Historia General De Las Cosas De La Nueva Espana I

Historia General De Las Cosas De La Nueva Espana I

by Bernardino de Sahagun

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Overview

Historia General De Las Cosas De La Nueva Espana I by Bernardino de Sahagun

Su obra monumental, que le llevó treinta años de arduo trabajo, son las tres versiones de la Historia general de las cosas de la Nueva España. Los tres ejemplares terminaron en la Biblioteca del Palacio Real de Madrid, donde todavía se conserva uno. Otra versión del texto, compuesta de doce libros es conocida también como Códice florentino y se halla en la Biblioteca Medicea Laurenciana de Florencia. Por su método de trabajo, basado en la recolección de testimonios de ancianos, el análisis detallado, y la compilación bilingüe (náhuatl-español), y por los resultados que obtuvo al investigar la cultura de los antiguos mexicanos ha sido considerado el primer antropólogo de América.

Product Details

ISBN-13: 9788498166873
Publisher: Linkgua
Publication date: 06/01/2008
Pages: 502
Product dimensions: 5.40(w) x 8.40(h) x 1.10(d)

About the Author

Bernardino de Sahag�n (Sahag�n ca. 1499-Ciudad de M�xico, 1590), Espa�a. Su nombre original es Bernardino de Rivera. Sahag�n escribi� en n�huatl y castellano, y su obra es muy valiosa para la reconstrucci�n de la historia del M�xico anterior a la Conquista. Hacia 1520 Sahag�n estudi� en la Universidad de Salamanca. All� aprendi� lat�n, historia, filosof�a y teolog�a. Hacia 1525 entr� en la orden franciscana y en 1529 se fue a M�xico en misi�n con otros frailes, encabezados por fray Antonio de Ciudad Rodrigo. En 1536 Bernardino de Sahag�n fund� el Imperial Colegio de la Santa Cruz de Tlaltelulco. Desde el comienzo ense�� lat�n all�. El prop�sito del Colegio era la instrucci�n acad�mica y religiosa de j�venes de la nobleza nahualt. Bernardino estuvo luego en conventos de Xochimilco, Huejotzingo y Cholula;fue misionero en Puebla, Tula y Tepeapulco (1539-1558);definidor provincial y visitador de la Custodia de Michoac�n (1558). En 1577 sus trabajos fueron confiscados por orden real y sus investigaciones sobre el mundo azteca fueron mal consideradas.

Bernal D�az del Castillo naci� en Medina del Campo, en 1495, y muri� en Guatemala. Hijo de Francisco D�az del Castillo, regidor de su ciudad natal, y de Mar�a D�ez Rej�n. Viaj� a Am�rica acompa�ado de Pedrarias D�vila y estuvo en las expediciones de Francisco Hern�ndez de C�rdoba y Juan de Grijalva. Particip� con Hern�n Cort�s en la conquista de Nueva Espa�a, y estuvo en la �Noche triste�, y en el asedio de Tenochtitl�n, siendo herido de gravedad en Tlascala. Despu�s vivi� en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala y all� se cas� con Teresa de Becerra, hija del conquistador de Guatemala. En 1552, a los setenta y dos a�os, empez� a escribir una de las cr�nicas m�s completas sobre la conquista de M�xico: Historia verdadera de la Conquista de la Nueva Espa�a. D�az del Castillo fue regidor de Santiago durante m�s de treinta a�os y muri� all� en 1584.

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Historia General de las Cosas de la Nueva España I


By Fray Bernardino de Sahagún

Red Ediciones

Copyright © 2015 Red ediciones S.L.
All rights reserved.
ISBN: 978-84-9816-849-5



CHAPTER 1

LIBRO I. EN QUE TRATA DE LOS DIOSES QUE ADORABAN LOS NATURALES DE ESTA TIERRA QUE ES LA NUEVA ESPAÑA


Capítulo I. Que habla del principal Dios que adoraban y a quien sacrificaban los mexicanos llamado Uitzilupuchtli

Este Dios llamado Uitzilupuchtli fue otro Hércules, el cual fue robustísimo, de grandes fuerzas y muy belicoso, gran destruidor de pueblos y matador de gentes. En las guerras era como fuego vivo muy temeroso a sus contrarios, y así la divisa que traía era una cabeza de dragón muy espantable, que echaba fuego por la boca; también éste era nigromántico o embaidor, que se transformaba en figura de diversas aves y bestias. A este hombre, que por su fortaleza y destreza en la guerra le tuvieron en mucho los mexicanos cuando vivía, después que murió le honraron como a Dios y le ofrecían esclavos, sacrificándolos en su presencia; buscaban que estos esclavos fuesen muy regalados y muy bien ataviados con aquellos aderezos que ellos usaban de orejeras y barbotes; esto hacían por más honrarle. Otro semejante a éste hubo en las partes de Tlaxcala, que se llamaba Camaxtle.


