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Guerrero de Tormentas: La Estrategia para la Victoria del Creyente
     

Guerrero de Tormentas: La Estrategia para la Victoria del Creyente

by Mahesh and Bonnie Chavda, Bonnie Chavda
 

'I love this book because it releases one of the most important qualities into the heart of the believer: courage! I cannot imagine anyone reading this book who finishes it without experiencing a supernatural rise of courage within his or her heart.' Bill Johnson

Overview

'I love this book because it releases one of the most important qualities into the heart of the believer: courage! I cannot imagine anyone reading this book who finishes it without experiencing a supernatural rise of courage within his or her heart.' Bill Johnson

Product Details

ISBN-13:
9789875572942
Publisher:
Peniel
Publication date:
10/05/2010
Pages:
256
Product dimensions:
5.30(w) x 8.20(h) x 0.70(d)
Age Range:
18 Years

Read an Excerpt

GUERRERO DE TORMENTAS


By MAHESH CHAVDA BONNIE CHAVDA

ZONDERVAN

Copyright © 2008 Mahesh and Bonnie Chavda
All right reserved.

ISBN: 978-987-557-294-2


Chapter One

UNA PALABRA DESDE LA GLORIA

Estad quietos y conoced que yo soy Dios. -Salmo 46:10

Las gotas de lluvia que golpeaban contra el techo de nuestro lugar de reunión al principio fueron un sonido que nos alegró. Esta parte de Carolina del Norte había estado sufriendo los efectos de la sequía, por lo que sentimos alivio ante la lluvia. La enorme carpa que había brindado techo y refugio para nuestras conferencias durante varios años, ya había soportado numerosos chapuzones y tormentas, así que no nos preocupamos mucho cuando comenzó la conferencia sobre las Olas de la Gloria.

Tal vez sí debiéramos haber sentido ansiedad.

Porque la tormenta que se había iniciado como gentil llovizna de repente se convirtió en un aguacero muy violento. Las ráfagas de viento y la lluvia torrencial hacían que la gran estructura de la carpa con sus pesados postes de acero se balanceara de un lado al otro, amenazando con arrancar los postes de sus soportes. Algunos de los asistentes se levantaron para sostener los palos con fuerza, en un valiente intento por mantenerlos en sus lugares. Otros trataron de fijar las paredes de la carpa, pero la lona escapaba de entre sus dedos y flameaba locamente al viento. El agua entraba y la carpa se inundó. Sabíamos que podía caer sobre nuestras cabezas. La conferencia había convocado a cientos de personas y ahora sus vidas corrían peligro. No teníamos dónde escapar.

La lección de una abeja

Más o menos un día antes, yo, Mahesh, había estado ocupado preparando nuestra conferencia en Charlotte. Y aún mientras hacía ejercicio en la cinta caminadora, repetía en voz baja mi oración buscando la palabra del Señor para las reuniones.

-¿Cuál es tu palabra para esta conferencia, Señor? Le había preguntado esto al Señor muchas veces, pero todavía no había recibido su guía.

Era un cálido día de otoño y una abeja entró zumbando por la puerta abierta. La seguí con la mirada mientras zigzagueaba por la habitación, antes de posarse en la cinta caminadora.

Y allí se quedó, cumpliendo con la cita. Podría haber echado a volar en cualquier momento, pero como el tonto coyote de la tira cómica del Correcaminos, seguía allí sobre el borde de la cinta hasta que desapareció dentro de la maquinaria.

-Dime abejita, ¿dónde estás ahora? -pregunté con un dejo poético. Supuse que ese había sido el fin de la pobre abeja y volví a centrar mi pensamiento en mi pedido al Señor. Esta vez, oí una respuesta.

-Shalom -dijo la voz suave y quieta.

-Shalom a ti, Señor -respondí con toda educación-. Pero, ¿cuál es tu Palabra para esta conferencia?

-Shalom -repitió la dulce voz.

-Señor -dije entonces- sé que eres judío y todo eso, pero en este momento preciso que me des tu Palabra para esta conferencia.

