Las 12 promesas del alma: Una gu?a para la sanaci?n espiritual

Las 12 promesas del alma: Una gu?a para la sanaci?n espiritual

by Sharon M. Koenig
Las 12 promesas del alma: Una gu?a para la sanaci?n espiritual

Las 12 promesas del alma: Una gu?a para la sanaci?n espiritual

by Sharon M. Koenig

Paperback

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Overview

Una guía para la sanación espiritual. Un libro de crecimiento espiritual, de inspiración y vida, cuyo propósito es llevarnos hacia la comunión con Dios de una manera práctica, con un lenguaje sencillo que invita a la reflexión profunda. Todos buscamos promesas de Dios hacia nosotros, pero este libro propone precisamente lo contrario, cómo recibir sanación espiritual por medio de mantener estas 12 promesas hacia nuestro Dios desde la tierra, para obtener la paz. Luego del éxito de su primer libro Los ciclos del alma, Sharon una vez más, busca conciliar su búsqueda con un Dios auténtico y lleva de la mano a sus lectores hacia las respuestas que ha encontrado en su propio viaje espiritual, dilucidando dudas y regresando a un Dios personal, al mismo Padre de Jesús, a la vez que nos recuerda algunas promesas para mantenernos caminando de su mano.Este libro es el resultado de una profunda investigación personal en busca del Dios verdadero, que incluye desde consejos de la vida práctica hasta lecciones sublimes de los primeros cristianos del desierto, para encontrarse con un nuevo rostro con el Dios Padre. Las lecciones de ayer, en las palabras de hoy.


Product Details

ISBN-13: 9780718079512
Publisher: HarperCollins Espa?ol
Publication date: 08/30/2016
Pages: 224
Sales rank: 1,117,531
Product dimensions: 5.40(w) x 8.30(h) x 0.70(d)
Language: Spanish

About the Author

Sharon M. Koenig es a utora best seller y conferencista internacional, conocida por su habilidad de comunicar profundas verdades espirituales de una manera sencilla y práctica. Sus escritos nacen de la búsqueda personal del verdadero significado de la existencia, motivada por grandes retos que experimentó y superó en su vida. El éxito obtenido con la quinta edición de su libro «Los ciclos del alma: El proceso de conexión» y su mensaje esperanzador, la han llevado a presentarse en importantes foros y medios de comunicación en Estados Unidos y Latinoamérica. “Sharon”, como es conocida en muchos países, se ha dedicado a mantener un vínculo con sus lectores para llevarlos de la mano en su propio proceso espiritual, con la ventaja de la experiencia de haber recorrido varias vertientes filosóficas hasta llegar a una simple conclusión que comparte aclarando dudas y regresando a casa, a un Dios personal, al mismo Padre de Jesús. Las lecciones de ayer, en las palabras de hoy.

Sharon disfruta del diseño, de la escritura, de viajar, leer y aprender más sobre su fe por medio de clases y profundos debates de teología y filosofía, especialmente del misticismo de los primeros cristianos del desierto. Actualmente reside con su hija adolescente en Miami.

Read an Excerpt

CHAPTER 1

Prometo reconocer mi verdadero ser

«Dios os ha dado una cara, y vosotras las convertís en otra».

— WILLIAM SHAKESPEARE

La búsqueda más intensa, y al mismo tiempo la causa de la mayoría de los temores y las adicciones que tratan de apagarla, es el resultado de lo que llamo «el miedo fundamental del ser humano», una angustia existencial que nace de la falta de certeza de quiénes somos y de no tener un sentido verdadero de la vida, lo que junto a la incertidumbre de no saber hacia dónde vamos y lo que sucederá después de la muerte, inconscientemente nos lleva a vivir con una ansiedad silenciosa, pero latente, que produce un vacío y una gran insatisfacción, sin importar lo alcanzado. Esa ansiedad es mejor conocida como miedo.

La ansiedad grupal nace de la falsa seguridad de estar a la merced de un mundo perecedero. En mi búsqueda por tantas vertientes, hallé que existen muchas filosofías con diversas historias sobre el comienzo de la vida y que igualmente existen muchas historias sobre su final. También pude ver que no todas estas historias me daban paz, porque muchas no tenían un dios ni un destino que me llenara, y lo que creemos sobre la muerte marca profundamente cómo vivimos en el presente. Si no tener un lugar donde pasar la noche es motivo de ansiedad para cualquiera, ahora imagina ¿cuánta más incertidumbre sentiremos por no saber dónde pasaremos la eternidad?

