Señor, estás tarde otra vez

Señor, estás tarde otra vez

by Karon Phillips

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Product Details

ISBN-13: 9781620296189
Publisher: Barbour Publishing, Incorporated
Publication date: 11/01/2012
Sold by: Barnes & Noble
Format: NOOK Book
Pages: 192
Sales rank: 948,279
File size: 797 KB

About the Author

Florida beach bum Karon Phillips is author of the popular “woman’s guide” series of You’re Late Again, Lord!, Grab a Broom, Lord, There’s Dust Everywhere! and You Still Here, Lord? as well as Pursued by the Shepherd, Unafraid, and more. She’s also written for magazines including Woman’s Day and Writer’s Digest. Become a “2 Rule Girl” with Karon: @2RuleGirl and 2 Rule Girls on FB.

Read an Excerpt

CHAPTER 1

Dios tiene un plan

* * *

¡Desearía tener un centavo por cada vez que pedí al Señor que me diera paciencia! Lo único que tendría que esperar entonces sería la suma final de mi dinero. De las innumerables veces que pedí paciencia a Dios, nunca jamás la recibí, ni siquiera una sola vez. Tal vez se cansó de oír la misma petición tantas veces repetidas. Finalmente, un día tuve una charla seria con Dios. Solía pensar que yo la había iniciado, pero luego llegué a darme cuenta de que fue Él.

«Señor, esto no lo soporto. Siempre estoy esperando alguna cosa u otra, y todo es importante. Pero ya no lo soporto más. Tienes que hacer algo», oraba y protestaba en voz alta. Estaba desesperada. Mis fuerzas y mi espíritu estaban sufriendo.

«No, tienes que hacer algo. Te lo indiqué muy claro hace muchos años, pero no me hiciste caso», me dijo Dios. «Por eso siempre volvemos aquí».

«Perdóname ...», respondí.

Estuvimos en esta situación, Dios y yo, muchas veces ya. Trataba de aprender lo que Él quería enseñarme, pero era muy testaruda y estaba muy decepcionada. A veces me pregunto cómo Dios tenía tanta paciencia en tratar conmigo.

No cabe duda que vivimos nuestras vidas según los tiempos de Dios. Al fin y al cabo es su mundo, y solo Él sabe cómo hacer que el reloj funcione. «Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora» (Eclesiastés 3:1). Sin embargo, nosotras queremos estar a cargo.

Pero el mundo gira alrededor de los tiempos de Dios, no de los míos ni los tuyos. Es increíble que su omnipotente control de los tiempos fuera una revelación tan asombrosa, pero siendo una mujer tan organizada, siempre lista, preparada, prevista y responsable, durante muchos años rechazaba la idea de no poder eliminar elesperar de mi vida con suficiente determinación y persistencia. Todo ese esfuerzo fue muy mal dirigido, lo veo ahora. Mis ideas me parecían coherentes durante todo ese período, pero Dios conocía lo débiles que eran.

El esperar es inevitable para todo el mundo. Podemos pasar el tiempo quejándonos y criticando con disgusto, o usar el mismo para adorar, crecer y comprender. Así lo dijo Dios. El plan que Él concibió hace mucho tiempo nos da una meta y las herramientas para alcanzarla. «Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas» (Isaías 40:31). No hay nada que nos quite las fuerzas, la energía y las ganas como el tener que esperar. Cuando tenemos que esperar nos sentimos impotentes y abandonados. Pero podemos renovar nuestras fuerzas cuando esperamos en el Señor. Y eso era justamente lo que tanto necesitaba: que mis fuerzas y espíritu se renovaran, se repararan, renacieran.

En muchas interpretaciones del mensaje de Dios, las palabras «espera» y «esperanza» son usadas de forma intercambiable. Tiene sentido. La espera siempre se llena de esperanza. La esperanza implica algo que ha de venir. Y ambas ideas muestran total dependencia del Señor. «Espera en mí con esperanza», nos dice, «y mientras tanto, ocúpate de estas cosas».

No nos dice que nos quedemos esperando con esperanza y sentadas quietas. Nos dice que levantemos vuelo, corramos, caminemos ... estas son palabras que indican todo menos inacción. Estas palabras exigen trabajo. Estas palabras vienen con un propósito. Puedes cumplir con el propósito del Señor y mientras esperar con esperanza. ¡Qué plan! Te dije que Él es listo.

