xxi. Las proclamas de las Escrituras surgieron y fueron escritas en contextos particulares, en tanto los estudiantes actuales de la Biblia viven en otro milenio y adhieren a una cosmovisión diferente. Ellos viven, en su mayoría, en un continente diferente. De modo que en nuestro deseo de interpretar y aplicar adecuadamente la Biblia, debemos asegurar que nuestro esfuerzo esté construido razonadamente sobre las coordenadas del ambiente de la propia Biblia. Desde el comienzo, es imperativo que consideremos a la geografía (espacio) como algo más que un elemento superficial que pudiera separarse arbitrariamente de la interpretación bíblica. Por el contrario, el perfil bíblico, tanto de Israel como de la iglesia, se presenta en varios niveles, incluyendo el nivel territorial.

De hecho, con frecuencia las narraciones bíblicas están condicionadas por la noción de "espacio". La narración dirá que un suceso ocurrió en cierta colina, en determinado valle, en una llanura particular o en una aldea específica. En ocasiones el nombre del lugar se vuelve en sí mismo una parte importante de la revelación, incluyendo muchas veces un juego de palabras respecto al nombre, con el propósito de reforzar la ubicación del acontecimiento en la conciencia pública. A veces algún aspecto de la geografía constituye un eje teológico en torno al cual gira todo un libro bíblico, o una porción extensa de un libro resulta especialmente rica en metáforas geográficas: por ejemplo, la fertilidad en el libro de Deuteronomio, la forestación en el libro de Isaías, la hidrología en los Salmos o la agricultura en el libro de Joel. Con frecuencia es precisamente una referencia o alusión geográfica lo que permite a los estudiosos asignar un lugar de origen a un libro (tal como Amós en el reino del norte de Israel, o Santiago en la cuenca oriental del Mediterráneo).

Quizás en un sentido todavía más profundo, en el Antiguo Testamento la fe judía estaba inextricablemente unida al espacio físico, y "la tierra" llegó a ser el prisma de esa fe. Tierra/espacio era una arena en la cual Dios obraba poderosamente en beneficio de su pueblo. (Piense en el llamado de Abraham y el pacto con él y sus descendientes, en el tema del Éxodo/Sinaí, la conquista/ocupación de la tierra, el cautiverio lejos de la tierra, el regreso a la tierra, la Nueva Israel). Muchas de las promesas de Dios se relacionaban directamente con la posesión original (o la posterior restauración) de una particular parcela de propiedad. No es exagerado decir que, durante los años en que se registró su historia bíblica, el enraizamiento de Israel en esta "tierra" les proveyó a sus fieles su identidad fundacional, su seguridad y aun su prosperidad.

Cuando no estaban en posesión de su tierra, los israelitas fueron a menudo descritos en términos que reflejaban las connotaciones precarias de la falta de tierra, la falta de rumbo y la alienación:

• "Extranjero" (Gn 12:10; 15:13; 47:4; Ex 6:4; Dt 10:19b; 26:5b; cf. Hb 11:13) — Un extranjero era un residente foráneo que no pertenecía ni podía instalarse para disfrutar de los privilegios otorgados al ciudadano.

• "Vagabundo" (Nm 32:13; Os 9:17; Dt 26:5b) — Un vagabundo era alguien que estaba en marcha hacia ninguna parte. No estaba simplemente entre dos paradas; en realidad no tenía un destino ni un hogar concretos.

• "Desterrado" (2 Re 18:11; Is 5:13; 49:21; Ez 39:23; Esd 1:11) — Un desterrado era alguien a quien se lo había desarraigado con violencia o se lo había privado de su propia tierra y obligado a vivir en otro "lugar".


Sea que los trasladaran a Egipto, a Babilonia o a cualquier otro lugar, la falta de tierra era equivalente a la desesperanza. La fe pactual de Israel estaba en gran medida fundamentada en acontecimientos ocurridos en determinados lugares en este mundo. Había una conciencia aguda de un hogar nacional, un dominio geográfico definido en el cual hasta el suelo estaba divinamente consagrado, lo que podría llamarse "la tierra santa".


(Continues...)

Excerpted from Atlas Bíblico de Tyndale by Barry J. Beitzel. Copyright © 2017 Barry J. Beitzel. Excerpted by permission of Tyndale House Publishers.
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Table of Contents

Contents

Prefacio, x,
CAPÍTULO 1: LA GEOGRAFÍA FÍSICA DE LA TIERRA, 13,
CAPÍTULO 2: LA GEOGRAFÍA HISTÓRICA DE LA TIERRA, 87,
Notas finales del capítulo 1, 277,
Notas finales del capítulo 2, 281,
Índice de citaciones en los mapas, 293,
Índice de referencias bíblicas, 298,
Índice general, 303,

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