Lo que piensan los adolescentes

Lo que piensan los adolescentes

by Esmeralda Berbel

Paperback(Spanish-language Edition)

$20.95

Product Details

ISBN-13: 9788497778824
Publisher: Obelisco, Ediciones S.A.
Publication date: 12/30/2012
Edition description: Spanish-language Edition
Pages: 280
Product dimensions: 5.30(w) x 8.20(h) x 0.90(d)

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Lo que piensan los adolescentes


By ESMERALDA BERBEL

EDICIONES OBELISCO

Copyright © 2012 Esmeralda Berbel
All rights reserved.
ISBN: 978-84-9777-882-4



CHAPTER 1

Los chicos


Para preservar la identidad de los adolescentes, he cambiado los nombres reales por estos que ellos han elegido.

Gabriel: 15 años. Estudia bachillerato artístico. De padres catalanes. Tiene una hermana menor.

Bob: 16 años. Estudia 4.º de ESO. De padres catalanes. Durante el proceso del libro murió su padre. Tiene un hermano menor.

Arthax: 16 años. Estudia bachillerato artístico. De madre vasca y padre catalán, separados. Tiene una hermana menor.

Unai: 16 años. Estudia 4.º de ESO. De padres venezolanos, separados. Tiene un hermano mayor.

Martín: 16 años. Estudia bachillerato social. De padre argentino y madre italiana, separados. Hijo único.

Hugo: 17 años. Estudia bachillerato humanístico. De madre argentina y padre catalán, separados. Tiene un hermano mayor y una hermana menor.

Leonardo: 17 años. Estudia bachillerato artístico. De padres catalanes, separados. Hijo único.

Enrique: 17 años. Estudia bachillerato artístico. De madre catalana y padre andaluz. Tiene un hermano menor.

Aníbal: 17 años. Estudia bachillerato social. De madre catalana y padre mallorquín, separados. Tiene tres hermanos menores.

Andrés: 17 años. Estudia bachillerato científico. De madre castellana y padre gallego. Su padre murió cuando tenía cuatro años. Tiene un hermano mayor.

Xavi: 18 años. Estudia Ingeniería. De padres catalanes, separados. Tiene dos hermanos menores.

Cosmo: 18 años. Estudia Filología Hispánica. Durante el proceso del libro decide dejar la carrera y apuntarse a Técnico de Sonido. Tiene dos hermanos mayores.

Ian: 18 años. Estudió Auxiliar de Enfermería. Está en paro. De padre andaluz y madre catalana. Tiene dos hermanos menores.

CHAPTER 2

Primer encuentro


Unos días antes de empezar este libro decidí reunirme en mi casa con los trece chicos que componen el grupo para acordar, entre todos, qué día les iría mejor, qué temas querían debatir y cuándo les parecía bien empezar. Sabía que encontrar un día adecuado para todos podía ser muy difícil y que cabía la posibilidad de que alguno tuviese que ceder o incluso renunciar a participar. No fue así. Tardaron más de una hora en encontrar el día y cuando estábamos a punto de zanjar el tema, Andrés nos dice que a él ese día le iba realmente mal. Decidieron, sin ninguna queja, volver a empezar. Los dejé un rato solos para que lo resolvieran y en diez minutos decidieron que el sábado era un buen día. ¿El sábado! Sí, a las siete, ningún problema, ya saldremos luego. Fue una lección para mí, habían tenido en cuenta a uno sobre doce después de debatir más de una hora. Los temas nos interesan todos: «Ellas, las drogas, el sexo, el futuro laboral, etc. pero ya los decidiremos sobre la marcha». Les propuse un tema que a mí me interesa y que no habían comentado, los medios de comunicación actuales, el uso de los móviles, del Facebook, el WhatsApp, el Twitter, etc. Eso es un tema vuestro, Esme, no nuestro, nosotros hemos nacido así y además este tema pronto estará obsoleto. No es nuestro tema, es el vuestro.