El que hizo el oído, ¿no oirá?
No podemos apurar a Dios, no podemos sobornarle ni obligarle a cambiar el plan que hizo. Pero sí podemos aprender a confiar en el Señor y no malgastar nuestro tiempo de espera ... Él es demasiado económico para hacer eso. Él conoce nuestras fallas y sin embargo aun nos tiende su mano, una vez tras otra, aun cuando resistimos. Nuestro trabajo siempre es colaborar, escuchar, aprender, y nuestra meta es cumplir con el plan de Dios para nosotras ... en los tiempos de Él.

Conociendo nuestra miope tendencia humana de exigir razón y acción, Él nos preparó una guía hace ya mucho tiempo. Me ayudó a recordarla ese día en que me quejaba sin cesar, cuando dudaba de su cuidado e interés, preguntándome si sería que iba a abandonarme para siempre. Teniendo en cuenta la frecuencia con que pensaba que no precisaba de Su ayuda, es probable que Él haya querido hacerlo a veces.

«¿No puedes ver mi gran necesidad de tus respuestas?», le imploré nuevamente.

«¿Por qué no puedes recordar los consejos y la guía que te di durante los años pasados?», me contestó.

«¿Porque mi cabeza es tan dura como un poste de luz?», le concedí.

«Iba a decir que es porque no te calmas ni te enfocas en mí. Quieres alcanzar las respuestas antes de plantear las preguntas correctas. Tu falla está en no pedir lo que más necesitas».

«¿Qué es lo que más necesito?»

«Necesitas de mí. Te hace falta sentirme a tu lado y saber que con esto te basta para enfrentar lo que queda por delante, sea lo que fuere, en vez de tratar de acoplarme a tu programa. Primero y constantemente necesitas renovar tu espíritu. Serénate y déjame ayudarte».

«Lo intentaré así, pero tú sabes como soy ...»

«Está bien, ya lo vamos a arreglar. Solo préstame atención esta vez y volvamos a revisarlo», dijo Él.

«Estoy lista», le dije.

Recordando

* * *

Aquella vez, cuando Dios me habló, presté más atención, no sé si fue por pura desesperación o irritación. Recordé ese primer día que Él trataba de llegar a mí con Su plan, Su paz.

En ese entonces, que ahora parece como hace miles de años, recién recibida de la universidad, trabajaba como periodista en un pequeño periódico. Cubría los policiales y alertas de incendios, las reuniones de la municipalidad y la comisión de urbanización. Y cada cuatro semanas me tocaba el «tema iglesia». Esto significaba redactar algo con un enfoque espiritual para el diario del fin de semana. En una ocasión entrevisté a un joven que había elaborado un excelente programa para los jóvenes en su iglesia. Estaba preparándose para ir a la Universidad a estudiar para ser pastor. Se trataba de una persona fascinante, y nuestra conversación desembocó en su búsqueda de la universidad correcta.

Me dijo que estaba buscando la guía de Dios en cuanto al seminario que debía elegir. Creía haberlo encontrado en el último campus que había visitado, donde en el cartel de la entrada se mostraba el versículo bíblico Isaías 40:31, su favorito.

Me lo citó de manera tan hermosa que hasta el día de hoy puedo escucharlo, aunque con el tiempo ya no recuerdo ni su nombre ni el seminario que eligió. Y aunque en otras oportunidades me falla la memoria terriblemente, he escuchado ese versículo pasar por mi mente sin errores desde entonces. No sé si lo había escuchado antes de ese momento, pero en cuanto lo oí, sentí como si fuese mío, todo mío.

Pero los que esperan a Jehová
Aunque amaba la belleza y la simplicidad de esas palabras y anhelaba su consuelo, aún luchaba con Dios por el control cada vez que debía desacelerar mi vida y esperar. Buscaba consuelo en esas palabras, pero al mismo tiempo imploraba por las respuestas que ya tenía determinadas como las correctas. Estaba demasiado ocupada en hablar como para escuchar, pero Dios nunca estaba demasiado ocupado para prestarme atención. «¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos» (Mateo 10:29-31).

«Eso también te incluye a ti», dijo Él.

«¿Aun mientras espero?» «Especialmente mientras esperas».

MIENTRAS ESPERAS:

* ¿Cómo reaccionas al tener que esperar por algo?

* ¿De qué maneras sufren tu espíritu y tus fuerzas durante la espera?

* Piensa de qué manera quieres levantar vuelo, correr y caminar hacia una relación mucho más estrecha con Dios.

