La Navidad oculta: La sorprendente verdad detrás del nacimiento de Cristo

La Navidad oculta: La sorprendente verdad detrás del nacimiento de Cristo

by Timothy Keller

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Overview

Aun esas personas que no practican el cristianismo piensan que conocen la historia del nacimiento. Cada exhibición navideña muestra a Jesús durmiendo en un pesebre decorando céspedes y cementerios y canciones sobre ángeles y pastores llenan la atmósfera. Pero a pesar de la abundancia de estas referencias cristianas en la cultura popular, ¿cuantos de nosotros hemos examinado los contornos de esta historia bíblica? En su nuevo libro, Timothy Keller lleva a los lectores a un viaje iluminado a las bases de la sorprendente historia de la natividad. Al comprender el mensaje de esperanza y salvación dentro de la Biblia y el nacimiento de Jesús, lectores experimentarán el poder redentor de la gracia de Dios de forma más profunda y significativa.


Even people who are not practicing Christians think they are familiar with the story of the nativity. Every Christmas displays of Baby Jesus resting in a manger decorate lawns and churchyards, and songs about shepherds and angels fill the air. Yet despite the abundance of these Christian references in popular culture, how many of us have examined the hard edges of this biblical story? In his new book Timothy Keller takes readers on an illuminating journey into the surprising background of the nativity. By understanding the message of hope and salvation within the Bible's account of Jesus' birth, readers will experience the redeeming power of God's grace in a deeper and more meaningful way.

Product Details

ISBN-13: 9781462765522
Publisher: B&H Publishing Group
Publication date: 10/01/2017
Pages: 128
Product dimensions: 5.60(w) x 8.60(h) x 0.60(d)
Age Range: 3 Months to 18 Years

About the Author


Los libros anteriores del Dr. Keller han vendido más de un millón de copias. Su Iglesia Presbiteriana Redeemer no es solo una presencia mayor en su base en Nueva York, sino que también ha ayudado a lanzar más de doscientas cincuenta otras iglesias en cuarenta y ocho ciudades alrededor del mundo. Sus enseñanzas ya han ayudado a millones, la mayoría de los cuales ora regularmente.


Dr. Keller’s previous books have sold more than one million copies. His Redeemer Presbyterian Church is not only a major presence in his home base of New York, it has also helped to launch more than two hundred fifty other churches in forty-eight cities around the world. His teachings have already helped millions, the majority of whom pray regularly.

Read an Excerpt

CHAPTER 1

Ha resplandecido una luz

El pueblo que andaba en la oscuridad ha visto una gran luz; sobre los que vivían en densas tinieblas la luz ha resplandecido [...]. Todas las botas guerreras que resonaron en la batalla, y toda la ropa teñida en sangre serán arrojadas al fuego, serán consumidas por las llamas. Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre sus hombros, y se le darán estos nombres: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Se extenderán su soberanía y su paz, y no tendrán fin.

isaías 9:2,5-7

Uno de los primeros indicios de la llegada de Navidad es la aparición de las luces. Luces en las calles, velas en las ventanas, brillo por todas partes. Las luces navideñas de la ciudad de Nueva York deleitan incluso a los residentes apáticos. Todo parece estar envuelto en millones y millones de estrellas. Esto es apropiado, porque el 25 de diciembre se encuentra en el período de mayor oscuridad en el mundo mediterráneo y en Europa, donde cobraron forma las celebraciones de Navidad. Pero las luces no son solo decorativas; también son simbólicas.

La oscuridad del mundo

Para hacer algo en una habitación, primero debes encender la luz, porque de lo contrario, no podrás ver ni hacer nada. Navidad contiene muchas verdades espirituales, pero será difícil captar las otras si no captamos esta primero. Es decir, que el mundo es un lugar oscuro y nunca encontraremos el camino o veremos la realidad a menos que Jesús sea nuestra luz. Mateo cita Isaías 9:1-2 cuando nos dice: «el pueblo que habitaba en la oscuridad ha visto una gran luz; sobre los que vivían en densas tinieblas ha resplandecido una luz» (Mat. 4:16). Juan declara sobre Jesús: «Esa luz verdadera, la que alumbra a todo ser humano, venía a este mundo. El que era la luz ya estaba en el mundo, y el mundo fue creado por medio de él, pero el mundo no lo reconoció» (Juan 1:9-10).

