Como leer (y entender) la Biblia: Encuentrese con Dios entendiendo mejor el libro que usted ama

Como leer (y entender) la Biblia: Encuentrese con Dios entendiendo mejor el libro que usted ama

by Larry Richards

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Overview

Como leer (y entender) la Biblia: Encuentrese con Dios entendiendo mejor el libro que usted ama by Larry Richards

¿Alguna vez te has sentido intimidado por la Biblia? ¿Te gustaría saber más de ella, pero te preocupa que pueda resultarte difícil o desalentador? Si tu respuesta es afirmativa, Cómo leer (y entender) la Biblia es el libro que estabas esperando. Este libro te ofrece un enfoque fascinante y accesible a las Escrituras ayudándote a profundizar en el corazón del tema: la historia verdadera y eterna del amor de Dios para ti. Acompaña al erudito y teólogo bíblico Larry Richards en un viaje a través del Antiguo y Nuevo Testamento mientras explora veintiún temas e historias claves de las Escrituras y muestra lo que cada una revela acerca de Dios. No importa si eres un nuevo lector de la Biblia o si creciste con ella, pues llegarás a comprenderla más profundamente, como nunca antes, y a conectarte de una manera totalmente nueva con el Dios que la escribió para ti.

Have you ever felt intimidated by the Bible? Would you like to get to know it better, but worry you might find it difficult or daunting? How to Read (and Understand) the Bible is the book you need. It’s a fascinating, accessible approach to Scripture that will help you go deeper into the heart of what it’s all about: the timeless true story of God’s love for you. Join scholar and theologian Larry Richards on a journey through the Old and New Testaments as he explores 21 key stories and themes in Scripture and shows what they reveal to us about God. Whether you are new to reading the Bible or were brought up on its stories, you’ll come to understand it more deeply than ever before—and connect in a whole new way to the God who wrote it for you.

Product Details

ISBN-13: 9781496412997
Publisher: Tyndale House Publishers
Publication date: 03/01/2016
Pages: 320
Product dimensions: 5.50(w) x 8.10(h) x 1.00(d)

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Cómo Leer (y Entender) la Biblia

Encuéntrese con Dios Entendiendo Mejor el Libro que Usted Ama


By Larry Richards

Tyndale House Publishers

Copyright © 2016 Larry Richards
All rights reserved.
ISBN: 978-1-4964-1299-7



CHAPTER 1

Mientras lee el Antiguo Testamento, recuerde ...

TODO TIENE QUE VER CON EL AMOR

Génesis 1–2



El acontecimiento fundamental

El primer hombre abrió sus ojos y miró a su alrededor.

Qué lugar tan bello es este. Pero ¿qué es? ¿Dónde estoy?

Se elevó sobre un codo, intrigado. Oyó unas abejas que zumbaban y olió la fragancia de las frutas maduras. Las flores con colores exuberantes florecían a su alrededor. Arriba, el cielo resplandecía con un azul celeste, e iluminaba las corrientes que parecía que fluían a lo largo del cielo.

¿Y quién soy yo?

Lentamente, Adán se puso de pie, sin darse cuenta de que estaba desnudo.


Profundicemos en Génesis 1–2

A mí me impresiona Sherlock Holmes, el detective de Sir Arthur Conan Doyle. Él es muy consciente de las cosas pequeñas. Las manchas café del dedo pulgar y del índice; la forma en que el dobladillo de la pierna izquierda de un pantalón está más desgastado que el de la derecha. Totalmente distinto a su compañero, el Dr. Watson, que puede darse cuenta de que alguien agita sus brazos y grita, pero que siempre pasa por alto las pistas más sutiles, las cosas que le dicen mucho a Holmes.

Si a Holmes y a Watson los llamaran a investigar el relato de la creación de la Biblia, sospecho que Watson inmediatamente vería lo que la mayoría de nosotros ve. Pero Holmes encontraría cosas que otros pasan por alto.