Dejé de prestar atención durante un momento, porque el cuerpo de la abeja muerta reapareció del otro lado de la cinta, y su aspecto era el previsible: aplastada contra la goma negra.

-Pobre abeja -susurré.

Volví a mi comunión con el Señor y de repente noté un movimiento casi imperceptible. Asombrado, vi que la cabeza aplastada de la abeja recuperaba su forma, y que la criaturita echaba a volar! Probó sus alitas, una o dos veces. Y salió volando hacia el jardín donde brillaba el sol.

-Bien, no tan pobre entonces -dije contento-. Acabo de ser testigo de una resurrección a pequeña escala.

Sabía, sin duda alguna, que los radiantes rayos de vida y poder que provienen del Señor de gloria habían tocado a la abeja muerta durante mi comunión con el Padre. La abeja había vuelto a la vida delante de mis ojos.

En presencia de esa gloria de resurrección pregunté otra vez:

-Señor, ¿me darías al menos una palabra para esta conferencia?

-Shalom -fue todo lo que pude oír.

Como parecía que no iba a recibir inspiración o Escrituras para la conferencia, terminé con mis ejercicios y volví a la oficina para ocuparme de otros asuntos.

Un atronador diluvio

Esa noche la conferencia de Olas de gloria comenzó con un atardecer claro en que las estrellas asomaban brillantes en el cielo. Pero a la noche siguiente, el cielo vespertino se presentó oscuro al momento en que los asistentes formaban fila para ocupar sus asientos para la adoración.

Iniciamos el servicio y a poco de empezar vimos que tendríamos más que una lluvia de otoño. A lo lejos se oían truenos, que fueron acercándose, en tanto que una suave llovizna se convertía en lluvia fuerte. Bonnie estaba dando testimonio del momento en que el Señor la había visitado en su cumpleaños. Su relato, que incluía cómicas situaciones personales, describía el fluir del río del Espíritu Santo en una iglesia de estrictos códigos religiosos. Avanzó hacia la primera fila de asistentes describiendo animadamente las formas en que Dios llega a nuestras vidas para librarnos de las ataduras religiosas y la opresión del enemigo.

Al principio el viento y la fuerza de la lluvia torrencial le añadían un efecto dramático a la historia de Bonnie. Y en un punto, incluso, rió cuando tras las paredes de lona de la carpa un trueno acompañado por un relámpago pareció añadir énfasis a una frase suya en el momento justo. Las ráfagas de viento parecían empujar paredes de lluvia contra los costados de la tienda. La gente recogía sus cosas para protegerlas del agua que se filtraba hacia adentro. Bonnie pareció no notar el creciente peligro y seguía predicando en concierto con la tormenta. Yo empecé a orar en silencio, pidiendo dirección porque parecía que la carpa estaba por colapsar. La gente, un tanto incómoda, nos miraba como preguntando qué habríamos de hacer.

Pude captar la atención de Bonnie y me puse de pie para hablar por el micrófono: -Ha habido una sequía como pocas en Carolina del Norte. Esta noche creo que Dios está bendiciendo este lugar. En el plano natural y el espiritual, dejemos que venga la lluvia del Espíritu Santo. Él dijo a través del profeta Joel: "Derramaré mi espíritu sobre todo ser humano, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas". La congregación respondió con alabanza y algunos aplaudieron con cierta timidez. Y entonces se desató la tormenta con ferocidad.

No teníamos dónde correr, y lo único que nos protegía de la tormenta era la lona que flameaba al viento. Busqué dirección y sabiduría en medio del desastre que asomaba. En el caos, de las olas de gloria que me habían rodeado el día anterior mientras caminaba en la cinta, llegó una palabra.

En ese instante, lo entendí y dije: -Shalom.

En ese momento, ante cientos de testigos, la tormenta cesó.

Tan pronto pronuncié la palabra, no diez segundos o veinte, o un minuto después, sino en ese mismo instante, dejó de llover en toda la región. No hubo más viento ni lluvia. Una sola palabra de la gloria y la perfección del Shalom de Dios, gobernó sobre la naturaleza. Y la misma gloria que me había rodeado mientras estaba en comunión con Dios, esa misma gloria que resucitó a la abeja, se hizo presente para acallar la tormenta.