No es lo mismo pensar en una posibilidad abstracta y lejana de iluminación, o la de un lugar terrible, que saber que en cualquier momento, si lo eliges, puedes estar junto a Dios, en el mismo cielo. Una corrección de pensamientos y creencias sobre Dios, el origen y el fin de nuestra vida, cambió drásticamente mi presente y me llenó de paz.

MI HISTORIA

Fui una adolecente espiritual la mayor parte de mi vida, una nómada del alma. En mi pasado experimenté con una gran variedad de religiones y movimientos esotéricos y psicológicos. ¡Qué no he vivido en la búsqueda de mí misma! Pero debajo de toda esa masa de confusión filosófica y existencial, había una constante que nunca me dejó y que al final fue salvación. Era el mismo Dios personal olvidado, el que me habían mostrado en mi niñez, pero que por mucho tiempo rechacé por descripciones y explicaciones que creí más lógicas e intelectuales.

Unas palabras lo cambiaron todo; no es lo mismo aprender sobre Dios que conocerle. Tres palabras cambiaron en un segundo lo que años de meditaciones, búsqueda y experimentación no pudieron lograr. Tal como el Cantar de los Cantares; esas palabras fueron: «Muéstrame tu rostro».

¿QUÉ ES SER HUMANO?

Para reconocer nuestro verdadero ser, primero necesitamos comprender de dónde venimos. «Humano» significa ser nativo y hecho de la tierra (humus). Dice la tradición que somos la máxima creación de Dios, aunque viendo el pobre estado del planeta y todo lo que la inconsciencia humana destruye día a día, es difícil visualizar que los seres humanos alguna vez hayamos sido creados como la cumbre en la escala de la creación, incluso más altos que los mismos ángeles. Sin duda se nos ha olvidado nuestro origen, ya no recordamos quién nos creó, y además se nos ha extraviado la llave de nuestro destino.

Para saber quiénes somos también necesitamos conocer a quien nos creó, porque dice el mismo Génesis que Dios nos hizo a su «imagen» y «semejanza». Esto quiere decir que ser humano también significa ser parecido a Dios, que somos parte de su esencia y semejantes en sus cualidades. Ser semejantes a él implica que somos capaces de mostrar su reflejo en nosotros. Según esta verdad, en nuestra naturaleza vive el potencial de obtener parte de su divinidad, posibilidad que Dios mismo ha colocado en nuestro corazón, pero que para activarla se necesita nuestro regreso.

¿QUÉ SOMOS?

Por mucho tiempo fui fiel creyente de la filosofía que aseguraba que mi alma estaba atrapada dentro de un cuerpo del que tenía que escapar. Era una lucha eterna contra mí misma; no ayudaba que esa misma creencia asegurara que todo era una ilusión. El mundo no es una ilusión, tampoco es un sueño, pero nuestras percepciones, en ocasiones, pueden ser producto de una ilusión, especialmente cuando no caminamos con el discernimiento de Dios.

El mundo material y el mundo espiritual fueron creados por Dios y ambos son buenos. Dios es el Creador del cielo y la tierra, de todo lo visible e invisible, entiéndase el cielo como todo lo invisible y espiritual y la tierra como todo lo visible y material. Dios vio que todo, tanto lo material como lo espiritual, era «bueno». La creación no ocurrió en un momento, sino que es un proceso continuo del cual somos partícipes.

SI ÉRAMOS PERFECTOS, ¿QUÉ NOS SUCEDIÓ?

Solo Dios es perfecto, pero al principio de la creación estábamos más cerca de nuestro verdadero propósito, que es vivir en perpetua comunión con él. Somos parecidos a Dios porque fuimos creados a su imagen, para lograr que sus atributos y su semejanza crezcan en nosotros. El requisito es caminar de su mano, porque solo él es nuestra fuente de vida. Rechazarlo es precisamente la razón de nuestro estado actual, cuando elegimos caminar en contra de sus atributos de vida, amor, bondad y humildad, motivados por el mal sabor de la manzana prohibida del orgullo, la infidelidad, la ambición y el desamor. Ser semejante tampoco significa que somos el mismo Dios; aunque no podemos perder su imagen, todos los días perdemos la semejanza cuando nos alejamos de él. Si Dios es vida, mientras más alejados estemos de él, más imperfectos seremos y menos vida tendremos.

