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Overview
Product Details
| ISBN-13: | 9781433645211 |
|---|---|
| Publisher: | B&H Publishing Group |
| Publication date: | 06/01/2017 |
| Edition description: | Spanish Language Edition |
| Pages: | 288 |
| Sales rank: | 428,825 |
| Product dimensions: | 5.90(w) x 8.90(h) x 1.20(d) |
| Age Range: | 3 Months to 18 Years |
About the Author
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La Predicación
Compartir la fe en tiempos de escepticismo
By Timothy Keller
B&H Publishing Group
Copyright © 2017 Timothy KellerAll rights reserved.
ISBN: 978-1-4336-4521-1
CHAPTER 1
Predicar la Palabra
El que habla, hágalo como quien expresa las palabras mismas de Dios.
1 Pedro 4:11
La exposición de tus palabras nos da luz.
Salmo 119:130
La Palabra de Dios y la habilidad humana
En el primer manual protestante, The Art of Prophesying [El arte de profetizar] (1592), William Perkins escribió: «Tan solo la Palabra de Dios debe predicarse, en toda su perfección y coherencia interna». Para muchos, esta puede parecer una observación evidente. Sin duda, un predicador o maestro cristiano debería comunicar la Biblia, afirman. En el momento cultural de Perkins, sin embargo, esto no era evidente. Para muchos predicadores de la época de Perkins, «la gracia [de Dios] no era irresistible. Necesitaba apoyarse en la elocuencia [...]. El fiel necesitaba el poder milagroso de la predicación para respaldar la Escritura».
En esa época, la predicación en Inglaterra se había llenado de pirotecnia verbal, un denso lenguaje florido, alusiones y citas de las obras clásicas, imágenes poéticas y ampulosa retórica. Sin duda, los predicadores comenzaban con pasajes bíblicos, pero dedicaban poco tiempo a desarrollar los textos. Parecía que pensaban que la Biblia necesitaba mucha ayuda. Se había perdido la confianza fundamental en el poder y la autoridad de la Escritura en sí.
William Perkins y sus contemporáneos reaccionaron contra «la oratoria refinada» de su época. Creían que el principal objetivo de la predicación se había perdido: debíamos dejar que la Biblia hablara por sí misma, de modo que pudiera derramar su propio poder. La primera parte de la breve obra de Perkins dedica un tiempo sustancial a establecer que la Biblia es la sabiduría perfecta, pura y eterna de Dios, y que tiene el poder de traer convicción a la consciencia y de penetrar el corazón. Perkins sabía que lo que el comunicador creía sobre el carácter de la Biblia tenía un impacto importante sobre su manera de abordarla. Como comunicadores de la Biblia, ¿sabemos realmente que la Palabra conlleva la autoridad y el poder propios de Dios? Si lo sabemos, estaremos más enfocados en revelar sus ideas que en usarla solo para apoyar las propias. «La predicación de la Palabra es el testimonio de Dios y la manifestación del conocimiento de Cristo, no de la habilidad humana», argumenta Perkins. Sin embargo, con rapidez, añade: «esto no significa que los púlpitos deban caracterizarse por falta de conocimiento y educación [...]. El pastor debería, y en efecto debe, usar libremente en privado las artes en general y la filosofía, así como emplear una amplia variedad de lecturas mientras prepara su sermón». Estas cosas «no [deberían] exhibirse con ostentación» ante la congregación.
Perkins se refiere a que el propósito de la predicación no es presentar los resultados de tu investigación empírica, razonamiento filosófico o búsqueda académica. Tampoco es intuir una revelación ni una carga (que crees que Dios ha puesto en tu corazón) y luego buscar un texto bíblico que te permita decirles a las personas lo que tú quieres decirles. El propósito de la predicación es predicar la Escritura con sus propias ideas, directrices y enseñanzas. En el proceso, como dice Perkins, podemos y debemos usar todas las «artes» para ayudar a los oyentes a entender lo que quiso decir el autor bíblico. Todo esto se hace en subordinación a la primera gran tarea de la predicación: predicar la Palabra de Dios y permitir que los oyentes perciban su misma autoridad.
La predicación expositiva y temática
¿Cuál es la mejor manera de hacerlo?
Hughes Oliphant Old ha escrito una serie magistral de siete volúmenes sobre la historia de la predicación. Old mira la predicación cristiana en cada siglo y cada rama de la iglesia (la ortodoxa oriental, la católica, la protestante histórica, la protestante evangélica y la pentecostal) y, al final del estudio, en iglesias de casi todos los continentes. El alcance y la variedad de su investigación son impresionantes. En su introducción a la serie, nombra cinco tipos básicos de sermones que distingue a través de los siglos, a los que llama expositivo, evangelizador, catequístico, festivo y profético.
