Israel Importa: Por qué los cristianos debemos pensar de manera distinta sobre el pueblo de Israel y su tierra

Israel Importa: Por qué los cristianos debemos pensar de manera distinta sobre el pueblo de Israel y su tierra

by Gerald R. McDermott

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Overview

Israel Importa aborda el tema profundamente importante de la relación entre el cristianismo y la gente y la tierra de Israel, ofreciendo una "tercera vía" única y convincente entre los enfoques típicos, y corrigiendo malentendidos comunes que se han presentado a lo largo del camino. Este libro desafía la extendida suposición cristiana de que desde que Jesús vino a la tierra, los judíos ya no son especiales para Dios como pueblo, y la tierra de Israel ya no es teológicamente significativa. El libro presenta el viaje del autor de pensar esas cosas al descubrimiento de que los autores del Nuevo Testamento creían lo contrario de ambos. También muestra que, contrariamente a lo que muchos cristianos creen, la Iglesia no es el nuevo Israel, y tanto la gente como la tierra de Israel son importantes para Dios y para el futuro de la redención.

Israel Matters addresses the perennially important issue of the relationship between Christianity and the people and land of Israel, offering a unique and compelling “third way” between typical approaches and correcting common misunderstandings along the way. This book challenges the widespread Christian assumption that since Jesus came to earth, Jews are no longer special to God as a people, and the land of Israel is no longer theologically significant. It traces the author’s journey from thinking those things to discovering that the New Testament authors believed the opposite of both. It also shows that contrary to what many Christians believe, the church is not the new Israel, and both the people and the land of Israel are important to God and the future of redemption.

 

Product Details

ISBN-13: 9781535937658
Publisher: B&H Publishing Group
Publication date: 08/15/2018
Sold by: Barnes & Noble
Format: NOOK Book
Pages: 176
File size: 9 MB
Age Range: 3 Months to 18 Years

About the Author


Gerald R. McDermott (Doctorado, Universidad de Iowa) enseña la cátedra anglicana de divinidad en la Universidad en Beeson Divinity School in Birmingham, Alabama. Previamente enseñó en la Universidad Roanoke y es un sacerdote anglicano. Es el autor, co-autor y editor de numerosos libros, incluyendo Tartamudos famosos, La Teología de Jonathan Edwards, Los rivales de Dios: ¿Por qué Dios permitió diferentes religiones?, ¿Pueden los evangélicos aprender de las religiones del mundo?, Religiones del mundo: Una introducción indispensable y Teología trinitaria de las religiones.

Gerald R. McDermott (PhD, University of Iowa) is Anglican Chair of Divinity at Beeson Divinity School in Birmingham, Alabama. He previously taught at Roanoke College and is an Anglican priest. McDermott is the author, coauthor, or editor of numerous books, including Famous Stutterers, The Theology of Jonathan Edwards, God's Rivals: Why Has God Allowed Different Religions?, Can Evangelicals Learn from World Religions?, World Religions: An Indispensable Introduction, and A Trinitarian Theology of Religions.

Read an Excerpt

CHAPTER 1

Una comprensión errónea de la historia

La mayoría de los cristianos, durante casi toda su historia, han estado equivocados sobre Israel. Han creído en lo que los eruditos llaman «suplantación». Esta perspectiva indica que la Iglesia ha suplantado a Israel. De acuerdo con este punto de vista, después de que casi todo Israel rechazó a Jesús como su Mesías, Dios revocó Su pacto con el Israel bíblico y lo transfirió a aquellos que creyeron en Jesús. Por tal razón, la Iglesia se convirtió en el Nuevo Israel.

Como mencioné en la introducción, me parecía bastante lógico que la Iglesia fuera el Nuevo Israel. A fin de cuentas, Jesús abrió el reino para todo el mundo después de que Israel perteneciera solo a los judíos. Si Israel se relacionaba de alguna manera con el reino de Dios (y yo creía que sí), entonces era posible que Jesús simplemente hubiera extendido las fronteras del reino. Las amplió para abarcar el mundo entero.

No obstante, después conocí a un erudito cristiano llamado Baruch que vivió en Israel por muchos años. Él me mostró que la intención del Señor, desde el inicio, era utilizar a Israel para alcanzar al mundo. Cuando Dios se acercó a Abraham, el padre de Israel, Él dijo: «En tu simiente "serán benditas todas las naciones de la tierra" ...» (Gén. 22:18, énfasis añadido). Después, Baruch me señaló que, a través de la historia de Israel, personas que no eran israelitas se unieron al pueblo judío. Rut fue un ejemplo entre muchos. Él me explicó que «incluso con estos extranjeros que se le unieron, Israel continuaba siendo Israel, un pueblo judío. Incluía extranjeros, en ocasiones como judíos y en otras no, pero aún era un pueblo judío».