La congregación elevó un grito de maravillado alivio y alabanza ante la liberación, y se unieron a Bonnie y a mí en un cántico que el Espíritu de Dios envió cuando la nube shekinah de la gloria de Dios se manifestaba durante un servicio de sanidad:

Ahora el Señor es el Espíritu Y donde el Espíritu del Señor está hay Libertad, Libertad, Libertad!

El testimonio del reino

A la mañana siguiente después de la terrible tormenta, los noticieros informaron que había sido la peor en la región en los últimos 70 años. Más de cien kilómetros de territorio sufrieron el furor del fenómeno que a su paso había dado origen a varios tornados. Nuestra carpa había estado justo en el epicentro. Y sin embargo, todo el sistema había sido acallado por una sola palabra de gloria, al instante.

Este es el testimonio del Reino de Cristo ante los vientos y olas de nuestros tiempos: "Paz, quédense quietos!". La presencia del Padre se manifiesta para calmar toda tormenta que pueda surgir en la vida, sea como calamidad, enfermedad e incluso, muerte. La confirmación que nos dio Jesús como prueba de su mensaje fueron los milagros que Él obró. Esos milagros no eran solo acciones de justicia social o de bondad y benevolencia humana. Fueron milagros que daban testimonio de un Reino.

Dios quiere que todo creyente sea emisario de esta libertad y shalom. Podemos pronunciar el mensaje. Llevarlo. No hace falta que gritemos. Podemos hablarlo para que llegue al corazón de las personas. Podemos hablar a los principados y poderes en los lugares de dominio espiritual. Podemos hablar a la naturaleza que está a su merced y hablarlo a nuestros hogares. También, a nuestros amigos y vecinos. Nuestro mensaje en la tormenta es: "Paz, quédense quietos!".

Podrá preguntar usted: -¿Cómo llego a este tipo de unción? ¿Cómo obro los milagros de Jesús, en señales y acciones milagrosas?

Hay dos elementos para recibir y andar en el poder milagroso de Dios. El primero es impartir. Y el segundo es actuar.

Empezamos por impartir

Cuando el Espíritu imparte, llega la unción para los milagros. Moisés impuso sus manos sobre Josué. Y Elías sobre Eliseo. Lo mismo hizo Pablo sobre Timoteo. Jesús les da su Espíritu a todos los que lo reciben. En todas estas instancias, quien imparte el Espíritu se ha convertido en un siervo de la unción, para toda la vida.

No se puede impartir el Espíritu sin una relación. Eliseo no fue un día a ver a Elías para pedirle doble porción de su unción. Murió a sí mismo y a su visión el día en que aceptó el llamado a servir. Y siguió a Elías durante años. Pablo no conoció a Timoteo en una conferencia y enseguida lo envió a plantar iglesias. Durante años discipuló a Timoteo.

Para impartir y transferir la unción, antes tenemos que hacernos siervos. Es ese el principio y también el fin. Eliseo recibió el Espíritu de Elías. Y años después de que Eliseo hubiera sido ya sepultado, un hombre muerto fue echado sobre sus huesos y resucitó! (vea 2 Reyes 13:21). Moisés se quitó los zapatos. Elías se purificó en el desierto. Saúl cayó de su burro y su carácter cambió por completo. Cada uno de ellos entró en comunión con la viva presencia de Dios y pasó de servir a sus propios propósitos a servir al propósito de Dios. Dios invertía en hombres que se habían convertido en sus "siervos". En comunión con Él, recibieron la unción que impartieron a otros. Y cuando Jesús fue bautizado, lo hizo para "cumplir toda obediencia". El Espíritu Santo desciende y permanece sobre quienes manifiestan al Cordero.

Impartir y entrar en comunión y en armonía con el Padre hace que los creyentes puedan obrar milagros. Cuando tomamos la decisión de vivir como siervos en comunión con Dios, nos convertimos en emisarios de su poder para calmar la tormenta. En comunión con Dios esa tarde mientras caminaba en la cinta, le fue impartido a mi espíritu la palabra para el milagro. Yo entonces recibí la vibración del cielo y calmé la tormenta con una única palabra de la gloria.

