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Juan 1-10: Yo soy el pan de vida
     

Juan 1-10: Yo soy el pan de vida

by Kevin Perrotta, Carlos Junco Garza (Translator)
 

Seis semanas con la Biblia
¡Más de 350.000 ejemplares vendidos!

—Rev. Carlos Junco Garza, S.T.D., Profesor de teología bíblica, Universidad Pontificia de México, México, D.F.
Esta colección une armoniosamente la Biblia y la vida cotidiana, libros siempre abiertos en los que el Señor nos

Overview


Seis semanas con la Biblia
¡Más de 350.000 ejemplares vendidos!

—Rev. Carlos Junco Garza, S.T.D., Profesor de teología bíblica, Universidad Pontificia de México, México, D.F.
Esta colección une armoniosamente la Biblia y la vida cotidiana, libros siempre abiertos en los que el Señor nos comunica su palabra viva y eficaz. A través de una metodología singular, la serie conduce al lector a profundizar en el texto bíblico leído en el seno de la comunidad eclesial. Ayuda a discernir la voz perenne y actual de Dios en las Escrituras, y con la misma destreza hace la conexión necesaria del Evangelio con la vida diaria, personal y social.

—Barbara E. Reid, O.P., Ph.D., Profesora de estudios neotestamentarios, Catholic Theological Union, Chicago
Cada volumen de la colección ofrece una buena orientación respecto al mundo bíblico del escritor así como una perspectiva general sobre el movimiento teológico y literario del libro que se estudia. Además, estos escritos cuestionan al lector y lo llevan a la transformación personal y a compartir los frutos de su estudio en un espíritu de acción y oración.

—Rev. Allan Deck, S.J., Ph.D., Presidente, Loyola Institute for Spirituality, Orange, CA
La ventaja más notable de la serie es su flexibilidad y usos múltiples. De especial importancia es el énfasis que se le da a la oración y a la vida espiritual por medio de sugerencias para el desarrollo personal de un diálogo diario con la Palabra de Dios.

KEVIN PERROTA editor de la serie en inglés, es un periodista católico reconocido, autor de Your Invitation to Scripture (Su invitación a la Escritura), y antiguo editor de la revista God’s Word Today (La Palabra de Dios hoy). Obtuvo su maestría en teología en la facultad de teología del Seminario de Saint Paul, en Saint Paul, Minnesota.

Seis semanas con la Biblia
¡Más de 350.000 ejemplares vendidos!

—Rev. Carlos Junco Garza, S.T.D., Profesor de teología bíblica, Universidad Pontificia de México, México, D.F.
Esta colección une armoniosamente la Biblia y la vida cotidiana, libros siempre abiertos en los que el Señor nos comunica su palabra viva y eficaz. A través de una metodología singular, la serie conduce al lector a profundizar en el texto bíblico leído en el seno de la comunidad eclesial. Ayuda a discernir la voz perenne y actual de Dios en las Escrituras, y con la misma destreza hace la conexión necesaria del Evangelio con la vida diaria, personal y social.

—Barbara E. Reid, O.P., Ph.D., Profesora de estudios neotestamentarios, Catholic Theological Union, Chicago
Cada volumen de la colección ofrece una buena orientación respecto al mundo bíblico del escritor así como una perspectiva general sobre el movimiento teológico y literario del libro que se estudia. Además, estos escritos cuestionan al lector y lo llevan a la transformación personal y a compartir los frutos de su estudio en un espíritu de acción y oración.

—Rev. Allan Deck, S.J., Ph.D., Presidente, Loyola Institute for Spirituality, Orange, CA
La ventaja más notable de la serie es su flexibilidad y usos múltiples. De especial importancia es el énfasis que se le da a la oración y a la vida espiritual por medio de sugerencias para el desarrollo personal de un diálogo diario con la Palabra de Dios.

KEVIN PERROTA editor de la serie en inglés, es un periodista católico reconocido, autor de Your Invitation to Scripture (Su invitación a la Escritura), y antiguo editor de la revista God’s Word Today (La Palabra de Dios hoy). Obtuvo su maestría en teología en la facultad de teología del Seminario de Saint Paul, en Saint Paul, Minnesota.

Product Details

ISBN-13:
9780829422078
Publisher:
Loyola Press
Publication date:
07/01/2005
Series:
Seis semanas con la Biblia
Edition description:
Spanish Language Edition
Pages:
112
Product dimensions:
5.90(w) x 8.90(h) x 0.30(d)

Read an Excerpt

¿Cómo usar esta guía?