¿En qué sentido está «oscuro» el mundo? En la Biblia, el término «oscuridad» se refiere tanto al mal como a la ignorancia. En primer lugar, significa que el mundo está lleno de maldad y de indecibles sufrimientos. Mira lo que sucedía en el tiempo del nacimiento de Jesús: violencia, injusticia, abuso de poder, personas sin hogar, refugiados que huían de la opresión, familias destrozadas y angustia sin fin. Se parece mucho a la actualidad.

En segundo lugar, nuestro mundo está «en la oscuridad» porque nadie sabe cómo curar el mal y el sufrimiento que hay en él. Isaías 9:2: «El pueblo que andaba en la oscuridad ha visto una gran luz», es un famoso texto cristiano, consagrado en El Mesías de Handel como una de las profecías del nacimiento de Jesús. No obstante, es el final de Isaías 8 el que explica por qué necesitamos la luz de Dios. En los versículos 19-20, vemos cómo la gente consulta a los magos y a los agoreros en vez de a Dios. Luego, el capítulo termina: «Ustedes habrán de enfurecerse cuando, angustiados y hambrientos, vaguen por la tierra [ ...] y clavando la mirada en la tierra, sólo verán aflicción, tinieblas y espantosa penumbra; ¡serán arrojados a una oscuridad total!» (vv. 21-22).

¿Qué sucede aquí? Están «clavando la mirada en la tierra» y buscando los recursos humanos para arreglar el mundo. Buscan a sus expertos, a los místicos, a los eruditos para encontrar soluciones. Es verdad — dicen —, estamos en oscuridad, pero podemos sobreponernos por nuestros medios. La gente pretende lo mismo hoy en día. Algunos miran más al estado, otros al mercado y todos miran a la tecnología. Sin embargo, todos comparten la misma suposición. Las cosas están oscuras, pero creemos que podemos terminar con esa oscuridad mediante el intelecto y la innovación.

Años atrás, leí un aviso en el New York Times que decía: «El significado de Navidad es que el amor triunfará y todos podremos armar un mundo de unidad y paz». En otras palabras, nosotros tenemos la luz adentro y, por lo tanto, somos quienes podemos disipar la oscuridad del mundo. Podemos vencer la pobreza, la injusticia, la violencia y el mal. Si podemos trabajar juntos, podemos crear «un mundo de unidad y paz».

¿Podemos? Uno de los líderes mundiales más reflexivos de finales del siglo xx fue Václav Havel, el primer presidente de la República Checa. Se encontraba en una posición estratégica única, desde donde podía mirar de cerca y en profundidad el socialismo y el capitalismo, y no era optimista en cuanto a que alguno de los dos, por sí mismos, pudiera resolver los más grandes problemas humanos. Sabía que la ciencia que no está guiada por principios morales nos dio el Holocausto. Llegó a la conclusión de que ni la tecnología, ni el estado, ni el mercado por sí solos pueden salvarnos de los conflictos nucleares, de la violencia étnica o de la degradación del medio ambiente. «La búsqueda de una vida buena no ayudará a la humanidad a salvarse a sí misma, ni tampoco la democracia es suficiente — dijo Havel —. Se necesita una vuelta a Dios y una búsqueda de Él». Añadió que «la raza humana se olvida constantemente de que no es Dios».

El realismo de Navidad

A pesar de la sinceridad del anuncio del Times, el mensaje de Navidad no es que «podremos armar un mundo de unidad y paz». En realidad, es exactamente lo opuesto. Havel lo dice bien: la humanidad no puede salvarse a sí misma. Es más, argumenta que la creencia de que podemos salvarnos a nosotros mismos — que algún sistema político o alguna ideología pueden arreglar los problemas humanos — solo ha conducido a más oscuridad. Si, al igual que el filósofo Bertrand Russell, no crees que existe un Dios o alguna realidad sobrenatural y trascendente, y te vuelcas a la ciencia para que te ilumine, las cosas terminan cada vez más oscuras:

En líneas generales, aunque más carente de propósito y más vacío de significado, así es el mundo que la ciencia nos presenta para que creamos [...]. El hombre es producto de causas que no previeron el fin que alcanzaban; que su origen, su crecimiento, sus esperanzas y temores, sus amores y creencias no son más que el resultado de arreglos accidentales de átomos; que no hay fuego, ni heroísmo, ni intensidad de pensamiento y de creencia que puedan preservar a una vida individual más allá de la tumba; que todos los trabajos de las edades, toda la devoción, toda la inspiración, toda la brillantez del genio humano están destinados a la extinción en la vasta muerte del sistema solar, y que todo el templo del logro humano debe quedar sepultado inevitablemente bajo los escombros de un universo en ruinas [...]. Solo dentro del andamiaje de estas verdades, solo sobre el firme fundamento de la inquebrantable desesperación, puede, a partir de aquí, construirse de modo seguro la habitación del alma.

¡Vaya visión oscura! Además, confirma lo que vimos en Isaías 8: que si miramos solo a la tierra y buscamos los recursos humanos, la oscuridad empeora.

Por lo tanto, Navidad es la manera menos sentimental y más realista de ver la vida. No dice: «¡Alégrense! Si todos nos unimos, podemos hacer del mundo un lugar mejor». La Biblia nunca aconseja que seamos indiferentes a las fuerzas de las tinieblas; nos insta a resistirlas, pero no apoya ninguna ilusión de que podamos vencerlas por nosotros mismos. El cristianismo no está de acuerdo con los pensadores optimistas que dicen: «Podemos arreglar las cosas si nos esforzamos lo suficiente». Tampoco está de acuerdo con los pesimistas que solo ven una distopía futura. En cambio, el mensaje del cristianismo es: «Las cosas están muy mal y no podemos sanarnos ni salvarnos a nosotros mismos. La realidad es verdaderamente oscura; sin embargo, hay esperanza». El mensaje de Navidad es que «el pueblo que andaba en la oscuridad ha visto una gran luz». Fíjate que no dice que del mundo salió una luz, sino que al mundo vino una gran luz. Vino desde fuera. Hay una luz afuera de este mundo y Jesús ha traído esa luz para salvarnos, ya que Él es la luz (Juan 8:12).

El significado de la luz

Cuando Isaías habla de la luz de Dios que «ha resplandecido» sobre un mundo en oscuridad, hace pensar en la luz del sol como símbolo. La luz del sol trae vida, verdad y belleza.

El sol nos da vida. Si desapareciera, nos congelaríamos. El sol es fuente de toda vida. Asimismo, la Biblia dice que solo en Dios «vivimos, nos movemos y existimos» (Hech. 17:28). Existimos solo porque Él nos sostiene, nos mantiene unidos en todo momento. Tu ser es un préstamo de Su parte. Esto no solo comprende tu cuerpo físico, sino también tu espíritu y tu alma. Según la Biblia, hemos perdido la relación original, plena y correcta con Dios que teníamos al comienzo (Gén. 3:1-24). Por esta razón, en algún momento conoceremos la muerte física y por esto experimentamos la muerte espiritual ahora: pérdida de significado y esperanza, deseos adictivos y desordenados, un profundo descontento que no puede ser satisfecho, vergüenza y luchas con la identidad, y la incapacidad de cambiar.

El sol nos muestra la verdad. Si conduces un auto por la noche sin las luces encendidas, es probable que choques. ¿Por qué? La luz revela la verdad, cómo son las cosas en realidad, y no tendrás verdad suficiente para conducir el auto de manera segura. Así también, la Biblia dice que Dios es la fuente de toda verdad (1 Jn. 1:5-6). En un sentido, la única razón por la que puedes tener algún conocimiento es Dios. Él creó tu mente y tus facultades cognitivas. En otro sentido, no podemos conocer quién es Dios a menos que Él se nos revele, lo que hace en la Biblia. Solo a través de Él funciona tu capacidad para razonar y solo a través de Su Palabra, puedes comprender verdaderamente quién es Él y como consecuencia, quién eres tú, Su creación.