—¿Y cuándo os iría bien empezar? –les pregunto.

—Ahora.

—¿Ahora?

—Sí, por qué no.

—No tengo grabadoras, no me he preparado, son casi las nueve ...

—Entonces el próximo sábado.

—¡Mola!

—¿Todos podéis este sábado?

—Sí, sí, claro que sí.

—Pues el sábado a las siete en la librería de Andrés.

Andrés se ocupa de que anoten bien la dirección, les explica cómo llegar y les da las gracias por haber cambiado el día. Se dan la mano, así como se dan la mano algunos hombres, con un golpe en las palmas y un fuerte apretón. A mí, algunos me dan dos besos, otros se alejan más tímidos. Los veo irse con esos gestos tan jóvenes y siento que el tiempo da la vuelta sin cesar. Antes yo ahí, ahora yo aquí. Veo un tatuaje, una extensión en los lóbulos, unos pantalones caídos, muy caídos, un pendiente de pluma, veo el contraste, las diferencias entre ellos, y veo cómo se miran y sonríen. Saben que ya son un grupo y que todos, eso esperamos, van a pasar más de seis meses contándose, contándome cosas. Los oigo comentar que a ver qué tal este libro, si se parecerá al de las chicas, de qué han hablado ellas, si alguno lo sabe, a ver cómo nos sale, va a ser una experiencia ...

—¡Mola! –repiten antes de cerrar la puerta de mi casa.

CHAPTER 3

Las chicas


Sábado, 16 de septiembre de 2011

—Antes de empezar con el tema me gustaría saber por qué habéis accedido a participar en este libro.

—Yo no lo sé realmente, pero cuando tú me lo propusiste no encontré el por qué no –dice Martín.

—Yo para conocer más opiniones –dice Arthax.

—Yo dije que sí para poder compartir cosas con gente de mi edad y ver lo diferente que lo puede estar pasando cada uno –añade Gabriel.

—¡Es emocionante! –dice Cosmo.

—A mí me da mucha curiosidad, creo que la idea está muy bien: una chica quiere hacer un libro sobre nosotros y considera que yo soy interesante, pues gracias, de verdad –añade Xavi.

—¡Una aventura! –dice Cosmo.

—Me pareció interesante venir, hablar, desahogarme un poco de lo que me está pasando y que los demás me escuchen y así puede que me ayuden –dice Unai.

—A mí me lo propusieron y dije vale, pues por qué no –añade Aníbal.

—A mí me llamó mucho la atención la idea y quería tratar con gente diferente, y como tampoco soy mucho de leer, pues a ver si así puedo leer un poco –dice Ian.

—¿Leer qué? –preguntan.

—Pues este libro –responde.

—Yo porque el hecho de salir en un libro pues me gustó (se ríe) de verdad –dice Andrés.

—Yo creo que eso lo hemos pensado todos –añade Cosmo.

—Y creo que lo que yo diga puede ayudar a mis hijos cuando lean por dónde he pasado de adolescente –añade Andrés.

—Yo por tener alguna buena experiencia –dice tímidamente Enrique.

—¿Y tú, Bob, que no has dicho nada?

—Opino lo mismo que los otros. Ya está todo dicho.

—Va, ¡las chicas! ¡Las relaciones con ellas! –dice Unai.

—Sí, empecemos –dice Bob.

—¿Quién se suelta? –pregunta Cosmo.

—¡Qué difícil es empezar!, ¿no?, yo creo que en cuanto uno empiece ya saldrá todo solo –dice Enrique mirando a sus compañeros.

—Empiezo –se anima Xavi–. Creo que las relaciones personales han cambiado tanto que casi nadie nos puede aconsejar, nuestros padres viven una vida completamente diferente de la nuestra y nos encontramos en una situación de incertidumbre. Cada uno tiene que hacer lo que le parece ...