Nuestras primeras impresiones del Génesis son muy similares a reconocer la clase de gestos amplios y extensos que ni el doctor Watson podría pasar por alto. Al visualizar el acto de la Creación, nos abruma el poder maravilloso de un Dios que puede hacer que con su palabra los mundos cobren existencia. Aun así, hay otras pistas en los primeros capítulos de Génesis que son más discretas y sugestivas: los tipos de pistas que Sherlock Holmes detectaría, pistas que nos dicen mucho de la figura central de la historia de la Biblia y establecen la historia en sí. Si nos enfocamos principalmente en los gestos amplios, podemos pasar por alto las pistas más elusivas que están incrustadas en las palabras y acciones del Creador. Aun así, no debemos ignorar la importancia que se transmite en la grandeza predominante en el acto creador de Dios.


El mensaje más importante de la Creación

En las palabras iniciales de Génesis, Dios entra audazmente en el escenario: «En el principio, Dios creó los cielos y la tierra». Debido a la magnificencia de la creación, escribió después el apóstol Pablo, algún conocimiento de Dios es el legado común de toda la humanidad: «Desde la creación del mundo, todos han visto los cielos y la tierra. Por medio de todo lo que Dios hizo, ellos pueden ver a simple vista las cualidades invisibles de Dios: su poder eterno y su naturaleza divina. Así que no tienen ninguna excusa para no conocer a Dios».

Lo que Pablo quiere decir es que el universo es tan obviamente sobrenatural, tan claramente algo de Dios, que nadie puede pasar por alto su importancia. El universo no necesita contender a favor de Dios; su misma existencia da testimonio de la existencia de Dios y de su poder maravilloso, abrumador, completo y eterno. El mensaje de la creación es una proclamación, no un argumento. Porque ningún argumento es necesario. La misma forma de la creación — su inmensidad, orden y simetría — dice todo lo que tiene que decirse. «Dios [...] la ha hecho evidente», insiste Pablo. Es como si el universo fuera un transmisor que difunde constantemente un solo mensaje, y los seres humanos fueran creados con un receptor incorporado, sintonizados a su única frecuencia. Una persona puede bajar el volumen a un susurro. Pero es imposible silenciar totalmente la voz de la creación.

El «gran poder y su incomparable fuerza» del Dios que se revela en la creación puede contener terror para los que no lo conocen. Pero a los que nos vemos como parte de la historia de Dios, nos parece que su poder abrumador da consuelo y confianza.

Jesús se lo dice de la siguiente forma a sus discípulos: «Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco, y ellas me siguen. [...] Mi Padre me las ha dado, y él es más poderoso que todos. Nadie puede quitarlas de la mano del Padre». El Dios que encontramos en el relato de la Creación de Génesis es, dicho de forma sencilla, más grande que todo. Y tenemos la seguridad, como seguidores de Jesucristo, de que con su mano poderosa, Dios nos sostiene con firmeza.

La gran proclamación de la creación, que Dios existe y su poder es majestuoso, es algo que debemos tener en mente cuando leemos la Biblia. Habrá momentos en los que las cosas no salen como creemos que deben salir. Habrá momentos en los que parece que los propósitos de Dios han fracasado, en los que pensamos que el mismo Dios debe estar atribulado por la forma en que se desarrolla la historia. En esos momentos, tenemos que recordar el mensaje de la creación, es decir, que Dios, el creador de todas las cosas, tiene poder ilimitado y fortaleza sin igual. Él no da pasos en falso como nosotros, mirando ansiosamente hacia adelante y buscando a tientas una oportunidad tras otra. No, el Dios que se presenta en Génesis 1 es mucho más grande que su creación, muy superior a cualquier ser creado. Sea lo que sea que ocurra en el camino, el mensaje firme de las Escrituras es que los propósitos de Dios prevalecerán. Su poder y su fortaleza imponentes lo garantizan.

