El Precio del Perdon: Experiencias Transformadoras del Poder de Dios

El Precio del Perdon: Experiencias Transformadoras del Poder de Dios

by Dra Santos G. Franco

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Overview

El Precio del Perdon: Experiencias Transformadoras del Poder de Dios by Dra Santos G. Franco

Hoy en día hay mucha gente viviendo sin esperanza y viven acusados por las experiencias del su pasado. En El Predio del Perdón, la Dra. Santos G. Franco te ofrece la oportunidad de transformar esas experiencias negativas en herramientas para derrotar a tu enemigo. Aquí aprenderás a tomar ventaja de esas experiencias y usarlas como trampolín para moverte al próximo nivel de excelencia en tu vida. Las experiencias aquí compartidas te servirán de inspiración para vencer lo que te detiene. La Dra. Franco hace uso de su propia experiencia luchando con diferentes situaciones en la vida, que más tarde la ayudaron a ella a superar sus dificultades. Ella nos comparte su participación en el ocultismo y como su encuentro personal con Dios, la ayudó a ser libre de opresiones y a comenzar una vida libre de ataduras.

Al finalizar la lectura obtendrás los siguientes beneficios:

• ¿Cómo ser libre de la opresión y las ataduras del pasado que te atormentan?

• Usar tus experiencias negativas como plataforma para lograr una vida de victoria.

• Te animarás a buscar a tu Creador y recibir su amor incondicional.

• Serás libre de ataduras que impiden tu máximo desarrollo personal.

• Sacarle beneficio al libro que hay en ti.

• Te ayudará a desarrollar una vida de fe.

Product Details

ISBN-13: 9781477244333
Publisher: AuthorHouse
Publication date: 08/06/2012
Pages: 192
Product dimensions: 6.00(w) x 9.00(h) x 0.41(d)

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El Precio del Perdón

Experiencias Transformadoras del Poder de Dios
By Santos García-Franco

AuthorHouse

Copyright © 2012 Dra. Santos G. Franco
All right reserved.

ISBN: 978-1-4772-4433-3


Chapter One

Mi Infancia

Salmos 139:13

"Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre".

Origen:

Nací en la ciudad de Juana Díaz, en Puerto Rico, la Isla del Encanto. Puerto Rico consta de una población de alrededor de 3.5 millones de habitantes, según el Censo 2010. Esta ciudad fue fundada en el año 1798 y el Gobierno Civil en este territorio fue establecido en Abril 25 de 1798. Para el año 2000, la población promedio de la ciudad era de 49,600 y el ingreso promedio de unos $5,600 por persona. Juana Díaz está ubicada en la parte central del sur de la Isla y posee un área superficial de 61 millas cuadradas. Juana Díaz es conocida por todos a través de la isla por tres aspectos y celebraciones culturales importantes:

(1) La ciudad de los Reyes Magos –festival centenario que mueve a participar a miles de personas de todas partes del interior y exterior de la isla, el 6 de enero de cada año. Aquí se conmemora en una manera particular, cuando los reyes magos llevaron los presentes al niño Jesús después de su nacimiento como está descrito en la Biblia en Salmos 72:10-11. Tres personajes, representando los reyes magos, se visten con elegantes túnicas, simbolizando lo vestuarios que usaron los reyes en aquel tiempo. Se hace un desfile ese día en la mañana donde participan adultos y niños en una gran parada a lo largo de las principales calles de la ciudad. Cada uno se viste con vestuarios representativos de diferentes personajes de la Biblia usando bellas telas de seda, encaje, piedras, lentejuelas de colores y adornos brillosos. Preparan carrozas y carruajes donde llevan diferentes escenas y paisajes representativos de la época. Estos incluyen animales, tales como ovejas, asnos, caballos, y otros. La tradicional carroza de la escena del niño Jesús junto a José y María culmina el numeroso desfile que tiene duración de unas dos a tres horas aproximadamente. La isla entera se vuelca en esta celebración y podemos encontrar en todo el centro de la ciudad y sus alrededores kioscos de comida típica y toda clase de artes folklóricos. Es en estas celebraciones donde se respira un ambiente de algarabía y diversión donde todos disfrutan y comparten.

