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Marcos: Conociendo a Jesus
     

Marcos: Conociendo a Jesus

by Kevin Perrotta, Carlos Junco Garza (Translator)
 

Seis semanas con la Biblia
¡Más de 350.000 ejemplares vendidos!

—Rev. Carlos Junco Garza, S.T.D., Profesor de teología bíblica, Universidad Pontificia de México, México, D.F.
Esta colección une armoniosamente la Biblia y la vida cotidiana, libros siempre abiertos en los que el Señor nos

Overview


Seis semanas con la Biblia
¡Más de 350.000 ejemplares vendidos!

—Rev. Carlos Junco Garza, S.T.D., Profesor de teología bíblica, Universidad Pontificia de México, México, D.F.
Esta colección une armoniosamente la Biblia y la vida cotidiana, libros siempre abiertos en los que el Señor nos comunica su palabra viva y eficaz. A través de una metodología singular, la serie conduce al lector a profundizar en el texto bíblico leído en el seno de la comunidad eclesial. Ayuda a discernir la voz perenne y actual de Dios en las Escrituras, y con la misma destreza hace la conexión necesaria del Evangelio con la vida diaria, personal y social.

—Barbara E. Reid, O.P., Ph.D., Profesora de estudios neotestamentarios, Catholic Theological Union, Chicago
Cada volumen de la colección ofrece una buena orientación respecto al mundo bíblico del escritor así como una perspectiva general sobre el movimiento teológico y literario del libro que se estudia. Además, estos escritos cuestionan al lector y lo llevan a la transformación personal y a compartir los frutos de su estudio en un espíritu de acción y oración.

—Rev. Allan Deck, S.J., Ph.D., Presidente, Loyola Institute for Spirituality, Orange, CA
La ventaja más notable de la serie es su flexibilidad y usos múltiples. De especial importancia es el énfasis que se le da a la oración y a la vida espiritual por medio de sugerencias para el desarrollo personal de un diálogo diario con la Palabra de Dios.

KEVIN PERROTA editor de la serie en inglés, es un periodista católico reconocido, autor de Your Invitation to Scripture (Su invitación a la Escritura), y antiguo editor de la revista God’s Word Today (La Palabra de Dios hoy). Obtuvo su maestría en teología en la facultad de teología del Seminario de Saint Paul, en Saint Paul, Minnesota.

Seis semanas con la Biblia
¡Más de 350.000 ejemplares vendidos!

—Rev. Carlos Junco Garza, S.T.D., Profesor de teología bíblica, Universidad Pontificia de México, México, D.F.
Esta colección une armoniosamente la Biblia y la vida cotidiana, libros siempre abiertos en los que el Señor nos comunica su palabra viva y eficaz. A través de una metodología singular, la serie conduce al lector a profundizar en el texto bíblico leído en el seno de la comunidad eclesial. Ayuda a discernir la voz perenne y actual de Dios en las Escrituras, y con la misma destreza hace la conexión necesaria del Evangelio con la vida diaria, personal y social.

—Barbara E. Reid, O.P., Ph.D., Profesora de estudios neotestamentarios, Catholic Theological Union, Chicago
Cada volumen de la colección ofrece una buena orientación respecto al mundo bíblico del escritor así como una perspectiva general sobre el movimiento teológico y literario del libro que se estudia. Además, estos escritos cuestionan al lector y lo llevan a la transformación personal y a compartir los frutos de su estudio en un espíritu de acción y oración.

—Rev. Allan Deck, S.J., Ph.D., Presidente, Loyola Institute for Spirituality, Orange, CA
La ventaja más notable de la serie es su flexibilidad y usos múltiples. De especial importancia es el énfasis que se le da a la oración y a la vida espiritual por medio de sugerencias para el desarrollo personal de un diálogo diario con la Palabra de Dios.

KEVIN PERROTA editor de la serie en inglés, es un periodista católico reconocido, autor de Your Invitation to Scripture (Su invitación a la Escritura), y antiguo editor de la revista God’s Word Today (La Palabra de Dios hoy). Obtuvo su maestría en teología en la facultad de teología del Seminario de Saint Paul, en Saint Paul, Minnesota.

Product Details

ISBN-13:
9780829421583
Publisher:
Loyola Press
Publication date:
07/01/2005
Series:
Seis semanas con la Biblia
Edition description:
Spanish Language Edition
Pages:
112
Product dimensions:
5.90(w) x 8.90(h) x 0.30(d)

Read an Excerpt

¿Cómo usar esta guía?