Cuando leemos la Biblia, la mayoría de nosotros entiende los gestos amplios, como la afirmación arrolladora de que en el principio Dios creó los cielos y la tierra. Entendemos que eso quiere decir que Dios es distinto a, y más grande que, el universo material; que lo que no tenía vida brotó del corazón y la mente de una persona viva. Pero afirmar simplemente que Dios existe y que él hizo todas las cosas no quiere decir que vivimos dentro de la narrativa de las Escrituras.

El Dr. Dan Allender, un famoso consejero cristiano, habla de una época en la que visitó Nueva Zelanda. Una mañana, mientras caminaba, llegó a un cabo. Frente a él se extendía una espectacular cordillera de montañas con la cima nevada, que se alzaba hacia un vívido cielo azul. Asombrado por la majestad del espectáculo, Dan se encontró lleno de alabanza y agradecimiento a Dios.

Otro caminante llegó al cabo y su rostro también demostraba asombro y sobrecogimiento.

— Es increíble, ¿verdad? — susurró el recién llegado.

Dan asintió con la cabeza y preguntó:

— ¿Y a quién le agradece usted?

El recién llegado se veía confundido.

¿Agradecer? ¿A qué se refiere?

Después, al contar la historia, Allender comentó: «Me sentí muy triste por él».

Dan Allender vive dentro de la narrativa de las Escrituras, y permite que su perspectiva de la vida y sus experiencias sean modeladas por la revelación de las Escrituras. Cuando se encuentra con la belleza de la creación, eso gira sus pensamientos hacia el Creador y llena su corazón de alabanza y agradecimiento. El otro caminante que encontró esa mañana vivía en una narrativa distinta. La belleza de la creación lo maravillaba con sobrecogimiento, pero él no tenía a quién agradecerle.

El apóstol Pablo, en su carta a los Romanos, concluye que los humanos no tienen excusa porque Dios se ha revelado a sí mismo en su creación, y aunque «ellos conocieron a Dios [...] no quisieron adorarlo como Dios ni darle gracias». La prueba de una relación vital con Dios no se encuentra en los credos que recitamos, ni en las verdades que afirmamos creer. Se encuentra en nuestra respuesta a la revelación de Dios de sí mismo, no solo en la creación, sino también en las Escrituras y en la persona de su Hijo, Jesús.


Cuando la narrativa se interpreta mal

Durante los últimos cientos de años, hemos sido condicionados a examinar la Biblia y hacer cierta clase de preguntas: ¿Cómo ocurrió (o pudo ocurrir) esto? ¿Cuándo ocurrió? ¿Cómo podemos explicar esto racional y científicamente? ¿Qué evidencia hay de que nuestra explicación es correcta?

Esta mentalidad, característica de lo que los filósofos llaman modernismo, ha afectado dramáticamente la forma en que la mayoría de la gente lee Génesis 1 y 2. La mentalidad modernista nos ha llevado a un conflicto con los no cristianos y a debates acalorados con nuestros hermanos creyentes. Las preguntas que hemos hecho, y con cuyas respuestas no hemos estado de acuerdo, incluyen cosas como: ¿Qué edad tiene la tierra? ¿Los «días» que se registran en Génesis 1 se refieren a períodos consecutivos de veinticuatro horas? ¿Puede un «día» representar una época geológica? ¿Creó Dios las formas de vida en un día, y luego permitió que evolucionaran a través de una época que se extendió por millones de años?

Debido a que esas preguntas no se pueden resolver simplemente refiriéndose al texto de las Escrituras, frecuentemente hemos tratado de responderlas tratando de armonizar las Escrituras con las opiniones cambiantes de la comunidad científica. Pero la ciencia es, a la larga, nada más que una narrativa distinta, cuyos paradigmas constantemente cambiantes acerca de la naturaleza de la realidad la convierten en una herramienta no confiable para entender la Palabra de Dios. Tal vez deberíamos preguntarnos por qué siquiera hacemos la clase de preguntas que a las generaciones recientes les han parecido fascinantes.