—Pero de qué estamos hablando –dice Cosmo desconcertado.

—¡De las chicas! –responde Bob.

—¿Pero en qué sentido hablamos de ellas? –insiste Cosmo.

—En el que sea. De todo –responden.

—Claro, porque él ha empezado con las relaciones a un nivel tan profundo que no sé ..., mejor primero las cosas fáciles –interviene Martín.

—Yo a las tías no las entiendo, sinceramente –dice Enrique.

—¡Ahí, ahí está! –dicen y aplauden a coro.

—Yo creo que ni ellas se entienden porque son tan complicadas, tan rebuscadas y tan raras ... Nosotros somos más simples –añade Andrés.

—Pues se ve que esto tiene una explicación, se ve que el cerebro de las mujeres funciona distinto, es como otro órgano que no es un puto cerebro, es un cerebro que va distinto, así que no compartimos casi nada, sólo las putas neuronas, pero ya está, es como otra cosa, un tema diferente y nosotros no lo entendemos –dice Cosmo.

—Por eso siempre buscamos una razón a lo que hacen, un patrón, y claro, yo no lo encuentro –añade Xavi.

—Es al revés, son ellas las que siempre buscan una razón a todo –dice Aníbal.

—Es verdad, ellas cuando hacen algo lo hacen por algo y lo tienen todo muy bien pensado –continúa Andrés.

—Es mucho más complejo –dice Martín–. Nosotros podemos estar tres días sin pensar en un conflicto, sin reflexionar sobre él, relajados, ése quizá sería un patrón más nuestro, pero cada uno de nosotros es distinto, igual que estamos hablando de ellas como si se comportaron todas de igual forma, mientras que con cada una te sorprendes, no todas dicen lo mismo.

—Parece que ellas son un problema que queremos solucionar, ¿no? –reflexiona Xavi.

—¡Es que son un problema! –responde Andrés.

—Que molan pero no molan, ¡hostia! –añade Cosmo.

—Nosotros somos más fáciles –dice Gabriel.

—Y más tontos –añade Unai–. A mí me dice una cosa una tía y ya me voy detrás de ella como un tonto.

—¿Os habéis dado cuenta de cómo te giran la tortilla aunque tú lo tengas claro? –pregunta Martín.

—Yo tengo muchos problemas con ellas –dice Enrique–. Es que a mí me va muy mal con las chicas, la típica excusa, que sólo me quieren como amigo ... y eso jode un montón que te lo digan, tío.

—Sí, eso jode –le dicen.

—Hey, ¿y si pasamos al sexo? Yo creo que todos queremos ya pasar al sexo. Pero mejor que no, ¿no?, que nos vamos del tema –dice Cosmo.

—Yo quiero responder a Enrique –dice Gabriel–. Cuando una tía te ve con ojos de amiga, ella ya no pasa esa barrera. Nosotros sí, pero ella no.

—No siempre, de eso te das cuenta en un primer momento, pero hay veces que eso puede cambiar, aunque es verdad que si en la primera impresión no hay química, pues ya está, y podéis ser buenos amigos –puntualiza Martín.

—Yo he tenido una gran amiga durante tres años y luego pasó, empezamos a salir y hubo química, así que eso tiene que ver con el momento, pero los momentos cambian –dice Unai–. Y no me lo esperaba, para nada.

—Yo me doy cuenta rápido cuando me gusta una chica, eso que dices es raro –le dice Gabriel.

—Puede ser que al pasar tanto tiempo con esa chica y estar a gusto, al final no te importa la impresión que tuviste de ella, sino que ya la quieres y punto –le responde Unai.

—Hay relaciones muy distintas –añade Martín.

—Cuando veis a una tía ¿qué es lo primero que os llama la atención? El impulso sexual, ¿no? Por norma nos hacemos amigos de las tías guapas –dice Arthax.

—Bueno, yo también me hago amigo de las tías que son feas, también tienen su rollo y es lo que te atrae –continúa Martín.