(2) La ciudad del Mabí Champan –El mabí es una bebida elaborada de la raíz de un árbol que se conoce con su mismo nombre, mabí. La corteza del árbol se somete a un proceso de fermentación que como resultado obtenemos el sabroso mabí champan. El sabor de esta bebida es peculiar y solo en Juana Díaz se ha logrado obtener este sabor que caracteriza la fama para la ciudad. Un juanadino nacido y criado en su ciudad puede distinguir sin dificultades entre el mabí de Juana Díaz y el de otro lugar, pues el sabor es distintivo.

(3) La ciudad de los Poetas –Juana Díaz se destaca por generosamente haber contribuido a las letras puertorriqueñas con distinguidos poetas. Entre estos se conocen a Luis Lloréns Torres, Tomas Carrión Maduro, Luis Felipe Dessús, Josefina Lloréns Torres, Mario Braschi, Cesáreo Rosa Nieves, Arturo Gómez Costas y otros compositores contemporáneos que se añaden a la lista.

La comunidad donde mi familia vivía la conocían comúnmente como las parcelas Las Flores, pero el nombre oficial era, Sector Comunidad Cristina. Las calles no tenían pavimento y cuando los autos transitaban por ellas levantaban una nube de polvo blanco. Años más tarde cuando se comenzó a ver un progreso urbano, estas calles fueron asfaltadas. Era rara la vez que escucháramos alguna sirena de ambulancia o de bomberos. El hospital más cercano quedaba a unas diez cuadras de distancia de mi casa. El cuartel o departamento de Policías estaba ubicado en el centro de la ciudad y también una pequeña estación de bomberos. El centro de la ciudad estaba decorado con una majestuosa Catedral Católica, típico de cada pueblo alrededor de la Isla. Alrededor de la Catedral se podía apreciar un saludable y hermosísimo jardín compuesto de veredas llenas de arbustos que florecían la mayor parte del año. Había también algunos bancos para sentarse y disfrutar de los ricos olores que ofrecían las flores y del majestuoso paisaje a su alrededor. Todavía es común ver allí grupos de personas en horas de la tarde y fines de semana agruparse para compartir y disfrutar juntos de esta escena. Y en frente de la Catedral está ubicada una gran plazoleta donde se realizan las fiestas del pueblo y otras actividades que los fieles conmemoran al patrón de la ciudad, San Ramón Nonato.

Mi niñez:

Me crié junto a mis padres, Papi y Mami como cariñosamente nos dirigimos a ellos, siendo yo la mayor de cuatro hermanas y un hermano, el más pequeño. Mi padre era un hombre de tez blanca, con ojos café y cabello negro hondeado, el cual siempre llevaba con un recorte bajito. El era delgado de peso y muy alto en estatura. Su actitud era apacible, pero de carácter firme. Su expresión verbal era de autoridad. Todos lo respetaban y obedecían sus consejos, aun siendo el más joven de todos sus cuatro hermanos. Sus intereses eran similares a cualquier joven de su edad. Recuerdo todavía que tenía una motocicleta negra y plateada o "motora" popularmente conocida. Y también le gustaban los automóviles, que en aquella época los más populares eran los Ford y Chevrolet.

En cuando a mi madre, ella era de piel bronceada, ojos marrón, delgada y muy esbelta y hermosa. Ella tenía una figura de modelo, aunque no era muy alta de estatura. Ella era amable y su humildad la caracterizaba. Mi padre mostraba estar muy enamorado de ella, pues lo demostraba con sus actos de amor y simpatía hacia ella. Mi madre siempre se mostraba muy sencilla y pasiva. Sus entretenimientos eran mayormente hogareños, le gustaba cocinar, lo cual disfrutaba al máximo, tejer, bordar y principalmente coser, destrezas que yo heredé de ella. Ella nos confeccionaba la mayoría de la ropa con la que nosotras vestíamos.

