La más extraordinaria historia jamás contada

La más extraordinaria historia jamás contada

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Overview

A menudo, la Biblia es enseñada como una serie de historias desconectadas, de donde se puede extraer alguna enseñanza moral. Pero esto no es la intención de Dios con Su palabra. Existe una gran historia a través de todas sus páginas y Jesucristo es el centro de ella. Otras historias son solo capítulos en LA historia. En este libro, el pastor y maestro Sugel Michelén, nos comparte esta historia para jóvenes lectores. Las ilustraciones son del reconocido ilustrador: Enrique "Khato" Campdepadrós.


The Bible is often taught as a series of disconnected stories from which some moral teaching can be drawn. But this isn’t what God intended for His Word. There is one great story that runs throughout all its pages and Jesus Christ is at the center of it. Other stories are simply chapters in THE story. In this book, pastor and teacher Sugel Michelén, shares this Story with young readers. This resource is illustrated by world renown illustrator, Enrique "Khato" Campdepadrós.

Product Details

ISBN-13: 9781462765560
Publisher: B&H Publishing Group
Publication date: 11/01/2017
Sold by: Barnes & Noble
Format: NOOK Book
Pages: 48
File size: 16 MB
Note: This product may take a few minutes to download.
Age Range: 5 - 9 Years

Read an Excerpt

CHAPTER 1

En el principio ...

Hace mucho, mucho tiempo, cuando aún no existían los años ni los días, las horas o los minutos — a decir verdad, cuando solo existía Dios —, Él decidió crear todas las cosas según un plan que tenía en Su mente desde la eternidad. Dios quería compartir con Sus criaturas la felicidad y la alegría de conocer Su sabiduría, Su poder. Su amor y todas las otras características que hacen de Dios el ser más grandioso y maravilloso que existe.

Yo sé que lo que voy a decirte es difícil de entender, pero Dios siempre ha sido feliz teniendo comunión con Él mismo. Aunque existe un solo Dios, ese Dios no es una sola persona, sino tres: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, las tres personas de la Trinidad o el Dios trino."

Entonces, el Dios trino no nos creó porque se sintiera solo o porque le faltara algo, sino porque nos amó antes de que naciéramos; y por causa de Su amor, quiso darnos Su mayor regalo: la bendición y el gozo de conocerlo, admirarlo y ser amigos de Él.

Y fue así como todo empezó.

En pocos días, y con el poder de Su Palabra, Dios creó todas las cosas. Con solo decir: "¡Que haya luz!", la luz fue hecha. Así de poderoso es Dios. Él hizo las estrellas, los planetas, las plantas, los animales, las montañas, los ríos y los océanos, y muchas cosas más. Incluso creó unas criaturas que no podemos ver, a las cuales llamó ángeles, que le adoran y le sirven todo el tiempo.

Luego de que todas esas cosas fueron hechas, al sexto día. Dios hizo al hombre, la criatura más especial de la Tierra, porque era el único ser creado a Su imagen y semejanza. Así como te pareces a tus padres, pero también eres diferente a ellos, el hombre fue creado para parecerse a Dios, aunque en muchos aspectos. Él es maravillosamente único. Los seres humanos podemos pensar y sentir, podemos tomar decisiones racionales, así como saber lo que está bien y lo que está mal. Los animales no tienen esas capacidades, ¡y las plantas, mucho menos!

El primer hombre se llamó Adán, y la primera mujer Eva. Ellos fueron el primer matrimonio que hubo en la Tierra, y a ambos los colocó Dios en un jardín llamado Edén, lleno de árboles hermosos y frutas deliciosas, para que lo cuidaran y lo cultivaran en Su nombre." Adán y Eva debían tener hijos, que a su vez tendrían más hijos, hasta que la Tierra fuera llena de seres humanos que, al Igual que sus padres, reflejarían perfectamente el maravilloso carácter de nuestro Dios. En el jardín del Edén, Adán y Eva tenían todo lo que pudieran necesitar y eran absolutamente felices en comunión con Dios.

