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Nicolas San Norte y la batalla contra el Rey de las Pesadillas
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Nicolas San Norte y la batalla contra el Rey de las Pesadillas

1.0 1
by William Joyce, Laura Geringer
 

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Nicholas St. North is a daring, rootless, and swashbuckling young swordsman who spends his days thieving and chasing adventure around the world with his friends. His path leads him to the secretive village of Santoff Clausen, rumored to have the greatest treasure in all of the East and protected, so it’s said, by the great wizard Ombric Shalazar. When he gets

Overview

Nicholas St. North is a daring, rootless, and swashbuckling young swordsman who spends his days thieving and chasing adventure around the world with his friends. His path leads him to the secretive village of Santoff Clausen, rumored to have the greatest treasure in all of the East and protected, so it’s said, by the great wizard Ombric Shalazar. When he gets there, though, it’s only to find the town in the midst of a battle with a ferocious bear possessed by Pitch, the dreaded Nightmare King. Now Nicholas must decide: does he seek his own fortune, or does he help Shalazar, Shalazar’s adopted daughter Katherine, and the villagers in their desperate fight? This exciting, imaginative tale will completely engross readers as it reveals the true origins of everyone’s favorite Yuletide figure.

Nicolás San Norte es un joven espadachín temerario, desarraigado e intrépido que se pasa la vida robando y buscando aventuras con sus compinches por medio mundo. En sus correrías llega al pueblo de Santoff Clausen, el cual se rumorea que tiene el tesoro más grande en todo el Este y el cual, según se dice, está bajo la protección del gran mago Ombric Shalazar. Sin embargo, cuando llega se encuentra con un pueblo en plena batalla con un oso feroz poseído por Sombra, el pavoroso Rey de las Pesadillas. Ahora le toca a Nicolás decidirse: ¿Buscará su propio bien, o ayudará a Shalazar, a su hija adoptiva Katherine y al resto de los habitantes en su lucha desesperada? Esta historia emocionante e imaginativa completamente absorberá al lector mientras revela los verdaderos orígenes del más popular de los personajes navideños.

Editorial Reviews

From the Publisher

"[A] deep, dark, dazzling, insouciant mythology . . . [the] most wonderful of William Joyce's worlds."  —Michael Chabon, Pulitzer Prize–winning author, The Adventures of Kavalier and Clay

"The authors do a great job of creating excitement and intrigue, and for those who love to wend their way through extraordinary tales, this novel will not disappoint. The illustrations are wonderful . . . renderings that convey all the magic and fear contained within the story."  —School Library Journal

"Joyce's detailed illustrations capture the multitude of fantastical settings, weapons, and creatures populating this fast-paced tale."  —Booklist

Product Details

ISBN-13:
9788483432426
Publisher:
Bambu
Publication date:
11/01/2012
Series:
Los Guardianes , #1
Pages:
240
Sales rank:
854,542
Product dimensions:
7.50(w) x 5.80(h) x 1.00(d)
Age Range:
9 - 12 Years

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Nicolás San Norte y la Batalla Contra el Rey de las Pesadillas


By William Joyce, Laura Geringer, Arturo Peral

Editorial Bambú

Copyright © 2011 William Joyce y Laura Geringer
All rights reserved.
ISBN: 978-84-8343-252-5



CHAPTER 1

Donde se Renueva la Gran Guerra


La Batalla Del Rey de las Pesadillas comenzó una noche de luna hace mucho tiempo. En el tranquilo pueblo de Tanglewood, un niñito y su hermana pequeña se despertaron de un respingo. Como casi todos los niños (y algunos adultos antes o después), tenían miedo a la oscuridad. Los dos se incorporaron lentamente en la cama, aferrándose al edredón que les rodeaba como un escudo. Demasiado asustado para levantarse a encender una vela, el niño abrió las cortinas y miró por la ventana en busca de la única luz que podía verse durante aquellas noches de antaño: la Luna. Allí estaba, llena y brillante.

En ese momento, una joven luz de luna se lanzó desde el cielo a través de la ventana. Como todas las luces, tenía una misión: proteger a los niños.

La luz de luna brilló con todas sus fuerzas, y pareció sosegar a los dos niños. Uno a uno, suspiraron adormilados y volvieron a tumbarse. En poco tiempo estaban durmiendo de nuevo. La luz de luna escudriñó la habitación. Todo estaba a salvo. Aparte de sombras, no había nada. Pero la luz sintió algo más allá de la habitación, más allá de la cabaña. En alguna parte, algo no iba bien. La luz rebotó en un pequeño espejo de cristal sobre la cómoda de los niños y salió por la ventana.

