Cronicas De Un Adicto

Cronicas De Un Adicto

by Jorge Sanabria

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Product Details

ISBN-13: 9781456733186
Publisher: AuthorHouse
Publication date: 02/15/2011
Pages: 200
Product dimensions: 6.00(w) x 9.00(h) x 0.46(d)

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Cronicas De Un Adicto


By Jorge Sanabria

AuthorHouse

Copyright © 2011 Jorge Sanabria
All right reserved.

ISBN: 978-1-4567-3318-6


Chapter One

Allí estaba, no estaba nervioso, todo lo contrario estaba muy tranquilo ya conocía lo que le esperaba, había estado en aquel lugar antes y estaba preparado para eso. Solamente una cosa atormentaba su alma, perder su esposa e hijos. Ya sabía que después de ese momento no los volvería a ver jamás, así que podía darlos por perdidos y eso le rompía el corazón. Ellos eran la luz de sus ojos, la razón por la que vivía, ellos eran su vida y un minuto fue suficiente para arrebatárselos de las manos, quitándole todo lo que amaba y por lo que tan duro había trabajado aquellos largos años. Ahora solo le restaba esperar en aquella pequeña celda hasta que lo llevaran a lo que sería su nueva casa por el resto de sus días y donde tendría que enfrentar su destino, un destino que él jamás imagino.

Mientras esperaba, el tiempo se hacía sumamente largo, lento y tedioso. Caminaba en círculos pensando en muchas cosas. Miraba por la pequeña ventana el cielo y algunos edificios que podían verse, él sabía que era la última vez que los vería; así que se tomo algún tiempo observándolos. Después de un rato se quito su camisa quedando en una camisilla sin mangas podían verse sus tatuajes en los brazos y espalda, también algunas cicatrices en su cuerpo. Tomo asiento en la banquilla de cemento mientras jugaba con su cabello lacio color castaño claro. Sus ojos marrón obscuro miraban profundamente una foto de su esposa e hijos que tenía en su cartera, la sostenía en su mano y su mente era inundada con tantos recuerdos hermosos que ahora lo atormentaban. Se puso sobre sus pies y suspiro profundamente, limpio sus ojos cristalizados y se dijo así mismo que la hora había llegado de ser lo que fue. Su pasado tocaba a las puertas y él las abría lleno de resentimiento y dolor.

- Luis Meléndez, nos vamos ya conoces el procedimiento, acércate a las rejas para ponerte las esposas.

- Miguel ... necesito dos favores tuyos.

- (Después de darle indicaciones al otro oficial que los dejara solos un instante) ¿Que necesitas?

- Dile a Dalia donde estoy y entrégale mis pertenencias. Lo Segundo que te pares en algún lugar para comer y tener nuestra última conversación, se que tienes muchas preguntas aunque ... no sé si pueda darle una contestación a todas.

- Vámonos, donde quieres comer.

- Realmente eso no importa, donde sea. Se miraron fijamente, eran amigos desde la infancia, jugaban e iban juntos a la escuela. Todo lo hacían juntos, nada los separaba, siempre juntos hasta el momento que tomaron caminos distintos. Miguel decidió ser oficial de policía y Luis escogió las calles.

- Ya llegamos, que quieres de comer.

- Vamos Miguel, quítame las jodidas esposas y entremos juntos como en los viejos tiempos.

- Lo siento sabes que no puedo hacer eso.

- No me voy a ir, sabes que no soy de los que corren. Sabes que después de hoy no nos volveremos a ver. Solo quiero hablar contigo, no voy a ningún lado. No te haría eso a ti.

Miguel lo pensó un momento, conocía a Luis y sabia que no intentaría nada, le quito las esposas y entraron al lugar. Mientras comían se miraban sin decir nada, se conocían y las palabras sobraban en aquel momento. Aun así Miguel rompió el silencio.

- ¿Qué paso realmente? No quiero escuchar la mierda que dijiste en la oficina, dime la verdad, ¿qué paso? Creo que al menos merezco saber lo que ocurrió. Te conozco de toda la vida y algo no está bien. Después de nueve largos y felices años viviendo para Dalia y tus hijos haces esto ... y lo haces mal, dejando viva la testigo estrella del caso. Ese no es tu estilo, nunca te probaron un asesinato en la corte así que dime que carajos fue lo que pasó allí.

- Era él o yo. No hay mucho que decir.

- No me mientas coño, no soy un perro, soy Miguel tu hermano, al menos dime la verdad. Nunca me he metido en tus asuntos pero, por primera vez quiero saber la verdad.