En medio del jardín. Dios puso "el árbol de la ciencia del bien y del mal",del que Adán y Eva no debían comer. Ese mandamiento fue la prueba que Dios les puso para que mostraran si estaban dispuestos a obedecerle en todo y a preferirlo por encima de todas las cosas.

Si obedecían a Dios y no comían de ese árbol, vivirían para siempre en completa felicidad, disfrutando de la comunión con Dios y trabajando para extender el jardín del Edén hasta llenar toda la Tierra. Pero, si desobedecían, las consecuencias serían terribles: en vez de amar a Dios y desear obedecerle, siempre sentirían deseos de hacer lo malo y de mantenerse lo más alejados posible de Dios, sus cuerpos comenzarían a debilitarse hasta morir y ya no podrían vivir en ese hermoso jardín. La felicidad de Adán y Eva dependía de que siguieran confiando en Dios y obedeciéndole. Pero algo muy triste sucedió ...

La desobediencia y la rebeldía de Adán y Eva

Había un ángel llamado Satanás que al principio era bueno y hermoso, como todo lo que hace Dios. Su alegría consistía en mostrar lo bueno y maravilloso que es Dios. Pero en algún momento. Satanás se llenó de orgullo y se volvió un ángel muy, muy malo." Y, como ahora es enemigo de Dios, nos odia también a nosotros por haber sido hechos a Su imagen.

Satanás no quiere que las personas conozcan, admiren y amen a Dios. Por eso, un día, mientras Eva se encontraba cerca del árbol prohibido. Satanás se le apareció en forma de serpiente', y quiso engañarla, diciendo:

— ¡Conque Dios les ha prohibido comer de todos los árboles del jardín!

— De los árboles del jardín podemos comer — respondió Eva —, pero al árbol que está en medio del jardín no debemos ni aun tocarlo, pues si lo hacemos, moriremos.

— ¡Eso no es cierto! — se atrevió a decirle Satanás —. Si deciden comer de ese árbol, en vez de morir, serán libres y felices, porque serán como Dios.

Satanás siempre ha usado la mentira y el engaño para llevar a las personas a desobedecer a Dios y alejarlas de Él. Lo hizo en el jardín del Edén y lo sigue haciendo con nosotros hoy.

Lo que sucedió fue muy triste, porque Eva decidió creerle a Satanás en lugar de creerle a Dios. No solo comió del fruto, ¡sino que convenció a Adán de que comiera también! Desde entonces, todas las cosas malas que Dios les había advertido que iban a suceder se cumplieron exactamente como Dios les habla dicho. Adán y Eva perdieron la amistad que tenían con Dios, ya no lo amaban ni deseaban obedecerle, sus cuerpos comenzaron a debilitarse hasta morir y fueron expulsados del Edén.

Como todos los seres humanos descienden de Adán y Eva, todos hemos sufrido las consecuencias de esa rebeldía; nacemos apartados de Dios y deseamos hacer lo malo, porque somos pecadores. La Biblia llama "pecado" a cualquier pensamiento, palabra u obra que sea contraria a los mandamientos de Dios. Pecamos cuando hacemos lo que Dios prohíbe y cuando dejamos de hacer lo que Él nos manda. Y, como Dios es santo y justo. Él tiene que castigar el pecado.

Pero ese no fue el fin de la historia ...