Capítulo II. Que trata del Dios llamado Páinal, el cual, siendo hombre, era adorado por Dios

Este Dios llamado Páinal era como sotacapitán del arriba dicho, porque el arriba dicho como mayor capitán dictaba cuándo se había de hacer guerra a algunas provincias. Este, como su vicario, servía de cuando repentinamente se ofrecía de salir al encuentro a los enemigos, porque entonces era menester que este Páinal, que quiere decir «ligero», «apresurado», saliese en persona a mover la gente para que con toda prisa saliesen a verse con los enemigos.

Después de muerto, la fiesta que le hacían era que uno de los sátrapas tomaba la imagen de este Páinal, compuesta con ricos ornamentos como Dios, y hacían una procesión con él bien larga, y todos iban corriendo a más correr, así el que le llevaba como los que le seguían. En esto representaban la prisa que muchas veces es necesaria para resistir a los enemigos, que sin saberlo acometen haciendo celadas.


Capítulo III. Trata del Dios llamado Tezcatlipoca, el cual generalmente era tenido por Dios entre estos naturales de esta Nueva España; es otro Júpiter

El Dios llamado Tezcatlipoca era tenido por verdadero Dios, e invisible, el cual andaba en todo lugar, en el cielo, en la tierra, y en el infierno; y tenían que cuando andaba en la tierra movía guerras, enemistades y discordias, de donde resultaban muchas fatigas y desasosiegos.

Decían que él mismo incitaba a unos contra otros para que tuviesen guerras y por esto le llamaban Nécoc Yáutl; quiere decir «sembrador de discordias de ambas partes». Y decían él solo ser el que entendía en el regimiento del mundo, y que él solo daba las prosperidades y riquezas, y que él solo las quitaba cuando se le antojaba. Daba riquezas, prosperidades, y fama, y fortaleza, y señorío, y dignidades, y honras, y las quitaba cuando se le antojaba. Por esto le temían y reverenciaban, porque tenían que en su mano estaba el levantar y abatir. De la honra que se le hacía está adelante, en el Libro II.


Capítulo IV. Trata del Dios que se llamaba Tláloc Tlamacacqui

Este Dios llamado Tláloc Tlamacacqui era el Dios de las lluvias. Tenían que él daba las lluvias para que regasen la tierra, mediante la cual lluvia se criaban todas las hierbas, árboles, y frutas, y mantenimientos. También tenían que él enviaba el granizo, y los relámpagos y rayos, y las tempestades del agua, y los peligros de los ríos y de la mar.

En llamarse Tláloc Tlamacacqui quiere decir que es Dios que habita en el paraíso terrenal, y que da a los hombres los mantenimientos necesarios para la vida corporal. Los servicios que se le hacían están en el Segundo Libro, entre las fiestas de los dioses.


Capítulo V. Trata del Dios que se llama Quetzalcóatl, Dios de los vientos

Este Quetzalcóatl, aunque fue hombre, teníanle por Dios. Y decían que barría el camino a los dioses del agua, y esto adivinaban porque ante que comienzan las aguas hay grandes vientos y polvos, y esto decían que Quetzalcóatl, Dios de los vientos, barría los caminos a los dioses de la lluvia para que viniesen a llover. Los sacrificios y ceremonias con que honraban a este Dios están escritos adelante, en el Segundo Libro.