- Ok, me parece justo. Esto fue lo que paso: "llegue hasta su casa, toque la puerta y contesto una mujer. Así que espere hasta que abrió la puerta, la apunte con el arma, le dije que no gritara o la mataba allí mismo. Camine con ella hasta al cuarto y mate al tipo, después me fui. Eso es todo lo que paso.

- Pero, hay algo que no entiendo, ¿por qué no la mataste a ella también? Tu sabias que esto iba a pasar y aun así no la mataste, ¿por qué?

- No pude, iba a hacerlo pero, cuando le apunte con la pistola y la mire a los ojos vi lo mucho que se parece a Dalia ... y no pude, así que me fui.

- (Después de mirarlo algunos segundos sorprendido por la respuesta) Bien pero aun no me dices la razón por la que hiciste todo esto. Nueve maravillosos y felices años. ¿Qué fue tan poderoso para llevarte a tirarlos por la borda haciendo todo esto y haciéndolo mal? Te conozco y esto no lo planificaste, esto fue una decisión de la noche a la mañana.

- Esa es una de las cosas que sabes no puedo contarte, querías la verdad y fui honesto contigo pero mis razones mueren conmigo y sabes muy bien porque. Gracias por la comida ahora vámonos de aquí.

Se levantaron y caminaron sin decir una palabra más. Todo estaba dicho, ya no había más que hacer o argumentar.

- Miguel ... cuida a Dalia, dile que la amo y que me perdone por hacerla sufrir una vez más. Al bebo y a mi flaca que se porten bien.

- Lo hare, es hora de irnos estamos retrasados.

- Bien dame un minuto para terminar el cigarrillo.

Chapter Two

- Llegamos.

- Ahhh, bueno déjame fumarme un cigarrillo para ver el cielo y las estrellas de este lado por última vez después de hoy esa será mi casa. (Señalando la cárcel.)

Luis saco un cigarrillo, lo encendió y comenzó a fumar lentamente. Ninguno pronuncio una palabra, ambos tenían mucho que decir pero, sabían que aquel no era el momento ni el lugar. Miguel sujeto a Luis por el hombro, lo miro fijamente a los ojos ... lo abrazo, no hubieron lagrimas las contuvieron para que el momento no fuera más difícil, se miraban fijamente a los ojos mientras hacían gestos de aceptación el uno al otro.

- Luis cuídate y coge la cosas con calma no vuelvas a ser lo que fuiste.

- (tomando aire y suspirando profundamente) Dile a Dalia y a mis grillos que los amo, que me perdonen y hazle saber al primo donde estoy. Que se comunique conmigo y yo también te quiero mi amigo, más que un amigo mi hermano.

Todo quedo en silencio nuevamente, caminaban lentamente uno al lado del otro. Miguel luchaba con las lágrimas y el sufrimiento que le causaba llevar a su hermano a las puertas del infierno. Luis cambiaba la cara pretendiendo no ver lo que pasaba con Miguel, simplemente miraba al cielo mientras pensaba en tantas cosas que jamás hubiese pensado antes. Sentía que el mismo diablo despedazaba su alma y torturaba su mente.

Días antes tenía una familia y una vida totalmente feliz, en solo unas pocas horas lo perdió todo. Incluyendo lo más valioso para un ser humano ... la libertad. Luis sabia que una vez pisara aquel lugar no volvería a ver la libre comunidad jamás. Estaba seguro de que muchos en aquel lugar conocían su antiguo nombre y deseaban ver su muerte. No ignoraba que con el pasar del tiempo volvería a ser lo que fue y aunque no quería serlo, para sobrevivir en aquel lugar tendría que serlo. El nombre que por tantos años había estado enterrado estaba a punto de resurgir, abriendo las puertas del tiempo con violencia y marcando su paso con gotas de sangre.

- Ya casi llegamos al portón, tienes algo más que decir o necesitas que haga algo más por ti.

- No, todo está bien. Ya hiciste mucho, las cosas son como son, de

aquí en adelante me toca a mi. Gracias por todo y cuídate.

- Bien, aquí vamos.

Caminaron un poco más y llegaron frente a las rejas de la cárcel, el camino parecía una eternidad. Se miraron fijamente y después de un gesto Miguel lo entrego al oficial de custodia. Dio la espalda rápidamente, le rompía el corazón ver a su amigo en aquella situación. Mientras caminaba lo más rápido que podía lloraba amargamente y aceleraba el paso, lo que más deseaba era salir lo más pronto posible de aquel lugar.