La presencia de la familia paternal inmediata era constante, pues se reunían con frecuencia para celebrar días festivos y los cumpleaños de cada miembro de la familia, especialmente de los niños. Mi abuelo, ya avanzado en edad, entraba y salía frecuentemente, por cuanto él le ofrecía apoyo a mi madre con los niños y los mandados. En nuestro vecindario a mi madre la conocían como la esposa del policía y a nosotros como los hijos del policía, posterior ocupación de mi padre.

Los vecinos más cercanos eran personas trabajadoras de la clase media. La mayoría eran empleados de alguna factoría o corporación en el área; y algunos pocos trabajaban en el corte y recogido de la caña de azúcar. Cerca del barrio quedaban algunas dos centrales de procesamiento donde los vagones eran abastecidos después del corte y recogido del producto. Los fuegos de "piezas de caña", como se les conocía a los cultivos, eran muy comunes en la zona. Todavía recuerdo el grato olor a caña quemada que daba la sensación de estar saboreando la melaza de azúcar (líquido espeso extraído de la caña después de quemada).

La vida en el vecindario siempre fue de un estrecho compartir entre vecinos. En días festivos, todos compartían y festejaban juntos como en familia. Los niños jugaban en las calles todas las noches; los días de semana se recogían temprano, pero el fin de semana ellos estaban hasta tarde en la noche jugando diferentes juegos de niños de la época: cuica, peregrina, de esconder, por mencionar algunos. Pero en mi hogar las cosas eran muy diferentes. A nosotros mi padre nos tenía prohibido salir afuera a compartir con ninguno de los vecinos, ni tampoco podíamos disfrutar de los juegos con nuestros amigos. Lo más cercano a esto era observar a través de la verja mientras ellos jugaban y se divertían, y esto si él no se encontraba en los alrededores. Aunque con los vecinos más cercanos a nuestra casa nos relacionábamos en la ausencia de mi padre, tanto Mami como nosotros los hijos. Ellos comprendían nuestra situación y muchas veces nos ignoraban en presencia de Papi para no causarnos problemas con él. Pues cuando él se daba cuenta que tuvimos algún contacto con alguien, nos realizaba una interrogación profunda hasta averiguar que habíamos hablado o que ellos habían comentando. Era un proceso que nos fastidiaba a todos. Era como estar en una prisión.

En nuestro hogar siempre se percibía un ambiente de tensión y más cuando se acercaba la hora de mi padre llegar de su trabajo. Él siempre traía una actitud molesta y nada parecía complacerle. Él y mi madre tenían discusiones constantemente y las cosas entre ellos parecían nunca estar bien. Su conducta era la típica de un hombre machista, el cual esperaba que todo se le sirviera y se le obedecieran todas sus órdenes sin pedir explicaciones o tener consideración con los demás. No fue un hogar donde se respirara el amor entre padres e hijos, lamentablemente; mis hermanos le tenían mucho miedo. Y aún los vecinos no tenían buenas relaciones con él. Recuerdo que a sus espaldas se referían hacia él como el "ogro". Aún con mi abuelo tubo varios altercados de violencia por la manera en que él se dirigía a mi madre.

Volviendo un poco atrás, los primeros recuerdos que yo tengo de mi padre, fue cuando yo tenía algunos 3 a 4 años de edad. En ese tiempo, él era camionero, transportaba vagones de caña para las diferentes refinerías de azúcar a través de la Isla. Papi en ese tiempo era muy diferente. El era cariñoso conmigo y con mi madre. Las memorias que tengo grabadas en mi mente son las de un padre amoroso. En ese entonces cuando conducía los camiones gigantes donde transportaban la caña de azúcar, él solía venir a almorzar a casa cuando estaba en el área y al momento de partir siempre me invitaba a dar un paseo en su camión. En ese momento me hacía creer que yo era el chófer al sostenerme en sus rodillas mientras manejábamos el camión a lo largo de la calle de mi casa. Y ese paseo culminaba cuando yo hacía sonar fuertemente el sonido de la bocina del camión, sujetándome de un cordón el cual la hacía sonar. Papi era tan diferente en ese entonces que su cambio es difícil de describir. No recuerdo que alguno de mis hermanos tuviera ese acercamiento a él como yo lo tuve en ese tiempo, ni siquiera mi hermano varón, pues ya cuando ellos llegaron el cambio negativo se estaba manifestando en la conducta de mi padre.