Puedes comparar este folleto con una visita a un parque nacional. El parque es tan grande que bien podrías llevarte meses, inclusive años, para conocerlo verdaderamente a fondo. Sin embargo, una breve visita bien vale la pena cuando se planea cuidadosamente. En unas cuántas horas podrás manejar a lo largo y ancho del parque, y así escoger algunos sitios que sean de tu interés. En cada parada te podrás bajar del carro, y caminar un poco por el bosque, escuchar el murmullo del viento entre los árboles, y disfrutar profundamente el lugar en que te encuentras.
 En este folleto conduciremos el auto dentro del Evangelio de Marcos, y nos detendremos en 12 ocasiones a lo largo del camino. Cuando lleguemos a estos puntos, bajaremos del auto y continuaremos a pie, dando una caminata placentera al interior de los pasajes seleccionados. Las lecturas se han escogido con la finalidad de que nos lleven al corazón del mensaje que Marcos nos ofrece sobre Jesús de Nazaret.
 Luego de cada diálogo grupal, volveremos al carro y seguire­mos manejando en la autopista hasta que lleguemos nueva­mente a la siguiente parada. “Entre los diálogos” las páginas resumen los textos de Marcos que exploraremos a lo largo del camino.
 Esta guía provee todo lo que necesitas para explorar el Evangelio de Marcos en seis diálogos grupales —o en seis partes, si lo exploras tú solo. La introducción de la página 7 te preparará para entender la mayor parte de la lectura. Las secciones semanales presentan pasajes centrales del Evangelio de Marcos acompañados de explicaciones que resaltan lo que estas palabras significan hoy para nosotros. Igualmente importante es cada sesión donde se te ofrecen preguntas que te llevarán a un diálogo abierto y fructífero, y que ayudarán tanto a la persona y como al grupo a explorar por sí mismos el evangelio de Marcos, para luego aprender uno de otro. Si lo estás haciendo por tu propia cuenta, las preguntas te llevarán a la reflexión personal.
 Cada uno de los diálogos ha sido planeado para ser un descubrimiento guiado.
 Guiado. Ninguno de nosotros está equipado para leer la Biblia sin ayuda. Leemos la Biblia para nosotros, no por nosotros. La Sagrada Escritura se escribió para ser entendida y aplicada en y con la Iglesia. Asimismo, cada semana “Una guía para la lectura”, provee un contexto histórico–cultural y algunas explicaciones extraídas de las investigaciones realizadas por los biblistas contemporáneos y por los escritores cristianos del pasado. Esta guía te ayudará a tener una idea clara del mensaje de Marcos. Tómalo como si fuese un guía turístico amable que te hará saber los detalles importantes del parque y te explicará un poco más acerca de lo que buscas para que así puedas apreciar aun más las cosas por ti mismo.
 Descubrimiento. El propósito de este libro es que interactúes con el Evangelio de Marcos. “Preguntas para un estudio cuidadoso del texto” es una herramienta que te ayudará a profundizar en el Evangelio de Marcos y a examinarlo cuidadosamente. Las “Preguntas para la vida” te ayudarán a considerar lo que Marcos quiere decirte en el aquí y ahora de tu vida. Cada semana concluye con una sección “Orando con la Escritura” que te ayuda a responder a la Palabra de Dios. Además, se añaden algunas secciones suplementarias: “Una tradición viva” y “Santos en nuestro medio ambiente” que te ofrecen pensamientos y experiencias de cristianos del presente y del pasado con el fin de enseñarte lo que el Evangelio ha significado para otros —para que así puedas considerar lo que puede significar para ti.
 ¿Cuánto deben durar las sesiones de diálogo? Asumimos que sus reuniones semanales serán de una hora y media. Si no cuentan con todo ese tiempo, podrán ver que la mayoría de los elementos pueden abreviarse de alguna manera.
 ¿Se necesita hacer alguna tarea? Obtendrás un mejor provecho de los diálogos grupales si lees el material correspondiente antes de la reunión. En caso de que los participantes no puedan prepararse, pidan a alguno de los participantes que lea en voz alta las secciones: “Lo que ha pasado” y “Guía para la lectura” en el momento correspondiente.
 ¿Quién dirige? Si por alguna casualidad tienen en su grupo de diálogo a un biblista renombrado, por favor, pídanle que él o ella conduzcan la reunión. En su defecto, o en ausencia de un biblista principiante, ¡aun así ustedes pueden tener un diálogo bíblico de primera clase! Elijan a 2 ó 3 personas para que sean los facilitadores, y pidan a cada participante que lea “Sugerencias para el diálogo bíblicogrupal” antes que comience la reunión. (Página 105)
 ¿Necesitan una guía? ¿Una Biblia? Cada participante necesitará una copia de este libro. Éste contiene las sesiones de Marcos sobre las cuales dialogarán, de esta manera la Biblia no se hace absolutamente necesaria, sin embargo, será de muchísima ayuda que cada uno de los participantes tenga una a la mano. Por lo menos, el grupo debe contar con una Biblia en cada reunión. (Vean la página 109 para las recomendaciones)
 ¿Cómo iniciar? Antes de que comiencen, den un vistazo a las sugerencias para los diálogos y reflexión individual que son parte de cada sesión (página 105 y 108), así como a las versiones bíblicas que sugiere el autor.
Las buenas noticias inesperadas
Presentando el Evangelio de Marcos