La gran promesa de Dios

Cuando Adán y Eva comieron del fruto prohibido, trataron de esconderse de Dios, pero Él los buscó y les hizo una promesa: un ser humano como ellos nacería de una mujer para salvar al hombre de las terribles consecuencias de haberle desobedecido a Dios y haberse rebelado contra Él. En ese momento, Adán y Eva no lo sabían, pero más tarde, Dios revelaría en Su Palabra que ese Salvador no era otro que Dios el Hijo, la segunda persona de la Trinidad, que iba a hacerse hombre para salvar al hombre. Esa es la gran historia de la Biblia: el cumplimiento de esa maravillosa promesa de salvación a través del héroe de esta historia: nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Sin embargo, ese plan iba a tener un costo muy alto, porque Dios es santo y justo y, por lo tanto, no puede perdonar nuestros pecados sin que alguien pague por ellos. Él no puede hacer nada malo ni dejar sin castigo al que hace lo malo. Además, el pecado ofende tanto a Dios que merecemos la muerte por todas las veces que desobedecemos Sus mandamientos. Cuando Adán y Eva fueron expulsados del Edén, Dios colocó dos ángeles muy poderosos a la entrada del jardín y una espada encendida que giraba hacia todas partes, para que no pudieran acercarse al árbol de la vida. De ese modo, Dios quería mostrarles que el regreso al paraíso era imposible para el hombre pecador. Alguien debía morir en nuestro lugar para que esas puertas pudieran abrirse otra vez, y que el hombre pudiera disfrutar de nuevo de la comunión con Dios.

Y Dios es tan bueno y misericordioso que estuvo dispuesto a pagar ese precio por amor a nosotros: la muerte de Su propio Hijo. Pero no nos adelantemos, porque todavía queda mucho para contar.

Una familia en problemas

Todos los hijos de Adán y Eva nacieron pecadores. Todavía se parecían a Dios en algunos aspectos, pero en otros, se habían vuelto muy diferentes a Él. Ahora, eran orgullosos, egoístas, mentirosos, envidiosos y, sobre todas las cosas, ya no amaban a Dios ni deseaban obedecerle. Tan malos se volvieron que uno de los hijos de Adán y Eva, llamado Caín, mató por envidia a su propio hermano, Abel. Y ese no fue el único caso. Toda la Tierra se llenó de violencia y de maldad, a tal punto que Dios decidió castigarlos por medio de un diluvio.

Pero, como Dios no olvida lo que promete, antes de enviar ese castigo, decidió salvar a la humanidad a través de un hombre llamado Noé. "Haré que llueva tanto que la Tierra completa quedará bajo el agua — le dijo Dios —. Pero he decidido salvar al mundo por medio de ti. Construye un gran barco en el que puedas entrar con tu esposa, tus hijos y sus esposas, y con una pareja de cada animal, para que la Tierra no sea destruida por completo".

Y, aunque nunca antes habla llovido, Noé le creyó a Dios. Esperó 120 años antes de que cayera el primer aguacero, pero en ningún momento dudó de la Palabra de Dios. Cuando llegó el día señalado, el diluvio cayó sobre la Tierra. Llovió y llovió y llovió durante 40 días y 40 noches. Pero la familia de Noé y los animales estuvieron seguros en el barco hasta que dejó de llover.

Por haberle creído a Dios, Noé y su familia se salvaron del castigo. Entonces, Dios les prometió que nunca más volvería a castigar la Tierra de ese modo y les dio el arcoíris como un recordatorio de esa promesa. Cada vez que veas un arcoíris en el cielo, recuerda que Dios es fiel, y que guardará a la humanidad hasta que se cumplan todas Sus promesas.

Una gran torre ... para la gloria del hombre

La familia de Noé se fue extendiendo por toda la Tierra, y con ellos, creció una vez más la maldad y el pecado. Dios había dado la orden de que los hombres se fueran a vivir por toda la Tierra, pero en vez de obedecer a Dios y confiar en Él, decidieron quedarse en el mismo lugar y construir una gran torre en un lugar llamado Babel. No construyeron esta torre para mostrar cuán sabio y bueno es nuestro Dios, que ha dado al hombre la capacidad de hacer cosas maravillosas. ¡La edificaron para mostrar su propia inteligencia y capacidad!Pero Dios sabe que los hombres solo estarán seguros y felices confiando en Él, así que decidió impedir que siguieran construyendo esa torre.