Old define la predicación expositiva como «la explicación sistemática de la Escritura hecha en forma semanal [...] en las reuniones regulares de la congregación». A primera vista, los otros cuatro tipos de predicación pueden parecer bastante distintos uno del otro, pero en un aspecto fundamental son lo mismo. A diferencia de la exposición, estas otras cuatro formas de predicación no están siempre organizadas alrededor de un único pasaje de la Escritura. Esto se debe a que el propósito principal de cada una no es el desarrollo de ideas dentro de un solo texto bíblico, sino más bien la comunicación de una idea bíblica tomada de diversos textos. Old llama a este amplio enfoque predicación «temática» o «tópica». El objetivo del sermón temático puede variar. Quizás sea transmitir la verdad a los no creyentes (predicación evangelizadora) o instruir a los creyentes en un aspecto particular de la confesión o teología de su iglesia (predicación catequística). La predicación festiva ayuda a los oyentes a conmemorar en el año eclesiástico celebraciones como Navidad, Semana Santa o Pentecostés, mientras que la predicación profética se dirige a un momento histórico o cultural en particular.
Entonces, hay dos formas básicas de predicación: expositiva y temática. A lo largo de los siglos, ambas se han utilizado con amplitud y, como demuestra Old, ambas deben utilizarse. Por ejemplo, en el libro de Hechos, Pablo hizo una exposición bíblica en una sinagoga, pero empleó la oratoria temática, sin usar para nada la Escritura, en el Areópago. Todos sus puntos eran verdades tomadas de la Biblia, pero el método de presentación fue más como la oratoria clásica, mediante el cual enunció las tesis y argumentó para defenderlas. Para Pablo, no era apropiado ofrecer una minuciosa exposición bíblica a una audiencia que no solo desconfiaba de la Biblia, sino que ignoraba por completo incluso sus supuestos más básicos. Entonces, las oportunidades para evangelizar son un lugar donde puede ser más conveniente usar mensajes cristianos temáticos.
Hay otras ocasiones en que el mensaje básico que quieres compartir es bíblico, pero quizás no sea posible abarcar todo lo que la Biblia expone sobre ese tema a partir de un solo pasaje. Imagina que quieres enseñar a universitarios lo que la Biblia enseña sobre la Trinidad: que Dios es uno y tres. No hay prácticamente un solo texto bíblico que te permita explicar esta profunda doctrina bíblica. Entonces, necesitarás citar varios textos que apoyen la enseñanza. En la predicación expositiva, por el contrario, tu tarea es ir donde el texto individual te lleve. Los puntos del mensaje surgirán conforme se explica el texto y se extrae su significado.
Cabe señalar además que los dos tipos de predicación no se excluyen entre sí, y no es común encontrar formas absolutamente puras de cualquiera de los dos. En realidad, son categorías que se traslapan o dos polos de un mismo espectro. Incluso la exposición más minuciosa de un pasaje versículo por versículo suele referirse a otros lugares en la Biblia que tratan el mismo tema. Por ejemplo, si el Espíritu Santo aparece en tu texto, quizás necesites explicar Su igualdad divina con el Padre y el Hijo. El Espíritu Santo es una «persona», no una «cosa». Es probable que en tu texto no se mencione nada sobre la personalidad del Espíritu Santo, pero, a menos que des una breve visión general de la doctrina bíblica del Espíritu, el mensaje de tu pasaje será malentendido. Entonces, toda la predicación expositiva es temática en parte. Claro, cualquier sermón temático que es fiel a la Escritura consistirá de varias «miniexposiciones» de varios textos. Es decir, los pasajes de la Escritura que se usan para cubrir el tema deben explicarse dentro de su propio contexto.
La predicación expositiva fundamenta el mensaje en el texto, de modo que todos los puntos del sermón son puntos en el texto, y se enfoca en sus principales ideas. La interpretación del texto se alinea con las verdades doctrinales del resto de la Biblia (es sensible a la teología sistemática). Además, siempre sitúa el pasaje dentro de la narrativa de la Biblia, al mostrar cómo Cristo es el cumplimiento final del tema del texto (es sensible a la teología bíblica).
Argumentos a favor (en general) de la predicación expositiva
Así como en toda la historia de la iglesia ambas clases de predicación han sido necesarias, los predicadores y maestros cristianos de hoy necesitan verlas como formas legítimas que pueden usar con habilidad. Sin embargo, yo diría que la predicación expositiva debería proveer la dieta principal de la predicación para una comunidad cristiana. ¿Por qué? Se me ocurren al menos seis razones, aunque me extenderé en la primera con mayor detalle.