Centelleó a su paso por el pueblo, después por el bosque de pinos y abetos, parpadeando de carámbano en carámbano. Fue asustando a murciélagos y sorprendiendo a búhos mientras recorría el viejo camino indio, que estaba cubierto de nieve. El camino la condujo hasta la zona más oscura de las profundidades del bosque, un lugar temido por los moradores de la región, que casi nunca se aventuraban hasta allí. Como un reflector, la luz se abalanzó hacia la oscuridad hasta que encontró una cueva.

Unas rocas extrañas, rizadas como cera derretida, enmarcaban la entrada, que parecía un bostezo. La cueva estaba repleta de sombras que parecían respirar como seres vivos. La luz de luna titubeó. En ninguno de sus viajes había visto algo de tan mal augurio.

Entonces, sin saber si actuaba por valentía o insensatez, se lanzó tras las sombras al interior de la fosa.

La oscuridad parecía no acabarse nunca. Al final, la luz llegó a una laguna. Las aguas negras y estancadas reflejaban su brillo, iluminando tenuemente la cueva. Y allí mismo, en el centro de la laguna, se alzaba una figura gigante. Era más densa y oscura que las sombras que la rodeaban. Inmóvil como una estatua, llevaba una capa entintada como un rezumadero de petróleo. La luz de luna examinó lenta y cautelosamente aquella figura. Cuando llegó a sus ojos, ise abrieron! iLa figura estaba despierta!

Las sombras empezaron a retorcerse a sus pies, llenando el aire con su grave zumbido. Crecieron hasta que se estrellaron contra las paredes de la cueva como olas que chocan contra un embarcadero irregular. iPero no eran sombras en absoluto! Eran criaturas, criaturas que ningún niño o mensajero de la Luna había visto desde hacía siglos. Y la luz de luna comprendió enseguida que estaba rodeada de temores y de hombres de las pesadillas, ilos esclavos del Rey de las Pesadillas!

La luz de luna palideció y vaciló. Quizá debiera darse por vencida y volver corriendo a la Luna. De haberlo hecho, nadie habría podido contar esta historia. Pero la luz de luna no se marchó. Al acercarse un poco más, comprendió que la fantasmal figura era la que todas las luces de luna aprendían a temer: iera Sombra, el Rey de las Pesadillas! Su corazón estaba atravesado por una daga diamantina que lo mantenía clavado a un montículo de mármol negro como el ébano. La luz de luna se acercó todavía más con cautela, mirando la empuñadura de cristal del arma.

Pero la luz no se mueve alrededor del cristal, sino que lo atraviesa, y de pronto la hoja la succionó. Enroscándose de un lado al otro, la luz de luna se vio arrastrada en una tortuosa carrera hasta la punta del filo. Estaba atrapada, suspendida en el corazón helado y vidrioso de Sombra. El pecho del Rey de las Pesadillas empezó a brillar desde dentro al tiempo que la luz de luna rebotaba en él frenéticamente en su intento desesperado por huir. Allí dentro hacía un frío terrible, peor incluso que en las regiones más oscuras del espacio. Pero la luz de luna no estaba sola. Justo al otro lado del filo de la daga distinguió la forma espectral de un delicado niñito que permanecía acurrucado en el hueco más alejado del corazón de la fantasmal figura. ¿Un niño? Dubitativa, la luz iluminó la cabeza del niño.

Ese pequeño haz de luz fue suficiente: el niño espectral empezó a crecer. Salió despedido alegremente del pecho de Sombra, ipor fin libre! La luz de luna rebotó de un lado al otro, mientras el niño, con un tirón repentino, sacó la daga radiante del corazón frío que lo había mantenido encerrado. Sosteniendo el arma en el aire para iluminar su camino, ya que la luz de luna seguía encerrada dentro, el niño salió disparado hacia arriba para abandonar la cueva maldita e internarse en la noche estrellada. Cuando sus pies alcanzaron la nieve del suelo, tenía el aspecto de un niño real, siempre que se pudiese forjar un niño real con niebla y luz y cobrara vida milagrosamente.

Liberado de la daga que lo atravesaba, Sombra empezó a crecer también, alzándose como una torre de carbón viviente. Creció hasta alcanzar un tamaño monstruoso y siguió el camino iluminado del niño hasta la superficie.