CHAPTER 2

Él me habla

* * *

Ese día, mientras Dios y yo teníamos nuestra charla, me sentí vacía y muy sola. Había estado esperando durante mucho tiempo, tratando de tener toda la paciencia posible y buscando las causas de mis demoras. Me sentí impotente; no podía hacer nada para cambiar mi vida, y Dios no quería hacer nada para cambiármela. Por supuesto, yo estaba equivocada (una vez más). Dios haría cualquier cosa que fuera necesaria, pero yo tenía que saber cómo pedir y cómo escuchar. Tenía que aprender a esperar con esperanza en Él, recurrir a Élprimero, no en último lugar.

«El que pertenece a Dios escucha lo que Dios dice. Ustedes no oyen porque no pertenecen a Dios» (Juan 8:47). No podía oír nada más que mis propias exigencias. No tenía tiempo para pertenecer a Dios ... quería que Él me perteneciera a mí. Ya sé que suena ridículo, pero tal vez has experimentado lo mismo al sentirte oprimida por la espera. Había creado mi propio abandono en la «sala de espera» que Dios había creado para mi crecimiento.

¿No era yo quien me quejaba de Dios sin cesar a la vez que no podía ver en qué áreas me hacía falta hacer algún cambio? ¿No era yo quien exigía que el cielo y la tierra funcionaran según mi programación, como si estuviera a cargo y pudiese mandar a Dios mismo? ¿No era yo quien me estancaba en medio de lo que tan desesperadamente quería: comprensión y respuestas, una afinidad con Dios que no fallara? ¡Dios mío! ¡Seguramente mi cabeza dura ha puesto a prueba la paciencia de Dios en más de una oportunidad! Pero Él era siempre el Consolador. «Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira y grande en misericordia» (Salmo 103:8).

Me pregunto cuántas veces el Señor se divirtió con mis discursos rimbombantes, mis desvaríos inútiles y egoístas, exigiendo acción ¡ya! Sin embargo, ahí estaba Él cuando yo pedía — una vez más — explicando mis deberes, en qué tenía que ocuparme y cómo, ayudándome otra vez a ver lo que estaba allí de forma tan clara. Está bien, la lección era acerca de esperar, pero esperar con un propósito. «Espera en mí y levantarás vuelo y correrás y caminarás», dijo Él, pero yo, tan apurada y con mis esfuerzos tan desorientados, no hacía nada más que tropezar.

Yo quería respuestas, sin condiciones. Dios me dijo: «Está bien, tendrás tus respuestas, pero necesito que trabajes mientras las esperas y que hagas las preguntas correctas».

«Así no me basta», le dije. Estaba dispuesta a escuchar siempre que Dios dijese lo que yo quería oír. Cuando esto no ocurría, me quejaba cada vez más porque nada sucedía, mientras todo el tiempo Dios me estaba dando la oportunidad de que ocurriera mucho: de lograr que lo más importante sucediera, que era crecer hacia Él, pero todavía me resistía.

Mi preocupación con la espera en mi vida ocultaba mis propias faltas y debilidades para que no pudiese verlas. Creo que Dios sintió que era tiempo de que por fin me enfrentara con ellas porque Él sabía cómo me estaban destruyendo desde adentro. Mi irritación con el tiempo de espera era solo una señal externa. El Señor me proveyó la oportunidad de crecer hasta estar más cerca de Él dentro de la misma espera que yo tanto detestaba.

Cuando el Señor consideró que finalmente yo estaba lista para escuchar y aprender, no se equivocó. Si es que de la necesidad nace la invención, entonces es seguro que de la desesperación nace la decisión. Tomé mi decisión ese día. Estaba lista para aprender esas lecciones que Él tenía para mí, para aprender el arte de esperar con propósito, de trabajar conforme con Sus tiempos. No tenía idea de cuánto durarían las lecciones. La verdad es que continúan hasta hoy, y lo acepto.

Extendí mis manos a ti, mi alma a ti como la tierra sedienta.
Enséñame

* * *

Estaba lista para aprender, pero no sabía cómo. No tenía la más leve idea de por dónde comenzar, pero la tarea se iba haciendo más clara.

«Es que hay mucho para ocuparse mientras se espera, en especial tú», dijo Dios.

No hace falta ser tan personal ...

Durante años yo creía que la fe correcta debía significar no hacer nada más que esperar en el Señor con paciencia, sin acción y sin cuestionamiento. Y yo ponía en duda mi fe porque no soy muy buena para quedarme sentada con paciencia y esperar quieta. Lo que yo veía como una falta de fe era en realidad una falta de propósito.