La predicación expositiva es el mejor método para exponer y comunicar tu convicción de que toda la Biblia es verdad. Este enfoque testifica que crees que cada parte de la Biblia es la Palabra de Dios, no solo temas particulares y no solo las partes con las que te sientes cómodo dando tu aprobación. Una confianza plena y una comprensión profunda de la autoridad y el origen divino de la Biblia son sin duda cruciales para un ministerio de enseñanza y predicación de la Biblia duradero y transformador. Una vez establecido esto, un enfoque expositivo que se sostenga en el tiempo (en el cual te aseguras de sacar el significado de cada texto, fundamentar todas tus afirmaciones en el texto y moverte a través de grandes trozos de la Biblia de forma sistemática) transmitirá mucho mejor a tus oyentes tu confianza en la Escritura.
No es suficiente tener un respeto general por la Biblia que quizás heredaste de tu formación. Como predicador o maestro, encontrarás muchas dificultades en la Biblia; e inevitablemente los autores bíblicos dicen cosas que no solo contradicen el espíritu de la época, sino también tus propias convicciones e intuiciones. A menos que tu comprensión de la Biblia, y tu confianza en su origen divino y autoridad, sean profundas y amplias, no podrás hacer el esfuerzo necesario para entenderla y presentarla de forma convincente. Tu falta de convicción se pondrá en evidencia en tu enseñanza pública, lo que debilitará su impacto. En vez de proclamar, advertir e invitar, estarás compartiendo, cavilando y conjeturando.
Sin duda, existe también el peligro de que un predicador del evangelio de la gracia sea dominante e innecesariamente dogmático en cuestiones donde los creyentes fieles difieren. Abordaremos este asunto más adelante. Aquí, quiero enfatizar el peligro de cometer el error opuesto. No es más eficaz ser apologético e inseguro que ser demasiado polémico y severo. Es importante el equilibrio. Como Timothy Ward escribe, «[si] el predicador ejerce demasiado poder, puede ser combatido. Si es demasiado débil, puede ser ignorado».
Una manera de desarrollar una adecuada confianza en la Escritura es ver lo que la Biblia afirma sobre sí misma. Comienza con un estudio y análisis exhaustivos del Salmo 119, y extrae todo lo que expresa sobre el carácter de la Escritura y su papel y utilidad en nuestras vidas. Luego, si quieres que tu comunicación dé fruto, hay varios libros y ensayos sobre la autoridad de la Escritura que son esenciales para que leas con cuidado y conozcas bien. Es importante saber no solo en general que la Biblia es verdad, sino también que, en la Escritura, las palabras de Dios son idénticas a Sus acciones. Cuando Él dijo: «¡Que exista la luz!», surgió la luz (Gén. 1:3). Cuando Dios le cambia el nombre a alguien, esto transforma a la persona (Gén. 17:5). La Biblia no dice que Dios habla y luego procede a actuar, que nombra y luego procede a dar forma, sino que el hablar y el actuar de Dios son la misma cosa. Su Palabra es Su acción, Su divino poder.
Entonces, ¿cómo escuchamos hoy la Palabra activa de Dios si no somos profetas o apóstoles que se sentaron a los pies de Jesús? Las palabras de Dios en la boca de los profetas (Jer. 1:9-10), que fueron escritas, siguen siendo las palabras de Dios para nosotros cuando las leemos hoy (Jer. 36:1-32). Ward sostiene que es fundamental para el predicador reconocer esto. «La acción dinámica permanente de Dios a través del Espíritu» está «sumamente relacionada al lenguaje y los significados de la Escritura». Es decir, mientras descubrimos el significado del lenguaje de la Escritura, Dios obra con poder en nuestras vidas. La Biblia no es solo información, ni siquiera solo información totalmente cierta. Es «viva y poderosa» (Heb. 4:12); es poder de Dios en forma verbal. Recién cuando comprendemos el significado de las palabras, Dios nos nombra y nos da forma y nos recrea.
Si tú, el comunicador cristiano, conoces y crees esta doctrina de la Biblia, esto tendrá una profunda influencia en tu manera de predicar. Si solo crees que el Espíritu puede, de una manera general, estar presente en la predicación de la Biblia en ciertas circunstancias, entonces es probable que socaves su poder y autoridad cuando predicas, al poner demasiado énfasis en tus propias experiencias o colocar la autoridad en la tradición y las creencias de tu iglesia y no en la Biblia en sí. O quizás uses la Biblia como una serie de sabios remedios para los problemas sociales contemporáneos y personales. No obstante, si crees que la predicación de la Palabra es uno de los canales principales para la acción de Dios en el mundo, entonces, con gran cuidado y confianza, descubrirás el significado del texto, con plena expectativa de que el Espíritu de Dios actuará en las vidas de los oyentes.