Mientras miraba el cielo con furia, Sombra olisqueó el aire extasiado. Le bastó encogerse de hombros y lanzar su capa para ocultar la Luna. Se agachó y hundió los dedos en la tierra, dejando que los olores del bosque a su alrededor llegaran hasta su inquieto cerebro. Sentía un gran apetito, abrumado como estaba por un hambre voraz que le quemaba por dentro.

Respiró profundamente, buscando en el viento invernal el premio que tanto codiciaba, el tierno alimento que había deseado incluso más allá de la libertad, durante todos aquellos interminables años de cautiverio en las profundidades: los dulces sueños de niños inocentes. Convertiría sus sueños en pesadillas, sin excepción, hasta que todos los niños de la Tierra vivieran aterrados. iAsí se vengaría de quienes habían osado encerrarlo!

Mientras la mente de Sombra se llenaba de gloriosos pensamientos de venganza, a su alrededor se alzó una nube negra y sulfurosa que surgía de aquella cueva que parecía no tener fin. De aquel vapor, volando en todas direcciones a la vez, salieron seres oscuros que gritaban de forma espantosa: los temores y los hombres de las pesadillas. Había miles de ellos. Como si fueran murciélagos gigantes, planearon sobre el bosque y más allá, invadiendo los sueños de todas las personas que dormían cerca.

Para entonces, la luz de luna estaba desesperada. iHabía encontrado a Sombra! iEl Maligno! iTenía que volver a la Luna a informar al Zar Lunar! Pero recordó a los niños que dormían en su cabaña. ¿Y si los temores fueran a por ellos? ¿Cómo podría la luz de luna ayudarles si seguía atrapada dentro de la daga de diamante? La luz se sacudió y se resistió, sirviendo de guía al niño, que avanzaba saltando, ligero como el aire, hasta el pueblo de Tanglewood, y después hasta la ventana de los niños. Se detuvieron con un patinazo.

El niño espectral se subió al alféizar de la ventana. Cuando miró a los niños, en alguna parte de su corazón se removió el antiguo recuerdo de un bebé dormido y una lejana canción de cuna. Pero el recuerdo se disolvió casi con la misma rapidez con la que apareció, dejando en su lugar una profunda e inesperada tristeza.

Algo oscuro pasó a toda velocidad junto al niño y se introdujo en el dormitorio de los pequeños. De pronto, dos temores serpenteantes se quedaron suspendidos en el aire sobre los dos hermanos durmientes, que se agitaban sin cesar y se aferraban al edredón. Instintivamente, el niño espectral saltó del alféizar, agarró una rama rota que había en el suelo y le ató la daga de diamante a un extremo. Apuntó con su reluciente arma a la ventana.

Los temores se encogieron con la luz, pero no desaparecieron. Y así, por segunda vez aquella noche, la luz de luna brilló con todas sus fuerzas. Los temores no pudieron soportar aquella intensidad. Con un gemido grave, se arremolinaron juntos y luego desaparecieron sin dejar ni rastro.

Los niños se dieron la vuelta y se acurrucaron sobre las almohadas con una sonrisa.

Tras ver aquellas sonrisas, el niño espectral se rio.

Sin embargo, más arriba, en la Luna, no había ninguna razón para reír. El Zar Lunar, al que llamamos el Hombre de la Luna, estaba totalmente alerta. Algo no iba bien. Todas las noches enviaba miles de luces de luna a la Tierra. Y cada noche regresaban y presentaban un informe. Si seguían resplandecientes, todo iba bien. Pero si regresaban oscurecidas o sin lustre de sus viajes, el Zar Lunar sabía que los niños de la Tierra necesitaban su ayuda.

Durante un milenio todo había ido bien y las luces de luna habían regresado con el mismo brillo con el que habían partido. Pero ahora, una luz de luna no había vuelto.

Y por primera vez en mucho tiempo, el Zar Lunar sintió un miedo antiguo.

CHAPTER 2

Donde se Muestra que Hablar las Lenguas de los Insectos Resulta Útil


En el interior de las Boscosas tierras de Siberia oriental había un pequeño pueblo llamado Santoff Claussen. Allí vivía uno de los últimos grandes magos, Ombric Shalazar, que aquella mañana estaba inmerso en una acalorada discusión con un montón de insectos nocturnos, concretamente una mariposa luna, varias luciérnagas y un gusano de luz.

No es que fuera algo inusual. Ombric podía hablar varios miles de lenguas. Hablaba con fluidez los dialectos de todo tipo de insectos, aves y bestias; incluso sabía hablar hipopótamo.