Los atavíos con que lo adoraban eran los siguientes: una mitra en la cabeza, con un penacho de plumas que se llaman quetzalli, la mitra era manchada como cuero de tigre; la cara tenía teñida de negro y todo el cuerpo; tenía una camisa como sobrepelliz labrada; no le llegaba más de hasta la cinta; tenía unas orejeras de turquesas de labor mosaico; tenía un collar de oro de que colgaban unos caracolitos mariscos preciosos; llevaba a cuestas por divisa un plumaje a manera de llamas de fuego; tenía unas calzas desde la rodilla abajo de cuero de tigre, de las cuales colgaban unos caracolitos mariscos; tenía calzados unas sandalias teñidas de negro revuelto con marcagita; tenía en la mano izquierda una rodela con una pintura con cinco ángulos que llaman el joel de viento; en la mano derecha tenía un cetro a manera de báculo de obispo, en lo alto era enroscado como báculo de obispo, muy labrado de pedrería, pero no era largo como el báculo; parecía por donde se tenía era como empuñadura de espada. Era éste el gran sacerdote del templo.


Capítulo VI. Se trata de las diosas principales que se adoraban en esta Nueva España

La primera de estas diosas se llamaba Cioacóatl. Decían que esta diosa daba cosas adversas como pobreza, abatimiento, trabajos. Aparecía muchas veces, según dicen, como una señora compuesta con unos atavíos como se usan en palacio. Decían que de noche voceaba y bramaba en el aire. Esta diosa se llamaba Cioacóatl, que quiere decir «mujer de la culebra»; y también la llamaban Tonantzin, que quiere decir «nuestra madre».

En estas dos cosas parece que esta diosa es nuestra madre Eva, la cual fue engañada de la culebra, y que ellos tenían noticia del negocio que pasó entre nuestra madre Eva y la culebra.

Los atavíos con que esta mujer aparecía eran blancos, y los cabellos los tocaba de manera que tenía como unos cornezuelos cruzados sobre la frente. Dicen también que traía una cuna a cuestas, como quien trae a su hijo en ella, y poníase en el tiánquez entre las otras mujeres, y desapareciendo dejaba allí la cuna. Cuando las otras mujeres advertían que aquella cuna estaba allí olvidada, miraban lo que estaba en ella y hallaban un pedernal como hierro de lanzón, con que ellos mataban a los que sacrificaban; en esto entendían que fue Cioacóatl la que lo dejó allí.


Capítulo VII. Trata de la diosa que se llamaba Chicomecóatl; es otra diosa Ceres

Esta diosa llamada Chicomecóatl era la diosa de los mantenimientos, así de lo que come y de lo que bebe. A ésta la pintaban con una corona en la cabeza, y en la mano derecha un vaso, y en la izquierda una rodela con una flor grande pintaban; tenía su cueitl y uipilli y sandalias, todo bermejo, y la cara teñida de bermejo. Debió ésta ser la primera mujer que comenzó a hacer pan y otros manjares y guisados.


Capítulo VIII. Trata de una diosa que se llamaba la madre de los dioses, corazón de la tierra y nuestra abuela

Esta diosa era la diosa de las medicinas y de las hierbas medicinales. Adorábanla los médicos y los cirujanos y los sangradores, y también las parteras y las que dan hierbas para abortar; y también los adivinos que dicen la buenaventura, o mala, que han de tener los niños, según su nacimiento. Adorábanla también los que echan suertes con granos de maíz, y los que agorean mirando el agua en una escudilla, y los que echan suertes con unas cordezuelas que atan unas con otras, que llaman mecatlapouhque, y los que sacan gusanillos de la boca y de los ojos, y pedrezuelas de las otras partes del cuerpo, que se llaman tetlacuicuilique. También la adoraban los que tienen en sus casas baños o temaccales. Y todos ponían la imagen de esta diosa en los baños y llamábanla Temaccalteci, que quiere decir «la abuela de los baños».

Todos los arriba dichos hacían cada año una fiesta a esta diosa, en la cual compraban una mujer y la componían con los ornamentos que eran de esta diosa, como parecen en la pintura que es de su imagen. Y todos los días de su fiesta hacían con ella areíto y la regalaban mucho y la halagaban porque no se entristeciese por su muerte, ni llorase. Y la daban de comer delicadamente y convidaban con lo que había de comer y la rogaban que comiese como a gran señora. Y estos días hacían delante de ella ardides de guerra con vocería y regocijo y con muchas divisas de guerra, y daban dones a los soldados que delante de ella peleaban por hacerla placer y regocijo. Llegada la hora cuando había de morir, después de haberla muerto con otros dos que la acompañaban en la muerte, la desollaban; y un hombre o sátrapa vestíase su pellejo y traíale vestido por todo el pueblo, y hacían con esto muchas vanidades.

