La econom?a de la Iniciativa Yasun?-ITT: Cambio clim?tico como si importara la termodin?mica

La econom?a de la Iniciativa Yasun?-ITT: Cambio clim?tico como si importara la termodin?mica

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El cambio climático y la crisis de extinción entrelazados se prestan a la economía política. Joseph Henry Vogel ha construido un argumento a favor de llevar a los países ricos en carbono, pero pobres económicamente, a través del cuello de botella de la economía de vaquero y hacia el “comercio en el derecho de emisiones” de los países Anexo I del Protocolo de Kioto. Ecuador sirve como el modelo. “La economía de la Iniciativa Yasuní-ITT” es un contrapunto a muchos niveles a “El Informe Stern” por Sir Nicholas Stern. En el nivel más básico, Vogel sostiene que Stern se equivoca por su falta de reconocimiento de la naturaleza del cambio climático como termodinámica, con lo cual pierde de vista la apropiación del Norte del sumidero atmosférico. El cambio a la termodinámica pone de relieve la legitimidad de una “deuda de carbono”, que comienza a hacer tictac con el primer informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático ((IPCC) por sus siglas en inglés) en 1990. A través del lente de la teoría económica, la intransigencia comprensible de los países pobres para asumir el “tope” en el “comercio en el derecho de emisiones” es una distorsión del sistema económico. No obstante, acorde con esa misma economía, una distorsión puede justificar otra. Esa otra distorsión es el pago que Ecuador busca por no perforar en la Reserva de la Biosfera Yasuní. Haciendo caso de la llamada de Deirdre (antes Donald) McCloskey de que la economía necesita más humor, Vogel ha escrito una crítica penetrante sobre la economía convencional que a su vez entretiene.

Product Details

ISBN-13: 9780857284624
Publisher: Anthem Press
Publication date: 01/15/2012
Series: Anthem Environmental Studies
Pages: 172
Product dimensions: 5.50(w) x 8.50(h) x 1.00(d)

About the Author

Joseph Henry Vogel es Profesor de Economía en la Universidad de Puerto Rico-Río Piedras y sirve en el Tribunal Internacional de Justicia Climática.


Graciela Chichilnisky ha trabajado extensamente en el proceso del Protocolo de Kioto, creando y diseñando el mercado de carbono que se convirtió en ley internacional en 2005.

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La Economía de la Iniciativa Yasuní-ITT

Cambio Climático Como Si Importara La Termodinámica


By Joseph Henry Vogel

Wimbledon Publishing Company

Copyright © 2012 Joseph Henry Vogel
All rights reserved.
ISBN: 978-0-85728-462-4



CHAPTER 1

LA TERMODINÁMICA

La lengua escogida delimita el debate


Los "costos irrecuperables" se revelan como un concepto útil. Su definición en la teoría económica tiene muchas expresiones a partir del lenguaje popular como "no gastar dinero bueno después del malo" y "borrón y cuenta nueva". Utilizando un lenguaje menos coloquial, las decisiones deberían tomarse sobre la base de los beneficios futuros en relación a los costos futuros y no sobre la base de costos pasados. No se debe permitir que una mala decisión en el pasado condicione la nueva decisión a adoptar. Sin embargo, ocurre y es por eso que los "costos irrecuperables" se revelan como un concepto útil. Las aparentemente interminables guerras de los EE.UU. en Afganistán e Irak son un buen ejemplo. La política explica por qué los presidentes y primeros ministros no aplican el concepto de costos irrecuperables. En asuntos tan graves como la guerra, la reversión del curso tomado es una admisión de un error descomunal. Por ello, para evitar pagar el precio político, los Jefes de Estado evaden e ignoran el concepto de costos irrecuperables. En el caso de los conflictos bélicos de los EE.UU., el precio se estima ya alrededor de los billones de dólares.

La teoría económica no lo hace de manera diferente. Su marco conceptual ahora incluye costos irrecuperables, y en ninguna parte es esto más evidente que en el cambio climático y la entrelazada crisis de la extinción en masa. Subrayo el adverbio "ahora" para resaltar que en algún momento los beneficios del marco teórico económico eran mayores que los costos, pero ese tiempo ya pasó hace mucho. ¿Cuándo pasó? ¿Por qué pasó? ¿Y qué es exactamente lo que quiero decir con la teoría económica?

