La Magia del LEREGO: Cambia tus energias: LEvantate, REnuevate y GOza

La Magia del LEREGO: Cambia tus energias: LEvantate, REnuevate y GOza

by Victor Florencio (El Nino Prodigio)

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Overview

La Magia del LEREGO: Cambia tus energias: LEvantate, REnuevate y GOza by Victor Florencio (El Nino Prodigio)

¡Estoy verdaderamente emocionado! Finalmente te ofrezco mi primer libro. El cual será tan tuyo como mío, y cuando abras sus páginas sabrás el por qué.

Este libro lo vamos a escribir tú y yo, capítulo a capítulo, y juntos descubriremos el poder mágico de mi famoso LEREGO.

A través de anécdotas de mi vida, recetas y rituales para toda fe y creencia, te voy a contar por qué me llaman El Niño Prodigio, y te voy a ayudar a LEvantarte, REnovarte y GOzar. Con estos tres sencillos pasos y mis experiencias místicas, te diré cómo dirigir tus energías y cómo cambiar aquello que no te gusta o no te sirve.

En la vida hay dificultades que no podemos evitar. Sin embargo, te puedo ayudar a sobrellevarlas gracias a una magia que me transmitieron mis seres de luz: la magia del LEREGO. Ahora mismo, ármate de valor y lee cada página con fe y confianza, sin miedo a lo que puedas descubrir dentro de ti.

Resguarda este libro en un lugar especial. Lo podrás consultar cada vez que necesites inspiración y una luz en tu camino. La Magia del LEREGO es la fórmula para aquel que necesite una guía espiritual en la vida.

Y tú, ¿estás preparado para progresar? Porque estás a punto de comenzar una aventura que te va a cambiar para siempre... ¡Bienvenido a La Magia del LEREGO!

Product Details

ISBN-13: 9781501171789
Publisher: Atria Books
Publication date: 12/19/2017
Series: Atria Espanol Series
Pages: 224
Sales rank: 59,793
Product dimensions: 5.50(w) x 8.37(h) x 0.50(d)

About the Author

Víctor (El Niño Prodigio) Florencio es el psíquico y astrólogo de Univision, consejero espiritual y uno de los expertos en astrología y sanación más reconocidos y queridos en el mundo.

Read an Excerpt

La Magia del LEREGO

Introducción

LO QUE SE HEREDA NO SE HURTA


Toda historia tiene un principio, una chispa inicial de donde salta toda la magia. Esta aventura mágica del LEREGO que estás a punto de leer se inició mucho antes de que yo naciera, porque soy un simple heredero de lo que otros comenzaron para que un día tú y yo pudiéramos estar aquí compartiendo estas páginas. Y ahora te voy a contar el relato de cómo empezó tanta magia.

—¡Víctor! —mi abuela Isabel me llamaba a gritos desde la cocina mientras yo me quedaba calladito, escondido en ese cuartito con olor a veladoras, rosas secas, lirios y albahaca.

A mi alrededor las llamas de las velas se meneaban y media docena de santos me miraban fijamente. Unos con sus ojos de vidrio, otros de madera tallada, otros pintados en un cuadro. San Santiago, la Virgen Dolorosa, San Carlos Borromeo, Santa Clara y, mi fiel compañera, Santa Ana, Anaísa, quien se convirtió en mi guía. Todos formaban parte del altar que había pertenecido a mi bisabuela.

—¡Víctor, cuento hasta tres! —me gritaba de nuevo mi abuela Isabel desde la cocina—. Uno… dos… y tres.

Isabel, quien en realidad era mi tía abuela, tía de mi madre, pero me crió como si fuera una verdadera abuela, entraba en el cuartito diminuto y suspiraba:

—Sé que estás aquí, Víctor. Dónde más si no. Aquí te la pasas jugando a no sé qué.

Escondido debajo de la cama, soltaba una carcajada y mi abuela, muy pícara, hacía como que se iba, cerraba la puerta y, cuando yo salía de mi escondite, ¡zas!, ahí estaba ella junto a la cama, silenciosa e inmóvil como los santos, esperando para atraparme.

—¡Ajá, te agarré! Vamos, Víctor, que se te enfría la comida. Desde luego, lo llevas en la sangre —siempre me repetía mi abuela Isabel.