Las vestiduras y ornato de esta diosa eran que tenía la boca y barba hasta la garganta teñida con ulli, que es una goma negra; tenía en el rostro como un parche redondo de lo mismo; tenía en la cabeza a manera de una gorra hecha de manta, revuelta y añudada: los cabos del nodo caían sobre la espalda; en el mismo nodo estaba enjerido un plumaje del cual salían unas plumas a manera de llamas: estaban colgando hacia la parte trasera de la cabeza. Tenía vestido un uipilli, el cual en la extremidad de abajo tenía una cortapisa ancha y arpada; las naoas que tenía eran blancas; tenía sus cutaras o sandalias en los pies; en la mano izquierda una rodela con una chapa redonda de oro en el medio; en la mano derecha tenía una escoba, que es instrumento para barrer.


Capítulo IX. Se trata de una diosa llamada Tzaputlatena

Esta diosa que se dice Tzaputlatena fue una mujer, según su nombre, nacida en el pueblo de Tzaputla, y por esto se llama «la madre de Tzaputla», porque fue la primera que inventó la resina que se llama úxitl. Y es un aceite sacado por artificio de la resina del pino que aprovecha para sanar muchas enfermedades; y primeramente aprovecha contra una manera de bubas o sarna que nace en la cabeza que se llama cuaxocociuiztli; y también contra otra enfermedad es provechosa asimismo que nace en la cabeza, que es como bubas, que se llama chacuachiciuiztli; y también para la sarna de la cabeza; aprovecha también contra la ronquera de la garganta; aprovecha también contra las grietas de los pies y de los labios. Es también contra los empeines que nacen en la cara o en las manos; es también contra el usagre; contra muchas otras enfermedades es bueno. Y como esta mujer debió ser la primera que halló este aceite, contáronla entre las diosas y hacíanla fiesta y sacrificios aquellos que venden y hacen este aceite, que se llama úxitl.


Capítulo X. Se trata de unas diosas que llamaban ciuapipilti

Estas diosas llamadas ciuapipilti eran todas las mujeres que morían del primer parto, a las cuales canonizaban por diosas, según está escrito en el Libro VI, en el capítulo XXVIII; allí se cuenta de las ceremonias que hacían a su muerte y de la canonización por diosa; allí se verá a la larga.

Lo que en el presente capítulo se trata es de que decían que estas diosas andan juntas por el aire, y aparecen cuando quieren a los que viven sobre la tierra, y a los niños y niñas los empecen con enfermedades, como es dando enfermedad de perlesia, y entrando en los cuerpos humanos. Y decían que andaban en las encrucijadas de los caminos haciendo estos daños, y por esto los padres y madres vedaban a sus hijos e hijas que en ciertos días del año en que tenían que descendían estas diosas, que no saliesen fuera de casa porque no topasen con ellos estas diosas, y no les hiciesen algún daño. Y cuando alguno le daba perlesia o otra enfermedad repentina, o entraba en él algún demonio decían que estas diosas lo habían hecho. Y por esto las hacían fiesta, y en esta fiesta ofrecían en su templo, o en las encrucijadas de los caminos, pan hecho de diversas figuras: unos como mariposas, otros de figura del rayo que cae del cielo que llaman xonecuilli, y también unos tamalejos que se llaman xucuichtlamatzoalli, y maíz tostado que llaman ellos ízquitl.

La imagen de estas diosas tiene la cara blanquecina, como si estuviese teñida con color muy blanco, como es el tízatl; lo mismo los brazos y piernas. Tenían unas orejeras de oro, los cabellos tocados como las señoras con sus cornezuelos, el huipil era pintado de unas olas de negro; las naoas tenía labradas de diversos colores; tenía sus cutaras blancas.


Capítulo XI. Se trata de la diosa del agua que la llamaban Chalchiuhtliicue; es otra Juno

Esta diosa llamada Chalchiuhtliicue, diosa del agua, pintábanla como a mujer, y decían que era hermana de los dioses de la lluvia que llaman tlaloques. Honrábanla porque decían que ella tenía poder sobre el agua de la mar y de los ríos para ahogar los que andan en estas aguas, y hacer tempestades y torbellinos en el agua, y anegar los navíos y barcas y otros vasos que andan por el agua.