Puedes comparar este folleto con una visita a un parque nacional. El parque es tan grande que bien podrías llevarte meses, inclusive años, para conocerlo verdaderamente a fondo. Sin embargo, una breve visita bien vale la pena cuando se planea cuidadosamente. En unas cuántas horas podrás manejar a lo largo y ancho del parque, y así escoger algunos sitios que sean de tu interés. En cada parada podrás bajar del carro, y caminar un poco por el bosque, escuchar el murmullo del viento entre los árboles, y disfrutar profundamente el lugar en que te encuentras.
 En este folleto viajaremos a través de la primera mitad del evangelio de Juan, haciendo una media docena de escalas a lo largo del camino. En esos momentos caminaremos a pie, realizaremos un viaje placentero a través de los pasajes escogidos. Las lecturas han sido elegidas para introducirte hasta el corazón del retrato de Jesús que nos ofrece san Juan. Después de cada sesión de diálogo regresaremos al auto y tomaremos la autopista hasta la siguiente parada. Las páginas que se denominan “Entre diálogos” sintetizan algunas partes del evangelio que dejaremos de lado.
  Esta guía provee todo lo que necesitas para explorar las lecturas del evangelio de Juan, desde el capítulo primero al décimo, en seis sesiones de diálogo grupal —o en seis partes, si lo exploras tú solo. La introducción de la página 7 te preparará para entender la mayor parte de la lectura. Las secciones semanales presentan explicaciones que resaltan lo que estas palabras significan hoy para nosotros. Igualmente importante es cada sesión donde se te ofrecen preguntas que te llevarán a un diálogo abierto y fructífero, y que ayudarán tanto a la persona como al grupo a explorar por sí mismos el evangelio, para luego aprender uno de otro. Si lo estás haciendo por tu propia cuenta, las preguntas te llevarán a la reflexión personal.
 Cada uno de los diálogos ha sido planeado para ser un descubrimiento guiado.
 Guiado. Ninguno de nosotros está equipado para leer la Biblia sin ayuda. Leemos la Biblia para nosotros, no por nosotros. La Sagrada Escritura se escribió para ser entendida y aplicada en y con la Iglesia. Asimismo, cada semana “Una guía para la lectura”, provee un contexto histórico–cultural y algunas explicaciones extraídas de las investigaciones realizadas por los biblistas contemporáneos y por los escritores cristianos del pasado. Esta guía te ayudará a tener una idea clara del mensaje del evangelio de Juan. Tómalo como si fuese un guía turístico amable que te hará saber los detalles importantes del parque y te explicará un poco más lo que estás viendo para que puedas apreciar las cosas por ti mismo.
 Descubrimiento. El propósito de este libro es que interactúes con la enseñanza de Jesús. “Preguntas para un estudio cuidadoso del texto” es una herramienta que te ayudará a profundizar en el texto y a examinarlo cuidadosamente. Las “Preguntas para la vida” te ayudarán a considerar lo que estas palabras significan en el aquí y ahora de tu vida. Cada semana concluye con una sección “Orando con la Escritura” que te ayuda a responder a la Palabra de Dios. Además, se añaden algunas secciones suplementarias: “Una tradición viva” y “Santos en nuestro medio ambiente” que te ofrecen pensamientos y experiencias de cristianos del presente y del pasado con el fin de enseñarte lo que el Evangelio de Juan ha significado para otros —para que así puedas considerar lo que puede significar para ti.
 ¿Cuánto deben durar las sesiones de diálogo? Asumimos que sus reuniones semanales serán de una hora y media. Si no cuentan con todo ese tiempo, podrán ver que la mayoría de los elementos pueden abreviarse de alguna manera.
 ¿Se necesita hacer alguna tarea? Obtendrán un mejor provecho de los diálogos grupales si leen el material correspondiente antes de la reunión. En caso de que los participantes no puedan prepararse, pidan a alguno de los participantes que lea en voz alta las secciones “Guía para la lectura” en el momento correspondiente.
 ¿Quién dirige? Si por alguna casualidad tienen en su grupo de diálogo a un biblista renombrado, por favor, pídanle que él o ella conduzcan la reunión. En su defecto, o en ausencia de un biblista principiante, ¡aun así ustedes pueden tener un diálogo bíblico de primera clase! Elijan a 2 ó 3 personas para que sean los facilitadores, y pidan a cada participante que lea “Sugerencias para el diálogo bíblico grupal” antes que comience la reunión. (Página 106)
 ¿Necesitan una guía? ¿Una Biblia? Cada participante necesitará una copia de este libro. Éste contiene el texto de las partes del evangelio de Juan que serán discutidas en las sesiones semanales, de esta manera la Biblia no es absolutamente necesaria —sin embargo, será de muchísima ayuda que cada uno de los participantes tenga una a la mano. Por lo menos, el grupo debe contar con una Biblia en cada reunión. (Vean la página 110 para las recomendaciones)
 ¿Cómo iniciar? Antes de que comiencen, den un vistazo a las sugerencias para los diálogos y la reflexión individual que son parte de cada sesión (página 109), así como a las versiones bíblicas que sugiere el traductor (página 110).
Aguas profundas