Our Town (Nuestro pueblo), la obra teatral escrita por Thornton Wilder acerca de la vida en un pueblo pequeño del Noreste de los Estados Unidos de América, se estrenó en Broadway en 1938 —mucho antes de que algunos de nosotros compráramos boletos de entrada al teatro. Sin embargo, a medida que hemos ido creciendo, cada generación de norteamericanos tiene una oportunidad razonable de leer o de ver este clásico del teatro.
 Si Our Town (Nuestro pueblo) fuera parte de tu experiencia escolar, recordarías que el director de la obra aparece al principio de la escena. “El nombre del pueblo”, le dice a la audiencia, “es Grover’s Corners, New Hampshire”—justamente al otro lado de la frontera estatal de Massachusets, latitud 42°40”; longitud 70° 37”. El primer acto presenta un día en nuestro pueblo. Este día es el 7 de mayo de 1901. Precisamente antes de la aurora”.
 Más tarde, el director de la obra, sube al escenario a un profesor de la comunidad. Por su parte, el maestro ofrece a la audiencia una conferencia sobre la geología de la región y sobre los nativos americanos que vivieron ahí en siglos pasados.
 Grover’s Corners es un lugar pequeño, pero al proveerle un tiempo y espacio reales, coordenadas geográficas y un contexto histórico, la escenificación teatral sugiere que la vida de sus habitantes tiene un alcance universal.
 A diferencia de Thornton Wilder, Marcos no nombró un director de la obra al comienzo de su trabajo. Marcos va directamente a la acción. De cualquier manera, una introducción pudo habernos ayudado a comprender el significado universal de su relato, que es lo que aparentemente hacen los autores de los otros Evangelios. Como los especialistas suponen, cuando Mateo y Lucas adaptan el Evangelio de Marcos, cada uno agregó unos cuántos capítulos introductorios.
 Resulta interesante imaginarnos cómo sería una apertura al Evangelio de Marcos al estilo de Our Town (Nuestro pueblo). Imagino al guía de pie, precisamente en la cima de la montaña, mirando directamente la zona de casas de piedra que se asientan en el valle. “El nombre de este pueblo”, dice, “es Nazaret, en Galilea”. Galilea es ua región montañosa que se eleva por encima del Mediterráneo hacia el Oeste y desciende hacia el Este por el lago al que llamamos Mar de Galilea. El lago ha estado ahí por cinco millones de años, desde que la tierra se dividió y formó la grieta que se extiende desde el Líbano hasta África.
 “Esta área es vista como un lugar de mucha acción. Hace unos treinta mil años, la gente de Neandertal vivió en cavernas. Han pasado casi dos mil años desde que Abraham viajó por esas montañas. Los israelitas se establecieron aquí hace mil años. De acuerdo a nuestro conteo moderno, estamos hablando del año 30 d.C.”.
 Si Marcos hubiera escrito una introducción de este estilo, nos hubiera alertado inmediatamente sobre el enorme contraste que existe entre esa historia provinciana y la importancia universal del sitio. En su Evangelio, Marcos relata eventos que parecieron insignificantes para la mayoría de la gente de su tiempo. Relata la poca notoriedad y la muerte a destiempo de un hombre que procedía de un pueblo oscuro —un hombre cuyo nombre difícilmente se menciona en los escritos de su tiempo, a no ser por las evidencias escritas de sus propios seguidores. Aun antes de que los israelitas aparecieran en el escenario de la historia, antes de que la gente de la prehistoria viviera en las cavernas, antes de la formación de la tierra, Dios había concebido el plan de salvación para la humanidad, que precisamente alcanzaba su punto culminante en Jesús de Nazaret.
 Al igual que Thornton Wilder, Marcos nos cuenta una historia de alcance universal, aunque con un escenario completamente diferente. Our Town (Nuestro pueblo) habla a cada persona porque explora su condición humana común. El Evangelio nos habla a todos nosotros porque nos presenta las acciones que ha emprendido el creador para cambiar la condición humana.
 Modelo, promesas, y expectativas. Anteriormente dije que Marcos no da una introducción a su Evangelio. La razón pudo haber sido porque creyó que ya existía una: las Escrituras de Israel. En sus primeros versos, Marcos indica que el Evangelio o “buena noticia” de Jesús se desenvuelve de acuerdo a las promesas divinas contenidas en los escritos proféticos de Israel (1:2–3; todas las referencias bíblicas son de Marcos, a menos de que se especifique lo contrario).
 Desde el punto de vista de Marcos, Jesús llevó a su punto culminante lo que Dios había venido haciendo con Israel. Por tal razón, si queremos tener una idea clara de quién es Jesús y qué vino a hacer —según Marcos, es indispensable que tengamos alguna noción del trato que Dios tuvo con Israel en el Antiguo Testamento. Hagámoslo brevemente, después, iremos al contexto histórico.
 Las Escrituras de Israel, a las que los cristianos llamamos Antiguo Testamento, comunican una idea distinta de Dios y de los seres humanos. El Antiguo Testamento presenta un solo creador, que ha creado al ser humano a su imagen y semejanza, diseñado para estar relación con él (Génesis 1:26). Los escritos del Antiguo Testamento presentan a Dios como alguien que se compromete apasionadamente con la justicia, al mismo tiempo que es misericordioso; él es un Dios majestuoso y misericordioso (Eclesiástico 2:18). En los relatos históricos y poéticos del Antiguo Testamento, los seres humanos 11 somos presentados como nobles criaturas, que a pesar de todo, tenemos la triste tendencia de meternos en conflicto con los planes divinos —y con los demás.
 El Antiguo Testamento nos revela que Dios enfocó su amor por el género humano en un pequeño pueblo del cercano Oriente, llamado Israel. Dios rescató a los israelitas de sus enemigos. Estableció con ellos una alianza —permanente, lazo fiel— con ellos. Los instruyó sobre cómo deberían rendirle culto, cómo vivir en la fidelidad, cómo confiar en él, y cómo vivir en paz unos con otros. Algunas veces los israelitas fallaron y no respondieron a las iniciativas divinas con todo el corazón. Periódicamente se vieron afligidos debido a la dolorosa consecuencia de sus pecados, y fueron estas mismas consecuencias las que los llevaron nuevamente a Dios. Entonces, Dios renovó su relación con ellos y les ayudó en sus necesidades.
 En el 587 A.C. una acumulación de idolatrías e injusticias sociales entre el pueblo de Israel tuvo como consecuencia la destrucción de Jerusalén a manos de los babilonios. Esta tragedia constituye el evento que da un nuevo giro a la historia de Israel. Sin embargo, Dios prometió a los judíos una espléndida restauración. Perdonaría sus pecados y sanaría sus corazones pecaminosos (Jeremías 31:31–34). Los exiliados regresarían a la tierra de Israel (Sofonías 3:14–20). El templo de Jerusalén sería reconstruido y Dios habitaría ahí gloriosamente en el centro de su pueblo (Ezequiel 40–48). Habría prosperidad para Israel y la derrota para sus enemigos (Zacarías 14). Más aun, las bendiciones de Dios para los judíos se extenderían también al resto del género humano (Zacarías 8:20–23).