Puede haber sido simple, una sola palabra, como shalom. Pero en esa única palabra de la gloria reside el poder creativo del universo. La palabra viva de Dios en una situación determinada puede volver a la vida a los muertos. Así fue cuando Elías resucitó al hijo de la sunamita. Elías sintonizó el sonido del cielo mientras caminaba ante el cuerpo de muchacho muerto, y se convirtió así en transmisor de la vida de Aquel que ocupa el trono. Por el Espíritu, Elías reunió en sí el aliento de vida que emanaba del trono e insufló ese aliento en el muchacho.

Cuando recibimos el Espíritu de Dios que se nos imparte, es como si fuéramos un diapasón. Si uno golpea el diapasón, producirá ondas de sonido y los diapasones que tengan la misma resonancia captarán esa vibración y "cantarán al unísono". De la misma manera, cuando entramos en comunión con Dios todo nuestro ser comienza a sintonizarse en armonía con Él. Nos convertimos en vasijas de sus milagros. Dios hace resonar la cuerda de un milagro y nosotros la captamos, y transmitimos ese milagro: y los cojos caminan, los ciegos ven y los muertos resucitan.

La ciencia recién ahora está empezando a hablar de nuevos descubrimientos que ilustran el plano de los milagros. Los protones, neutrones y electrones, constituyentes de toda materia, están compuestos de diminutos elementos llamados quarks. Los quarks están en diminutas secuencias que vibran de energía y según este modelo que se conoce como "la teoría de las cuerdas", todas las partículas, visibles o invisibles al ojo humano, están compuestas fundamentalmente de la misma sustancia. Una roca, un escritorio, un árbol o el arco de un violín solo se diferencian por su resonancia.

El físico Brian Greene, de la Universidad de Columbia, lo describe de esta manera:

La única diferencia entre las partículas que me constituyen y lo constituyen a usted, y las particulas que transmiten la gravedad y otras fuerzas, es la forma en que vibran. El universo, compuesto por una cantidad enorme de estas series oscilatorias, podría verse como una grandiosa sinfonía cósmica.

Hebreos 11:3 nos dice: "Comprendemos que el universo fue hecho por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía". Desde su gloria, Dios reinaba por sobre el caos y el vacío antes de la Creación. Pronunció la palabra de su voluntad y deleite y todos los elementos de la naturaleza se unieron formando una gloriosa armonía. La Tierra, los cielos, los mares y los continentes se llenaron con su voz. Vivimos en un universo que hoy podríamos describir como el eco vibrante y danzante de su primera proclamación: "Sea la luz!".

El Espíritu Santo sobrevuela el caos y las tormentas de este mundo, llevando el poder y la gloria de Dios para establecer la armonía allí donde hay discordia. Podemos llevar esta gloriosa vibración, captando la señal del Padre que proviene del cielo y dando rienda suelta a su sonido sobre la Tierra. Desde el principio mismo Dios ha mostrado pruebas de su ser y de su poder a través de los milagros. Es la forma en que envió a Moisés. La forma en que envió a Elías y los profetas. Es la forma en que Jesús, el Hijo de Dios, vino en carne y hueso como hombre. Y sabemos y damos testimonio de que Jesús está vivo en el planeta Tierra. Sigue obrando los mismos milagros que obró entonces. Desea obrar milagros todavía mayores en nuestros días, a través de quienes creen en Él. La clave está en impartir su Espíritu. Cuando nuestra relación con Dios nos pone en armonía con la vibración del cielo, recibimos la capacidad de transmitir sus milagros de sanidad a quienes nos rodean. Jesús les dijo a sus discípulos: "Como me envió el Padre, así también yo os envío". Los más grandes milagros lo están esperando!