El sol es hermoso. La luz es deslumbrante y da alegría. Esto es así literalmente. En lugares donde solo hay unas pocas horas de luz de día en ciertos momentos del año, muchos sufren de depresión. Necesitamos la luz para tener alegría. Dios es la fuente de toda belleza y alegría. Como es bien sabido, San Agustín dijo: «Nuestros corazones están inquietos hasta que encuentran su descanso en ti» (Confesiones 1.1.1). Agustín creía que, aunque parezca que estás disfrutando de otra cosa, Dios es la verdadera fuente de tu alegría. Aquello que amas proviene de Él y es encantador porque lleva Su firma. Todo gozo verdadero se encuentra en Dios y todo lo que disfrutas de verdad es un derivado, porque en realidad, lo estás buscando a Él, aunque no lo sepas.

El resplandor de la luz

Entonces, solo Dios posee la vida, la verdad y el gozo que nos falta y que no podemos generar por nosotros mismos. ¿Cómo puede esta luz divina «resplandecer» o, como dice literalmente Isaías 9, «destellar» sobre nosotros? Los versículos 6 y 7, los más conocidos del capítulo, nos impactan con una respuesta sin rodeos. El texto nos dice que la luz ha venido «porque nos ha nacido un niño». Este niño la trae, porque es «Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz». Cabe destacar que los cuatro títulos que se le aplican a este niño pertenecen solo a Dios. Él es el Dios fuerte. Él es el Padre eterno, lo que significa que es Creador y, sin embargo, ha nacido. En ninguna otra religión importante existe una afirmación similar. Él es un ser humano. Sin embargo, no es alguna clase de avatar del principio divino. ¡Es Dios!

Resulta casi demasiado limitado decir que esto es lo que «celebramos» en Navidad. Nos quedamos boquiabiertos, perdidos en el asombro, el amor y la alabanza. En el resto de este libro, nos referiremos a todo lo que implica que Dios haya nacido en nuestro mundo. Tan solo mencionemos dos consecuencias aquí al comienzo.

En primer lugar, si Jesucristo es realmente Dios fuerte y Padre eterno, no puede simplemente gustarte. En la Biblia, la gente que vio y escuchó a Jesús nunca reaccionó con indiferencia; ni siquiera con tibieza. Cuando se daban cuenta de lo que decía ser, se asustaban, se enfurecían o se arrodillaban ante Él y lo adoraban. Pero a nadie simplemente le caía bien. Nadie dijo: «Es de tanta inspiración. Hace que desee vivir una vida mejor». Si el bebé que nació en Navidad es el Dios fuerte, entonces debes servirle por completo. Volveremos a considerar esta implicancia en el capítulo 3.

En segundo lugar, si Jesús es el Consejero admirable y el Príncipe de paz, deberías desear servirlo. ¿Por qué habría de llamárselo «consejero»? Cuando atraviesas una circunstancia sumamente difícil, es bueno conversar con alguien que ha recorrido el mismo camino, que conoce personalmente lo que estás pasando. Si verdaderamente Dios ha nacido en un pesebre, entonces tenemos algo que ninguna otra religión ha pretendido tener jamás. Es un Dios que te comprende de verdad, desde el interior de tu experiencia. Ninguna otra religión dice que Dios ha sufrido, que ha sido valiente, que conoce lo que es ser abandonado por los amigos, triturado por la injusticia, torturado hasta morir. Navidad muestra que Él conoce aquello por lo que estás atravesando. Cuando le hablas, te comprende.

Dorothy Sayers, una novelista y ensayista británica, dijo hace años:

La encarnación significa que cualquiera haya sido la razón por la que Dios nos permitió caer [...] sufrir, ser objetos de penurias y muerte, de todos modos, tuvo la sinceridad y el valor de probar su propia medicina [...]. No le exige al hombre nada que no se haya exigido a sí mismo. Él atravesó toda la experiencia humana: desde las molestias triviales de la vida familiar y las restricciones limitantes del trabajo duro o la falta de dinero, hasta los peores horrores del dolor, la humillación, la derrota, la desesperación y la muerte [ ...]. Nació en la pobreza y [...] sufrió infinito dolor — todo por nosotros — y pensó que bien valía la pena.