Hasta ese momento, todas las personas hablaban el mismo idioma; pero, entonces. Dios hizo que los hombres no se pudieran entender entre sí. ¡Cuando hablaban con los demás no podían entender absolutamente nada! Eso los forzó a agruparse según el idioma de cada uno y a esparcirse por toda la Tierra.

Así fue como surgieron los idiomas y las naciones.

Sin embargo, los hombres no pueden impedir que Dios lleve a cabo Su plan de dar a conocer lo bueno y maravilloso que Él es. Así que, al final de la historia, veremos cómo personas de todas esas naciones le dan a Dios la alabanza y la adoración que solo Él se merece. Nuestro Dios siempre gana y siempre cumple lo que promete.

Por eso, muchos años después del diluvio. Dios escogió a un hombre llamado Abram para hacer de él una nación de la que vendría el Salvador prometido, por medio del cual serían bendecidas todas las naciones de la Tierra.

El pueblo de la promesa

Abram y su esposa Sarai eran bastante viejos y no habían podido tener hijos. Pero un día, sucedió algo extraordinario ... Dios se le apareció a Abram" y le dijo: "Vete del lugar donde vives adonde yo te mostraré, porque voy a hacer de ti una gran nación que habitará en esa tierra donde vas".

¡Eso quería decir que Abram iba a tener un hijo, y nietos, y bisnietos, y tataranietos! Fue por eso que Dios cambió su nombre y lo llamó "Abraham", que significa "padre de mucha gente", y a Sarai, la llamó Sara, que significa "princesa".

Sin embargo, ¡lo más maravilloso que Dios le prometió a Abraham es que uno de sus "tataranietos" sería el Salvador prometido en el jardín del Edén!.

Por medio de ese Salvador, mucha, mucha gente recibiría la más grande de todas las bendiciones de Dios: volver a ser amigos de Dios y vivir en un lugar mucho más hermoso que el jardín en el que estaban Adán y Eva al principio. "Yo seré tu Dios y el de toda tu descendencia después de ti", afirmó Dios. Y, para asegurarle a Abraham que eso sucedería sin lugar a dudas, juró por sí mismo que lo iba a hacer.

Aunque parecía imposible que eso sucediera, Abraham le creyó a Dios; y por haberle creído, no solo recibió la bendición de tener el hijo prometido,al que llamaron Isaac, sino que Dios también le perdonó todos sus pecados. A partir de ese momento, Abraham se convirtió en amigo de Dios.

Isaac también tuvo un hijo llamado Jacob, al cual Dios le puso por nombre Israel, que significa "príncipe de Dios". Jacob a su vez tuvo doce hijos varones.

Me hubiera gustado decirte que los hijos de Jacob se llevaban bien, como deben llevarse los hermanos, pero no era así. Eran muchachos muy desobedientes, con excepción de uno de los más pequeños, llamado José. Jacob amaba a José y él amaba a su padre; pero sobre todas las cosas, José amaba a Dios y deseaba obedecerle. Sin embargo, sus hermanos le tenían envidia. Tan molestos estaban con él que decidieron venderlo a unos comerciantes que iban de camino a una nación muy grande que se llamaba Egipto. Después, le mintieron a su padre diciéndole que José había muerto.

Ya te puedes imaginar lo triste que estaba Jacob y, por supuesto, lo triste que estaba José. Ahora, estaba solo en una nación extraña y alejado de su familia. Pero, en realidad, no estaba solo. Dios estaba con José y, aunque pasó muchas dificultades, al final lo bendijo de tal manera que llegó a ser la persona más importante de Egipto después del faraón, el rey de los egipcios.