Concentrémonos en la última pregunta. La teoría económica propone un modelo muy seductor para la asignación de recursos. De hecho, es tan simple, que un pequeño esbozo puede definirlo, pues se supone que la gente es racional, y que además expresará su interés en el mercado. Mediante el ajuste continuo de precios y cantidades, la asignación de recursos continuamente llevará hacia un equilibrio en el cual la oferta de bienes y servicios se igualará a la demanda de los mismos. Existen libros introductorios que ilustran mediante diagramas el proceso como un flujo circular donde los hogares proveen los factores (tierra, trabajo y capital) y las empresas, los bienes y servicios. Tales diagramas vienen con una advertencia que se encuentra unas páginas más adelante, v.gr., siempre que la naturaleza de un bien milite en contra de una transacción de mercado (por ejemplo, un faro), el gobierno deberá proveerlo o pensar en alguna manera de crear un mercado donde anteriormente no hubiere ninguno.

Habiendo definido la parte de la "teoría económica", volvamos a nuestras preguntas iniciales: "¿cuándo pasó ese tiempo?" y "¿por qué pasó?" Un indicio se encuentra al preguntarse "¿cuándo comenzó la teoría económica?" y "¿por qué comenzó?" En el primer capítulo de Vida y doctrina de los grandes economistas (The Worldly Philosophers), Robert L. Heilbroner señala:

un hecho sorprendente: el hombre venía luchando con los problemas económicos desde mucho antes del tiempo de los faraones, y en el transcurso de todos esos siglos había producido veintenas de filósofos, de científicos, de pensadores políticos, de historiadores, así como había producido también artistas por gruesos y estadistas por centenares de docenas. ¿Cómo, pues, no había producido economistas?


El siguiente capítulo se titula "La revolución económica" y ahí Heilbroner resuelve el enigma: "los elementos abstractos" de producción (v.gr., tierra negociable, mano de obra disponible y capital líquido) no fueron lo suficientemente abundantes durante la mayor parte de la historia como para que la teoría económica se preocupara en explicar la asignación de los recursos. "Al faltarle [al] Medievo la tierra, el trabajo y el capital, tenía que faltarle el mercado (aunque tuviese sus pintorescos mercados y ferias ambulantes); y, al faltarle el mercado la sociedad se guiaba por la costumbre y la tradición". El ecólogo interpretaría la explicación de Heilbroner como una cuestión de escala. Tierra negociable, mano de obra disponible, y capital líquido de hecho existieron antes de finales del siglo XVIII, pero no en la escala necesaria para justificar la asignación de la mayoría de recursos. Al igual que la escala es la respuesta final al "¿por qué la teoría económica empezó?" también es la respuesta al "¿por qué su tiempo ya pasó?" En algún momento, la magnitud de la contaminación, ignorada en el flujo circular entre hogares y empresas, alcanza un umbral en que se comienzan a reconfigurar las posibilidades de producción de tal forma que la pregunta "¿cuándo pasó?" realmente se convierte en "¿cuándo se alcanzó esa escala?"

Es tentador avanzar rápidamente un par de siglos y marcar la fecha final de la utilidad de la teoría económica al primer Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), convocado por Margaret Thatcher en 1990. Para esa fecha, la magnitud de la contaminación mundial ya se tenía presente. Sin embargo, el IPCC no sucedió de la noche a la mañana. Nos hemos adelantado a nuestra cronología y por lo tanto debemos retroceder un poco. El IPCC había quedado rezagado en cuanto a la creciente conciencia pública de que los gases invernaderos representaban una amenaza tanto para la humanidad como para la biosfera. Por lo tanto, yo pondría la fecha de vencimiento de la utilidad de la teoría económica veinte años antes, alrededor del primer Día de la Tierra: en 1970. Sin embargo, al igual que el IPCC, el Día inaugural de la Tierra también se había quedado atrás en relación a otra toma de conciencia que cuajó con enorme éxito en 1962 con la publicación de La primavera silenciosa de Rachel Carson. En 1966, el economista Kenneth E. Boulding expresó una alternativa a la teoría ortodoxa en La economía futura de la Tierra como un Navío Espacial: "La medida esencial del éxito de la economía no es la producción y el consumo, sino la naturaleza, la extensión, la calidad y la complejidad del acervo total de capital, incluido el estado de los cuerpos y las mentes de los seres humanos del sistema". No obstante, la sirena para una nueva economía originalmente suena en gran medida fuera de la economía — un resultado consonante con La estructura de las revoluciones científicas de Thomas Kuhn. Me refiero a "La tragedia de los comunes" de Garrett Hardin y la muy difamada The Population Bomb (La bomba de la población) por Paul R. Erhlich. Ambas fueron publicadas en 1968, el año tumultuoso en el que los estudiantes se manifestaron en Washington y se rebelaron en París. El elegantemente breve artículo de Hardin se convirtió rápidamente en uno de los más citados en la historia de Science y el libro de Ehrlich en un éxito de venta instantáneo.