Hace algunos años nuestra familia acampaba en la península de Bruce, una franja de tierra que separa el lago Hurón y la bahía Georgiana, en Canadá. Cuando sales de vacaciones con niños de preescolar, te sensibilizas extremadamente a las cascadas que haya en cualquier cuerpo de agua. Pensando en un lago, los pescadores ven el hábitat de las truchas y al pez de ojos saltones, mientras que los padres de familia se sienten inclinados a iniciar la marcha descendente hacia los estanques riesgosos. Este año tenemos un amplio rango de cascadas para escoger. El patio de nuestro campamento fue el Lago Chipre: una playa ligera con una cascadita que caía bruscamente en un agua oscura. Cruzando la autopista había playas superficiales y angostas que se extendían hasta el lago Hurón. Un bebé de cerca de dos años como nuestra Meggie, podía bambolearse a lo largo de cien pies entre charcos tibios sin que hubiera el riesgo de que mojara su traje de baño. Del otro lado de la península estaba Tobermory, donde los precipicios de dolomitas blancas descendían verticalmente en las profundas aguas de azul cobalto de la bahía Georgiana. Colocando las cascadas en una escala de cero a diez, los padres de familia colocan a Tobermory como el puerto natural más hermoso de Norteamérica.
 En mi opinión, el evangelio de Juan es el Tobermory de la Biblia. Juan no ofrece ninguna introducción natural a su temática. El primer versículo de su evangelio es un exabrupto total, un salto de agua inesperado. Al comenzar la lectura, uno se detiene aunte un precipicio del que cuelga un profundo misterio: “Al principio ya existía la Palabra. La Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios”. ¡En realidad son aguas profundas! Juan nos habla acerca del encuentro decisivo entre Dios y el género humano en un estilo cargado de simbolismo profundo el cual resulta apropiado para un tema que no siempre es fácil de leer. Al igual que las aguas de la bahía Georgiana, el evangelio de Juan esconde sus profundidades. Es fácil que el lector se sienta abrumado.
 Cuando comenzamos a explorar estas aguas profundas, será conveniente que tengamos alguna idea sobre el mensaje fundamental de Juan. En la perspectiva de Juan parece muy sencillo, los seres humanos necesitamos a Dios. Necesitamos la luz de Dios para iluminar nuestra vida, y su poder para que nos llene de fortaleza. La gran mayoría somos escasamente conscientes de tal necesidad porque estamos encerrados en una comprensión del mundo demasiado terrenal. Pasamos nuestra vida yendo de un lado para otro, buscando una cosa después de otra, preocupados por satisfacer nuestras necesidades materiales y sociales. Estamos inclinados a ver a Dios como el proveedor de bendiciones terrenales, y no logramos verlo como la fuente de algo mucho más importante. Y sobre todo, estamos acostumbrados a desairar a Dios y a perseguir nuestros propios proyectos.
 Juan nos dice cómo Dios rompió y penetró la barrera de nuestro pensamiento terrenal irrumpiendo personalmente en nuestro mundo. Se hizo uno de nosotros. Habiéndose introducido en nuestro mundo, Dios se ha hecho uno de nosotros y se ha presentado a sí mismo como alguien que puede transformar nuestra vida en una forma que ni siquiera podemos imaginar. Para ayudarnos a contemplar la vida suprema que nos ofrece, ha atendido las necesidades terrenales de una manera extraordinaria. Produjo vino y pan de manera extraordinaria, y curó la parálisis y la ceguera. A través de estas maravillas, animó a la gente para que se despojara de la preocupación y las necesidades propias de la vida terrenal y a que lo aceptara como la fuente de la vida que va más allá de lo terrenal. Juan llama a estas maravillas, “señales”, pistas que nos indican que Dios-como-uno-de-nosotros nos ofreció una vida inmune a la descomposición o a la pérdida, a la enfermedad o la muerte.
 Desafortunadamente los reclamos de Dios-como-uno-de nosotros- no resultan lógicos para las personas que están encerradas en los confines de su pensamiento terrenal. Su oferta va más allá de la esfera mundana en la que están buscando la felicidad. La misma idea de que Dios pueda aparecer como un hombre que camina a lo largo de la calle, junto a todo mundo, ofendería su sensibilidad religiosa. Aun cuando admitieron que el solicitante ejercitó poderes notables, no consiguieron descubrir su identidad divina. Mucho antes unas cuantas personas lo colgaron y lo mataron. No obstante, Juan declara, que al permitir que lo convirtieran en víctima mortal, Dios-como-uno-de-nosotros rompió el poder de la muerte. Resucitando de entre los muertos, comenzó a llenar la necesidad que las personas tienen de Dios. Finalmente, revocará la muerte que pesa sobre hombres y mujeres y los conducirá para siempre a la presencia de Dios.
 He estado hablando del relato de Juan aún cuando no he mencionado nada sobre su contexto histórico. El contexto en el que dichos eventos tuvieron lugar fue el de los primeros años del primer siglo en la Palestina ocupada por el Imperio Romano. El relato de Juan se interesa en Jesús de Nazaret, quien murió alrededor del año 30. En razón de que Jesús y Juan eran judíos que vivían en Palestina en el primer siglo, el relato joánico refleja la cultura de dicha época y región. Para comprender su relato, es oportuno tener en cuenta la visión del mundo y las expectativas del pueblo judío en la Palestina del primer siglo.
 Al igual que otros judíos de la época, Juan estaba convencido de que su pueblo, Israel, había sido el centro de la actividad de Dios en la historia. Mientras que en ese tiempo la fortuna del pueblo judío estaba en pleno declive, Juan y muchos de sus contemporáneos judíos creían que Dios no se había olvidado de Israel. Desde su punto de vista, la revelación misericordiosa de Dios en el pasado mantenía la promesa de una mayor demostración misericordiosa en el futuro.
 Hay muchas corrientes acerca de la comprensión del quehacer divino en el mundo; una que es particularmente importante para Juan incluye una palabra que jamás usa, pero que yace justamente bajo la superficie de su evangelio. Esa palabra es la sabiduría.
 En el pensamiento judío, Dios trajo el universo a la existencia por medio de un poderoso acto de sabiduría (Proverbios 3:19–20; 8:22–31). No obstante, en medio de las criaturas humanas ocurrió alguna cosa totalmente equivocada, casi desde el principio. Una falsa sabiduría se entrometió, haciendo que las personas dejaran de confiar en las buenas intenciones de Dios y los apartó de su obediencia (Génesis 3:1–7). Los humanos buscaron el conocimiento sin atender a los propósitos de Dios; se volvieron muy hábiles para anteponer sus propios intereses a expensas de los ajenos. Esta falsa sabiduría tuvo terribles resultados. La humanidad se vio sometida a la muerte (Génesis 3:22–24). Las personas se sintieron desilusionadas en relación al propósito de su vida.
