La Oracion en Armonia con Dios

La Oracion en Armonia con Dios

by Andrew Murray

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Overview

Through these fifteen practical and powerful lessons about prayer the author, Andrew Murray, shows the reader how biblical principles can be applied in prayer today. You will be encouraged to put in practice each one of these lessons and see how your prayer life will transformed.

Product Details

ISBN-13: 9789875572935
Publisher: Peniel
Publication date: 09/09/2010
Pages: 176
Product dimensions: 4.20(w) x 6.60(h) x 0.30(d)
Age Range: 18 Years

About the Author

Andrew Murray es recordado como una fuerza espiritual dinamica, un lider eclesiastico, evangelista y misionero. Entre sus libros se encuentran Escuela de la obediencia y Escuela de la oracion.

Read an Excerpt

LA ORACIÓN en armonía con Dios

Cuando Dios y el hombre tocan la misma música
By Andrew Murray

Zondervan

Copyright © 2010 Editorial Peniel
All right reserved.

ISBN: 978-987-557-293-5


Chapter One

"Yo sabía que siempre me oyes"

Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes. —Juan 11:41-42

Mi hijo eres tú yo te engendré hoy ... Pídeme, y te daré. —Salmos 2:7-8

En el Nuevo Testamento encontramos una distinción hecha entre la fe y el conocimiento. "Pues a uno le es dada palabra de sabiduría por el Espíritu; a otro, palabra de conocimiento según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu" (1 Corintios 12:8-9, énfasis añadido). En un hijo o en un creyente puede haber mucha fe con poco conocimiento. La simplicidad infantil acepta la verdad sin dificultad, y a menudo le importa poco darse a sí mismo o a otros cualquier motivo o razón de su fe, excepto esto: Dios lo dijo. Y es la voluntad de Dios que nosotros lo amemos y lo sirvamos, no solo con todo el corazón, sino también, con toda la mente; que podamos crecer en la divina sabiduría y belleza de todos sus caminos, sus palabras y sus obras. Solo de esta manera el creyente será totalmente capaz de acercarse y de adorar correctamente la gloria de la gracia de Dios. Y solo de esta manera nuestros corazones pueden inteligentemente llegar a conocer los tesoros de la sabiduría y del conocimiento que hay en la redención, y pueden estar preparados para entrar plenamente en la nota más alta de la canción que se levanta delante del trono: "¡Oh, profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!" (Romanos 11:33).

En nuestra vida de oración esta verdad tiene una total aplicación. Mientras que la oración y la fe son tan simples que el recién convertido puede orar con poder, la verdadera ciencia cristiana encuentra en la doctrina de la oración algunos de sus problemas más profundos. ¿Hasta dónde el poder de la oración es una realidad? Si es así, ¿cómo puede Dios conceder a la oración tan enorme poder? ¿Cómo puede la acción de la oración estar en armonía con la voluntad y los decretos de Dios? ¿Cómo pueden estar reconciliadas la soberanía de Dios y nuestra voluntad, la libertad de Dios y la nuestra?

Estas y otras preguntas similares, son temas apropiados para la meditación y la investigación cristianas. Cuanto más seriamente y con reverencia nos acercamos a tales misterios, más vamos a postrarnos maravillados delante de Él para adorarlo, para alabar a quien dio al hombre tan grande poder mediante la oración.

Una de las dificultades secretas con respecto a la oración, un problema que aunque no sea expresado, a menudo realmente puede estorbar a la oración, se deriva de la perfección de Dios en su absoluta independencia de todo lo que está fuera de Él. ¿No es Él, el Ser Infinito, quien debe todo lo que es a Él mismo, quien se determina a sí mismo, y cuya sabia y santa voluntad ha determinado todo lo que tiene que ser? ¿Cómo puede la oración influenciarlo, o por la oración ser movido a hacer lo que de otra manera no sería hecho? ¿No es la promesa de una respuesta a la oración simplemente una condescendencia hacia nosotros? ¿Es lo que se dice del enorme poder de la oración, algo más que una adaptación a nuestro modo de pensar, debido a que la deidad nunca puede ser dependiente de ninguna acción sin una razón para hacerlo? ¿Y no es la bendición de la oración simplemente la influencia que ejercita sobre nosotros?