 Seis siglos más tarde, a principios del primer siglo, parecía que medianamente se habían cumplido estas promesas. Israel era parte del Imperio Romano —una situación que a los judíos piadosos no sólo les resultaba opresiva, sino también ofensiva. A pesar de todo, más allá de que disminuyeran las expectativas que el pueblo judío tenía de que Dios interviniera en su favor, éstas se intensificaron. Muchos esperaban que Dios actuara a su favor en una manera decisiva, y que de una sola vez transformara toda la realidad y llevara la historia humana a una conclusión definitiva. Pensaban que Dios vendría a reinar como rey, y que inauguraría la era final de la justicia y la paz. Inclusive, los muertos resucitarían para disfrutar de una nueva vida. La esperanza de que Dios actuara, combinada con la dolorosa situación política y económica de los judíos, dio origen a numerosas insurrecciones en contra de los romanos. Con el tiempo, dos rebeliones fallidas en contra del Imperio Romano llevaron a la catástrofe a la sociedad judía que habitaba en la tierra de Israel (66–70, y 132–135, d.C.).
 En medio de esta difícil situación, hacia el año 30 d.C., Jesús hizo una declaración electrizante: ¡El plazo se ha cumplido! ¡El Reino de Dios está llegando! (1:14–15). Jesús se presentó a sí mismo como el cumplimiento de lo que Dios había acordado con Israel. Actúo como el representante plenamente autorizado del Dios de Israel. Su proclamación del Reino de Dios, sus milagros, sus declaraciones de perdón, el llamado y reunión de sus discípulos, su enseñanza y acciones simbólicas —todo esto tuvo qué significar para los judíos de su tiempo que sus expectativas de que Dios actuara en su favor se estaban cumpliendo.
 Esperado, y aun así, sorpresivo. A pesar de todo, rápidamente se vio que Jesús estaba cumpliendo las expectativas de una forma completamente inesperada. Los judíos de ese tiempo que escucharon la predicación de Jesús debieron haber encontrado muchos aspectos de su “programa” realmente sorprendentes.
 Un Mesías más grande de lo que esperaban. Jesús reclamaba que su función en la venida del Reino de Dios era más grande que la que los judíos podían esperar de un ser humano. Los judíos tenían distintas expectativas de cómo Dios actuaría en su favor. Algunos pensaban que Dios nombraría un líder especial o mesías —posiblemente más de uno— que iría al frente de su intervención. Sin embargo, los judíos difícilmente esperaban un Mesías que actuara con la firme autorización divina que Jesús decía tener. La sanación divina, la regla que daba vida, se hacían presentes en la palabra y el toque de Jesús. La restauración de Israel comenzó cuando hombres y mujeres tomaron sus lugares en compañía de los discípulos de Jesús (ver 3:33–35). Especialmente importante es el hecho que Jesús ofreció decisiones autoritativas sobre las reglas básicas que Dios había dado a Israel (2:23–28) Como representante de Dios, también perdonó los pecados (2:1–11).
 Un programa más radical. Sorpresivamente, Jesús no tuvo la intención de cumplir literalmente las predicciones proféticas de un triunfo militar y de una soberanía nacional. En lugar de formar un ejército para liberar la tierra de Israel, promovió un Reino sin ataduras a una tierra en particular. Jesús trajo la liberación, pero no de los romanos. Liberó al pueblo de la enfermedad, la culpa, las actitudes pecaminosas, y de las relaciones destrozadas.
 Jesús tampoco anunció una intensificación de la presencia de Dios en el templo de Jerusalén. De hecho, realizó una acción en el templo que puso de manifiesto que su utilidad estaba a punto de concluir (11:15–17).
 Jesús superó la regla mosaica que permitía el divorcio. En lugar de dirigir al pueblo hacia ella, lo dirige directamente hacia el cumplimiento del propósito original de Dios, de que la permanencia marital se logra a través de la conversión del corazón (10:2–12).
 Por medio de esta actitud Jesús reinterpretó los valores centrales de Israel: la Tierra Prometida, el Templo de Jerusalén, y la Ley Mosaica. Jesús buscaba una liberación y restauración más profunda de lo que se esperaba —una renovación del corazón del pueblo, para ser lo que Dios esperaba que fueran.
 Jesús no emprende una misión orientada a los no judíos, sino que cambia el enfoque de la actividad divina que el pueblo tenía en los aspectos esenciales para la identidad de Israel: la tierra, el templo, y la ley; de esta manera, Jesús abre el camino para que los no judíos compartan en el Reino de Dios. Ocasionalmente Jesús usa sus poderes milagrosos para ayudar a los no judíos así como a las judíos (7:24–8:10).
 El ya y el todavía no del reino. Los judíos del primer siglo se imaginaron de distintas maneras el final de los tiempos. Entre estas imágenes resulta común el hecho de que no se imaginaron una destrucción material del mundo. En lugar de ello, pensaron que Dios transformaría el mundo y que comenzaría uno nuevo, una era final de paz y santidad. Al declarar que el Reino de Dios estaba por llegar, Jesús indicó que se encontraban en la aurora de la era final. A pesar de esta declaración, el Reino de Dios no descendía del cielo cubierto en poder y gloria, sino que afloraba misteriosamente en la tierra (capítulo 4). La era final del cuidado amoroso de Dios por los hombres y mujeres estaba comenzando por medio de la sanación, el perdón, la guía del Espíritu divino, aun así, esto no significaba un cese inmediato del sufrimiento y la persecución (8:34–38; 10:29–30). El Reino de Dios se hace presente de manera inesperada, pero aún así, está por venir.
 Un Mesías sufriente. Más sorpresivo aún fue la comprensión que Jesús tenía de sí en cuanto a la tarea principal que había recibido de Dios. Jesús desanimó a sus seguidores al informarles que, en cumplimiento de las promesas divinas, él debía ser arrestado, torturado, y ejecutado por las autoridades políticas y religiosas; y que después de todo esto, resucitaría de entre los muertos (8:31). Mientras que la resurrección era parte de las expectativas judías respecto al final de los tiempos, la muerte humillante del Mesías, ciertamente no lo era.
 Conectando la historia. Si Jesús hubiese cumplido la promesa divina según las expectativas de los judíos de su tiempo, su vida no hubiera tenido mucho sentido para nosotros, dado que no somos judíos del primer siglo viviendo en el territorio de Israel. El sentido que la vida de Jesús tiene para nosotros estriba en la manera inesperada en que Dios cumple su promesa. Mientras leemos el Evangelio de Marcos exploraremos cómo el sorpresivo cumplimiento de las promesas hechas por Dios a Israel constituye una muy buena nueva para nosotros. Antes de comenzar, quiero resaltar algunos puntos sólidos en los que podrán apoyarse durante la lectura de Marcos que les ayudarán a escuchar lo que Dios quiere decirnos a través del Evangelio.