 Dios jamás abandonó a los hombres y las mujeres en manos de la falsa sabiduría —la cual realmente es locura— a la cual se habían desviado. Al contrario, les ofreció la verdadera sabiduría —la sabiduría fundada en “el temor del Señor”, es decir, la obediencia confiada en él (Job 28:28; Sabiduría 7:22–8:1). Dios hizo de su sabiduría algo especialmente accesible para su pueblo Israel (Sabiduría 10–11), sobre todo en sus escritos inspirados (Baruc 3:9–4:4; Eclesiástico 24:8–12, 23–29).
 Estos sabios de Israel contemplaron un retrato imaginario de la sabiduría (Eclesiástico 24) como una mujer atractiva, sabia y rica que iba por entre el pueblo buscando a un hombre para invitarlo a cenar en su mesa, para que se casara con ella y la atendiera con esmero (Proverbios 3:12–18; 8:1–21; 9:1–6; Sabiduría 8). Esta imagen poética de la Señora Sabiduría expresaba la convicción de que Dios vendría a cada uno de nosotros de una forma personal para enseñarnos a vivir, para compartirnos su vida y para traernos la dicha.
 A esa tradición de sabiduría, Juan añade un capítulo culminante. Su mensaje es que más allá de la metáfora de la sabiduría como una dama, ésta es una persona que se ha encarnado, Jesús de Nazaret. Jesús no es solamente un hombre que es la sabiduría de Dios; él es la sabiduría en persona, la Sabiduría a través de la cual Dios trae todas las cosas a la existencia. En el evangelio de Juan, Jesús declara que es el portador de “la verdad”. Sin embargo, la verdad es para él algo más que “una declaración que hace juego con la realidad”; aquí la verdad significa la revelación de Dios mismo. Jesús mismo es la verdad, porque él es la imagen perfecta de Dios (14:7–9; en este libro todas las citas se refieren al evangelio de Juan a menos que se afirme lo contrario). Él es la sabiduría divina en forma humana. Nos invita a apartarnos de la falsa sabiduría. Esta sabiduría ha venido a iluminarnos y a restablecer en nosotros la vida para la cual fuimos creados.
 En lugar de utilizar la palabra sabiduría, Juan utiliza un término relacionado. El llama a Jesús la “palabra” de Dios (1:1–5). En la tradición bíblica, la “palabra” de Dios y su “sabiduría” están estrechamente relacionadas (comparar Proverbios 8:22–31 y Salmo 33:6, Sabiduría 8:1 y Salmo 147:15–18). Al llamar a Jesús “palabra” de Dios, Juan no quiere decir que él es un discurso de Dios. Sería más adecuado decir que Jesús es el “pensamiento” de Dios. Sin embargo, palabra, a diferencia de sabiduría, sugiere algo comunicativo. Hablar acerca de la “Palabra” de Dios implica afirmar que Dios es autocomunicación. “Una palabra existe para decir algo”, afirma el padre Francis Moloney. Al hablar de la “Palabra” de Dios, Juan sugiere que desde las profundidades del ser de Dios surge el deseo de revelarse ante nosotros para darnos la vida. Este deseo es tan profundo y tan fuerte que Dios ha proclamado su palabra en nuestro mundo. Su palabra, la perfecta expresión de sí mismo, se ha convertido en un ser humano, rellenando el abismo entre el creador y la criatura.
 Habiendo entrado en nuestro mundo, la palabra tiene un mensaje central: “Aquí estoy”. Su prioridad era conducir al pueblo para que lo reconociera y pudiera recibir la vida que ofrecía. Juan nos muestra que en todas las cosas que Jesús dijo e hizo, apuntaba hacia sí mismo, como la fuente de la vida divina que lleva a Dios. En sus discursos y conversaciones, y por medio de acciones simbólicas, señales milagrosas, y finalmente, a través de su muerte voluntaria, Jesús declaró que él es el Hijo de Dios. Se presentó a sí mismo como el que revela perfectamente a Dios porque sólo él viene de Dios. Es el agente de Dios, autorizado totalmente para llevar a cabo la voluntad divina de dar vida, porque él es uno con Dios.
 En teoría, las relaciones de Dios con el pueblo de Israel los habían preparado para que acogieran su Palabra cuando ésta apareciera. Jesús declaró que “las Escrituras... testifican a mi favor... Si creyeran a Moisés, también me creerían a mí, porque él escribió acerca de mí” (5:39, 46). En la práctica, un pensamiento demasiado terrenal se interponía en el camino. El pecado y el deseo han probado ser las dos barreras principales que impiden aceptar a Jesús. Muchos de los líderes religiosos mantenían una cierta comprensión de la tradición judía que no era compatible con el reclamo de Jesús, de que él era el hijo de Dios, a quien Dios había enviado al mundo como su único representante. En el fracaso de los líderes religiosos que no lograron aceptar a Jesús también había un elemento de interés personal. Jesús se presentó a sí mismo como la expresión de Dios que había superado los acuerdos previos de Dios con Israel, los cuales estaban prefigurados en los rituales y festividades judías, en el templo y en la ley. Quienes tenían algo más que apostar en aquel orden existente, tenían también las motivaciones más fuertes para negar que Jesús fuera quien decía ser.
 Esto nos conduce al asunto de los judíos en el evangelio de Juan. Jesús mismo y la mayoría de la gente que aparece en el evangelio son judíos. No obstante, Juan generalmente utiliza el término judíos de manera más estrecha para referirse a aquellos judíos que no aceptaban a Jesús, en especial a los líderes religiosos. Por ejemplo, aunque la muchedumbre que vino a Jerusalén para celebrar la fiesta estaba formada totalmente por judíos, Juan escribe, que ellos tenían temor de “los judíos” (7:13) —queriendo decir que estaban temerosos de los líderes judíos que se oponían a Jesús.
 La confusa manera de hablar de Juan puede provenir del desarrollo histórico que tuvo lugar entre el tiempo de Jesús y la edición final del evangelio, tal vez alrededor del año 90. De las diferentes formas de judaísmo que existían en Palestina en el primer siglo, sólo dos sobrevivieron a la represión romana de la gran guerra judía (66–70, d.C.). Una fue la Farisea, la cual sirvió de base a todas las formas posteriores de judaísmo. La otra fue el Cristianismo. Alrededor del año 90 aquellas dos formas de judaísmo habían empezado a recorrer caminos separados. Los judíos que seguían el camino fariseo y que no aceptaron a Jesús como el Mesías, se llamaban a sí mismos judíos. Los judíos que se habían hecho seguidores de Jesús, dejaron de llamarse a sí mismos judíos (se llamaban a sí mismos cristianos), aun cuando se vieran a sí mismos como continuadores del Israel histórico. Así, en el tiempo en que Juan escribió su evangelio, el término judíos se había convertido en un sinónimo de “judíos que no reconocen a Jesús como el Mesías”. En su evangelio, Juan proyecta de manera retrospectiva este uso hasta el tiempo de Jesús. Por tanto, el retrato negativo que Juan hace de “los judíos” es una crítica de ciertos líderes judíos de la época, no un retrato negativo del judaísmo mismo o del pueblo judío en general.