En la búsqueda de una respuesta para estas preguntas, encontramos la clave en el mismo ser de Dios, en el misterio de la Santa Trinidad. Si Dios fuera una sola persona, encerrado en sí mismo, no podría haber ningún pensamiento de cercanía hacia Él o de influencia sobre Él. Pero en Dios hay tres personas. En Dios tenemos al Padre y al Hijo, quienes tienen en el Espíritu Santo su lazo viviente de unidad y comunión.

Cuando el amor eterno engendró al Hijo, y el Padre dio al Hijo como a la segunda persona, un lugar próximo a Él como su igual y su consejero, había un camino abierto para la oración y su influencia en lo más profundo de la vida de la Deidad. Así como en la tierra, en el cielo, toda la relación entre el Padre y el Hijo es una relación de dar y tomar. Y si ese tomar es tan voluntario, como el dar, debe haber por parte del Hijo un pedir y recibir. En la santa comunión de las personas divinas, este pedir del Hijo era una de las grandes operaciones de la triple y bendita vida de Dios. De aquí tenemos en el Salmo 2:7-8: "Mi hijo eres tú, yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré". El Padre dio al Hijo el lugar y el poder de actuar en Él. El pedir del Hijo no era una simple muestra ni tampoco una sombra, sino uno de aquellos movimientos en los que el amor del Padre y el Hijo se encontraban y se completaban el uno al otro.

El Padre había determinado que no estaría solo en su consejo: había un Hijo en cuyo pedir y aceptación dependería su cumplimiento. Y por eso, había en el mismo ser y vida de Dios un pedir del cual la oración en la tierra tenía que ser el reflejo y la salida. Y recordemos que Jesús dijo: "Yo sabía que siempre me oyes". Así como la relación de Hijo de Jesús en la tierra, no puede ser separada de su relación de Hijo en el cielo, así también su oración en la Tierra es la continuación y el complemento de su pedir en el cielo. La oración del hombre Jesucristo es el eslabón entre el pedir eterno del Hijo unigénito en el seno del Padre y la oración de los hombres en la tierra. La oración tiene su ascensión y su fuente más profunda en el mismo ser de Dios. En el seno de la deidad nada puede hacerse sin oración, el pedir del Hijo y el dar del Padre.

Esto puede ayudarnos de alguna manera a entender cómo la oración del hombre, que llega a través del Hijo, puede tener efecto en Dios. Los decretos de Dios no son decisiones hechas por Él sin referencia al Hijo, o a su petición, o a la petición que será enviada por medio de Él. De ningún modo. El Señor Jesús es el unigénito, la cabeza y el heredero de todas las cosas: todas las cosas fueron creadas por medio de él y para él, y todas las cosas consisten en él. En los consejos del Padre, el Hijo, como representante de toda la creación, siempre tuvo una voz. En los decretos del propósito eterno siempre hubo lugar para la libertad del Hijo como mediador e intercesor, y así también por las peticiones de todos los que se acercan al Padre en el Hijo.

Y si viene el pensamiento de que esta libertad y este poder del Hijo para actuar sobre el Padre están en desacuerdo con la inmutabilidad de los decretos divinos, no olvidemos que Dios no tiene como el hombre, un pasado al cual esté irrevocablemente ligado. Dios no vive en el tiempo con su pasado y su futuro; las distinciones del tiempo no tienen ninguna relación con Aquel que vive en la eternidad. Y la eternidad es un ahora actual, en la cual el pasado nunca es pasado, y el futuro es siempre el presente.

Para conocer nuestras debilidades humanas, La Escritura habla de decretos pasados y de un futuro que viene. En realidad, la inmutabilidad del consejo de Dios siempre está en perfecta armonía con la libertad para hacer en absoluto todo lo que quiere hacer. Y las oraciones del Hijo y de su pueblo son llevadas a los decretos eternos, y el efecto no es solo aparente, sino que el corazón del Padre se mantiene abierto y libre para escuchar cada oración que se levanta a través del Hijo, y que Dios, de hecho, se permite a sí mismo decidirse por la oración, a hacer lo que de otra manera no hubiera hecho.