Algunos afirmarían que planteamos las preguntas y usamos las herramientas de la ciencia para demostrar que nuestra fe en el Dios de la Biblia es lógicamente defendible. Pero las Escrituras nos recuerdan que «la fe viene por oír, es decir, por oír la Buena Noticia acerca de Cristo». Cuando Pablo, mientras estaba con los corintios, «[decidió] que [...] olvidaría todo excepto a Jesucristo, el que fue crucificado», rechazó conscientemente la confianza en la «sabiduría que pertenece a este mundo». Pablo estaba convencido de que el evangelio se autentica a sí mismo. Él no tenía que argumentar en contra o a favor de la filosofía del primer siglo; simplemente tenía que presentar el mensaje de Dios claramente y confiar en que el Espíritu Santo condenaría y convencería.

En nuestros días, no tenemos la necesidad de argumentar en contra o a favor de las teorías o perspectivas científicas contemporáneas. Al igual que Pablo, simplemente tenemos que relatar la historia de la Palabra de Dios y confiar en que el Espíritu Santo atraerá a la gente a la fe.


Veamos las pistas

Si vemos más allá de los aspectos del cuadro global de la Creación, los dos primeros capítulos de Génesis proveen pistas fascinantes de la naturaleza de la historia de Dios.

Por ejemplo, inmediatamente observamos que una palabra en particular, bueno, aparece seis veces en el primer capítulo. Cuando Dios le daba forma a nuestro mundo, se detuvo una y otra vez para ver lo que había hecho. La narrativa repetidamente nos dice: «Dios vio que esto era bueno». Mientras Dios evalúa su trabajo, percibimos su deleite y satisfacción en lo que ha logrado. Y la evaluación de Dios provee perspectivas vitales de su carácter y su historia.

La palabra bueno aparece primero en la descripción de un acontecimiento que se lleva a cabo el primer día de la creación: «Entonces Dios dijo: "Que haya luz"; y hubo luz. Y Dios vio que la luz era buena. Luego separó la luz de la oscuridad. Dios llamó a la luz "día" y a la oscuridad "noche". Y pasó la tarde y llegó la mañana, así se cumplió el primer día».

Inmediatamente observamos que Dios considera buena la luz. También distingue entre la luz y la oscuridad. Claramente, Dios no ve la oscuridad como buena. Sin saber nada más que eso, entendemos que es importante ver y ser visto. Cualquier cosa que sea menos se queda corta de ser buena.

A medida que cada día nuevo se desarrolla en la historia, Dios también hace otras distinciones. Divide la superficie de la tierra en tierra y mar. Crea la vegetación y las formas animales que se reproducen según su especie. Los eruditos han estudiado el uso de la palabra especie en las Escrituras en un esfuerzo por encontrar un acoplamiento con las clasificaciones que usan los botánicos y los zoólogos. Pero especie simplemente no encaja en las categorías usuales de filo, género, familia y especie. Aun así, cada «especie» en las Escrituras se distingue de cualquier otra especie, y una especie no se puede reproducir con otra. A esta distinción, Dios la llama buena.

El texto también indica que la consistencia del diseño de la creación es parte de lo que la hace tan buena a los ojos de Dios. La rotación confiable de la tierra permite que el día siga a la noche en un ciclo continuo tan regular que podemos marcar el paso de las semanas, meses y años. Una estación llega sistemáticamente después de otra estación. Las estrellas navegan majestuosamente en el cielo de la noche; su curso es tan estable que los hombres un día las usarían para trazar un mapa de sus viajes y encontrar su camino. A todo esto, Dios lo llama bueno.

En el sexto día, Dios creó a un ser humano, una forma de vida a «su propia imagen»; y sin embargo, como a los animales, los creó varón y hembra. Dios bendijo a la pareja humana y les dijo: «llenen la tierra y gobiernen sobre ella», una frase que sugiere que tenemos que cuidar de la tierra, no explotarla. En este sexto día, Dios vio lo que había hecho, y lo consideró muy bueno. Otra vez percibimos su satisfacción y deleite.