Había ocasiones cuando Papi viajaba por la isla trabajando, que Mami se quedaba a solas con mi hermanita y yo. Me acuerdo lo felices que éramos a pesar de su pesado trabajo. Mami realizaba los quehaceres del hogar, nos cosía nuestros trajes, y nos iba criando con cariño. Todos los sábados ella acostumbraba barrer y mapear (palabra común en Puerto Rico refiriéndose a limpiar el piso con un mapo). Vivíamos en una casona vieja bastante amplia y a ella le tomaba unas cuantas horas asear todo aquel piso. Ella primero nos daba un buen baño a mi hermana y a mí y luego nos colocaba en su cama, que quedaba en la habitación que daba a la calle. Luego ella procedía a su acostumbrada misión de cada sábado en la tarde, limpiar el piso.

Yo disfrutaba ese tiempo jugando con mi hermanita: brincando en la cama, jugábamos de manos, inventábamos historias, contábamos los autos que pasaban por la calle, en fin era un tiempo rico! Pero cuando llegaban las 7 p.m., todo se detenía para mí. Sucede que en una colina cercana a la casa había una Iglesia Pentecostal que cada sábado abría sus puertas y ubicaban los alto parlantes fuera de la iglesia para que la población cercana escuchara su servicio religioso. Ellos comenzaban cantando coritos, los cuales yo fui aprendiendo a medida que escuchaba sus servicios cada sábado. Luego, compartían testimonios poderosos de lo que Dios estaba haciendo en la iglesia. Y finalmente, un caballero, que luego entendí que era el Pastor, compartía un fogoso sermón. El instruía a que abrieran la Biblia y yo tomaba un Misal Católico que mi madre mantenía en una mesa al lado de su cama y fingía estar leyendo la Biblia como instruía el Pastor; y también dirigía a mi hermanita a que hiciera lo mismo compartiendo ambas aquel libro. Al final, ellos oraban por todos los que estaban presentes en el servicio y también por los que estaban escuchando, nosotras inclinamos nuestras cabezas disfrutando nuestra participación. Más adelante entendí que desde ese tiempo ya Dios estaba preparando mi vida para algo mayor. ¡Qué tiempos tan memorables aquellos!

Un día mi padre llegó con la idea de que iba a ingresar al cuerpo de la Policía de Puerto Rico. Quizás pensando en mejores oportunidades y un mejor ingreso; o quizás un trabajo más estable que le permitiría disfrutar de su familia con más libertad. Y poco tiempo después, fue cuando Papi partió para la academia de la Policía de Puerto Rico. Durante su tiempo en esa academia, por espacio de un año, mi abuelo paterno, a quien cariñosamente todos los nietos llamábamos "Papá Panchito", se hizo cargo de nosotros. Creo que fue la única ocasión que me acuerdo que mi madre trabajó fuera del hogar para ganarse un salario y ayudar a sostener la familia. Por ese tiempo fue Papá Panchito quien tomaba cuidado de nosotros. Me llevaba y recogía de la escuela y también se ocupaba de transportar a mi madre a su trabajo. En las noches, Papá siempre acostumbraba escuchar los juegos de "baseball" en su viejo radio de baterías. Él no trabajaba y enviudó cuando mi padre tenía solo tres años de edad. Nunca se supo con certeza de que murió mi abuela Pancha y Papá nunca volvió a casarse.