—¿Pero a nivel sexual? –pregunta Arthax.

—Pues si me enrollo con una fea es porque ya no la veo fea –responde Martín.

—Si hay química da igual que se fea, porque con el roce al cabo de un tiempo te acaba gustando –añade Xavi.

—Yo siempre he tenido la curiosidad de saber si en las relaciones homosexuales todo el tema de ligar, del acercamiento y tal, es igual o qué. Porque desde fuera parece que sea más fácil –dice Martín dirigiéndose a Ian, dándose cuenta de que él aún no ha dicho nada.

—Es muy diferente, pero también lo pasas muy mal, igual conoces a un chaval pero no cuaja la cosa. El aquí te pillo es fácil, pero encontrar una relación con la que estés bien, eso no es fácil.

—Pero vosotros sois más liberales –le dice Gabriel.

—Sí, hay parejas que salen a enrollarse con otros, y eso es muy común entre gais, pero yo también lo paso mal –responde Ian.

—Hay dos niveles –dice Martín–. Uno es el que dice él, el de tener sentimientos, el de que te guste un hombre sin saber por qué, incluso sin saber si es homosexual o no, es decir, el de enamorarte es un nivel y después, claro, está el otro, igual que los heteros que van sólo a buscar sexo, ése es más fácil, pero son dos niveles.

—Ligar entre gais no es un problema, todos pillan más que entre heteros, pero lo otro es tan difícil como lo puede ser para vosotros.

—Ian, ¿cuál es tu relación con las chicas? –le pregunta Martín.

—No sé, a mí me parece que llevan siempre una especie de máscara cuando en realidad buscan lo mismo que nosotros o que vosotros –responde Ian.

—Ellas, en el ámbito sexual, son más distantes, no te lo hacen notar al momento –dice Gabriel–. Crean una barrera, una máscara como dice él.

—Es que las chicas no buscan eso, ellas buscan alguien que les guste –añade Andrés.

—Es que si ella entiende que estás por ella, se da cuenta de que ya te tiene y entonces le interesas menos, te conviertes en un juguete que les hace ilusión conseguir –añade Xavi.

—Hay tías que van de este palo, las típicas guarrillas –dice Andrés.

—Decís que ellas ponen barreras, que tienen una máscara, pero vete a saber si cuando a esta chica que tú la ves tan mona viene y te dice: «Oye, ¿vamos a follar?», ¿qué, no te cortas? –pregunta Martín.

—Yo le digo: «Suda. No, gracias» –responde Unai riendo.

—Pues por eso se esconden, tienen otro protocolo –añade Martín.

—El otro día fui de fiesta con Bob y me presentó a una chica que me gustó mucho y ella ni caso, al contrario, me pegó unos cuantos mocos y luego me enteré de que había ido a esa discoteca por mí. ¡Joder, qué bien mienten las mujeres! –dice Gabriel.

—Pero es que no es mentira, es estrategia. Son inteligentes. Si te entra a la primera no te hubiera interesado para nada –le dice Martín.

—Ella no es así, la conozco bien –añade Bob–. No sé qué le pasa con Gabriel.

—Las birras que llevaría encima –se ríe Arthax.

—Y las drogas –añade Andrés.

—Eso no es excusa, yo también bebo –dice Gabriel.

—No lo es pero influye –dicen.

—Cuando vas borracho, la conciencia y los principios no los pierdes a no ser que vayas muy desfasado –dice Martín.

—Cuando vas borracho vas mucho más natural. No sé si es porque me da mucha vergüenza, pero yo normal puedo estar con una chica y guay, pero cuando voy borracho es todo más fluido porque no pienso –añade Unai.

—Yo nunca le he entrado a una chica sobrio. Nunca me he atrevido, ni una sola vez –dice Cosmo.

—Yo sí, tío, pero curiosamente pillo más cuando voy borracho –añade Xavi.