Ese cuarto de servicio que tenía nuestra casa en Santo Domingo era mi lugar favorito. En ese cuartito con el techo ennegrecido por el humo de la lámpara de aceite y con el altar de la bisabuela en el suelo, pasaba tardes enteras y luego subía a la azotea a construir casitas con cajas, con maderitas o cualquier cosa que encontrara.

—Mira, Agustina, el niño te va a salir albañil —comentaban mis tíos admirados.

—¿Albañil? —mi madre les respondía—. Lo que está haciendo son casitas para sus santos, porque yo creo que va a ser vidente.

Y entonces mi madre contaba esa historia que tanto me gustaba escuchar: que en los últimos meses de embarazo tuvo varios sueños reveladores y que el más real fue el de una mujer blanca y rubia, llamada doña Ana, que le mostraba una bandeja de oro y le decía:

—Este es tu hijo, te lo presento. Va a ser muy conocido y lo llamarán el Niño Prodigio.

Mis tíos soltaban un largo “ohhhhhh” y me miraban con intriga.

Curioso nombre el de la mujer del sueño. Ana es Anaísa en la tradicional práctica religiosa de Las 21 Divisiones, tan típica de mi tierra. Ana, como la santa que terminó siendo mi aliada más cercana en mi largo viaje espiritual.

—Víctor —insistía mi abuela Isabel—, luego me sacas a Santa Ana al patio y le pones flores, porque siempre que lo haces me gano la lotería. Eres idéntico a tu bisabuela, que Dios la tenga en su gloria.

Y así es como, poco a poco, me enteré de quién fue mi bisabuela Petronila y de dónde me venía la disposición a jugar con los misterios de la vida. No llegué a conocerla, pues falleció muchos años antes de que yo naciera, pero sus santos y su magia en aquel cuartito me fueron contando todo acerca de ella.

Petronila Tiburcio fue una mulata muy guapa nacida en el siglo xix, que hablaba francés y a quien el mismo tirano Rafael Leónidas Trujillo Molina la consultaba en tiempos de la revolución. Petronila recibía muchos regalos por sus servicios, pero se mantenía humilde y ayudaba a todo el mundo, fueran presidentes o amas de casa. Era soñadora, aventurera y desprendida de todo. Practicaba el culto de Las 21 Divisiones, era curandera y llegó a ser una de las más famosas médiums de República Dominicana. Cuenta mi mamá que toda mujer que quería salir embarazada, nada más tenía que visitarla y Petronila le preparaba una de sus famosas “botellas”, un bebedizo con diferentes yerbas y raíces. También recetaba otra de sus famosas botellas para los hombres que perdían la libido. A las pocas semanas, las jóvenes regresaban con la buena nueva de la semilla en su vientre y los hombres con el ánimo levantado y dispuestos a ser los mejores amantes. Pero dicen que su mayor magia era la de ayudar a quitar obstáculos, resolver problemas y encontrar siempre esa luz que todos necesitamos para continuar en nuestro camino.

Estas y mil historias más de la bisabuela Petronila me acompañaban en nuestra casa del malecón, en la zona colonial de Santo Domingo. Allí transcurrieron los mejores años de mi infancia, rodeado del legado de la difunta médium y rodeado del amor de mi madre, de mi abuela y de mis tíos. Yo era el único que se acercaba a los santos de Petronila. Mi abuela se limitaba a prender velas y cambiarles el agua a las flores, dejando que el polvo se acumulara alrededor, y de vez en cuando les tiraba las cartas a sus amigas, mientras mi madre les leía la taza como diversión. No hay duda de que, entre todas las mujeres de mi familia, Petronila fue mi gran maestra espiritual desde el cielo. Yo fui el encargado de quitarle el polvo a sus santos que llevaban décadas esperando nuevas manos. Fue a través de su magia que aprendí a leer el Universo, el amor de Dios y las señales de la vida.

Ese cuartito con el altar de Petronila fue el primer capítulo y el primer paso para emprender el camino que me llevaría hasta ti, querido lector, y hasta el LEREGO.

Ahora ya sabes cómo empezó mi historia y que lo que se hereda no se hurta. Con la herencia de mi bisabuela estaba preparado para iniciar mi gran aventura de vida.

Bénédictions, ma chère Petronille.

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