CUERPO, ALMA Y ESPÍRITU

Tenemos un cuerpo, un alma y un espíritu; somos tres, pero también somos una unidad. No es un error, somos similares a la Trinidad, así nos hizo Dios. Además del cuerpo que Dios hizo de la tierra, tenemos un alma, que es donde también reside la razón, la cual nos hace distintos a todos los otros seres creados en la tierra. Igualmente tenemos espíritu, el aliento que Dios sopló y que nos dio la vida.

Ciertamente para que la mente y el cuerpo estén en armonía, nuestra alma primero debe estar llena del espíritu y el amor de Dios, pero, si caminamos sin él, ocurrirá todo lo contrario: nuestro cuerpo, contaminado con los deseos de la tierra, dominará la mente con sus apegos y comprometerá el alma. Dios nos creó para tener dominio sobre la tierra, para cultivarla y cuidarla, pero, si nos alejamos, la materia y sus circunstancias serán las que inevitablemente tendrán dominio sobre nosotros. Es de sabios no aferrarnos al cuerpo y a cada uno de sus exigentes apetitos, porque algún día tendremos que dejar todo aquello que le da placer y seguridad, por las cosas eternas. No se trata de negar lo que sentimos, sino de dirigir el cuerpo en vez de obedecerle. Un alma y un espíritu bendecidos por Dios son el primer paso para ser verdaderamente libres.

En una ocasión escuché esta bella lección: de la misma manera que nuestro cuerpo, por estar compuesto de agua, necesita agua, nosotros, por ser parte de Dios y tener espíritu, necesitamos abastecernos de su Espíritu.

Disfrutar de unas emociones, un intelecto y un cuerpo sano es el resultado de tener a Dios en nuestro corazón. La solución es llenarnos desde arriba; el problema está en que hacemos todo lo contrario, en vano tratamos de satisfacernos desde abajo.

«Pongan toda su atención en el reino de los cielos y en hacer lo que es justo ante Dios, y recibirán también todas estas cosas».

EL FALSO YO. ¿CUÁL ES EL VERDADERO?

La mayoría de nosotros hemos olvidado quiénes somos y en su lugar hemos creado una identidad falsa que llamamos «yo». Este yo falso, moldeado por las opiniones de los demás, por nuestras sensaciones, la cultura, la educación terrenal y el deseo de ser aprobados, ha sustituido al verdadero ser y nos ha hecho olvidar nuestra fuente y lo que realmente somos. Gran parte de nuestras vidas nos la pasamos alimentándolo, protegiéndolo y engordándolo. Este es el yo que usualmente presentamos al mundo, mientras que el verdadero observa todo detrás de las ventanas entreabiertas de la vida.

Cuando el ser real vive escondido, no nos atrevemos a mostrarlo al mundo por miedo a recibir un gran rechazo; pensamos que si el mundo se enterara de quiénes somos realmente, estaría muy defraudado. Vivimos una especie de mascarada colectiva, y la mayor parte de nuestras vidas nos concentramos en encontrar nuevas formas para esconder nuestro ser verdadero y así asegurar la aprobación de los demás. Cambiamos nuestro atuendo como camaleones para ser aceptados, y a veces hasta recurrimos a endeudarnos para mostrar nuestro poder por medio de lo que ostentamos. El auto, la ropa, a quién conocemos, cuánto tenemos y lo que hacemos, todo se convierte en parte de nuestra carta de presentación.

Recordar quién eres es la clave de la libertad, mientras que la esclavitud nace de la ignorancia sobre ti mismo, porque aunque te creyeras libre, lo que no sabes sobre ti es precisamente lo que te encadena.

En el pasado traté con todo tipo de técnicas de control mental con el fin de vencer el sufrimiento y el apego, pero, aunque algunas ayudan, encontré que no hay sustitución para la guía de Dios. El desapego no es por voluntad propia, sino por gracia; también la paz, la fe, la esperanza y el amor llegan como consecuencia de nuestra insistencia y de una gran confianza al dejar nuestros asuntos en sus manos, porque nada da verdadera paz si no estamos dispuestos a entregar a Dios el objeto de nuestro apego. Es por esa razón que, aparte de los consejos que presento para la reflexión y observación, siempre verán una oración y una invocación a Dios; ya tendremos oportunidad de aprender algunas prácticas sencillas de oración para facilitar el pedir y escuchar la guía de Dios.