La perfecta armonía y la unión de la soberanía divina con la libertad humana es para nosotros un misterio inescrutable, porque Dios como el Eterno sobrepasa todos nuestros pensamientos. Que sea nuestro consuelo y nuestra fuerza el estar seguros de que el poder de la oración tiene su origen y su seguridad, en la comunión eterna del Padre con el Hijo, y que por nuestra unión con el Hijo, nuestra oración es levantada y puede tener su influencia en la vida interior de la bendita Trinidad.

Los decretos de Dios no son armazones de hierro contra las cuales la libertad del hombre vanamente buscaría luchar. No. Dios mismo es el amor viviente, quien en su Hijo como hombre ha entrado en la más tierna relación con todo lo que es humano, quien por medio del Espíritu Santo lleva todo lo que es humano a la vida divina, y quien es libre para dar a cada oración humana, su lugar en el gobierno que Él tiene del mundo.

Es en la luz del amanecer de tales pensamientos que la doctrina de la Trinidad ya no es más una especulación abstracta, sino la viva manifestación del camino en el cual fue posible para el hombre el hecho de ser aceptado en la comunidad de Dios, y que su oración se convirtiera en un verdadero factor en el gobierno de Dios sobre esta tierra. Y podemos, como en la distancia, vislumbrar la luz que desde el mundo eternal brilla en palabras como estas: "porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre" (Efesios 2:18, énfasis añadido).

"Señor, enséñanos a orar"

¡Dios eterno! ¡El Dios Trino! Con profunda reverencia y con el rostro cubierto adoraría delante del santo misterio de tu divino ser. Y si te place, oh, tan glorioso Dios, descubrir algo de ese misterio, me inclinaría con temor y temblor para no pecar contra ti, al meditar en tu gloria.

¡Padre! Te agradezco porque llevas este nombre, no solo como el Padre de tus hijos aquí en la tierra, sino como habiendo subsistido desde la eternidad como el Padre de tu Hijo unigénito. Te agradezco porque como Padre puedes escuchar nuestras oraciones, porque desde la eternidad, tú has dado un lugar en tus propósitos a pedido de tu Hijo. Te agradezco porque pudimos ver en Él en la Tierra la bendita comunión que Él tenía contigo en el cielo; y cómo desde la eternidad en todos tus propósitos y decretos, ha habido un lugar para sus oraciones y para las respuestas a sus oraciones. Y te agradezco sobre todo, que por medio de su verdadera naturaleza humana en tu trono celestial, y por medio del Espíritu Santo en nuestra naturaleza humana aquí, se haya abierto un camino para que cada clamor de la necesidad humana pueda ser llevado hacia lo alto, y pueda tocar la vida y el amor de Dios y recibir en respuesta, absolutamente todo lo que pueda pedir.

¡Bendito Jesús! Como el Hijo, en quien el camino de la oración ha sido abierto, y quien nos da la seguridad de la respuesta, te rogamos, enseña a tu pueblo a orar. Permite que cada uno de nuestros días sea una señal de que somos hijos, para que, como tú, sepamos que el Padre siempre nos escucha. Amén.

(Continues...)



Excerpted from LA ORACIÓN en armonía con Dios by Andrew Murray Copyright © 2010 by Editorial Peniel. Excerpted by permission of Zondervan. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Table of Contents

Contents

1. "Yo sabía que siempre me oyes"....................7
2. "¿De quién es esta imagen?"....................17
3. "Yo voy al Padre"....................25
4. "Para que el Padre sea glorificado"....................33
5. "Si permanecéis en mí"....................43
6. "Mis palabras en vosotros"....................55
7. "Dad fruto, para que el Padre pueda dar lo que le pedís"....................63
8. "En mi Nombre"....................71
9. "En aquel Día"....................83
10. "He rogado por ti"....................93
11. "Padre, quiero"....................105
12. "¡Padre! No sea lo que yo quiero"....................113
13. "Si pedimos conforme a su voluntad"....................121
14. "Un sacerdocio santo"....................133
15. "Orad sin cesar"....................141
16. George Müller, y el secreto de su poder en la oración....................149

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