Hacían fiesta a esta diosa en la fiesta que se llama etzalcualiztli, que se pone en el Segundo Libro, en el capítulo VII; allí está a la larga las ceremonias y sacrificios con que la festejaban; allí se podrá ver. Los que eran devotos a esta diosa y la festejaban eran todos aquellos que tienen sus granjerías en el agua, como son los que venden agua en canoas, y los que venden agua en tinajas en la plaza.

Los atavíos con que pintaban a esta diosa son: que la pintaban la cara con color amarillo, y la ponían un collar de piedras preciosas de que colgaba una medalla de oro. En la cabeza tenía una corona hecha de papel pintada de azul claro, con unos penachos de plumas verdes y con unas borlas que colgaban hacia el colodrillo y otras hacia la frente de la misma corona, todo de color azul claro. Tenía sus orejeras labradas de turquesas de obra mosaica. Estaba vestida de un huipil y unas naoas pintadas de la misma color azul claro, con unas franjas de que colgaban caracolitos mariscos. Tenía en la mano izquierda una rodela con una hoja ancha y redonda que se cría en el agua, la llaman atlacuezona. Tenía en la mano derecha un vaso con una cruz, hecho a manera de la custodia en que se lleva el Sacramento, cuando uno solo le lleva, y era como cetro de esta diosa. Tenía sus cutaras blancas.

Los señores y reyes veneraban mucho a esta diosa con otras dos que era la diosa de los mantenimientos, que llamaban Chicumecóatl, y la diosa de la sal, que llamaban Uixtocíoatl, porque decían que estas tres diosas mantenían a la gente popular para que pudiesen vivir y multiplicar.


Capítulo XII. Trata de la diosa de las cosas carnales, la cual llamaban Tlazultéutl; es otra Venus

Esta diosa tenía tres nombres: el uno era que se llamaba Tlazultéutl, que quiere decir «la diosa de la carnalidad»; el segundo nombre es Ixcuina. Llamábanla este nombre porque decían que eran cuatro hermanas: la primera era primogénita o hermana mayor que llamaban Tiacapan, la segunda era hermana menor que llamaban Teicu, la tercera era la de medio la cual llamaban Tlaco, la cuarta era la menor de todas que llamaban Xucotzin; estas cuatro hermanas decían que eran las diosas de la carnalidad — en los nombres bien significa a todas las mujeres que son aptas para el acto carnal —. El tercero nombre de esta diosa es Tlaelcuani, que quiere decir «comedora de cosas sucias», esto es, que según decían, las mujeres y hombres carnales confesaban sus pecados a estas diosas cuanto quiera que fuesen torpes y sucios, que ellas los perdonaban.

También decían que esta diosa o diosas tenían poder para provocar a lujuria y para inspirar cosas carnales, y para favorecer los torpes amores; y después de hechos los pecados decían que tenían también poder para perdonarlos, y alimpiar de ellos, perdonándolos, si los confesaban a los sus sátrapas, que eran los adivinos que tienen los libros de las adivinanzas y de las venturas de los que nacen, y de las hechicerías y agüeros, y de las tradiciones de los antiguos que vinieron de mano en mano hasta ellos.