La voluntad propia sin la ayuda de Dios muy poco puede lograr para hacer un cambio real. No importa cuántas meditaciones y técnicas tratemos, si no se invita a Dios, aunque veamos mejoría, no estaremos gozando de todas las bendiciones que él quiere darnos. Se nos olvida que nadie quiere vernos más felices que él mismo, que nos creó.

Con Dios la vida es eterna, un solo segundo celestial lo pasamos en la tierra; sin embargo, insistimos en perder nuestro tiempo corriendo tras lo perecedero.

El cuerpo es un equipo muy sofisticado del que poco conocemos; a veces pareciera un traje de astronauta con el que caminamos en esta luna del destierro llamada Tierra, que marcha propulsado por cientos de botones, los cuales no entendemos. Existen ocasiones en que sin quererlo tocamos o nos tocan un botón equivocado de su gran panel de instrumentos, causando una serie de reacciones indeseables. Dentro de nosotros pareciera que hay varios que hablan, unos que escuchan y otros que reaccionan.

¿CÓMO RECONOCERNOS?

Nos reconocemos dirigiendo la mirada hacia quien nos dio su imagen; para conocernos primero necesitamos poder reconocer nuestra esencia; la ciencia del verdadero ser. Nos encontramos, al tener un encuentro con quien nos creó, al pedirle a Dios, él mismo nos guiará por medio de su propio ser unido al nuestro; escucharemos su susurro siempre y cuando lo permitamos, porque aunque está muy cerca, su comunicación a menudo se encuentra interrumpida por miles de interferencias, que son los deseos, rencores y miedos que viven en la atmósfera de este mundo, que aunque hermoso, es solo un pobre reflejo del verdadero. La solución es reconocernos, que es conocernos de nuevo al observarnos con la ayuda de Dios.

LA VOZ DEL PENSAMIENTO

Sin saberlo, nuestro horizonte está empañado o iluminado por esas voces que nos hablan como un eco que nace de nuestra conciencia. Muchas son opiniones emitidas desde nuestra programación personal. El problema surge porque la voz del pensamiento habla muy alto, pero a la vez es muy silenciosa para el resto de nuestros sentidos de censura.

«Como es tu pensamiento será tu corazón».

Todos preguntamos: ¿cómo saber cuál es la voz verdadera? La respuesta es otra pregunta: ¿cómo te hablaría un padre que te ama con todo su corazón? En caso de no poder ver las respuestas, lo que es común, entonces puedes decir:

Mi Dios, intercede en este pensamiento que no me hace sentir bien y muéstrame la verdad de esta situación, quiero verla con tus ojos.

No todos los pensamientos son ciertos, porque aunque están diseñados para guiarnos, algunos se basan en información cuestionable; otras veces, la voz acertadamente te invita a mirar más de cerca alguna causa interior que necesita tu atención. El verdadero discernimiento sucede cuando tomamos prestados los ojos de Dios para ver la verdad de cada situación.

Ante cualquier pensamiento, cualquier acción, cualquier conversación, es de sabios preguntar: mi Dios, ¿es cierto esto que me estoy diciendo? ¿Estoy enjuiciando? ¿Puedo ver esto de otra manera? ¿Puedo dejarlo ir? ¿Tiene remedio? ¿Cuál es la voluntad de Dios? ¿Qué haría Jesús con este pensamiento? ¿Me acerca este pensamiento a Dios o me aleja de su ser y de mi fe?

Prometo reconocer mi verdadero ser, no olvidar que este pensamiento que habla en voz alta dentro de mi mente no siempre es la voz verdadera, y necesito aprender a discernirla.

Pero no dejando de pensar, sino utilizando la mente para observar y percibir, sin dejar de cuestionar, al tiempo que invitamos a Dios para llenarla de su presencia. Un pensamiento negativo y uno sobre Dios no pueden estar en el mismo espacio. Dios siempre ganará esta batalla.

Un pensamiento equivocado puede manchar tu corazón.