Al evaluar su propio trabajo en las páginas iniciales de la historia de la Biblia, Dios se abre a nuestro escrutinio. Al declarar lo que ve como bueno, abre una ventana a su carácter y personalidad, y nos da perspectivas profundas de la persona cuya historia se cuenta a lo largo de la Biblia. A medida que nos enteramos de lo que él valora, lo que a él le parece bueno y correcto, nos encontramos en concordancia con Dios.

Es bueno hacer distinciones, evaluar, seleccionar y decidir.

Es bueno tener luz, ser capaces de ver dónde estamos y adónde vamos. Es bueno ver y conocer a otros, y que ellos nos vean y nos conozcan a nosotros.

Es bueno vivir en un universo estable y no en medio de un caos fortuito.

Nos sentimos más cómodos en un mundo marcado por la regularidad y la consistencia. La incertidumbre crea ansiedad; la inestabilidad nos pone temerosos. Para sentirnos seguros, necesitamos la clase de universo que Dios creó.

Ver todo lo bueno en los primeros capítulos de Génesis como una revelación del carácter y la naturaleza de Dios nos ayuda a sentirnos más cómodos con él. Nos damos cuenta de que él y nosotros tenemos mucho en común. A medida que estamos de acuerdo con nuestro creador en cuanto a lo que es bueno en el mundo que él hizo, resaltamos la verdad de que fuimos hechos a la imagen de Dios. Y a medida que aprendemos más de la historia de Dios en la Biblia, nos damos cuenta de que su narrativa encaja con nosotros cada vez mejor. La historia de Dios proporciona un marco de referencia con el que nos sentimos cómodos, una narrativa que suena a verdad.

Los acontecimientos que se describen en Génesis 2 amplifican lo que hemos visto en Génesis 1. Cuando oigo a algunos eruditos hablar de dos relatos de la Creación, uno en Génesis 1 y otro en Génesis 2, sospecho que no han visto mucha televisión. Si lo hubieran hecho, estarían más familiarizados con una estrategia común que ayuda a los televidentes a seguir la acción. Primero, el director establece un plano general, una visión de ángulo amplio que define el contexto en el que la acción se lleva a cabo. Luego lo reduce para enfocarse en lo que es más significativo dentro de esa escena.


(Continues...)

Excerpted from Cómo Leer (y Entender) la Biblia by Larry Richards. Copyright © 2016 Larry Richards. Excerpted by permission of Tyndale House Publishers.
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Table of Contents

Contents

Prefacio, xi,
Mientras lee el Antiguo Testamento, recuerde ...,
1. Todo tiene que ver con el amor, 1,
2. Adán escogió su independencia, 13,
3. Satanás juega un papel importante en la historia de la Biblia, 25,
4. Dios está obligado a juzgar, 39,
5. Las promesas del pacto de Dios son incondicionales, 51,
6. La redención debe llegar primero, 67,
7. La ley de Dios es una expresión de amor, 81,
8. Dios interactúa con nuestras decisiones, 95,
9. La atención de Dios está en nuestra vida aquí en la Tierra, 109,
10. Los hombres y las mujeres de la Biblia son nuestros mentores, 123,
11. Dios le habla a cada uno de nosotros hoy, 135,
12. Dios revela su corazón, 149,
Mientras lee el Nuevo Testamento, recuerde ...,
13. Jesús es el Rey prometido en el Antiguo Testamento, 163,
14. Jesús vivió entre nosotros como un ser humano, 179,
15. Jesús es Dios el Hijo, 193,
16. Debemos enfocarnos en el nuevo pacto, no en el antiguo, 207,
17. Se nos da una identidad nueva en Cristo, 219,
18. Se nos llama a vivir como el pueblo del nuevo pacto, 233,
19. Se nos llama a luchar contra el mal, 247,
20. Se nos llama a vivir en comunidad, 261,
21. La victoria final de Dios sobre el mal es segura, 273,
Notas, 285,
Acerca del autor, 297,

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