—Vas más decidido. Te conviertes en más animal de lo que eres y al fin y al cabo es eso, es cortejo animal. Tú vas, te la curras un poco y ella, «¡Oh, no, no!», y luego te deja y es así con todos los putos animales del mundo. Y cuando vamos sobrios somos señores de corbata y de oficina –continúa Cosmo.

—Está bien ir un poco eufórico, te conviertes en otra persona –dice Xavi.

—Eso también es peligroso. Imagínate haciendo a menudo las cosas que haces cuando vas borracho pero sin ir borracho, no se puede y menos durante la semana –añade Martín.

—Las tías se aprovechan más: «¡Ay, es que iba borracha!» –dice Arthax.

—Es que así no pierden caché –añade Cosmo.

—Así no reconocen la cagada, y nosotros pocas veces consideramos eso una cagada. Para nosotros es un triunfo –añade Aníbal.

—Yo a veces sí que me he arrepentido mucho de eso por el alcance que ha tenido –dice Arthax.

—Yo nunca me he arrepentido, aunque ahora si lo pienso, la verdad es que no lo haría, pero arrepentirme no porque todos vamos cambiando, evolucionamos, nadie es igual que hace seis meses –añade Gabriel.

—Yo si pudiera ir a ese momento y no hacerlo ... Es que tenía un colega muy colega y tenía una novia, yo fui quedando con ella unos días y al final nos liamos y ese colega ahora ya no me habla –continúa Arthax–. Y la verdad es que fui muy muy gilipollas y sí que me arrepiento. Mucho.

—Yo hice lo mismo que tú y estuve casi dos años con esa tía y mi amigo sí que me habla. He tenido suerte –le dice Cosmo.

—Ya. Pues yo no creo ni que acabe dos años con esa tía ni que mi amigo me vuelva a hablar.

—¿Pero la tía te gustaba? –le pregunta Cosmo.

—Sí.

—Entonces te arrepientes por las consecuencias, si no fuese por tu amigo no te arrepentirías, ¿no? –continúa Cosmo.

—Si hubiera sido otro tío tampoco me hubiera arrepentido. Yo no me esperaba lo que pasó. Voy a contar la verdad, me entró ella ..., pero yo qué le voy a explicar a mi colega, tío, igual es una cagada.

—¿Te disculpaste? –pregunta Cosmo.

—¡Claro!

—Si era muy colega te podría perdonar, ¿no? –dice Andrés–. Lo podría entender, ¿no?

—No. Dice que eso no se le hace a un colega.

—Para mí un colega es sagrado, pero si eso pasa y él me lo cuenta y me pide perdón, pues, tío, no sé, ella también tiene ahí su culpa, ¿no? –continúa Andrés.

—A mí también me hizo eso un colega –interviene Enrique–. Y cuando me lo dijo pensé que era una broma. Y yo le dije a mi novia: «Tía, tú lo que eres es una guarra».

—¿Cómo que es una guarra? –dicen algunos.

—Es que mientras estaba conmigo se tiró a varios tíos.

—Pues te libraste de una buena, entonces –dicen.

—Sí. Yo a ella no la perdono en la vida. Luego denunció a mi colega por abuso sexual.


(Continues...)

Excerpted from Lo que piensan los adolescentes by ESMERALDA BERBEL. Copyright © 2012 Esmeralda Berbel. Excerpted by permission of EDICIONES OBELISCO.
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Table of Contents

Contents


Agradecimientos, 11,

Prólogo, 13,

Introducción, 15,

Los chicos, 17,

Primer encuentro, 19,

Las chicas, 21,

Lo que nos inquieta, 37,

Los padres, 61,

Las drogas, 79,

Ellos, 109,

Las drogas II, 111,

El sexo, 117,

El sexo II, 129,

La amistad, 149,

Yo, 175,

Cómo lo superan ellos, 213,

Futuro, 233,

Ha sido un placer, 259,

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