LA LUPA MENTAL: CAUSA DE TODO MAL

Prometo estar alerta y preguntarme dónde está descansando mi pensamiento. No es el hecho en sí lo que define la intensidad de un pensamiento, sino son la atención, la interpretación y lo que nos decimos a nosotros mismos sobre lo ocurrido lo que causa sufrimiento. La atención es como una lupa que hace que un pensamiento se incremente, para luego atarse por medio de una cadena a una emoción creada por un significado que limita su verdadera percepción, usualmente desproporcionada con la realidad. Esta cadena nos ata al pensamiento que nos envenena por medio de la emoción. Vemos solo lo que la atención elige, por medio de lo que colocamos en el magnificador. Un ejemplo sencillo es el ruido de un aire acondicionado; puede haber dos personas en una misma habitación, pero solo a una le molesta y hasta puede encolerizarle, mientras que a la otra no le incomoda porque eligió no prestar atención.

Para tener paz se necesita pensar menos en los problemas y más en Dios y su gracia. Para poder ver sus soluciones, se necesita la valentía de confiar y permitir que tu mente esté llena de él, no de miedos y juicios.

De lo que esté llena tu mente, estará llena tu vida; mejor que sea de sus bendiciones. La desesperación y la fe no pueden convivir.

No puedes arreglar un problema con los mismos pensamientos que lo crearon, como tampoco puedes hacer una nueva hoguera con las cenizas del pasado. La mayoría de nuestras angustias llegan por la voz de la mente. El pensamiento más dañino es el que no se escucha, pero que usualmente se hace sentir por medio de un malestar indefinido.

SENTIR ES DE HUMANOS

La emoción, cuando es saludable, constituye una bendición. La raíz de esta palabra significa movimiento, y una emoción por lo regular nos invita a una acción. La claridad mental va a definir si la acción producirá una reacción automática o una respuesta consciente y responsable.

Las emociones más conocidas son la ira y el miedo, por eso muchos ven la emoción como algo negativo, pero no es así necesariamente, porque además de la tristeza, la ira y el miedo, no podemos olvidar que la sorpresa y la alegría también son emociones; por otro lado, se necesita observar que todas son variables.

MIEDO. ¿CÓMO SALIR DE DUDAS?

La duda sobre alguna elección que vayas a tomar puede ser hija del miedo, pero también puede ser amiga del discernimiento. El camino correcto trae paz, pero una inquietud que no se va debe escucharse ya que puede ser la alerta necesaria para no cometer una indiscreción; otras veces la cautela puede ayudarte a reaccionar a tiempo para evitar un mal mayor. Puedes disipar la duda alejándote emocionalmente de la situación y tomando un tiempo para orar antes de actuar.

La duda te dice que necesitas orar para que se te muestre más información y puedas confirmar si lo que habla en tu interior es realmente la voz de Dios. La conciencia iluminada por el discernimiento es esa voz del alma que te avisa cuando te has alejado de tus propios valores, que son el eco de la voluntad de Dios. El discernimiento te recuerda quién eres verdaderamente.

(Continues…)


Excerpted from "Las 12 Promesas del Alma"
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Copyright © 2016 Sharon M. Koenig.
Excerpted by permission of HarperCollins Español.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Table of Contents

Agradecimientos, ix,
Introducción, xi,
Capítulo 1: Prometo reconocer mi verdadero ser, 1,
Capítulo 2: Prometo recordar que en este mundo todo es temporal, 17,
Capítulo 3: Prometo aceptar lo que no puedo cambiar, 30,
Capítulo 4: Prometo nunca olvidar a quien me envió, 49,
Capítulo 5: Prometo entregar mi voluntad a Dios, 65,
Capítulo 6: Prometo no perder la fe y confiar en él, 81,
Capítulo 7: Prometo perdonar para sanar, 94,
Capítulo 8: Prometo vivir bajo su presencia y su gracia, 106,
Capítulo 9: Prometo soltar, a nada me puedo aferrar, 116,
Capítulo 10: Prometo ser su instrumento en cada lugar y cada momento, 135,
Capítulo 11: Prometo vivir en integridad y verdad, 150,
Capítulo 12: Prometo regresar a la comunión con Dios, 166,
Herramientas para mantener nuestras promesas, 177,
Guía de estudio, 195,
Notas, 197,

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