El duende

El duende

by Diego de Torres Villarroel

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Product Details

ISBN-13: 9788498161571
Publisher: Linkgua
Publication date: 01/28/2005
Series: Memoria Series
Pages: 24
Product dimensions: 5.30(w) x 8.30(h) x 0.50(d)

About the Author

Diego de Torres Villarroel (Salamanca, 1693-1779). Espa�a. Hijo de un librero, estudi� con una beca en la universidad de Salamanca y llev� una vida de aventuras. Fue soldado, buhonero, di�cono, autor y editor de almanaques astrol�gicos que firmaba con el seud�nimo de El Gran Piscator de Salamanca, catedr�tico de matem�ticas, exorcista y, finalmente, sacerdote. Francisco de Quevedo influy� en su obra literaria, y en su visi�n cr�tica de la sociedad de su tiempo.

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El Duende


By Diego Torres de Villarroel

Red Ediciones

Copyright © 2015 Red Ediciones S.L.
All rights reserved.
ISBN: 978-84-9897-659-5



CHAPTER 1

EL DUENDE


(Saldrá el Sacristán y Sebastiana con una luz.)

Sacristán Tengamos fandangorum, alegrías y papatoria, Sebastiana mía. Yo te quiero, te quiero sin mudanza, de corazón, de estómago y de panza.

Sebastiana Ya no puede tardar ese menguado 5 de Mamarria, y el chasco que has pensado del duende, hemos de darle. Así conviene castigarlo.

Mamarria (Dentro.) ¡Ah, mujer ...!

Sebastiana Pero ya viene.

Mamarria ¡Ah, mujer! ¡Ah, mujer!, abre al instante, que yo me vuelvo perro o estudiante, 10 según mis ganas. Abre aprisa, digo, que el hambre me taladra hasta el ombligo. ¡Ah, Bastiana, Bastiana!

Sebastiana Aguarda un poco. Apaguemos la luz, y entre este loco, y apenas haya entrado el mazacote, 15 ánimo, sacristán, y ande el garrote.

(Apagan la luz, abre Sebastiana la puerta y entra tanteando Mamarria.)

Mamarria San Buen Ladrón, qué oscuro.

Sebastiana Alza la zanca, si no quieres pegarte con la tranca.

Mamarria ¿Por qué la picarona no ha traído luz al señor Mamarria, su marido? 20

Sebastiana Calla: ya de decirlo estoy podrida, que el duende no me deja cosa viva; no hice más esta noche que traerla y el duende la apagó.

Mamarria Pues encenderla.

Sebastiana ¿Qué avechucho es el duende, o qué demonio, 25 que tanto nos joroba?

(Dale el Sacristán un porrazo.)

Mamarria ¡San Antonio! ¿Quién me llama a la espalda?

(Dale de nuevo.)

¡Ay mis jamones! Aquí andan más de veinte procesiones de brujos. ¡Ay!

Sebastiana Mamarria, no lo entiendes, que no te pega el brujo, sino el duende. 30

Mamarria ¿Duendes son éstos? ¡Ay, mis espinillas!

(Tropieza.) Pues, ¿qué deben al duende mis costillas? Yo voy por luz, que ya la puerta topo. Válganme los ciriales y el guisopo.

(Va por luz Mamarria y entretanto se va el Sacristán.)

Sebastiana ¡Qué bien se lo ha creído el simplonazo! Con hambre, tarascada y latigazo, 35 y con un trato endemoniado y fiero he de vengarme de este majadero. Pensaba castigarme el pobre alcuza: no mientras viva el Sacristán Lechuza. 40

(Sale con luz Mamarria.)

Mamarria Ya traigo luz, mujer, a la cocina, presto, presto, a indilgar la mamantina.

Sebastiana ¿La mamantina? ¿Qué es lo que ha dejado el Paparón?

Mamarria ¿Tan presto lo ha olvidado? Esta mujer me apura la paciencia. 45 Pues antes de que hiciese mi partencia a trabajar al campo esta mañana, no sabes que te dije: Bastiana, ahora voy al majuelo del vecino, tenme comprado del mejor cochino 50 una libreta y que te den gordura, y a más a más un poco de asadura, que yo a la noche volveré templado a atestarme el bandullo del marrano.

Sebastiana Ya se ve que me acuerdo y que lo traje; ¿pero no le he contado a mi salvaje, 55 que no he encontrado en esta casa modo para que el duende no me lleve todo lo que tengo?