Los políticos de la época respondieron al renovado sentimiento público y a la popularizada investigación científica. En los EE.UU., el gobierno republicano de Richard Milhous Nixon (1968–1974) asimiló las varias lecciones del movimiento ecologista y estableció la Agencia de Protección Ambiental (EPA por sus siglas en inglés) en 1970. A finales de esa década, casi todos los países del Norte habían establecido algún tipo de ministerio o agencia de protección del medio ambiente. En el Sur, se tardó un poco más. Ecuador, por ejemplo, solo estableció su Ministerio de Ambiente en 1996, irónicamente albergando sus oficinas temporales sobre una sala de venta de vehículos 4×4, devoradores de gasolina.

Algunos podrán estar en desacuerdo con mi cronología de los costos irrecuperables de la teoría económica y la transición a los límites institucionales. Citarán la contrarrevolución de Ronald Reagan que anunció la desregulación masiva mientras pregonó el capitalismo salvaje. El optimismo fue de rigor durante la presidencia de Reagan (1980–1988) y el ecologismo, el cáliz de quienes profesaban su desastre. Según el pensamiento de Reagan, los árboles liberaban más CO2 que los carros, y la erupción del Monte Santa Helena, más dióxido de azufre que la flota de automóviles existente en todo el mundo. Lo que el ex-actor le hizo a la ciencia, también se lo hizo a la economía. La nueva "Reaganomics" (economía al estilo de Reagan) se basaba en el improbable supuesto de que recortes fiscales al impuesto sobre los ingresos aumentarían los ingresos fiscales. El experimento se realizó durante el mandato de Reagan con resultados sorprendentemente desastrosos: el déficit se disparó al doble de lo que habían previsto los "pesimistas" contrarios al oficialismo. A pesar de que los miembros de la profesión económica repugnaban la denominada "Reaganomics", pocos se percataron cuán cómplice fue la teoría económica ortodoxa. Con respecto a la regulación y contaminación, el lenguaje obtuso de la economía contrastaba con las prescripciones inequívocas de la "economía del lado de la oferta". Economistas ortodoxos veían la contaminación como un problema técnico a la espera de una solución técnica, proveniente de economistas que experimentaban con modelos matemáticos.[14] En muchos sentidos, El Informe Stern es la culminación de la espera y el rechazo a prolongar la misma.

A diferencia de los profesores de economía, los políticos viven a corto plazo y siempre han sentido "la feroz urgencia del presente". En los EE.UU. una sucesión de gobiernos, tanto republicanos como demócratas (Reagan I y II, Bush-padre I, Clinton I y II, y Bushhijo I y II), rescindieron o se negaron a aceptar los nuevos límites institucionales propuestos en el extranjero (por ejemplo, el Protocolo de Kioto, el Convenio sobre la Diversidad Biológica, el Derecho del Mar). Aún peor fue que los partidos en el poder debilitaron los límites institucionales previamente impuestos desde dentro (por ejemplo, las normas de la Eficiencia Media Corporativa de Combustible, la Ley de Agua Limpia, la Ley de Aire Limpio, etcétera). En otras palabras, desde Reagan I hasta Bush-hijo II, los intereses creados lograron desplazar los costos al mundo exterior y a futuras generaciones de estadounidenses. No obstante la resistencia interna existía y ésta era rotundamente ridiculizada. Walter Mondale, el contrincante demócrata de Reagan en la carrera presidencial de 1984 hizo campaña contra "la economía de la tarjeta de crédito" y sufrió la más aplastante derrota jamás registrada (49 de los 50 estados). El éxito en el desplazamiento de costos alcanzó su apogeo bajo el descaro de George W. Bush, quien ha sido bautizado como "el fiel heredero del conservadurismo".