Cuando cambiaba del idioma de la mariposa luna al de las luciérnagas, un grupo de niños del pueblo, que iban temprano a la escuela, se detuvieron cerca. Muchos de ellos acababan de empezar a aprender algunas de las lenguas más sencillas de los insectos (hormiga, gusano, caracol), y aunque las de las mariposas y las luciérnagas eran difíciles (la del gusano de luz todavía más), intuyeron por el tono de la conversación que algo iba realmente mal.

Ombric solía ser un mago extraordinariamente tranquilo. Nada parecía sorprenderle. iEra imposible! iEra el último superviviente de la ciudad perdida de Atlántida! Era un hombre que había visto y hecho de todo. Podía comunicarse telepáticamente con sus búhos. Podía atravesar paredes. Convertir plomo en oro. iHabía ayudado a inventar el tiempo, la gravedad e incluso las pelotas que botan! Pero hoy, mientras hablaba con aquel grupo de insectos, los niños vieron por primera vez que parecía perplejo y preocupado. La ceja izquierda se le arrugaba cuando la fruncía. Entonces, de repente, se volvió hacia los niños y dijo algo que nunca antes había dicho:

–Hoy no hay clase. Deberíais volver a casa ... cuanto antes.

Los niños estaban asombrados. Casi decepcionados. iNunca antes se habían anulado las clases, y casi nunca acababan pronto! Algunas veces se habían extendido tanto, que Ombric se había visto obligado a detener el tiempo para que pudieran seguir un rato más. Eso siempre provocaba gran revuelo, ya que todo lo que Ombric les enseñaba era, sin excepción, divertido. No solo les enseñaba a hacer que el agua fluyera hacia atrás y a embalsar un riachuelo, también les enseñaba a subirse a casi cualquier cosa, a construir catapultas y, lo mejor de todo, a entender los secretos de la imaginación.

–Entender con la imaginación –solía decir Ombric– es conquistar los límites del tiempo y del espacio.

De hecho, todo lo que estudiaban estaba centrado en cómo lograr que cualquier pensamiento –sin importar que pareciera imposible o fantasioso– se hiciera realidad. Y así, desalentados y confusos por el cambio en su rutina diaria, los niños regresaron a sus casas. Algunos vivían en árboles, otros bajo tierra, otros a medio camino entre lo uno y lo otro. Porque Santoff Claussen era un pueblo único en el mundo. Cada casa tenía un pasadizo secreto, una trampilla o una habitación mágica. Los telescopios y los techos retráctiles fabricados con brotes perennes eran habituales. Tal y como Ombric había soñado que fuera. Quería que el pueblo pareciera imposible.

Desde la época en la que Ombric era un mago muy joven, había viajado a todos los rincones de la Tierra en busca del lugar perfecto para crear un paraíso para sus compañeros soñadores. Pero no encontró el lugar exacto hasta que casi le alcanzó un meteorito (que, afortunadamente, explotó dos colinas más allá). Casi sin comprender el riesgo que había corrido, fue a investigar el cráter, que seguía caliente. Allí mismo, justo en el centro, había un arbolillo solitario que había sobrevivido al impacto. El arbolillo brillaba, y Ombric dedujo al instante que era la energía de una antigua luz estelar.

El mago se ocupó del arbolillo, que creció, más deprisa de lo que se imaginaba, hasta convertirse en una maravilla de la naturaleza. iUna maravilla del cosmos! Creció hasta ajustarse al tamaño que Ombric había soñado que tendría. Y sus ramas, sus raíces y su tronco crecieron de tal forma que Ombric pudo instalarse en su interior. Los primeros niños que vieron el árbol lo llamaron la Gran Raíz. Y desde ese cuartel general, Ombric daba la bienvenida a todos aquellos con mentes inquietas y corazones amables. Pronto surgió un pueblecito. Ombric lo llamó Santoff Claussen, una antigua expresión de la Atlántida que significaba «el lugar de los sueños».

El mago trabajó día tras día para que Santoff Claussen se convirtiera en el paraíso perfecto para aprender: un lugar ilustrado donde nadie se reiría de nadie (fuera joven o viejo) que soñara con cosas posibles ... e imposibles. De ese modo atrajo a su pueblo a inventores, científicos, artistas y visionarios de todo el mundo.

Ombric sabía que no todos compartían sus ideas sobre el conocimiento. iMira lo que le pasó a Galileo en Italia cuando se atrevió a sugerir que la Tierra giraba alrededor del Sol! Por eso Ombric diseñó varias barreras mágicas, una dentro de otra, para proteger su pueblo. Y al igual que la Gran Muralla china, tardó siglos en construirlas.