 El secreto de la identidad de Jesús. Jesús fue muy hábil en cuanto a que suscitó diferentes reacciones en torno a su persona: admiración y miedo, fe y consternación. Debido a la manera en que ejerció su autoridad, los milagros apoyaron su doctrina, y fueron estos mismos los que atrajeron las multitudes hacia él, de tal manera que resultaba muy difícil que la gente ignorara a Jesús. Al contrario, se vieron forzados a reflexionar acerca de su identidad (1:27; 6:2–3). ¿Acaso era un don nadie, de orígenes inciertos, un simple carpintero de Nazaret, que estaba apartando al pueblo de Israel de la Alianza que éste tenía con Dios? ¿Acaso era alguien inmensamente grande? Los hombres y las mujeres que se convirtieron en sus discípulos no se vieron libres de este conflicto interior al tratar de entender a Jesús. Lejos de tal cosa, experimentaron de primera mano el desconcierto y el terror que implicaba el seguimiento de un hombre que rechazaba las ambiciones terrenales y reclamaba la crucifixión como la coronación de su obra (10:32–34).
 Marcos presenta a Jesús ejerciendo abiertamente su autoridad al mismo tiempo que busca mantenerse en el anonimato. Cuando Jesús curó a las personas, algunas veces les ordenó severamente que no se lo dijeran a nadie (1:43–44; 5:43). Ordenó a los espíritus malignos, quienes sabían quién era él, que se callaran (1:34). Les pidió a sus discípulos que no difundieran lo que conocían acerca de él (8:30; 9:9). Se refirió a sí mismo como “el Hijo del Hombre” (2:10, 28; 8:31), término que intrigaba profundamente a sus seguidores sin darles una respuesta clara de quién era él.
 Mientras que Jesús se adjudica varios títulos en el evangelio de Marcos —Mesías, Rey, Hijo de David— el título más cercano a su identidad fundamental es el que expresa más claramente su relación con Dios: Jesús es el “Hijo de Dios” (1:11). Esta es la manera en que Dios entiende a Jesús. Jesús mantuvo en secreto su título, título que afirmó públicamente en su juicio (14:61–62). Por lo tanto, el Evangelio de Marcos constituye el drama de la revelación y reconocimiento de Jesús como Hijo de Dios. Lo dramático del asunto está en saber si la gente que rodea a Jesús se dará cuenta de quién es él.
 Al principio de su Evangelio Marcos nos revela abiertamente que Jesús es el Hijo de Dios (1:1). Al inicio de su escrito, Marcos nos permite escuchar la declaración que Dios hace respecto a su filiación, en el Bautismo de Jesús (1:11, una declaración que no fue escuchada por ninguno de los ahí presentes). Mientras tanto, observamos a la multitud alrededor de Jesús que intenta averiguar quién es él, pero al mismo tiempo, nosotros ya sabemos quién es él.
 ¡Hm.! ¿Realmente sabemos quién es Jesús? Mientras vemos la gente del relato titubeando alrededor de Jesús, viendo con cierta frustración cómo es que no logran saber verdaderamente quién es Jesús, ¿debemos hacer caso a nuestro impulso más profundo? O quizá debemos preguntarnos a nosotros mismos —apelando a nuestro conocimiento superior, ¿Realmente conocemos a Jesús mejor que la gente que nos presenta el Evangelio? Marcos nos invita a entrar en el drama de su Evangelio haciéndonos preguntas para ver qué tan bien reconocemos a Jesús. Después de todo, ¿qué significa conocer a Jesús, el Hijo de Dios? El hecho de conocerlo, ¿incluye solamente el saber su título, o es algo más personal, más reconfortante, o más exigente? ¿Qué tan bien conozco a Jesús? ¿Qué efecto tiene en mi vida el hecho de que conozca a Jesús? Si mantenemos en mente estas preguntas, el Evangelio de Marcos será una maravillosa oportunidad para crecer en el conocimiento de Jesús a nivel de la experiencia y del compromiso.
 La respuesta mediocre de los discípulos. Después que Jesús comenzó su predicación, su primera acción fue el llamar a un grupo de hombres para que fueran sus discípulos (1:16–20). Desde ese momento, hasta su arresto, se vio rodeado constantemente de sus seguidores, que incluían tanto a mujeres como a hombres (15:40–41). Jesús mantuvo a sus discípulos cerca de él y les dio instrucciones especiales y la oportunidad de compartir su obra salvadora (3:14; 4:10–16; 6:7–13).
 En ocasiones, los discípulos de Jesús dieron muestras de que comprendían quién era él (8:29). Los discípulos tomaron ciertos pasos que los llevaron hacia un auténtico discipulado (1:16–20; 10:28). A pesar de esto, no se puede decir que fueron puestos como un ejemplo del seguimiento de Jesús. Algunas veces se manifestaron reacios a la verdad acerca de Jesús (8:14–21). En otras intentaron entrometerse en su camino mientras que Jesús buscaba realizar los planes divinos (8:32). Al final, cuando Jesús es arrestado, lo avergüenzan dejándolo solo, y por si fuera poco, niegan tener relación con él (14:50, 66–71).
 Jesús de Nazaret, como Marcos lo presenta, fue un hombre de un magnetismo personal muy intenso, un hombre por el que hombres y mujeres estuvieron dispuestos a dejarlo todo. La promesa de que él daría pleno cumplimiento a las esperanzas de Israel los motivaba profundamente a ellos. A pesar de todo, no resultaba fácil para ellos seguir a este hombre que tomó un camino completamente inesperado para cumplir los planes de Dios. Sus intenciones de seguirlo ponían de manifiesto sus propias debilidades. Su primera “ronda” de discípulos —que encontramos en el Evangelio de Marcos— terminó en el fracaso.
 Nuevamente, Marcos nos invita a entrar en el relato y a que nos identifiquemos con la respuesta inicial que los discípulos le dieron a Jesús, y con el entusiasmo que tuvieron por su misión. ¡Así es como nos gustaría ser! Entonces, cuando los discípulos no entienden a Jesús, cuando intentan interponerse en su misión, cuando lo abandonan, nos quedamos cortos. Nos vemos obligados a preguntarnos si tenemos las mismas tendencias que estos primeros discípulos manifestaron. Si tales tendencias llevaron a los primeros discípulos a abandonar a Jesús, ¿a dónde nos llevarán esas mismas tendencias? Si reconocemos algo de nosotros en los primeros discípulos y no nos gusta, ¿qué haremos al respecto?
 Estas son preguntas serias. Pero entonces hay que decir, que Marcos nos presenta un relato muy serio. Solamente si estamos dispuestos a enfrentar las preguntas y cuestionamientos más profundos acerca de Dios y nosotros mismos, estamos listos para leer el Evangelio de Marcos. Sólo entonces percibiremos lo sorpresivo de la buena nueva que contiene.
 ¿Va en serio?
 