 Juan no sugiere que aquellos judíos que malinterpretaron y rechazaron a Jesús actuaron de esa forma porque eran judíos. Su incredulidad proviene de factores que son compartidos por todo mundo (por ejemplo, ver 3:19–21; 5:40–44; 7:24; 8:15, 44–47). Juan utiliza la expresión los judíos para referirse al mundo que no recibe a Jesús. Por ejemplo, la declaración de Juan de que “los judíos” buscan matar a Jesús (7:1) está en paralelo con la declaración de que “el mundo” odia a Jesús (7:7). En algunas parroquias católicas existe la costumbre de leer de manera dramática durante la Semana Santa la narración del arresto y la ejecución de Jesús; mientras que toda la asamblea lee la parte de “los judíos” que buscan la muerte de Jesús. Esto va de acuerdo con el retrato de Juan, porque utiliza la palabra “judíos” para representar a todos nosotros, en la medida que todos fallamos al momento de creer en Jesús.
 Ni Juan ni Jesús crítica al judaísmo como algo incorrecto o equivocado. Aunque podamos inferir que Jesús estaba en desacuerdo con algunas de las tradiciones orales fariseas relativas a la manera de observar el Sabbat, este mismo asunto también era motivo de desacuerdos entre los judíos del primer siglo. Jesús declara que “la salvación viene de los judíos” (4:22). Juan retrata a Jesús como el gran regalo que completa el regalo que Dios dio a Israel por medio de Moisés (1:16–17).
 Es necesario subrayar que la imagen negativa de “los judíos” en el evangelio de Juan no ofrece de ninguna manera una base para que los cristianos mantengan una idea negativa del judaísmo ni del pueblo judío. Desgraciadamente el evangelio de Juan fue deformado en el pasado y se utilizó como argumento para justificar el antisemitismo. Este malentendido ha sido condenado con toda su fuerza por la Iglesia en los tiempos actuales (Declaración sobre la Relación de la Iglesia con las Religiones no Cristianas, sección 4).
 El evangelio de Juan es muy diferente al de Mateo, Marcos y Lucas. Comparado con lo que escribieron los sinópticos, Juan dedica mucha menor atención a la enseñanza dada por Jesús sobre la forma en que debían vivir sus seguidores, a la vez que narra pocos acontecimientos de la vida de Jesús. Juan se concentra en proclamar la identidad de Jesús. En cierta medida, estas diferencias entre los evangelios reflejan diferentes tradiciones de la enseñanza oral que circulaba entre los primeros cristianos. La cuestión acerca de quién escribió el evangelio de Juan ha sido largamente debatida por los estudiosos. Sin embargo, indistintamente de quién haya sido el autor principal, el evangelio de Juan representa aparentemente una línea de tradición ampliamente independiente de los otros evangelios. De esta manera nos ofrece un testimonio histórico de los eventos de la vida de Jesús que complementa el testimonio de los otros evangelios. Al mismo tiempo, el autor, a lo largo de décadas de reflexión y oración, ha llegado a una visión única de Jesús que ha afectado globalmente todo lo que ha dicho de la vida de Jesús. Juan nos muestra al mismo Jesús que nos reportan los otros evangelios, pero visto desde una perspectiva diferente, un ángulo que enfatiza el hecho de que Jesús es la Sabiduría encarnada.
 El autor del evangelio de Juan no está identificado dentro del evangelio. Desde el siglo segundo, una tradición que identificaba al autor con Juan el hijo de Zebedeo, hermano de Santiago (Mateo 4:21) fue aceptada ampliamente en la Iglesia. Dentro del evangelio, parece claro que el relato está basado en el testimonio de un discípulo anónimo, que es referido como “el discípulo amado” (13:23; 19:26, 35; 21:20–24). Muchos estudiosos cuestionan si este “discípulo amado” es Juan el hijo del Zebedo. ¿Por qué razón Juan el hijo de Zebedeo omitiría de su evangelio muchos acontecimientos que lo incluían, los cuales aparecen insertos en los otros evangelios, tales como la transfiguración de Jesús y su agonía en el huerto (Marcos 9:2; 14:33)? Sin embargo esta incertidumbre sobre el nombre del autor no afecta la confiabilidad o la inspiración del evangelio. Cualquiera que haya sido el nombre del discípulo amado, fue alguien cercano a Jesús y fue alguien guiado por el Espíritu para componer su relato. Guiada por el mismo Espíritu, la Iglesia reconoció su evangelio como un retrato auténtico de Jesús. Aun cuando reconozcamos las cuestiones que los estudiosos puedan plantear, para simplificar las cosas en este folleto designaremos al autor con el nombre de Juan.
 Juan logra que pequeños detalles transmitan un significado muy profundo. Algo de la profundidad y la complejidad de esta narración proviene de esta situación. Una comparación para entender la forma en que Juan compuso su evangelio es la manera en que un ilustrador contemporáneo podría utilizar una computadora para crear un cartel. El diseñador fotografía a personas y eventos actuales y transfiere las fotos a la computadora. Llevando las imágenes fotográficas a la pantalla de su computadora, las tiñe, las acomoda y las combina con las letras y los diseños. El resultado de sus labores es algo compuesto, en el cual los fragmentos de las fotos han tomado una calidad simbólica que crea un ambiente y transmite un mensaje. De manera semejante, Juan ha seleccionado citas, acciones y objetos de la vida de Jesús y los ha reacomodado en una narración en la cual, funcionan como símbolos y como alusiones a otros textos bíblicos.
 Como resultado, el relato de Juan es a la vez simple y profundo. Nos invita a una lectura lenta y cuidadosa. Las declaraciones individuales de Jesús, aún las palabras particulares, permanecen ahí y parecen interrumpir el flujo de la historia, exigiendo que nos detengamos a ponderarlas. Mientras más atentamente las leamos, más conscientes seremos de su significado más profundo ¿Deberíamos estar sorprendidos? Juan está tratando con alguna cosa tan grande que la mente humana no puede comprender: la vida humana y terrestre de la Palabra de Dios, la oferta de vida divina que Dios hace a las criaturas humanas.
 Necesitamos hacer un espacio para este evangelio. Si necesitamos escuchar y entender lo que Juan nos dice acerca de Jesús, necesitamos hacer aun lado nuestras preocupaciones diarias, a fin de crear una zona de quietud interior y de receptividad. Jesús dice a sus adversarios, “No hay lugar en ustedes para mi palabra” (8:37) ¿Existe en nosotros un lugar para su palabra? Cuando comencemos el evangelio de Juan, deberemos considerar muy bien, dónde y cuándo podremos crear un poco de silencio en nuestros ocupados días para la lectura contemplativa y para una relectura. Una oración de la liturgia bizantina nos ofrece una palabra de aliento para comenzar la lectura del evangelio de Juan con la estructura mental adecuada: “coloquemos a un lado nuestras preocupaciones terrenales para que recibamos alegremente al Señor de todo lo creado”.
 