Pues desque el penitente determinaba de se confesar, iba luego a buscar a alguno de los ya dichos, delante quien se solían confesar, y decíale: «Señor, querríame llegar a Dios todopoderoso y que es amparador de todos, el cual se llama Yoalli-Ehécatl, esto es, Tezcatlipuca; querría hablar en secreto mis pecados». Oído esto, el sátrapa decíale: «Seas hayas muy bienvenido, hijo, que lo que decís que queréis hacer para vuestro bien y provecho es». Dicho esto, miraba luego el libro de las adivinanzas que se llamaba tonalámatl, para por él saber qué día sería más oportuno para aquella obra. Y habiendo visto el día que convenía, decíale: «Para tal día vendréis, porque entonces reina buen signo, para que esto se haga prósperamente». Llegado el día que le había mandado que volviese, el penitente compraba un petate nuevo e incienso blanco, que llaman copalli, y leña para el fuego en que se había de quemar el copalli. Y si el penitente era persona principal, o puesta en dignidad, el sátrapa iba a su casa para confesarle, o por ventura el penitente, aunque fuese principal, iba a su casa del sátrapa. Llegado, barría muy bien el lugar donde se había de tender el petate nuevo para ponerse sobre el confesor, y luego encendían fuego y echaba el copal en el fuego el sátrapa, y hablaba al fuego; decíale: «Vos, señor, que sois el padre y la madre de los dioses, y sois el más antiguo Dios, sabed que es venido aquí este vuestro vasallo, este vuestro siervo, y viene llorando, viene con gran tristeza, y viene con gran dolor; y esto es porque se conoce haber errado, haber resbalado y tropezado y encontrado con algunas suciedades de pecados, y con algunos graves delitos dignos de muerte, y de esto viene muy penado y fatigado. Señor nuestro, muy piadoso, pues que sois amparador y defensor de todos, recibid a penitencia, oíd la angustia de este vuestro siervo y vasallo». Acabada esta oracion, el sátrapa volvíase al penitente y hablábale de esta manera: «Hijo, has venido a la presencia del Dios favorecedor y amparador de todos; viniste a publicarle tus interiores hedores y podredumbres; vienes a abrirle los secretos de tu corazón; mira que no te despeñas, mira que no te desbarranques mintiendo en presencia de nuestro señor; desnúdate, hecha fuera todas tus vergüenzas en presencia de Yoalli-Ehécatl, esto es, Tezcatlipuca. Es cierto que estás delante de él, aunque no eres digno de verle, ni aunque él te hable, porque es invisible y no palpable. Pues mira cómo vienes, qué corazón traes; no dudes de publicar tus secretos en su presencia; cuenta tu vida, relata tus obras de la misma manera que hiciste tus excesos y ofensas; derrama tus maldades en su presencia, cuenta con tristeza a nuestro señor Dios que es favorecedor de todos y tiene abiertos los brazos, y está aparejado, para abrazarte y para tomarte a cuestas; mira que no dejes nada por vergüenza; mira que no dejes nada por flaqueza».


(Continues...)

Excerpted from Historia General de las Cosas de la Nueva España I by Fray Bernardino de Sahagún. Copyright © 2015 Red ediciones S.L.. Excerpted by permission of Red Ediciones.
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Table of Contents

Contents

CRÉDITOS, 4,
PRESENTACIÓN, 25,
PRÓLOGO, 27,
AL SINCERO LECTOR, 31,
AL LECTOR, 32,
LIBRO I. EN QUE TRATA DE LOS DIOSES QUE ADORABAN LOS NATURALES DE ESTA TIERRA QUE ES LA NUEVA ESPAÑA, 32,
LIBRO II. QUE TRATA DEL CALENDARIO, FIESTAS Y CEREMONIAS, SACRIFICIOS Y SOLEMNIDADES QUE ESTOS NATURALES DE ESTA NUEVA ESPAÑA HACÍAN A HONRA DE SUS DIOSES, 77,
LIBRO III. DEL PRINCIPIO QUE TUVIERON LOS DIOSES, 209,
LIBRO IV. DE LA ASTROLOGÍA JUDICIARIA O ARTE ADIVINATORIA INDIANA, 242,
LIBRO V. QUE TRATA DE LOS AGÜEROS Y PRONÓSTICOS QUE ESTOS NATURALES TOMABAN DE ALGUNAS AVES, ANIMALES Y SABANDIJAS PARA ADIVINAR LAS COSAS FUTURAS, 296,
LIBRO VI. DE LA RETÓRICA Y FILOSOFÍA MORAL Y TEOLOGÍA DE LA GENTE MEXICANA, DONDE HAY COSAS MUY CURIOSAS TOCANTES A LOS PRIMORES DE SU LENGUA Y COSAS MUY DELICADAS TOCANTES A LAS VIRTUDES MORALES, 323,
LIBRO VI. DE LAS ORACIONES CON QUE ORABAN A LOS DIOSES Y DE LA RETÓRICA Y FILOSOFÍA MORAL Y TEOLOGÍA, EN UNA MISMA CONTESTURA, 325,
LIBROS A LA CARTA, 501,

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