Cabe preguntarse, ¿dónde estaba el resto del mundo? Los líderes de otros países miembros de la OCDE se sentían avergonzados por los excesos de EE.UU., pero no lo suficiente como para decir que no. Su beneplácito al "Consenso de Washington" impuso la austeridad en países menos desarrollados. Entre los muchos horrores, la austeridad se tradujo en presupuestos reducidos para las agencias reguladoras. La pusilanimidad se mezcló con la hipocresía cuando un líder tras otro endosó la Agenda 21 – el plan global de acción para el desarrollo sustentable. Una vez firmado, sus nobles objetivos fueron rápidamente olvidados. Mediante el paso avasallador de la historia, la deuda ecológica de Norte a Sur, podría decirse que empezó desde el primer viaje de Colón, tomando una nueva y escalofriante forma en 1990: el cambio climático.

¿Por qué la sociedad civil tanto del Norte como del Sur no se opuso? La realidad sin embargo es que sí se opusieron. El lugar más visible de ello ha sido el Foro Mundial sobre el Desarrollo Sostenible – el anti-Davos que se celebra anualmente en el Sur. Otras acciones también han sido notables, pero rara vez se les ha dado difusión en los medios de comunicación corporativos. Por razones de espacio, mencionaré sólo una. El "Día de la Deuda Ecológica" se celebra cada año y, ocasionalmente, es cubierto por la BBC, pero nunca por los medios corporativos como CNN o FOX. El Día de la Deuda Ecológica oficia el día en que la humanidad habrá agotado los recursos que la naturaleza habría renovado durante todo el año. La inauguración del "Día de la Deuda Ecológica" fue el 19 diciembre de 1987 y en 2008 se cambió al 23 de septiembre. En resumen, el Sur nunca se quedó dormido en relación a sus derechos y, por ende, la doctrina de la negligencia procesal (laches) no puede ser invocada.

Es fácil criticar lo que pasó y mucho más difícil construir alternativas para el futuro. De hecho, el rechazo de la teoría económica debe significar la aceptación de otra cosa. Sorprendentemente, esa otra cosa no es nueva, no es radical, y tampoco está fuera de la historia del pensamiento económico. No es otra cosa que la ciencia convencional que está basada en lo que Albert Einstein estaba "convencido" era "la única teoría física de contenido universal respecto a ... que, en el marco de la aplicabilidad de sus conceptos básicos, nunca será derrocada". Me refiero a las implicaciones económicas de la termodinámica del siglo XIX y, más concretamente, a la termodinámica de no equilibrio del siglo XXI (TNE).

Así como la teoría económica es lo suficientemente simple para permitir un pequeño esbozo, también lo es la TNE. La primera ley de la termodinámica es que la materia y la energía se conservan. La segunda ley, también conocida como la ley de la entropía, es que el desorden aumenta en un sistema cerrado. Las aparentes contradicciones (por ejemplo, la vida, un cristal, una llama) son de hecho compatibles con la segunda ley cuando uno reconoce que el sistema de la Tierra está abierto y que el nuevo orden es a costa de incrementar el desorden creciente de la gradiente de energía (por ejemplo, los alimentos digeridos, el calor disipado en la cristalización, la cera de la vela quemada). Eric Schneider pionero de la TNE, y Dorion Sagan, escritor de ciencia, lo propusieron de esta manera: "Hay varias diferencias entre las gradientes alimentadas por los sistemas cíclicos del tiempo y los de la vida. Los sistemas vivos, por ejemplo, a pesar de ser de gradiente y cíclicos, persisten en su conjunto mucho más tiempo que el sistema de tormentas promedio. Sin embargo, tanto los sistemas de tormentas y los de la vida pertenecen a la misma categoría. Ambos son sistemas de la TNE".