 
Primera semana
Junto a Dios antes del comienzo del tiempo

Preguntas para comenzar
15 minutos
Dialoguen acerca de una pregunta o dos como preparación a la lectura.

 1 ¿Cuál es tu escena favorita al comienzo de un libro o de una novela?
 2 Si tuvieras que escoger a alguien para que te describiera a las personas que jamás has visto, ¿a quién escogerías? ¿Por qué razón escogerías a esa persona?

Abriendo la Biblia

5 minutos
Lee el pasaje en voz alta. Invita a los asistentes a que tomen su turno según los párrafos del texto.


Lectura: Juan 1:1–34

Una identidad sorprendente

1 Al principio ya existía la Palabra. La palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. 2 Ya al principio ella estaba junto a Dios. 3 Todo fue hecho por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto llegó a existir. 4 En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres; 5 la luz resplandece en la oscuridad, y la oscuridad no pudo sofocarla.
 6 Vino un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan. 7 Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que todos creyeran por él. 8 no era él la luz, sino testigo de la luz. 9 La Palabra era la luz verdadera, que con su venida al mundo ilumina a todo hombre.
 10 Estaba en el mundo, pero el mundo, aunque fue hecho por ella, no la reconoció 11 Vino a los suyos, pero los suyos no la recibieron. 12 A cuantos la recibieron, a todos aquellos que creen en su nombre, les dio capacidad para ser hijos de Dios. 13 Estos son los que no nacen por vía de generación humana, ni porque el hombre lo desee, sino que nacen de Dios.
 14 Y la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros; y hemos visto su gloria, la gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. 15 Juan dio testimonio de él, proclamando: —Este es aquel de quien yo dije: “El que viene detrás de mí es superior a mí, porque existía antes que yo”. 16 En efecto, de su plenitud todos nosotros hemos recibido gracia en abundancia. 17 Porque la ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos llegaron por medio del de Cristo Jesús. 18 A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo único, que es Dios y que está en el seno del Padre, nos lo ha dado a conocer.

El primero en reconocerlo
19 Los judíos de Jerusalén enviaron una comisión de sacerdotes y levitas para preguntar a Juan quién era. 20 Él confesó rotundamente: —Yo no soy el Mesías. 21 Ellos le preguntaron —Entonces, ¿eres tú, acaso, Elías? Juan respondió: —No soy Elías. Volvieron a preguntarle: —¿Eres el profeta que esperamos? Él contestó: —No. 22 De nuevo insistieron: —Pues, ¿quién eres? Tenemos que dar una respuesta a los que nos han enviado. ¿Qué dices de ti mismo? 23 Entonces él, aplicándose las palabras del profeta Isaías, se presentó así: yo soy la voz del que clama en el desierto: rectifiquen el camino del Señor.
 24 Algunos miembros de la comisión eran fariseos. 25 Estos le preguntaron: —Si no eres ni el Mesías ni Elías ni el profeta esperado, ¿por qué razón bautizas? 26 Juan afirmó: —Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno a quien no conocen. 27 Él viene detrás de mí, aunque yo no soy digno de desatar la correa de sus sandalias. 28 Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.
 29 Al día siguiente, Juan vio a Jesús, que se acercaba a él, y dijo: —Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30 A éste me refería yo cuando dije: “Detrás de mí viene uno que es superior a mí, porque existía antes que yo”. 31 Yo mismo no lo conocía; pero la razón por la cual yo bautizo con agua es para que él se manifieste a Israel. 32 Juan dio testimonio diciendo: —Yo he visto que el Espíritu bajaba desde el cielo como una paloma y permanecía sobre él. 33 Yo mismo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquél sobre quien veas que baja el Espíritu y permanece sobre él, ése es quien bautizará con Espíritu Santo”. 34 Y como lo he visto, doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios.

Preguntas para un estudio cuidadoso del texto

10 minutos
Escojan las preguntas de acuerdo a su tiempo e interés.


 1 ¿Por qué razones ha venido la palabra al mundo? Cita algunas declaraciones específicas del texto evangélico.
 2 Compara Juan 1:1 y Génesis 1:1. ¿Cuáles son las semejanzas y las diferencias? ¿Cuál puede ser la razón por la cual Juan comienza su evangelio de una manera similar al comienzo del Génesis?
 3 ¿Aproximadamente qué espacio de tiempo es cubierto entre el verso 1 y el verso 29?
 4 Juzgando a partir de esta lectura, ¿qué clase de expectativas tenían las personas en relación a Juan el Bautista?
 5 ¿De qué manera la palabra es vida para nosotros? ¿Qué significa ser engendrado por Dios? Esta lectura suscita muchas preguntas. ¿Cuáles surgen en tu mente? Compártelas ahora y anótalas como referencias posteriores para tu lectura.

Una guía para la lectura

Si los participantes aún no han leído esta sección, léanla en voz alta. De lo contrario vayan directamente a las “preguntas para la vida”.

Si fueras un judío y estuvieras en Galilea en el primer siglo y vieras a Jesús caminando con sus discípulos a través del mercado de la plaza del pueblo o si lo escucharas hablando a la multitud, habrías descubierto a partir de su lenguaje y su acento que era originario de Galilea. Si pasaras un tiempo con él, pusieras atención a su enseñanza, y observaras los milagros que habría ejecutado, podrías llegar a la conclusión que era un agente de Dios, un profeta especial, o más aún el prometido por Dios que establecería su reino sobre la tierra —el Mesías. Si compartieras tu conclusión con Juan, quien escribió el evangelio, te diría, “¡Correcto! Jesús es el Mesías. Pero él es infinitamente más que eso”. En los primeros dieciocho versos del evangelio, Juan presenta “lo infinitamente superior” de Jesús.
 Para comprender a Jesús, dice Juan, primero debes conocer alguna cosa sobre Dios. Hay un sólo Dios, pero dentro de Dios existe una misteriosa relación. El pensamiento de Dios, o sabiduría, o la “palabra” no es sólo un aspecto o expresión de Dios, sino una persona. Esta persona siempre ha estado en relación íntima con Dios: él está siempre “dirigido hacia Dios” (como “la Palabra estaba con Dios” podría ser traducido en 1:1). No obstante, mientras que esta persona es distinta de Dios, no es diferente de Dios: “la Palabra era Dios” (1:1), en otras palabras, “lo que Dios era, era también la palabra”.
 Al decirnos esto, Juan nos lanza al profundo misterio del ser de Dios. Nos ayuda a dar un vistazo a la Trinidad. Sin embargo, su propósito no es explorar la vida interior de Dios, sino clarificarnos algo acerca de lo que podríamos llamar “la vida exterior” de Dios —la creación del universo y el cuidado de sus criaturas. El asunto para Juan es que esta persona que está eternamente en una íntima relación con Dios, quien en verdad es Dios, a través de quien Dios ha traído todas las cosas a la existencia, es la misma persona que caminó a través de las aldeas de Galilea, como Jesús de Nazaret. Esto es lo “infinitamente superior” acerca de Jesús y que resulta crucial para comprenderle. Significa, como comenta el estudioso C.K. Barrett que “los hechos y palabras de Jesús son los hechos y palabras de Dios”.
 La declaración inicial de Juan alcanza su clímax en el versículo 14: “La palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”. La palabra, quien expresa plenamente los propósitos y la presencia de Dios, se convirtió en uno de nosotros. No es posible imaginar una expresión más perfecta del amor. Dios se hizo como nosotros y entró en nuestra vida humana, con todas sus dificultades y limitaciones. En su existencia humana, la Palabra de Dios vivió la mayoría de su vida como una persona ordinaria en una aldea insignificante, trabajando, descansando, y orando con los parientes y vecinos, los cuales eran campesinos. Los misioneros que van a vivir en medio de los pobres a quienes sirven, adoptan su estilo de vida —uno piensa en las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa— nos ofrecen meramente un tenue reflejo del amor por el cual, la Palabra de Dios vino y puso su morada en medio de nosotros.
 La misión de Jesús es revelarnos y compartir la vida de Dios con nosotros (1:12–13, 18). Esta revelación y participación de vida —y el rechazo que enfrentará (1:10–11) será el tema tratado por Juan en los siguientes capítulos.
 Juan el Bautista aparece primero en los versículos del 6–8, 15 y se convierte en el centro de atención en 19–34. Juan era una figura muy reverenciada, por esa razón los líderes religiosos mostraron interés en él (1:19, 24). No obstante, Juan insiste que él simplemente es una pista que apunta hacia alguien que es mucho más grande que él —alguien que estaba “antes”
de él (1:30). Los oyentes de Juan pudieron no haber comprendido lo que les quería decir, sin embargo, nosotros, que hemos leído los primeros tres versos, comprendemos por qué Jesús estaba “antes” de Juan.
 Juan afirma que este mayor arrancará los pecados (1:29). Esto significa a la vez que Jesús perdonará los pecados y que llevará a cabo la conquista final de Dios sobre el mal en el mundo (compara 1 Juan 3:5, 8). Él también bautizará con el Espíritu Santo (1:33), lo cual significa que nos introducirá en la vida de Dios.
 Los versículos del 29–34 muestran que Juan recibe un acompañamiento ocasional de parte de Dios. El evangelio nos retratará a Jesús como alguien que conoce siempre la voluntad de Dios. Jesús continúa durante toda su vida terrestre en íntimo amor con su Padre —“cercano al corazón del Padre” (1:18)— de la misma manera que cuando estaba “con Dios” (1:19) antes de que entrara al mundo.