 
Primera semana
El Reino de Dios está llegando

Preguntas para comenzar

15 minutos
Dialoguen acerca de una pregunta o dos como preparación a la lectura.

 1 ¿Cuál ha sido el cambio personal que más ha afectado tu vida? ¿Viviste algún cambio radical al dejar tu familia y emigrar, o al tener que volverte bilingüe, conocer y enfrentar los desafíos de otra cultura?
 2 Cuando descubres la necesidad y urgencia de modificar tu mentalidad.

  • Lo haces de buen gusto, con constancia y determinación.
  • Te resistes al cambio y defiendes tus hábitos y mentalidad antigua.
  • Defiendes a toda costa, con razón o sin ella, tus opiniones y actitudes arraigadas.
  • Asumes como un desafío personal los cambios importantes.

Abriendo la Biblia
5 minutos
Lee el pasaje en voz alta. Invita a los asistentes a que tomen su turno según los párrafos del texto.


Lectura: Marcos 1:1–39
Un hombre de avanzada
1 Comienzo de la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios.
2 Según está escrito en el profeta Isaías:
 Mira, envío a mi mensajero
 por delante de ti,
 el cual preparará tu camino.
 3 Voz que grita en el desierto:
 ¡Preparen el camino al Señor;
 nivelen sus senderos!
4 Apareció Juan Bautista en el desierto, predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. 5 Toda la región de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él y, después de reconocer sus pecados, Juan los bautizaba en el río Jordán.
 6 Juan iba vestido con pelo de camello, llevaba una correa de cuero a su cintura, y se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre. 7 Esto era lo que proclamaba: —detrás de mí viene el que es más fuerte que yo. Yo no soy digno ni de postrarme ante él para desatar la correa de sus sandalias. 8 Yo los bautizo con agua, pero él los bautizará en el Espíritu Santo.
 9 Por aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. 10 En cuanto salió del agua vio abrirse los cielos y al Espíritu que bajaba sobre él como una paloma. 11 Se oyó entonces una voz que venía del cielo: —Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.
 12 Después de esto, el Espíritu lo impulsó hacia el desierto, 13 donde Satanás lo puso a prueba durante cuarenta días. Estaba con las fieras y los ángeles lo servían.
 14 Después del arresto de Juan, Jesús se fue a Galilea, proclamando la buena noticia de Dios. 15 Decía: —El plazo se ha cumplido. El Reino de Dios está llegando. Conviértanse y crean en el Evangelio.

Un día en la vida de Jesús
16 Pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que estaban echando las redes en el lago, pues eran pescadores. 17 Jesús les dijo: —Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres. 18 Ellos dejaron inmediatamente las redes y lo siguieron. 19 Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan. Estaban en la barca reparando las redes. 20 Jesús los llamó también; y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con sus trabajadores, se fueron con él.
 21 Fueron a Cafarnaún y, cuando llegó el sábado, Jesús entró en la sinagoga y se puso a enseñar a la gente 22 que estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los maestros de la ley. 23 Había en la sinagoga un hombre con un espíritu impuro, que se puso a gritar: 24 —¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? ¡Sé quién eres: el Santo de Dios! 25 Jesús lo reprendió ordenándole: ¡cállate y sal de ese hombre! 26 El espíritu impuro lo retorció violentamente, y dando un fuerte grito, salió de él. 27 Todos quedaron asombrados y se decían unos a otros: —¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva llena de autoridad! ¡Manda incluso a los espíritus impuros y éstos lo obedecen! 28 Pronto se extendió su fama por todas partes, en toda la región de Galilea.
 29 Al salir de la sinagoga, Jesús se fue inmediatamente a casa de Simón y de Andrés, con Santiago y Juan. 30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre. Se lo dijeron a Jesús 31 y él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le quitó la fiebre y se puso a servirlos.
 32 Al atardecer, cuando ya se había puesto el sol, se le llevaron todos los enfermos y endemoniados. 33 La población entera se agolpaba a la puerta. 34 Él sanó entonces a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero a éstos no los dejaba hablar, pues sabían quién era.
 35 Muy de madrugada, antes del amanecer, se levantó, salió,
se fue a un lugar solitario y ahí comenzó a orar. 36 Simón y sus compañeros fueron en su busca. 37 Cuando lo encontraron, le dijeron: —Todos te buscan. 38 Jesús contestó: —Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para predicar también allí, pues para eso he venido. 39 Y se fue a predicar en las sinagogas judías por toda Galilea, expulsando a los demonios.

Preguntas para un estudio cuidadoso del texto

10 minutos
Escojan las preguntas de acuerdo a su tiempo e interés.

 1 ¿Quién está hablando en el versículo 2? ¿Quién es el “mensajero”? ¿Quién es el “tú”?
 2 ¿Quién está hablando en el versículo 11?
 3 ¿Qué sugieren 16–20, 29–30, y 35–38 sobre la relación de Jesús con sus primeros seguidores?
 4 Basado en lo que hace y dice Jesús en esta lectura, ¿qué impresión tienes acerca de él?