Daniel profetizó que al acercarse el fin de los tiempos quienes conocen a su Dios harán grandes cosas (vea Daniel 11:32). Los milagros de Jesús en la Tierra dieron testimonio de la presencia, realidad personal y poder del Padre en el cielo. Las señales y milagros siguen siendo testimonio de la resurrección de Jesús. Él quiere que el Evangelio de su Reino sea proclamado y demostrado, con la palabra y las obras de su poder, para que todos oigan y vean.

El Espíritu en acción se deleita

Impartir y luego actuar. Somos mayoría quienes pasamos horas viendo esas viejas películas de vaqueros en que siempre los malos terminaban mal. Las versiones modernas de las películas de este género ahora tienen como escenario el espacio o las oscuras calles de alguna ciudad, pero la fórmula en general sigue siendo la misma. La clásica escena, sin embargo, es un pequeño pueblo en medio de la nada, con el sonido de una guitarra solitaria como fondo. El sol brilla en su cenit y la calle principal está casi desierta.

El villano sale de la taberna, henchido de orgullo por su poder de inspirar miedo en todos los pueblerinos. Pero de la nada surge entonces el héroe con ojos color de acero, con la mano presta a apretar el gatillo de su pistola. Solo y sin miedo se enfrentará al villano. La tensión aumenta y luego, en un relámpago de fuego y humo, el malvado cae. Su cuerpo sin vida da testimonio de la habilidad y coraje de nuestro héroe, que sin más ni más, monta su caballo. Mientras tanto, la gente contenta sale de las casas y ven cómo su libertador cabalga hacia el horizonte donde el sol ya se está ocultando.

Puede ser una fórmula trillada, pero sigue siendo buena! ¿No nos vendrían bien algunos de estos héroes a la antigua, aún en nuestros tiempos? Necesitamos hombres y mujeres que no tengan miedo de enfrentar el mal y que estén dispuestos a luchar por dar libertad a los inocentes cautivos.

En los días del Lejano Oeste, en la vida real, había un grupo al que se conocía como "Los llaneros de Texas". Estos llaneros eran famosos por su coraje. Perseguían y llevaban a prisión a los criminales más peligrosos. Cuando terminó la Guerra Civil y Texas se vio invadida por una ola de delitos, se llamó a los Llaneros para que restauraran la decencia, la ley y el orden.

A los Llaneros les importaban los resultados, no los trámites burocráticos. Uno de los Llaneros iba allí donde se lo necesitaba, y hacía su trabajo hasta terminarlo. Los Llaneros podían vivir de la caza o la pesca, y pasar varios días sin dormir hasta atrapar a su presa. Podían contener a las muchedumbres o arrestar a asesinos persiguiéndolos a campo abierto. Los Llaneros también tenían línea directa con el gran jefe o "Coronel", y la utilizaban siempre que les hacía falta.

Hay una historia sobre un pueblo de Texas acosado por la violencia. El alcalde envió un telegrama donde le pedía al gobernador que enviara a los Llaneros para que resolvieran la situación. El gobernador accedió y el pueblo esperaba ansioso la llegada de estos héroes. Pero cuando el tren llegó por fin a la estación, los habitantes quedaron desilusionados porque solo bajó un pasajero, el Llanero Capitán Bill McDonald de la Compañía B.

(Continues...)



Excerpted from GUERRERO DE TORMENTAS by MAHESH CHAVDA BONNIE CHAVDA Copyright © 2008 by Mahesh and Bonnie Chavda. Excerpted by permission.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.

Meet the Author

Mahesh and Bonnie Chavda have served together in global mission work since 1980. They have written numerous bestsellers and have led more than one million people to Christ around the world. They are the co-founders and senior pastors of All Nations Church in Charlotte, North Carolina, and Atlanta, Georgia. Their television program, The Watch, presently reaches a billion households globally. SPANISH BIO: Mahesh y Bonnie Chavda sirven juntos como misioneros desde 1980. Han escrito varios exitos de libreria, y han guiado a mas de un millon de personas a Cristo en todo el mundo. Son cofundadores y pastores principales de la Iglesia All Nations en Charlotte, Carolina del Norte y Atlanta, Georgia. Su programa de television, The Watch, llega a mil millones de hogares en el mundo entero.

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