Preguntas para la vida

40 minutos
Escojan las preguntas de acuerdo a su tiempo e interés.

 1 ¡Imaginen que alguien permanece en medio de ustedes sin que lo reconozcan! (ver 1:26) ¿A dónde podemos dirigir la mirada para ver hoy a Jesús? ¿Cómo podemos reconocer su presencia en nuestra vida? ¿En la Iglesia? ¿En el mundo?
 2 ¿De qué manera has experimentado a Jesús como la luz de tu vida? (ver 1:4) ¿Alguna oscuridad en tu vida necesita de esa luz?
 3 ¿Qué diferencia tiene para ti que Dios se convierta en ser humano en Jesús? ¿De qué manera tu vida sería diferente si él no hubiera venido? ¿Esta venida en la carne cómo deberá afectar tu relación con él?
 4 Los versículos 12 y 13 hablan de nuestra necesidad de que Dios haga por nosotros alguna cosa que vaya más allá de lo que podemos hacer por nosotros mismos ¿Cuándo has sido especialmente consciente de esa necesidad? ¿Cómo experimentaste la gracia de Dios en esa situación?
 5 ¿De qué manera tu vida conduce a las personas hacia Jesús? ¿Qué podrías cambiar en tu manera de vivir o de hablar, de manera que tu vida apuntara más efectivamente hacia él?
 6 Tal vez sirva más para la reflexión privada que para el diálogo: ¿Qué significa para ti que el Cordero de Dios que quita los pecados haya venido a ti? ¿Dónde necesitas vencer el poder del mal en tu vida? ¿Qué dice esta lectura acerca de la confianza que puedes poner en él en esa área de tu vida?

“No teman al silencio, responder algunas preguntas lleva cierto tiempo, y algunas personas necesitan tiempo para animarse a hablar”.
Whitney Kuniholm, John, The Living Word, A Fisherman Bible Study Guide

Orando con la Escritura


15 minutos
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  • El prólogo del evangelio de san Juan ha sido utilizado como una bendición (durante siglos fue proclamado como la bendición final de la Misa, cuando ésta se celebraba en latín). En la liturgia bizantina se proclama en voz alta durante la Pascua, en cuatro lenguas, como una solemne proclamación de la victoria de la luz y el amor de Dios sobre toda la oscuridad y el mal. Conviértela en tu propia oración de bendición y proclamación del amor de Dios. Invita a alguien en el grupo para que lea en voz alta, de forma lenta y orante, los versículos del 1–5, 9–14, 16–18. Dediquen unos minutos a la reflexión en silencio. Culminen el momento de oración rezando juntos el Padrenuestro.

Una tradición viva
Una venida litúrgica de la palabra

Esta sección es un suplemento para la lectura individual.

La Misa se concentra en el final de la vida de Jesús. La oración eucarística nos recuerda su muerte y resurrección. Las palabras de la institución —“Este es mi cuerpo... mi sangre” recuerda su Última Cena con sus discípulos. A través de estas palabras sacramentales, por el poder del Espíritu, el pan y el vino se convierten en Jesús mismo. Él comparte con nosotros la comida final de su vida terrestre como la celebración de su sacrificio, de su muerte que realiza la alianza.
 Sin embargo, ¿qué podemos decir del principio de la vida de Jesús? ¿La Misa contiene algún memorial de la misma? Ciertamente lo hace aunque de forma implícita. La celebración de su muerte humana y de su resurrección implica que se ha se hecho un ser humano. En síntesis, algunas formas de la liturgia contienen una representación explícita de la entrada de la Palabra en el mundo. De manera muy apropiada, esta expresión litúrgica forma parte de un rito de entrada.
 El rito de entrada más impresionante, se encuentra en la Liturgia Bizantina, el cual se utiliza por los ortodoxos orientales y también por algunos católicos, principalmente de origen eslavo o árabe. Después del rito de entrada, el sacerdote y el diácono sostienen el Evangeliario, dejan el santuario e inician una procesión hacia la iglesia y regresan al santuario. El Evangeliario representa a Cristo; la procesión representa su venida al mundo. Cuando el sacerdote y el diácono avanzan, la asamblea canta una antigua plegaria que celebra la Encarnación del Verbo. La Liturgia Occidental Siríaca, celebrada por los católicos y por algunos otros cristianos en el cercano oriente, tiene una procesión de entrada similar, durante la cual el sacerdote y el pueblo cantan una oración alternada en alabanza a Cristo, quien estuvo “contento en su bondad para venir y darnos la vida y la redención a todos”.
 La liturgia Romana, la cual celebramos la mayoría de católicos, no tiene un rito tan elaborado que simbolice la Encarnación. Sin embargo, el diácono entra en la procesión llevando el Evangeliario en alto, mismo que coloca sobre el altar, y que después es tomado —y llevado en procesión, para la proclamación del Evangelio durante la Liturgia de la Palabra. Al ver al Evangeliario, que presenta a Cristo, haciendo esta solemne entrada, cualquiera que recuerde la apertura del evangelio de Juan podrá experimentar el gozo de proclamar, “¡Salve a ti, Palabra, a través de la cual todas las cosas llegaron a existir! ¡Salve a ti, palabra hecha carne por nosotros!”.