Unos años más tarde, hubo mucha hambre en la Tierra, pero en Egipto, había comida en abundancia, porque Faraón decidió seguir los sabios consejos de José Así preservó Dios a los hijos de Jacob, que tuvieron que viajar a Egipto a buscar alimento. ¡Imagínate la gran sorpresa que se llevaron cuando supieron que José estaba vivo y que había llegado a ser una persona tan importante! Pero, en vez de tratarlos como merecían, José perdonó a sus hermanos todo el mal que le habían hecho, porque sabía que, por encima de la maldad de ellos. Dios estaba llevando a cabo Su plan de proteger al pueblo de Israel, del cual vendría el Salvador.

Entonces, José pidió a sus hermanos que trajeran a su padre para que vivieran todos juntos en Egipto. Allí, la familia de Jacob creció y creció y creció, hasta llegar a ser una gran multitud. Dios estaba cumpliendo la promesa que le había hecho a Abraham de que su descendencia sería más numerosa que las estrellas del cielo y la arena del mar.

Pero ese crecimiento trajo un problema ...

Los israelitas son esclavizados en Egipto

Mientras vivió el faraón que era amigo de José, su familia la pasó muy bien en Egipto. Pero, con el tiempo, se levantó otro faraón que no conocía a José y que tuvo miedo al ver que la familia de Jacob se hacía tan grande. Entonces, decidió tratarlos muy mal y hacer todo lo posible para que no siguieran teniendo tantos hijos. ¡Hasta ordenó que mataran a los niños varones que nacieran de las madres israelitas! Pero, como Dios siempre gana y siempre cumple Su promesa, a pesar de todo lo que hacía el faraón, el pueblo de Israel se hacía más grande cada día.

Durante ese tiempo, una madre israelita tuvo un bebé y lo escondió por un tiempo para que no lo mataran. Cuando ya era imposible esconderlo, lo colocó en una canasta que puso a flotar en el rio, confiando en que Dios cuidaría de él. Y Dios no solo lo protegió, sino que hizo que la misma hija de faraón lo encontrara en el río y lo adoptara como su propio hijo. Le pusieron por nombre Moisés, que significa "sacado de las aguas". Dios también movió las cosas de tal manera que la princesa contrató a la madre del niño para que lo cuidara durante sus primeros años." Podemos suponer que, en ese tiempo, la madre de Moisés le contó sobre Dios y las promesas que había hecho.

Ya en el palacio de faraón, Moisés se crió como un príncipe. Tenía lo que a muchas personas les gustaría tener: riqueza, fama y comodidades." Tal vez, habría podido llegar a convertirse en el próximo faraón. Pero, cuando Moisés se hizo grande, decidió ponerse de parte de los israelitas, porque creyó que Dios habría de cumplir todo lo que había prometido. Un día, Moisés vio que un egipcio estaba maltratando a un israelita, así que decidió defenderlo y mató al egipcio. Eso molestó tanto al faraón que Moisés tuvo que salir huyendo de Egipto hacia un lugar que se llamaba Madián." En ese momento, Moisés tenía 40 años de edad.

Durante otros 40 años, continuó viviendo entre los madianitas, donde conoció a su esposa y tuvo un hijo. Todo parecía indicar que Moisés no iba a regresar a Egipto nunca más.

Pero Dios tenía otros planes ...

Una gran liberación

Un día, Moisés estaba pastoreando las ovejas de su suegro cuando vio algo muy extraño: un pequeño árbol encendido en llamas, pero que no se quemaba. Cuando Moisés se acercó a ver, Dios le habló desde el árbol, y le dijo: "Quítate los zapatos, porque estás pisando tierra santa. Voy a enviarte de nuevo a Egipto para liberar a mi pueblo". No es cualquier cosa estar en la presencia de Dios, porque Él es infinitamente santo y justo, y nosotros somos pecadores. Moisés debía aprender a respetar a Dios como Él merece.

(Continues…)



Excerpted from "La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada"
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Copyright © 2017 Sugel Michelén.
Excerpted by permission of B&H Publishing Group.
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