Primero plantó un seto circular de helechos y parras para ocultar el corazón de Santoff Claussen. La tierra en torno al pueblo, muy rica en polvo de estrellas, resultó ser un fertilizante sin igual, por lo que las parras frondosas brotaron y se extendieron siguiendo las indicaciones de Ombric. Se entrelazaron y retorcieron hasta formar un seto casi impenetrable de treinta metros de alto, cubierto de espinas largas como espadas.

Pero a pesar de las espinas, a Santoff Claussen llegaban forasteros con más interés por los rumores de tesoros que por aprender. Como la mayoría de los maestros en magia, Ombric podía hacer aparecer a voluntad diamantes y gemas tan espléndidos que a cualquiera se le pondrían los ojos como platos. Los usaba para conjuros y elixires. Una vez usados, perdían todo su brillo y su valor. Sin embargo, permanecían los rumores de su incontable riqueza. Sin duda, ihabía un tesoro en Santoff Claussen! Pero no del tipo que los cazatesoros esperaban ...

Pero venían a pesar de todo, ya que las riquezas que describían las historias eran demasiado tentadoras para los cazatesoros. Pero cuando se toparon con un mago furioso, empezaron nuevos rumores. Llamaban a Ombric hereje, brujo e incluso cosas peores. Se decía que había robado las almas de la gente de Santoff Claussen y que había que quemarlo en la hoguera.

Por eso Ombric creó un segundo círculo de protección: un enorme oso negro, el más grande de toda Rusia, con un valor y una devoción incuestionables. El oso rondaría la región para proteger al pueblo de cualquiera que quisiera hacerles daño.

Después, en el límite exterior, Ombric plantó el tercer círculo, esta vez de robles majestuosos, los más grandes del mundo, cuyas enormes raíces podrían alzarse y cortarle el paso a cualquiera que intentara entrar con malas intenciones. Ombric tuvo que rebuscar en siete de sus cuadernos más antiguos para encontrar el encantamiento adecuado para llevar a cabo aquella proeza.

Y por si acaso aquello no era suficiente para mantener fuera a los intrusos, Ombric hizo aparecer un último elemento: un ser tentador y fantasmal de seductora sonrisa. Adornada con lo que parecían ser gemas relucientes, esa Ánima del Bosque podía conducir a los visitantes hostiles o innobles a un final concreto y útil: los convertía en piedra, condenándolos para siempre a ser parte de las defensas del pueblo.

Los esfuerzos de Ombric fueron todo un éxito. Con el tiempo, cada vez menos villanos acudían a Santoff Claussen, y los forasteros que aún sabían que existía hablaban del pueblo solo en susurros. Decían que era un lugar encantado. Hechizado. Un misterio que, para bien de todos, estaba mejor sin resolver.


(Continues...)

Excerpted from Nicolás San Norte y la Batalla Contra el Rey de las Pesadillas by William Joyce, Laura Geringer, Arturo Peral. Copyright © 2011 William Joyce y Laura Geringer. Excerpted by permission of Editorial Bambú.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.

What People are Saying About This

From the Publisher
"[A] deep, dark, dazzling, insouciant mythology . . . [the] most wonderful of William Joyce's worlds."  —Michael Chabon, Pulitzer Prize–winning author, The Adventures of Kavalier and Clay

"The authors do a great job of creating excitement and intrigue, and for those who love to wend their way through extraordinary tales, this novel will not disappoint. The illustrations are wonderful . . . renderings that convey all the magic and fear contained within the story."  —School Library Journal

"Joyce's detailed illustrations capture the multitude of fantastical settings, weapons, and creatures populating this fast-paced tale."  —Booklist

Meet the Author

William Joyce is an author, a filmmaker, and an illustrator whose work has garnered critical and commercial praise across a range of children’s media. His picture books include Dinosaur Bob and His Adventures with the Family Lazardo, The Leaf Men, and Santa Calls; he has won three Emmy Awards for his animated series Rolie Polie Olie; and the animated short film The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore, which he codirected, won an Oscar for Best Animated Short Film. Joyce’s illustrations have also appeared numerous times on the cover of the New Yorker and his paintings are on exhibit at museums and art galleries across the United States. He lives in Shreveport, Louisiana. Laura Geringer is the author of a number of highly acclaimed books for children and young adults, including the Myth Men graphic novel series, A Three Hat Day, and Sign of the Qin, an ALA Best Book for Young Adults. She has also served on the national advisory board of First Book, a nonprofit organization that distributes books to children in need. She lives in New York City.

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