Por lo tanto, versículos conocidos que afirman que la Palabra de Dios es «como fuego, y como martillo que pulveriza la roca» (Jer. 23:29) no son mera retórica. He visto cientos de casos específicos en los cuales la Biblia en sí misma contenía el poder de penetrar la indiferencia espiritual de las personas de un modo que sobrepasaba mis poderes de oratoria. Pocas veces, incluso vinieron personas enojadas a hablar conmigo porque estaban seguras de que uno de sus amigos me había contado algo sobre ellas y yo las había señalado en el sermón. Con sinceridad, pude decirles que no tenía idea sobre su problema, que era la Biblia en sí misma ejerciendo su poder para poner de manifiesto «los secretos de su corazón» (1 Cor. 14:25). No me gusta que haya oyentes enojados, pero debo admitir que me encantan estas conversaciones.
Entonces, la razón principal a favor de la predicación expositiva es que esta expresa y libera nuestra creencia en toda la Biblia como la Palabra activa, autoritativa y viva de Dios.
Las otras razones para hacer de la predicación expositiva la dieta principal de la iglesia son más prácticas, pero no menos importantes. Una es que un meticuloso sermón expositivo permite que los oyentes reconozcan fácilmente que la autoridad no descansa en las opiniones o el razonamiento del que habla, sino en Dios, en Su revelación a través del texto en sí. Esto no queda claro en los sermones que apenas hacen referencia a la Escritura y dedican la mayor parte del tiempo a historias, extensos argumentos o meditadas cavilaciones. El oyente podría zafarse del incómodo mensaje al pensar: Bueno, esa es tu interpretación. La exposición sólida y clara, sin embargo, procura mostrar lo que significa el pasaje y demuestra mejor que lo que se dice no es el producto de la opinión o los prejuicios del que habla, sino que surge del texto autoritativo.
La predicación expositiva permite que Dios establezca el rumbo de tu comunidad cristiana. La exposición es una especie de aventura para el predicador. Te internas en un libro o en un pasaje, decidido a someterte a su autoridad e ir a donde te lleve. Sin duda, tienes que escoger qué libros y pasajes de la Biblia predicar, y cualquier estudiante experimentado de la Biblia conoce el contenido esencial de determinadas partes de la Biblia. Sin embargo, con la predicación expositiva, no puedes anticipar por completo lo que tu audiencia oirá durante las próximas semanas o meses. Cuando los textos se abren, pueden surgir preguntas y respuestas que ninguno podría haber previsto. Solemos pensar que la Biblia es un libro de respuestas para nuestras preguntas, y lo es. Pero, si de verdad dejamos que el texto hable, tal vez Dios nos muestre que ni siquiera estamos haciendo las preguntas correctas.
Por ejemplo, la gente moderna puede venir a la Biblia buscando respuestas a la pregunta «¿Cómo fortalezco mi autoestima y me siento mejor conmigo mismo?». Sin embargo, en los pasajes bíblicos sobre el pecado y el arrepentimiento, descubrirán que el problema humano más básico es que tenemos una visión demasiado elevada de nosotros mismos. Estamos ciegos a las profundidades de nuestro propio egoísmo y damos por sentado que tenemos la sabiduría para manejar nuestras propias vidas. Luego, en pasajes sobre la adopción y la justificación, las personas descubrirán que, al pedir «sentirse mejor consigo mismas», estaban pidiendo demasiado poco, en comparación con lo que nuestra nueva identidad en Cristo puede ser. En definitiva, desarrollar la Palabra de Dios con cuidado transformará nuestra forma de pensar, de tal manera que veremos la deficiencia de la lista original de preguntas que teníamos.
(Continues...)
Excerpted from La Predicación by Timothy Keller. Copyright © 2017 Timothy Keller. Excerpted by permission of B&H Publishing Group.
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Table of Contents
Contents
Introducción: Los tres niveles del ministerio de la Palabra,Prólogo: ¿Qué es una buena predicación?,
Primera parte: Servir la Palabra,
capítulo uno: Predicar la Palabra,
capítulo dos: Predicar el evangelio siempre,
capítulo tres: Predicar a Cristo utilizando toda la Escritura,
Segunda parte: Alcanzar a las personas,
capítulo cuatro: Predicar a Cristo a la cultura,
capítulo cinco : La predicación y la mente moderna (tardía),
capítulo seis: Predicar a Cristo al corazón,
Tercera parte: Con demostración del poder del EspÍritu,
capítulo siete: La predicación y el Espíritu,
Apéndice: Cómo escribir un mensaje expositivo,
Notas,
Interviews
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