Durante su estadía en la academia, Papi nos visitó en algunas ocasiones durante fines de semana. Y finalmente llegó el día, de su regreso definitivo. En casa lo esperábamos mi madre, mi abuelo, mi hermanita y yo, todos ansiosos por su llegada. Papi finalmente llegó y todos celebramos su llegada, pero ya no fue aquel cariñoso caballero que se había despedido de nosotros un año atrás el que había llegado. Algo pasó, él regresó agresivo y colérico, sus buenos modales y el amor por su familia se habían quedado en aquella academia. Luego de ahí, todo fue diferente; el papá cariñoso había desaparecido. Fue entonces cuando comenzaron los conflictos entre él y mi madre, y hasta con mi abuelo. Después de eso, dije yo, que a mi padre lo entrenaron para matar. Nada le causaba alegría, todo el tiempo se la pasaba enojado y de nada armaba un pleito. Desde ese tiempo en adelante todos vivimos en una atmósfera de intensa tensión y tristeza. El hogar se tornó en un lugar de violencia doméstica: maltratos, golpes y contiendas que llenaron el ambiente. Características, que sin darse ellos cuenta, fueron formando nuestras vidas y le dieron el diseño al futuro de los niños que iban creciendo. Nos fuimos acostumbrando a las peleas y las discusiones, lo cual era el pan de cada día. Y esa relación disfuncional llevó a nuestros padres al divorcio, como era de esperarse, después de dieciocho años de casados. Y nosotros, los cinco hijos procreados en esta relación, nos convertimos en hijos también divorciados. Divorciados en el sentido que tanto mi padre como mi madre estaban atrapados en sus situaciones y emociones que no se dieron cuenta que nosotros teníamos nuestras propias necesidades y nadie las suplía. Desprovistos de afecto y atenciones. Y así íbamos creciendo, sin apoyo y sin consuelo. Expuestos a lo que nos ofreciera la vida.

Después del divorcio, comenzaron otros retos: vivir de casa en casa, arrimados con algunos familiares, que cuando se cansaban de nosotros nos presionaban para que nos fuéramos. Mientras escribo, llega a mi memoria una de estas primeras experiencias que marcaron nuestras vidas para siempre. Recuerdo que después de una gran pelea, llegamos a la casa de mi abuela. Una casa humilde y con un espacio muy limitado. Ya era pasada la media noche y mi madre llegó con todos nosotros y no había espacio para recibirnos. Se les ocurrió hospedarnos en un cuarto pequeño a las afuera de la casa, el cual usaban para albergar cerdos antes de ir al matadero. Pues el esposo de mi abuela, quien no era el padre de mi madre, se dedicaba a la compra y venta de cerdos. Esa fue una noche espantosa, no pudimos dormir por el calor sofocante y los mosquitos volando sobre nosotros y picándonos toda la noche. Ahora yo podía entender por qué mi madre soportaba todos los tormentos que conllevaba vivir con un hombre que se había convertido en un monstruo; el mantener y sobrellevar por sí sola una familia de cinco hijos no era fácil para ella.

Después de esta experiencia y algunos meses viviendo en la casa de mi abuela, Papi vino a querer reconciliar la relación con Mami, quien como siempre le dio una nueva oportunidad. Volvimos a la casa, y aunque divorciados, ellos decidieron tratar de arreglar las cosas, o por lo menos mi padre la convenció de hacerlo. Los primeros días fueron de luna de miel, pero luego de unas cuantas semanas, las cosas volvieron a lo mismo: peleas, discusiones, golpes, insultos; el abuso ya se había vuelto verbal, sicológico y físico. Por el contrario, ahora Papi llegaba tarde en la noche, con señales visibles de haber ingerido bebidas alcohólicas; unas veces llegaba tranquilo y se iba directamente a dormir, pero otras veces llegaba a formar violentos pleitos, los cuales eran escuchados por todos en el vecindario.

(Continues...)



Excerpted from El Precio del Perdón by Santos García-Franco Copyright © 2012 by Dra. Santos G. Franco . Excerpted by permission of AuthorHouse. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Table of Contents

Contents

Dedicación....................5
Reconocimientos....................6
Introducción....................8
La Portada del Libro....................11
Capítulo 1: Mi Infancia....................12
Capítulo 2: Mi Adolescencia....................26
Capítulo 3: Mi Vida de Adulta....................52
Capítulo 4: El Angel me Visitó....................68
Capítulo 5: Mi Conversión....................78
Capítulo 6: Experiencias Significativas con el Espíritu Santo....................88
Capítulo 7: Mi Esposo el Inconverso....................112
Capítulo 8: El Trato Personal de Dios Conmigo....................124
Capítulo 9: Señor; "Yo me rindo"....................164
Capítulo 10: El Llamado Ministerial....................170
Capítulo 11: El Precio del Perdón....................178
Conclusión....................184
Bibliografía....................188

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