Pero escucho una voz que lo detuvo inmediatamente, era la voz de Luis. Volteo para ver y lo vio tras las rejas.

- ¡Miguel escribe de vez en cuando y no olvides decirle a Dalia y al primo lo que te dije!

Miguel asintió con la cabeza, no podía articular palabra alguna; sentía un nudo en la garganta y un puñal que atravesaba su corazón. Miro a Luis por última vez quien esbozo una sonrisa y dijo adiós. Miguel, esta vez muy despacio y con gran tristeza dio la espalda y se marcho.

Chapter Three

• Confinado, su nombre. • Luis Meléndez Ortiz. • Quítate la ropa, sacude la ropa interior y abre la boca. (después que Luis hizo todo eso) Vístete y sígueme.

Luis conocía el proceso, sabía en sus adentros que ya no había vuelta atrás, no podía hacer nada para detener lo que estaba pasando. Solo pensaba en una cosa ... su familia. Se vistió y siguió al oficial de custodia hasta un cuarto sin ventanas o asientos, lo único que había en el lugar era solo el piso para sentarse. Entro y miro el lugar por algunos instantes. Comenzó a recordar cosas que había olvidado de su pasado, imágenes violentas de peleas y rencillas en sentencias anteriores. Camino lentamente hasta llegar a una esquina del cuarto y tomo asiento, ahora solo le restaba esperar; cerró los ojos e intento no pensar en nada por algunos momentos pero era imposible; las imagines corrían en su mente como una película de cine. En aquel cuarto se derrumbo, todas las lágrimas que contuvo en el camino exigieron su libertad y comenzaron a fluir como un rió embravecido que no se detiene llevando todo a su paso hasta llegar al mar. Lloro intensamente en aquella habitación, con cada lágrima sentía que salía un pedazo de su corazón. Impotente se sentía al no poder hacer nada para cambiar su situación. No tenía otra opción que afrontar las circunstancias con valor. En ese momento enloqueció, no podía resistir el dolor que le causaban las imágenes en su mente y los recuerdos de su esposa e hijos. Enloqueció, comenzó a gritar como un loco enfurecido y a golpear las paredes hasta que ya no le quedaron fuerzas; dejándose caer al suelo de rodillas, se sentó y comenzó a hablar consigo mismo.

• Dalia, si supieras cuanto te amo, si solo pudieras entender; si tan solo pudiera decirte la verdad y explicarte la razón de por qué hice esto. Te amo tanto que prefiero estar aquí toda mi vida o morir si fuera necesario antes de permitir que le pase algo a ti y nuestros hijos. (respirando profundamente) Recuerdo como nos conocimos, todo lo que pasaste y las cosas que hiciste para sacarme de las calles. Dos largos y difíciles años, pero no te rendiste. No te importo lo que hacía ni las cosas que hice antes de conocerte, tampoco te importo aquella mi maldita adicción. Luchaste por amor y ganaste, te amo con todas las fuerzas de mi corazón. Siempre estuviste ahí para mi nunca me dejaste, no recuerdo una sola vez que te necesitara y tu no estuvieras ahí para mi. Prometí que nunca más llorarías por mi y rompí mi promesa, no sabes cuánto me duele no poder decirte porque lo hice. Ahora sé que te perdí ... te perdí para siempre. Este será mi nuevo hogar acompañado de tus recuerdos y la soledad.

El oficial interrumpió los pensamientos de Luis al llamarlo. Ahora pasaría todo el proceso de la institución penal. Sicólogos, dentistas, enfermeras, doctores y otros más hasta llegar a la celda donde lo ubicarían. Lo que más deseaba era estar solo, así que esperaba una celda para un solo confinado. No deseaba compañía alguna estaba muy amargado y pensando en cómo serian las cosas en aquel lugar. Mientras caminaba, observaba todo a su alrededor; lo hizo de esa manera hasta llegar a la celda en la que sería ubicado. El oficial dio una señal al que se encontraba en los controles para que abriera la celda. Luis entro a la celda tiro sus cosas al suelo y prendió un cigarrillo mientras miraba todo a su alrededor recostado sobre las rejas y en la prisión había un rumor corriendo que decía que el zurdo había llegado.

Chapter Four

Mientras fumaba continuaba pensando, no podía dejar de hacerlo, su mente estaba fuera de control. Los pensamientos fluían más rápido de lo que él los podía controlar. Mientras fumaba tuvo la sensación de que alguien lo observaba, comenzó a buscar en las celdas mas cercanas a la que él se encontraba y en efecto escondido en las obscuridad de la noche uno de los confinados de la celda de al frente lo miraba, al verse descubierto camino hasta las rejas mirando minuciosamente a Luis.