Con la psiquis pública preparada mediante la turbulenta década de los sesenta, la teoría económica estaba lista para un verdadero Gestalt en los años setenta. En 1971, Nicholas Georgescu-Roegen publicó La ley de la entropía y el proceso económico, y en 1973, E.F. Schumacher publicó Lo pequeño es hermoso: La economía como si la gente importara. Georgescu-Roegen conceptualizó la asignación de recursos como flujos metabólicos de materia y energía que se mueven constantemente hacia el sumidero; Schumacher defendió tecnologías apropiadas para manejar esos flujos y "obtener el máximo nivel de bienestar por la mínima cantidad de consumo". Herman E. Daly, podría decirse el estudiante más ilustre de Georgescu-Roegen, elaboró las implicaciones en Steady State Economics (La economía del estado estacionario) (1977) y puso en marcha los principios operativos del desarrollo sustentable. Una escuela identificable de pensamiento había surgido, pero fue recibida con un silencio absoluto por la teoría económica. En el prefacio a la segunda edición de Steady State Economics (1991), Daly comentó que la primera edición fue "vorazmente ignorada por los economistas de las principales universidades, [aunque] logró captar la atención de muchos biólogos". En el nuevo milenio, es mucho más difícil el "vorazmente ignorar" la economía ecológica, ya que las revistas académicas, textos de estudiantes universitarios, y las grandes sociedades internacionales se han unido bajo su bandera. No obstante, no es imposible que se la ignore. El Informe Stern no indexa la economía ecológica, tampoco la termodinámica, y continúa con la práctica de la economía ortodoxa como de costumbre.

Así como la teoría económica ofrece la posibilidad de un simple diagrama para representar la asignación de recursos, también lo hace la termodinámica. Sin embargo, es todo lo contrario a un círculo. Georgescu-Roegen, escribe:

Ninguna otra concepción podría estar más lejos de la correcta interpretación de los hechos. Incluso si sólo el hecho físico del proceso económico se tiene en cuenta, este proceso no es circular, sino unidireccional. Sólo en cuanto a lo que este aspecto se refiere, el proceso económico consiste en una transformación continua de baja entropía en alta entropía, es decir, en desecho irrevocable o, bajo un término tópico, en contaminación.


(Continues...)

Excerpted from La Economía de la Iniciativa Yasuní-ITT by Joseph Henry Vogel. Copyright © 2012 Joseph Henry Vogel. Excerpted by permission of Wimbledon Publishing Company.
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Table of Contents

Comentarios del traductor; Prólogo; Prefacio; Introducción; Agradecimientos; Abreviaciones y Siglas; Capítulo 1. La termodinámica: La lengua escogida delimita el debate; Capítulo 2. La tragedia de los comunes: Una clase  de problemas que no tiene solución técnica; Capítulo 3. La ignorancia voluntaria de la realpolitik: ¿Fallos del mercado o éxito en el desplazamiento de costos?; Capítulo 4. La teoría general del segundo mejor: Una justificación rigurosa para una propuesta intuitivamente justa; Capítulo 5. A través del cuello de botella de una economía de vaquero: Financiación de proyectos ya preparados; Conclusiones: Motivos de esperanza y de desesperación; Apéndice: Filmografia anotada de YouTube; Notas; Índice

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Doug Macdougall

“Un trampolín para una exploración sucinta y apasionada de la economía del cambio climático antropogénico… Hace lo que todos los buenos libros deben hacer: hace pensar.” —Doug Macdougall, Profesor Emeritus, Institución Scripps de Oceanografía y autor de “Nature’s Clock: How Scientists Measure the Age of Almost Everything” (El reloj de la naturaleza: Cómo los científicos determinan la edad de casi todo).

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“Un trampolín para una exploración sucinta y apasionada de la economía del cambio climático antropogénico… Hace lo que todos los buenos libros deben hacer: hace pensar.” —Doug Macdougall, Profesor Emeritus, Institución Scripps de Oceanografía y autor de “Nature’s Clock: How Scientists Measure the Age of Almost Everything” (El reloj de la naturaleza: Cómo los científicos determinan la edad de casi todo).

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