Quizás me estoy adelantando. Permíteme explicar un poco más la lógica de la suplantación.

suplantación o teología del reemplazo

La teología de la suplantación sostiene que Dios hoy (después de la resurrección de Jesús) le aplica a la Iglesia cristiana todas las promesas que Él le hizo al Israel del Antiguo Testamento. Ellas dependían de la obediencia al pacto. Los judíos bíblicos quebrantaron los términos del pacto, tanto antes de la venida de Jesús al quebrantar las leyes del Señor, como después de que Jesús viniera, pues rehusaron aceptarlo como su Mesías. Pero ya que el Hijo obedeció toda la ley de Dios y todos los que creen en Él están unidos a Él, Su obediencia es acreditada a ellos. Así que, mediante la virtud de Su obediencia y Su unión a Él, los cristianos reciben las bendiciones del pacto: son miembros del nuevo Israel, que es el cuerpo, la Iglesia.

A esto también se le llama la «teología del reemplazo». La Iglesia ha reemplazado al Israel bíblico como la niña de los ojos de Dios. El pacto del Señor con el antiguo Israel fue sustituido por el nuevo pacto de Jesús con los que creen en Él. La Iglesia ha relevado a los judíos como los herederos de todas las promesas bíblicas relacionadas con Israel. Cuando los cristianos leyeron las profecías del Antiguo Testamento sobre la restauración del pueblo de Israel a su tierra, debieron interpretar que ellas hacían referencia a la Iglesia cristiana. El verdadero significado, de acuerdo con esta perspectiva, es que la Iglesia heredará todo el mundo en el futuro. Toda la Iglesia será bendecida, no solo los judíos. No habrá distinción entre los judíos y los gentiles que creen en Jesús y no habrá tierra de Israel separada del resto del mundo porque la Iglesia ha reemplazado al pueblo étnico de Israel. Los judíos ya no son el pueblo de Dios de una forma especial y la tierra de Israel es como la de cualquier otro país en el mundo, por ejemplo, Uganda o Tailandia.

Esta es la perspectiva de la suplantación, y es lo que han creído la mayoría de los cristianos desde el siglo ii d.C. Como observaremos en el siguiente capítulo y en el resto del libro, los cristianos tenían una perspectiva diferente en el primer siglo, en las iglesias del Nuevo Testamento. Pero, después del año 135 d.C., cuando los judíos se rebelaron por segunda ocasión contra los romanos y fueron expulsados por completo de Jerusalén, las cosas cambiaron. Ser judío entrañaba un peligro sin precedente en la historia del Imperio romano. Debido a que hasta ese entonces los romanos pensaban que los cristianos eran judíos (por buenas razones), muchos cristianos consideraron que era momento de cambiar esa percepción. Comenzaron a distanciarse y a proteger su reputación de las cuestiones judías.

justino mártir: el «nuevo israel»

Justino Mártir (cerca de 100-165) fue uno de los primeros destacados pensadores cristianos en hacer un señalamiento público de que el cristianismo era en su esencia diferente al judaísmo. Él sugirió que Jesús había iniciado una nueva religión, y rompió toda relación con el pasado judío. Justino no fue el primero en hacer tal sugerencia. La Epístola de Bernabé (escrita entre el año 70 y el 131 d.C.) argumentaba que todas las leyes ceremoniales del Pentateuco señalaban a Cristo y que los pecados judíos los descalificaban para permanecer en el pacto. Pero la mayoría de los historiadores concuerdan en que Justino fue el primero en establecer que la Iglesia era el «verdadero Israel». Su explicación sobre este nuevo término se popularizó y convirtió en la nueva gran historia.