«¿No se suponía que yo esperara sin dudas? ¿No es esta la manera de tener fe?», pregunté.

«No, una verdadera fe significa esperar conmigo con propósito, mientras se despliega mi plan, confiando en mí», dijo Él. «Te enseñaría cómo, si solo pudieras ver. El tiempo es valioso, y lo estás malgastando al tratar siempre de controlarlo. No es necesario hacer eso, lo que necesitas es llenarlo con algo mucho más útil que tus quejas acerca de cómo su paso cuadra en tus esquemas».

¡Paf! Me pegó fuerte con eso.

«Así que, ¿tienes un plan para mí, pero todavía debo esperar?»

«Sí, a veces tienes que esperarme, pero con una paciencia llena de propósito. Tu impaciencia no puede cambiar mi plan de ninguna manera. Es tu trabajo lo que me interesa. Hay mucho por hacer».

Yo siempre quería mucho llegar lo antes posible a la parte del «hacer» ... a mi manera: intentaba razonar con Dios y trataba de que Él entendiera mi lógica y mi forma de ver la situación. Parece absurdo ahora el modo en que continuamente yo tenía todo resuelto y creía que Él siempre llegaba tarde. Había hecho todo el trabajo para Él — arreglado todo, contestado todas las preguntas — lo único que tenía que hacer era seguir mi dirección, y sin embargo Él se negaba. Muchas veces omitía la parte de preguntarle lo que Él quería. Y no ponía atención en la parte de lo que yo necesitaba. Ahora me doy cuenta de que Dios no deja nada sin atender, y de que todo mi trabajo sin Él es inútil.

«No hay sabiduría, ni inteligencia, ni consejo, contra Jehová» (Proverbios 21:30). Y no hay plan que el Señor tenga para mí que no sea lo que preciso y que no me lleve a donde necesito estar. (Pensarás que debí haber captado eso antes ...) Siempre quería que se cumpliera el tiempo de espera, sin importarme mucho los beneficios que tuviera para mí. No podía ver ninguna demora como un desarrollo positivo, entonces, por supuesto, nunca podía aprender las lecciones. Me quedaba pensando que había fracasado simplemente porque no podía ser la tranquila y paciente discípula que alguna vez había creído ser. Dios me mostró otra manera.

El Señor me mostró la parte del plan que yo siempre había ignorado, que acercarme más a Él era el viaje que podía emprender hoy, no un destino tan lejano que se hacía difícil ver.

Esperar en Dios por sus respuestas no significa resignarse en silencio a días vacíos o incluso a semanas o meses o años. Significa trabajar con un propósito mientras espero el próximo paso de su plan. No me hace falta una copia del proyecto matriz. Puedo trabajar mientras espero.

«Está bien», le dije. «Creo que lo entiendo».

Pude imaginar a Dios sentado allí, siempre paciente, suspirando profundamente, algo escéptico pero con esperanza. Yo había fracasado tantas veces antes.

«¿Entonces no era la paciencia lo que me hacía falta, sino un propósito? Así, a través de la espera, mi espíritu es renovado. Con nuevas fuerzas y un propósito, puedo ayudarnos a los dos. Puedo usar el tiempo de espera que siempre en el pasado me destruía, y puedo hacer el trabajo que tienes para mí. No se pierde nada».

«No está mal», dijo Él. «Ahora vamos a trabajar en eso. No hace falta esperar con paciencia cuando aprendes a esperar con propósito. ¿Cuándo quieres empezar?»

Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; enséñame, tus sendas.
MIENTRAS ESPERAS:

* ¿Qué crees que Dios está tratando de decirte cuando tienes que esperar?

* ¿Cómo puedes escuchar más efectivamente Sus instrucciones?

* Piensa en el tipo de discípula que quieres llegar a ser mientras esperas.

(Continues…)


Excerpted from "Señor, estás tarde otra vez"
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Excerpted by permission of Barbour Publishing, Inc.
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Table of Contents

Introducción,
PARTE 1: La muy sobrestimada virtud de la paciencia,
PARTE 2: Junta tus herramientas,
PARTE 3: Conoce quién eres,
PARTE 4: Volver a descubrir la guía oculta por la duda,
PARTE 5: Volver a descubrir el coraje oculto por el miedo,
PARTE 6: Volver a descubrir la paz oculta por la preocupación,
PARTE 7: Cuando acaba la espera,

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