Entre los diálogos

Dado que no estamos pasando por alto algún trozo del evangelio de Juan entre las semanas 1 y 2, tenemos la oportunidad de regresar y dar un vistazo más cercano a la parte que hemos leído. Es la recompensa de la relectura.
 Los estudiosos ofrecen varios análisis de la estructura de los versos 1–18. Es posible que Juan haya organizado su presentación de la Encarnación en oleadas, la cual viene a la playa desde el verso 4–5, 9–11, 14; 17–18; o tal vez Juan procede cronológicamente. Si es así, todas las cosas anteriores al versículo 14 son parte de la preparación a la Encarnación. En este caso, los versos 4 y 5 pueden referirse a la presencia de la sabiduría de Dios en el mundo aún antes de que la Palabra se hiciera carne —tal vez en el sentido de que la gracia y la verdad de Dios se hicieron accesibles a todas las personas, en todo tiempo y lugar.
 Raymond Brown, un biblista famoso, sugiere que los versículos 4 y 5 aluden al relato bíblico de creación. En el principio, a través de su palabra, Dios creó la vida eterna para los seres humanos, simbolizada en el árbol de la vida (Génesis 2:9). Aún cuando el mal desvió a los humanos de la vida (Génesis 3), la oscuridad del tentador no ha sido destruida. La vida eterna prometida a los seres humanos continúa brillando.
 Los versos 7 y 8 nos dan un ejemplo de los niveles de significado que es típico del escrito de Juan. En la tradición judía, la luz era un término para referirse a la venida del Mesías en los últimos días (Isaías 9:1–2; 42:6; 60:1–2). No obstante, Jesús es más que el Mesías. Él es la luz de Dios, la fuente de vida para los seres humanos.
  El verso 13 habla de la “carne”. En Juan, la carne no está en contraste con el espíritu, ni el cuerpo en contraste con el alma. “Carne” es nuestra humanidad entera —nuestra vida humana todavía débil y mortal que necesita completarse por el regalo de la vida celeste. Lejos de ser mala, la “carne” es tan buena, tan querida por Dios, que la Palabra de Dios se ha hecho carne (1:14). Ninguna otra cosa podría demostrar más fuertemente el valor de la vida humana.
 Los discípulos de Jesús han visto su gloria (1:14). Ellos han visto la belleza radiante de Dios en las palabras y acciones del hombre, Jesús de Nazaret. Sin embargo, Juan no está reportando solamente un evento del pasado. Él está escribiendo el evangelio, es decir, la buena nueva, para que podamos ver la gloria de Jesús y compartir el regalo que nos ha traído. (¿Dónde vemos su gloria en el presente?).
 “Gracia en abundancia” (1:16) es difícil de interpretar. Muy probablemente se refiere a la gracia de Dios o al “regalo” de la alianza mosaica y al “regalo” todavía mayor de su alianza a través de Jesús. Así esa frase podría traducirse “un regalo en lugar de un regalo” o “el amor en lugar del amor”. El magnífico regalo de la ley mosaica es superado por un regalo de amor más grande aun. En el siguiente versículo “gracia y amor” significan el “regalo de la verdad”: Jesús es la verdadera revelación de Dios mismo y del misterioso plan de salvación de Dios.
 En la tradición judía, se creía que varios individuos (Henoc, Moisés, Baruc, Daniel) tenidos por santos, habían sido elevados al cielo para recibir una revelación de parte de Dios. Juan deja en claro que ninguno de éstos había visto realmente a Dios cara a cara (1:18). Estos buscadores que “subieron” al terreno celestial, solamente pudieron dar algún vistazo a Dios. Sin embargo, ahora la palabra, que conoce a Dios íntimamente, ha “bajado” del cielo para revelarse al mundo. Solo Jesús revela a Dios porque es el único que realmente lo ha visto (comparar 3:11; 5:37; 6:46; 14:7–10).
 Así Juan expresa un profundo aprecio por lo que Dios hizo en el pasado con Israel. Sin embargo, habla de una revelación divina que supera ampliamente la que en el pasado se manifestó a los judíos, tal como lo veremos, que dicha revelación resultará difícil de aceptar para aquellos que estaban enraizados en dicha tradición, incluidos los Apóstoles y discípulos de Jesús.
 El evangelio de Juan tiene en parte el carácter de un juicio. Jesús hace un reclamo acerca de sí mismo, que provoca que otras personas lo acusen de ponerse a la par de Dios. En seguida, Jesús invoca a varios testigos en su defensa. Aquí en el principio del evangelio, aun antes de que Jesús mismo aparezca en escena, aparece el primer testigo —Juan el Bautista. Dense cuenta de la terminología propia de una corte: “testigo”, “testimonio” (1:7, 19, 20). Su declaración solemne (1:20) es como el juramento de un testigo moderno al decir: “la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad”.

Meet the Author

KEVIN PEROTTA es un periodista católico muy galardonado, y ex editor de God’s Word Today. Además de Seis semanas con la Biblia, es el autor de Invitation to Scripture [Invitación a la Sagrada Escritura] y Your One-Stop Guide to the Bible [Su Guía todo-en una para la Biblia]. Perrotta vive en Ann Arbor, Michigan.

 KEVIN PEROTTA is an award-winning Catholic journalist and a former editor of God’s Word Today. In addition to the Six Weeks with the Bible series, he is the author of Invitation to Scripture and Your One-Stop Guide to the Bible. Perrotta lives in Ann Arbor, Michigan.

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