El apóstol Pablo comunicó la antigua «noticia de última hora» cuando les indicó a los creyentes gentiles que su unión con Jesús el Mesías mediante la fe les propiciaba ser parte de la «ciudadanía de Israel» (Ef. 2:12,19). Por «Israel», Pablo se refería a la familia de Abraham, quien fue el primer judío: «Y si vosotros sois de Cristo [tanto "Mesías" como "Cristo" significan "el Ungido"], ciertamente linaje de Abraham sois ...» (Gál. 3:29). Pablo indicó esto porque, como él mismo explicó, el «linaje» o la simiente era Cristo (Gál. 3:16). Al ser uno con Él mediante la fe, los gentiles podían ser el linaje de Abraham. Por tanto, el evangelio significaba que ellos podían ser parte de Israel: « ... la bendición de Abraham [alcanzaba] a los gentiles ...» debido a las promesas hechas «... a Abraham [...] y a su simiente ...» (Gál. 3:14,16). Así que, las buenas noticias eran que ahora los gentiles podían, mediante la fe en Jesús, ser miembros de la familia de Abraham, suceso maravilloso porque todas las promesas de Dios habían sido hechas a este hombre y a su familia (el padre de los judíos y a todos sus descendientes judíos). Los gentiles podían convertirse en hijos e hijas de Abraham mediante la fe (Rom. 4:11) y eso establecía una conexión con el Israel judío, no se alejaba de él.

el israel de pablo compuesto de judíos y «agregados»

Para Pablo, Israel significaba la familia (judía) de Abraham y todos sus descendientes judíos, más los gentiles que se unieron a ella mediante el matrimonio o la fe. Esto sucedió en muchas ocasiones en el Antiguo Testamento, cuando gentiles como Rut, Rahab o los gabaonitas se hicieron parte del pueblo y fueron aceptados. Ellos y sus hijos llegaron a ser judíos, miembros de Israel. El Señor le dijo a Abraham que Él y la nación hebrea iban a aceptar completamente a los gentiles si ellos creían en el Dios de Israel:

«Y el extranjero que sigue a Jehová no hable diciendo: "Me apartará totalmente Jehová de su pueblo"».

«Y a los hijos de los extranjeros que sigan a Jehová para servirle, y que amen el nombre de Jehová para ser sus siervos; a todos los que guarden el día de reposo para no profanarlo, y abracen mi pacto, yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos» (Isa. 56:3,6-7).

Tanto para Pablo como para Isaías, Israel era una mancomunidad a la que personas no judías podían unirse. A pesar de ser gentiles, podían convertirse en miembros de la familia judía si confiaban en el Dios de Israel, incluso si no se convertían en judíos reales. Los rabinos de los primeros siglos a.C. y d.C. enseñaban que, si los gentiles decidían no convertirse al judaísmo, pero creían en el Dios de Israel, asistían a la sinagoga en donde Moisés era «leído cada día de reposo» (Hech. 15:21) y obedecían los siete preceptos de las naciones (similares a los Diez Mandamientos), ellos podían ser «gentiles justos» que tendrían parte en el mundo venidero. Estarían asociados a Israel (serían miembros agregados) incluso si no eran judíos y, por ello, disfrutarían las bendiciones del nuevo mundo que vendría para todos los que estuvieran en, o asociados a, Israel. Lo importante aquí es que Israel aún significaba la familia de judíos que descendían del Abraham de la Biblia. Israel incluía a los judíos y a aquellos que creían en el Dios de los judíos pero que no se convertían formalmente al judaísmo.

Estos «agregados» a Israel no eran circuncidados, requisito necesario para la conversión de los hombres, pero se les consideraba parte del pueblo judío llamado Israel. Para expresarlo con el mismo término que Pablo tanto usaba, ellos eran miembros «adoptados» por la familia judía. Sin embargo, para Justino, Israel era la Iglesia, sin relación a los judíos o al Israel bíblico. Teóricamente, era posible que en el nuevo Israel de Justino hubiera pocos judíos, o incluso ninguno, sin que tuviera conexión alguna con el judaísmo y, por tanto, sin relación con la familia de Abraham. Por esta razón, el nuevo Israel de Justino era bien diferente a aquello a lo que Pablo se refería cuando hablaba de dicha nación.

Justino podía pensar de esta forma porque, para él, los gentiles eran más importantes que los judíos. La historia de la salvación no era que Jesús había cumplido las promesas hechas a los patriarcas judíos, como María declaró en su Magníficat y Pablo señaló a la iglesia en Roma, sino de las distintas maneras en que la Palabra — el Logos — se dirige a diferentes culturas. El Logos hablaba de una forma a los judíos, pero de otras maneras a los demás, especialmente a los griegos. Los judíos tenían sus profetas, también los tuvieron los griegos: Sócrates y Platón. Lo importante era que Cristo «estaba en el Logos que habitaba en cada hombre» e inspiraba toda la verdad que encontramos en el mundo. El Antiguo Testamento era esencial, no porque revelara al Dios de Israel como el Dios verdadero, sino porque predecía al Logos verdadero.