Isaías lo llama Consejero admirable, es decir, hermoso. Entonces, tal vez ahora, podemos vislumbrar quién es Él. Tenía la infinita altura de ser el Dios fuerte; sin embargo, se hizo como uno de nosotros, se enredó en nuestra condición, para conocer nuestra oscuridad. Nos salvó al ir a la cruz y todo lo hizo voluntariamente, por puro amor. Eso es hermoso. Cuando encontramos algo que es hermoso, que no es solo un deber, deseamos anidar allí y defenderlo porque es satisfactorio en sí mismo. Entonces, a la luz de todo lo que Él es y de lo que ha hecho por nosotros, esta es la razón por la que deberíamos obedecerle, no simplemente porque tenemos que hacerlo, sino porque lo deseamos.

En resumen, Jesús es la divina luz del mundo, porque trae nueva vida en reemplazo de nuestra muerte espiritual, porque nos muestra la verdad que sana la ceguera espiritual y porque es la belleza que rompe nuestras adicciones al dinero, al sexo y al poder. Como Consejero admirable, camina junto a nosotros aun a través de la sombra de muerte (Mat. 4:16), donde nadie más puede acompañarnos. Él es una luz para nosotros cuando todas las demás luces se apagan.

La luz de la gracia

Sin embargo, ¿cómo puede esta luz llegar a ser nuestra? Fíjate que no solo dice: «Porque nos ha nacido un niño». También agrega: «se nos ha concedido un hijo». Es un regalo. Solo puede ser tuya si estás dispuesto a recibirla como un regalo de gracia.

El versículo 5 también lo insinúa. Habla de una gran batalla, pero dice: «Todas las botas guerreras que resonaron en la batalla, y toda la ropa teñida en sangre serán arrojadas al fuego, serán consumidas por las llamas». Los comentaristas nos dicen que esta imagen significa que la gran victoria sobre el mal no requerirá de nuestra fuerza. No necesitaremos las botas de un guerrero ni armadura ni espada. Derrítanlas. Quémenlas. Habrá otro que peleará por ti. ¿Quién?

Isaías no nos lo dice aquí. Tienes que esperar hasta llegar a los «Cánticos del Siervo» de Isaías 42–55, donde el profeta señala a un misterioso libertador que vendrá. Sobre él, se nos dice: «Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados» (Isa. 53:5). Cuando Jesús fue a la cruz, pagó nuestra deuda de pecado. Si confiamos en la obra de Cristo a nuestro favor y no en nuestros esfuerzos morales, Dios nos perdona, nos acepta e implanta Su Espíritu Santo en nosotros para renovarnos desde dentro hacia fuera. Esta gran salvación, esta luz que resplandece sobre ti con toda su nueva vida, verdad y belleza, llega como un regalo. La única manera en que puedes recibirlo es admitir que es una gracia inmerecida.

Navidad tiene que ver con recibir regalos, pero piensa en lo desafiante que es recibir cierta clase de regalos. Por su naturaleza misma, algunos regalos hacen que tengas que tragarte el orgullo. Imagina si abrieras el regalo de un amigo la mañana de Navidad ... y fuera un libro de dietas. Luego, quitas la cinta y el envoltorio de otro, y te encuentras con otro libro de un amigo ... Cómo vencer el egoísmo. Si les dices: «Muchas gracias», en un sentido estás admitiendo: «porque, en realidad, soy gordo y odioso». En otras palabras, es difícil recibir algunos regalos, porque hacerlo es admitir tus fallas y debilidades, reconocer que necesitas ayuda. Tal vez en alguna ocasión, tuviste un amigo que se enteró de que estabas en problemas financieros y se acercó a ti para ofrecerte una gran suma de dinero para sacarte de tu aprieto. Si alguna vez te sucedió, probablemente descubriste que recibir el regalo significaba tragarte el orgullo.

(Continues…)



Excerpted from "La Navidad Oculta"
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Copyright © 2017 Timothy Keller.
Excerpted by permission of B&H Publishing Group.
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Table of Contents

Introducción,
capítulo 1: Ha resplandecido una luz,
capítulo 2: Las madres de Jesús,
capítulo 3: Los padres de Jesús,
capítulo 4: ¿Dónde está el Rey?,
capítulo 5: La fe de María,
capítulo 6: La fe de los pastores,
capítulo 7: Una espada en el alma,
capítulo 8: La doctrina de Navidad,
Notas,

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