• Hey pana mío, ¿Cuándo llegaste?

• Esta tarde.

- ¿Cómo te llamas?

• Luis.

- ¿De dónde eres en la calle?

• Del área este.

- ¿Qué te cogiste?

• Un par de muertes.

• Como te llaman los títeres.

• Ahora me vas a fiscalizar, preguntas mucho y la verdad estoy bien aborreció y no tengo ganas de hablar. Espera a mañana y sabrás quien soy.

Esas fueron las últimas palabras de aquella no deseada conversación, dio la espalda y comenzó a organizar sus pertenencias que estaban el suelo. Mientras colocaba sus cosas en su lugar se percato que no estaba solo en la celda. En la obscuridad de la celda podía verse una silueta que mostraba mucho interés en aquella conversación. Luis ignoro el hecho de no estar solo en la celda, termino de acomodar sus pertenencias y sin decir una palabra se acostó en la cama de arriba. Apenas podía cerrar los ojos, los cerraba pero, se abrían de nuevo. No tuvo otra alternativa que permanecer acostado y pasar la noche pensando, mirando al techo y ver pasar lenta y tediosamente las horas de su primera noche en prisión. En algún momento de la madrugada fue vencido por el sueño quedando profundamente dormido, aunque no por mucho tiempo.

- ¡Nooooo! (quedando sentado en la cama, con un gesto de dolor y desesperación al mismo tiempo) • Cónsul, ¿Estás bien allá arriba?

• Sí, estoy bien, fue solo una pesadilla. Mala mía por despertarte. • Todo bien, entiendo lo que estas pasando, todo bien no ha pasado nada. ¿Cómo te llamas? • Luis

- (Levantándose de la cama y mirando a Luis seriamente) Yo me llamo Frank, pero los títeres me dicen el francés y tú tienes apodo.

• Si tengo uno pero no lo utilizo hace muchos años.

• Ok, ¿de dónde eres?

• De Humacao.

Luis cambio la cara y se quedo sentado en el camastro. La curiosidad lo estaba matando por dentro, deseaba saber lo que estaba sucediendo en la prisión. Todos esperaban a un tal zurdo y eso le preocupaba; aunque la sabia que la función había comenzado y el zurdo pronto entraría en la escena.

• Cónsul.

• Dime.

- ¿Quién es el zurdo por el que preguntan tanto?

• Yo no lo conozco, nunca había escuchado de el hasta ayer en la tarde que los rumores decían que llegaba hoy. Según dicen es tremendo asesino y aquí hay alguien que lo está esperando para cobrar viejas cuentas, bueno eso dicen.

- ¿Quién lo espera? • Ahora el que está preguntando mucho eres tú. ¿Por qué te interesa tanto? ¿Lo conoces? O ¿Eres tú?

• No soy yo ni lo conozco tampoco, es pura curiosidad. Cuando estaba en admisiones dos presos me preguntaron si era yo.

• Tipo, voy a darte un consejo, aquí mientras menos sepas mejor para ti y si fueras tu, vélate porque te están esperando con ansias locas. La conversación termino con las últimas palabras de Frank quien regreso a la cama y se acostó a dormir. Luis por su parte quedo un poco pensativo con aquello, pero estaba cansado y también se recostó conciliando el sueño en esa ocasión. A primera hora de la mañana llego el desayuno. Luis se levanto, lavo sus dientes, la cara y tomo su desayuno; mientras desayunaba escucho la voz del oficial de custodia que gritaba su nombre.

• Luis Meléndez Ortiz.

• Soy yo oficial. (respondió en un tono muy serio y con un gesto poco amigable)

• Vístete vas para sociales.

- (mirando a Frank quien desayunaba sentado en su camastro) cónsul, ¿Dónde están las duchas?

• Pana mío, estas bien jodido, aquí el baño es por la tarde. Creo que vas a tenerte que ir a sociales adobado.

- ¡oficial!

- ¿Qué paso preso?

• Oficial yo llegue ayer en la tarde y no me baño desde ayer a ver si me da una oportunidad para darme un baño rápido.

• Estamos, pero rápido.

(Continues...)



Excerpted from Cronicas De Un Adicto by Jorge Sanabria Copyright © 2011 by Jorge Sanabria. Excerpted by permission of AuthorHouse. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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