De acuerdo con Justino, la ley del Sinaí era anticuada y solo pertenecía a los judíos. La nueva ley de Cristo había sustituido a la anterior y ahora la nueva ley incluía a todos. Por esta causa, la relación de Dios con Israel era física y temporal, pero esta nueva relación con la Iglesia era espiritual y permanente. El antiguo Israel compuesto por los judíos ya no era Israel en un sentido eterno. Ahora la Iglesia, que en tiempos de Justino se componía cada vez de más gentiles, había absorbido el término «Israel», ya no era algo esencialmente judío, se había convertido en un pueblo de más gentiles que judíos y, un día, sería casi del todo gentil. Como se trataba de algo nuevo que Dios estaba haciendo y Él había desechado al antiguo Israel, entonces el nuevo Israel era bueno y el antiguo, malo.

jactarse contra las ramas

Como Oskar Skarsaune apunta, Justino hizo lo que Pablo había ordenado no hacer: «No te jactes contra las ramas» (Rom. 11:18). En Romanos 11, Pablo señaló que los gentiles eran como un «olivo silvestre» que fue injertado en el olivo de Israel, de donde algunas «ramas naturales [judíos] por su incredulidad fueron desgajadas» (vv. 17,20,21). Él les advirtió a los gentiles que seguían a Jesús que no fueran arrogantes y les recordó la Escritura: « ... no sustentas tú a la raíz [el Israel judío], sino la raíz a ti» (v. 18). Justino parece haber olvidado esto.

Ahora, no estoy diciendo que todo lo que Justino dijo y defendió estaba equivocado. Por supuesto que no, Justino fue un valiente y brillante patriarca de la Iglesia en muchos aspectos. Ayudó a que la iglesia primitiva comprendiera cómo relacionar a Jesús con las religiones no cristianas de su tiempo, en especial con las filosofías griega y romana. (En el mundo antiguo, la filosofía era sobre Dios y la realidad concreta y, debido a ello, era religiosa y no simplemente lo que conocemos hoy como «filosofía»). Él aclaró bastante cómo obra Dios en las personas que no han escuchado el evangelio, y con valor entregó su vida por la fe (por esta razón se le conoce como Justino Mártir). Pero en lo que respecta a Israel y al judaísmo de Jesús, puso a la Iglesia en el camino equivocado.

ireneo: israel innecesario

Otro padre que guio de manera equivocada a la Iglesia en el tema de Israel fue Ireneo (cerca de 145-202). Él fue un excelente maestro en otros aspectos. Su libro, Contra los herejes, fue una poderosa respuesta contra la herejía del gnosticismo cristiano, que señalaba a Jesús como alguien que no poseyó un cuerpo real y que no sufrió. La filosofía griega de que Dios era perfecto y que por ende nunca cambiaba había convencido a los gnósticos. Tal pensamiento sostenía que la Deidad no podía convertirse en un hombre de carne y hueso sometido a las vicisitudes de la historia. Algunos gnósticos afirmaban que el sufrimiento entrañaba cambio, por lo cual Jesús se convirtió en el Cristo durante su bautizo ya que no era posible que experimentara el sufrimiento de nacer o crecer hasta la adultez. Ellos también concluían que Dios debió quitarle su condición de Cristo antes de ser crucificado porque el Padre nunca habría tolerado un sufrimiento tan horrible.

Ireneo argumentaba de forma elocuente que Jesús era el Cristo desde Su nacimiento y hasta Su muerte, que tenía carne humana real y que en verdad padeció. De hecho, Él tuvo que sufrir porque varias profecías indicaban que los padecimientos del Mesías salvarían a la humanidad de sus pecados. Y, más importante aún, Jesús debía deshacer el daño que Adán, con sus pecados, había hecho a la humanidad. Él debía «replicar» la vida del hombre al vivir cada etapa. De esta manera, el Segundo Adán, (Jesucristo) podría recrear la naturaleza humana, manchada fatalmente por el pecado. Ahora los humanos podían unirse a Su persona mediante la fe y recibir de Él una nueva condición que estaba libre de la enfermedad con la que el primer Adán la había infectado.

Desde entonces esto fue lógico para los creyentes. Sin embargo, al pasar directamente desde el pecado de Adán hasta la recreación de la naturaleza humana del Segundo Adán, Ireneo sugirió que la historia de Israel era una distracción innecesaria para la historia de la salvación. Para él, Israel se convirtió en un ejemplo de la manera incorrecta de acercarse a Dios. La del judaísmo era una, bastante triste además, de las tantas dispensaciones en la historia de la salvación. Los judíos eran «testarudos» y su religión, «carnal» y «mundana». La ley que el Señor les dio solo era «temporal».