Mamarria Pues que, ¿no hay espetera adonde esté guardada de cualquiera 60 gato la carne? ¿Que no hay garabato donde no pueda encaramarse el gato?

Sebastiana No fue gato, Mamarria; ¿no lo entiendes? No se lo llevó el gato, sino el duende.

Mamarria ¿El duende? Pues si sabes que es goloso 65 este animal, ladrón y perjuicioso, ¿por qué, por qué no tienes la comida, mujer del diablo, en el arcón metida?

Sebastiana Ya le he dicho al tontón, cabalgaduro que de este duende no hay lugar seguro. 70

Mamarria Pues si aquí no hay mamurria, yo me inclino a llenarme el jergón de pan y vino en la taberna.

(Vase.)

Sebastiana Vaya el mamarracho, y cuidado con no venir borracho. Anda con mil demonios, y Dios quiera que no vuelvas acá, bastión, tronera, que solo estás pensando en 75 aburrirme, pero yo he de estar tiesa, terca y firme, y si me diese un palo el muy menguado, le he de pagar con otro de contado; que dares y tomares, solamente 80 son matrimonio ya de mucha gente.

(Entra el Sacristán.)

Sacristán Dómina, más que Dómina, amiga, siempre que yo te veo, el alma pica un rejón, que a mi cuerpo todo entero le hace saltar más alto que el crucero de la capilla, donde yo te adoro, 85 cantándote aleluyas en mi coro, Kyries y Glorias porque sola eres el arpa, y el violín de mis placeres.

Sebastiana Aparta, loco.

Sacristán Déjame abrazarte. ¡Ay, qué regalo! 90

Sebastiana Basta.

Sacristán He de estrujarte, que siento reconcomios.

Sebastiana ¡Quita, loco!

Sacristán Reconcomios muy dulces.

Sebastiana Oye un poco: Mi marido se fue.

Sacristán Yo estaba alerta en la esquina, mirando hacia la puerta, y luego que salió me dio en el pecho 95 el reconcomio de venir derecho a ver esa carita tan hermosa.

Sebastiana Es necesario que hagas una cosa.

Sacristán Haré dos mil locuras, manda aprisa. 100

Sebastiana Pues esta noche, amigo, es la precisa; de modo que el rocín de mi marido está a que es cierto el duende persuadido, y para asegurarle que esto pasa, quiero te quedes esta noche en casa, oculto en este cesto. 105

Sacristán Eso, perdona amiga, lo protesto: ¿yo agazapado? Aquesa caravana es arrastrar bayetas de sotana.

Sebastiana No hay peligro ninguno, ni el más leve, que él se acuesta al instante. 110

Sacristán No se atreve mi valor a esconderme, ni a ocultarme.

Sebastiana Pues vete ya, que a mí no ha de faltarme quien se esconda y oculte.

Sacristán ¿No es preciso que un hombre dificulte, y se tema de aquello que es 115 posible? Yo me quedaré acá, no seas terrible; y di, ¿qué hemos de hacer?

Sebastiana Luego que sientas que está acostado, has de salir a tientas, y en conociendo que es ese simplote menudea el porrazo y el azote. 120

Sacristán Digo que yo lo haré como me mandas.

Sebastiana Pues dejemos respuestas y demandas. Mamarria

(En la puerta.) Hola, mujer.

Sebastiana Que viene. Al cesto vete.

Sacristán Voy allá, aguarda. Quiera Dios respete mi sotana, mi grado y reverendas. 125

Sebastiana Vamos presto.

Sacristán Qué angustias tan tremendas.

(Entra en el cesto.)

Mamarria (Fuera.) O soy tonto u oí por la ventana que estaba hablando mi mujer Bastiana. Hola, mujer.

Sebastiana Espérese el pellejo. 130

Mamarria ¿Qué va a que pillo aquí al sacristanejo?

(Abre Sebastiana la puerta y entra Mamarria mirando a todas partes.)

Mamarria ¿Cornicabras a mí? No, picarona. ¿Dónde está? ¿Dónde está aquella persona con quien estaba hablando ahora a poco?


(Continues...)

Excerpted from El Duende by Diego Torres de Villarroel. Copyright © 2015 Red Ediciones S.L.. Excerpted by permission of Red Ediciones.
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Contents

CRÉDITOS, 4,
PRESENTACIÓN, 7,
PERSONAJES, 8,
EL DUENDE, 9,
LIBROS A LA CARTA, 23,

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