Una guía para la lectura
Si los participantes aún no han leído esta sección, léanla en voz alta. De lo contrario, vayan directamente a las “Preguntas para la vida”.
Quién es Jesús de Nazaret? Muchos de nosotros responderíamos: “el Hijo de Dios”. Pero, ¿qué significa esto? Y más concretamente, ¿qué significa para nosotros?
 Si Jesús es el Hijo de Dios, él es un misterio inexhaustible. Marcos escribe su Evangelio para ayudar a sus compatriotas cristianos a penetrar más profundamente en el misterio de Jesús, “el Hijo de Dios” (1:1), y sobre lo que significa ser su discípulo.
 Juan Bautista es un hombre que tiene la mente totalmente dirigida a la misión, y además de eso, tiene un sentido notable de urgencia. Juan ha desnudado su vida al punto de cubrir solamente sus necesidades más básicas para así dedicarse totalmente a lo que Dios le pide que haga (1:6–8). El estilo de vida de Juan constituye un gran sermón, sin palabras. El mensaje es claro: si quieren prepararse para que Dios actúe en su vida, necesitan orientar su vida reconociendo que no hay nada más importante en el mundo que hacer la voluntad de Dios. Tal verdad envuelve el reconocimiento de los propios pecados y la búsqueda del perdón de Dios (1:4).
 El ministerio de Juan es el comienzo de las buenas noticias de Jesús (1:1). Juan continúa de pie al comienzo de las buenas noticias en nuestra vida. Juan nos advierte que si queremos experimentar la venida de Jesús, debemos poner a un lado todos los pecados y todo aquello que nos impida responder a la gracia de Dios.
 El Bautismo de Jesús es su primer acto público (1:9), inmediatamente después, Dios declara que Jesús es su Hijo, enviando al Espíritu Santo para darle la autoridad de llevar su misión a pleno cumplimiento (1:10–11). La relación que Jesús guarda con Dios constituye el fundamento que lo capacita y autoriza para realizar la misión encomendada por Dios. De igual manera, nuestra relación con Dios nos ofrece los fundamentos para realizar cualquier misión que Dios nos asigne.
 Jesús regresa a Galilea y anuncia que ha llegado el momento de la acción decisiva de Dios entre los seres humanos: “El plazo se ha cumplido. El reino de Dios está llegando. Conviértanse y crean en el Evangelio” (1:15). Dios está comenzando a gobernar sobre hombres y mujeres de una manera directa y deliberada. Jesús repite la llamada que ya Juan había hecho al arrepentimiento, pero a la luz de la acción de Dios, la llamada tiene ahora una nueva vertiente. Podríamos parafrasearlo más o menos así: “Dejen de vivir y actuar como si Dios estuviera inactivo y muy distante de nosotros. ¡Dios está entre nosotros! Cambien lo que tengan qué cambiar para que le respondan como se debe”.
 El anuncio de que el Reino de Dios “está llegando”, tiene un tono de ya, pero aún no. El Reino de Dios está llegando ahora. Por otra, su Reino está muy cerca, pero aún no ha llegado. El Reino de Dios es visible, pero no en su plenitud. Dios no está corrigiendo inmediatamente los errores del mundo, esto requiere de mucha fe para reconocer su acción en el mundo. Por lo tanto, Jesús llama a la gente a creer en la buena nueva de que Dios ha llegado, pero aun así, de alguna manera, su Reino se oculta a nosotros (1:15).
 Antes de relatar alguna enseñanza o milagro de Jesús, Marcos nos presenta la llamada de los discípulos. Esta acción pone de relieve el propósito central de Jesús. Sus esfuerzos se dirigen a la reunión y formación de un grupo de seguidores con los cuales compartirá su misión. Jesús tiene este mismo propósito para nosotros. Nos llama a ser seguidores, compromiso que implica acompañar a sus demás seguidores.
 Los pescadores que Jesús llama, que inmediatamente dejan sus redes y barcas —inclusive a su padre— y comienzan a caminar junto a él por la orilla del lago (1:16–20). Se presume que ya habían escuchado el anuncio que Jesús había hecho del Reino, pero están respondiendo no sólo a este mensaje, sino también a la invitación personal que Jesús les hace para que lo acompañen.
 El relato que Marcos nos presenta acerca de la llamada repentina que Jesús les hace a estos hombres coincide con la autoridad personal de Jesús sobre hombres y mujeres. El siguiente episodio establece claramente la autoridad tan única de Jesús. La gente está muy impresionada de que Jesús enseñe acerca de Dios basado en su propia autoridad, en lugar de referirse a opiniones aprendidas, como lo hacían otros maestros judíos (1:21–22, 27). Para darnos una imagen visual de la fuerza que tenía la enseñanza de Jesús, Marcos describe la confrontación de Jesús con un espíritu maligno que oprimía a un hombre—robablemente con una enfermedad terminal (1:23–26). ¡Cuando Jesús habla, la gente se transforma!
 Casi de pasada, Marcos menciona que Jesús sana a la suegra de Pedro (1:31). Este no es un evento sin importancia, al contrario, es un episodio que expresa la esencia del seguimiento de Jesús: ser llamado, ser sanado, y comenzar a servir. Si bien, el texto no habla mucho de ella, además de que su servicio parece insignificante, pero eso es precisamente lo que hace de ella un ejemplo genuino de la respuesta que Jesús espera de sus seguidores.

Preguntas para la vida

40 minutos
Escojan las preguntas de acuerdo a su tiempo e interés.

 1 ¿De qué manera Dios te ha ayudado a aumentar tu fe y apertura hacia él? ¿Qué puedes aprender de tus experiencias?
 2 Si supieras que Dios está a punto de intervenir directamente en tu vida, ¿cómo te prepararías?
 3 ¿De qué manera tu Bautismo ha formado tu identidad y relación con Dios? ¿De qué manera puedes vivir más plenamente tu Bautismo?
 4 ¿En qué parte de tu vida experimentas alguna dificultad para reconocer la presencia de Dios? Si tuvieras más confianza en que Dios desea traer su Reino a esa parte de tu vida, ¿vivirías de manera diferente esa dimensión de tu vida?
 5 En este momento de tu vida, ¿qué servicio silencioso te invita Jesús a que realices a favor de los demás?

“Resulta mortal el pedir que cada persona tome su turno para expresar su opinión… al hablar ‘por turno’ se destruye la espontaneidad y se obliga a las personas a enfocarse en sí mismas”.
Loretta Girzaitis, Guidebook for Bible Study

Orando con la Escritura

15 minutos
¡Utilicen este modelo o desarrollen uno propio!

Pidan a uno de los participantes que lea Marcos 1:16–20 en voz alta, y después que vuelva a repetirlo. Pídanle a otra persona que lea este extracto de un sermón de John Henry Newman, teólogo inglés del siglo XIX:
No entendemos que esta llamada es algo que tiene lugar ahora mismo. Pensamos que sucedió en tiempo de los apóstoles; pero no creemos en esto, no le buscamos aplicación a nuestra propia situación. No tenemos ojos para ver al Señor.
Dediquen unos minutos a la reflexión en silencio. Concluyan el momento de reflexión con una oración sencilla como esta: “Señor, ayúdanos a escuchar tu llamada. Concédenos la gracia de responderte a ella”. Culminen la reflexión con un Padrenuestro.

Santos en nestro medio ambiente
Tocar
Esta sección es un suplemento para la lectura individual.
Jesús tocó y sanó a un hombre que sufría la lepra (1:40–45). El hecho de que Jesús haya tocado a este hombre, tiene un doble significado para él. Su enfermedad lo colocaba en el grupo de los marginados. El contacto de Jesús no sólo le trajo la sanación física sino que también puso punto final a su aislamiento.
 La lepra produce deformidades sumamente horribles, y hasta los tiempos modernos, se ha pensado equívocamente que es muy contagiosa. Como resultado de esto, a las personas que sufrían esta enfermedad se les clasificaba como intocables. Sin embargo, con el paso de los siglos, los cristianos han imitado a Jesús cuidando de hombres y mujeres que sufren esta enfermedad. Para algunos, el simple hecho de tocar a una persona leprosa ha constituido la experiencia que cambió su vida. San Francisco de Asís fue una de estas personas. El solo hecho de ver a un leproso le horrorizaba. Si la gente que sufría esta enfermedad se acercaba a él, pidiéndole caridad, Francisco les daba una moneda, pero evitaba todo contacto físico con ellos. Sin embargo, en una ocasión un leproso se acercó a él, y en una inesperada inspiración Francisco colocó una moneda en su mano, luego se inclinó ante él y besó sus dedos. Esto fue una victoria sobre la autoprotección. Más tarde, Francisco escribió: “El Señor me concedió iniciar mi conversión. Mientras vivía en mis pecados, sentía mucha amargura al ver a los leprosos. Pero el Señor me llevó a ellos, y practiqué la misericordia hacia ellos”.
 En 1980 un empresario de Florida, Ferdinand Mahfood, comenzó a organizar esfuerzos para ayudar a la gente pobre del Caribe. “En mi primera visita a los leprosarios”, escribió, “me encogí para no tocar a nadie. El hecho de ver tantos cuerpos tan arruinados debido a esta enfermedad, me dejó sacudido y lleno de miedo. Jesús, ‘oré un día’, sé que me pides que ame a estas personas así como tú las has amado a ellas. Por favor, ayúdame a expresarles tu amor tocando su carne’. No fue fácil estrechar la mano del siguiente paciente con lepra que me encontré, pero esa fue la experiencia que marcó la diferencia”.
 ¿A qué persona sufriente estás renuente a tocar, o acercarte a ella? ¿Dejarás que Dios te ayude a amar?