Así que, aunque Ireneo ayudó a los cristianos a liberarse de lo que la filosofía griega asumía de Dios, también contribuyó a perpetuar nuevas ideas de un cristianismo disociado de sus raíces hebreas y de la ley judía. Como Justino, Ireneo escribió que el Señor había terminado Su pacto con Israel porque los estaba castigando por rechazar al Mesías. Los judíos fueron «desheredados de la gracia de Dios».

orígenes: la espiritualización de las promesas

Otros padres de la Iglesia también desarrollaron este patrón de pensamiento. Orígenes (cerca de 184-254) argumentó que si el Mesías estableció un nuevo pacto, el anterior había terminado. Y si Jesús vino a traer salvación espiritual, entonces todas las promesas sobre una futura tierra deberían ser interpretadas espiritualmente. ¿Por qué? Porque ambas cosas no podían ser ciertas al mismo tiempo. Si la salvación de Jesús es espiritual, entonces no debe ser terrenal. De acuerdo con Orígenes, el verdadero Israel es el grupo espiritual que sigue a Jesús como el Mesías. Los lectores deben saber que Orígenes tuvo una gran influencia de Platón y sus intérpretes. Platón había enseñado que «el cuerpo es la prisión del alma». No hay duda de que esta perspectiva negativa de los cuerpos y la materia influenció la decisión de Orígenes de espiritualizar todas las profecías bíblicas sobre la tierra y los cuerpos (judíos).

Ejerció gran influencia después del tercer siglo, aunque muchos cristianos de la actualidad no han escuchado sobre él. Escribió cientos de libros que muchos maestros y teólogos usaron como textos de referencia. Como resultado, muchos líderes cristianos adoptaron su interpretación de Israel en los siglos venideros.

Hasta el siglo iv, los escritos cristianos sobre los judíos eran más teológicos y no particularmente emocionales. Justino, por ejemplo, escribió sobre el judío Trifón, refiriéndose a él como su «amigo». Pero después otro tono comenzó a utilizarse con Juan Crisóstomo (cerca de 349-407), el orador «boca de oro» de Constantinopla, que le dijo a su congregación que los judíos sacrificaban sus hijos al demonio y declaró: «Odio a los judíos». (De nuevo, no estoy condenando todo lo que Crisóstomo realizó y declaró, ya que fue un gran predicador y padre de la Iglesia que la guio a un mayor conocimiento y a una adoración más profunda del Dios trino. Pero debido a la influencia de Orígenes y a que algunos cristianos estaban tentados a convertirse al judaísmo, decidió satanizar trágicamente al pueblo judío). Agustín (354-430), quizá el más reconocido padre de la Iglesia, no compartía la perspectiva de Crisóstomo. Él dijo que la Iglesia debía dejar el nombre oficial de Israel para los judíos, pero al mismo tiempo argumentaba desde el punto de vista teológico que la Iglesia era el nuevo Israel. Debido a que Agustín estableció las bases de la teología cristiana occidental, la mayoría de los cristianos de la Edad Media en Occidente adoptaron la teología del reemplazo o la suplantación.

(Continues…)


Excerpted from "Israel Importa"
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Copyright © 2018 Gerald R. McDermott.
Excerpted by permission of B&H Publishing Group.
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Table of Contents

Prólogo,
Introducción,
Capítulo 1: Una comprensión errónea de la historia,
Capítulo 2: ¿Enseña el Nuevo Testamento que la Iglesia es el nuevo Israel?,
Capítulo 3: Quienes lo comprendieron bien: Una historia del sionismo cristiano a partir del siglo ii,
Capítulo 4: Análisis del Antiguo Testamento: Salvación para el mundo a través de Israel,
Capítulo 5: Análisis del Nuevo Testamento: Un futuro para el pueblo y la tierra de Israel,
Capítulo 6: Objeciones políticas: ¿Qué sucede con los palestinos?,
Capítulo 7: Objeciones teológicas: ¿Quedó obsoleto el antiguo pacto?,
Capítulo 8: Si todo esto es verdad, ¿entonces qué?,
Capítulo 9: Seis propuestas,
Agradecimientos,
Apéndice: El Pacto y la tierra en el Antiguo Testamento,
Notas,

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