Entre los diálogos
Marcos 1, crea una fuerte impresión de la iniciativa divina. Dios hizo planes hace mucho tiempo (esto se refleja claramente en las profecías del Antiguo Testamento 1:2–3) y ahora se están llevando a cabo. La vida que Juan llevó en el desierto así como su predicación, expresan en un sentido casi físico una anticipación de la acción divina. Jesús anuncia que el Reino de Dios está cerca e inmediatamente deja una huella impactante en las personas que lo conocen.
 La venida del Reino de Dios significa que Dios está comenzando a cuidar de los hombres y las mujeres de una nueva manera. Si Dios no estuviera involucrado en todos los asuntos humanos, sería suficiente seguir las normas básicas de vida que nos dejó. Pero si Dios viene personalmente a liberarnos del mal y a reconciliarnos con él, debemos responderle con todo nuestro ser.
 La actividad divina no es vaga. Tiene un enfoque visible y tangible: Jesús de Nazaret. Jesús es el instrumento por el cual Dios se hace presente. Por lo tanto, la forma de decir sí a Dios, es decir sí a Jesús. El relato sobre el llamado de los primeros discípulos nos ilustra cómo funciona esto. Jesús invita a Pedro, Andrés, Santiago, y a Juan a que lo sigan; ellos por su parte, dejan todo para seguirlo. El episodio constituye en sí mismo un tipo de icono-en-movimiento de la iniciativa divina y la respuesta humana.
 Un aspecto de la vida de Jesús que puede inquietarnos está relacionado a los encuentros que tuvo con personas dominadas por “demonios” o “espíritus malignos” (ver 1:23, 34). Las personas del tiempo de Jesús pensaron que muchas enfermedades eran causadas por espíritus malignos. Aunque la Iglesia continúa reconociendo la existencia del diablo y los demonios (ver Catecismo de la Iglesia Católica, 391–395) hace mucho tiempo que abandonó la mentalidad precientífica que veía a los demonios como el origen más grande de las enfermedades. Aunque podamos estar en desacuerdo con el diagnóstico médico que daba mucha gente del primer siglo, resulta muy claro en el relato que Jesús libera a la gente del sufrimiento físico y mental. Al hacer esto, Jesús pone de manifiesto que ejerce la fuerza de Dios sobre todos los males, físicos y espirituales —incluyendo todos los males que vayamos a enfrentar. Sus exorcismos son una señal de que la batalla final entre Dios y el mal, esperada largamente por muchos judíos, ha comenzado.
 Juan Bautista exhorta a la gente a que entren en el río Jordán y a que reciban “un bautismo de conversión para todos los pecados” (1:14). Por medio de este bautismo, la gente expresa el dolor por sus pecados y la esperanza de que Dios los perdone. Esta expectativa los lleva a suponer que el perdón será una acción clave en el ministerio de Jesús, y de hecho, el perdón surge rápidamente al inicio de la sección de Marcos que omitimos de camino a nuestra siguiente lectura.
 Jesús sana a un hombre de una enfermedad de la piel, que según la ley judía, su enfermedad lo convertía en una persona ritualmente impura (1:40–45). Dado que el mal era considerado como un símbolo de culpa, la sanación que Jesús le da al enfermo, no sólo es una sanación física, sino también un símbolo del perdón, de ahí que le perdone también sus pecados (2:5).
 Dadas las esperanzas judías de que Dios liberaría a todo su pueblo, los pequeños actos de Jesús por medio de los cuales perdonaba los pecados y sanaba de las enfermedades, constituyen una señal de que la acción divina está llevándose a cabo en gran escala —una acción que tendrá implicaciones en el mundo entero. Aun así, Jesús ejerce una autoridad que va más allá de las expectativas judías. A diferencia de los rabinos o maestros de su tiempo, que esperaban que los estudiantes vinieran a ellos, Jesús llama discípulos, puesto que pensaba que tenía el derecho de determinar el sentido de la vida de los hombres y las mujeres. Además, Jesús se sobrepone a las fuerzas del mal. Sana las enfermedades por medio del contacto directo o a través de la palabra–expresión del poder creativo. Hace lo que sólo Dios tiene autoridad para hacer: perdonar los pecados. Restaura la relación del pueblo con Dios por medio de su propia amistad con ellos, superando el sistema de reconciliación que implicaba los sacrificios en el templo. Ante las autoridades religiosas, el comportamiento de Jesús parece infringir las prerrogativas divinas, amenaza a la ley mosaica, y al templo en Jerusalén (2:7, 16). Sin lugar a dudas, se está creando un conflicto con estas autoridades religiosas.

Meet the Author

KEVIN PERROTTA es un periodista católico muy galardonado, y ex editor de God’s Word Today. Además de Seis semanas con la Biblia, es el autor de Invitation to Scripture [Invitación a la Sagrada Escritura] y Your One-Stop Guide to the Bible [Su Guía todo-en una para la Biblia]. Perrotta vive en Ann Arbor, Michigan.

KEVIN PERROTTA is an award-winning Catholic journalist and a former editor of God’s Word Today. In addition to the Six Weeks with the Bible series, he is the author of Invitation to Scripture and Your One-Stop Guide to the Bible. Perrotta lives in Ann Arbor, Michigan.

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