Sobre la marcha: Reflexiones desde la experiencia pastoral

Sobre la marcha: Reflexiones desde la experiencia pastoral

Paperback(Spanish-language Edition)

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Product Details

ISBN-13: 9788493564179
Publisher: Ediciones Noufront
Publication date: 12/01/2010
Edition description: Spanish-language Edition
Pages: 144
Product dimensions: 5.40(w) x 8.20(h) x 0.40(d)

About the Author


Emmanuel Buch is an evangelical pastor, a teacher of ethical Christianity at the Seminario Teológico Bautista Español, and the author of several books, including Alenar: 365 invitaciones a la meditación. José Pablo Sanchez is the director of the Spanish television programs Buenas Noticias and Canal de Vida, the vice president of the Consejo Evangélico de Madrid, and a former pastor.

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Sobre la marcha

Reflexiones desde la experiencia pastoral
By Emmanuel Buch

Thomas Nelson

Copyright © 2011 Emmanuel Buch
All right reserved.

ISBN: 978-84-92726-42-4


Chapter One

Pensaba ayer

"When the leaves, come falling down" Van Morrison

Pensaba ayer en una misionera a quien el Señor ha llamado a Su presencia hace unas semanas, a sus ochenta y ocho años. Me ha conmovido el testimonio de esta mujer. Convertida al Señor en su adolescencia, sintió el llamado misionero y "aterrizó" en Chiapas con apenas veintisiete años. Con su esposo, fueron los primeros misioneros en aquel lugar. Allí nacieron sus hijos y allí dedicó todo su ministerio, traduciendo a las lenguas indígenas porciones de las Escrituras y viendo cómo el Señor traía abundante fruto a su labor. Su fidelidad con aquellos pueblos indígenas la llevó a instalarse en Chiapas hasta el final de sus días, renunciando a las comodidades de su país de origen. Algo más llamó mi atención: su conversión fue a través de un matrimonio que, no pudiendo tener hijos, decidió celebrar reuniones de estudio bíblico en su casa, con adolescentes, para guiarles al Señor. Hasta donde sabemos, ella fue el único fruto de aquella labor ... pero fue un fruto que se ha extendido por varias generaciones y por varios continentes. La economía de Dios es distinta a la nuestra. La siembra y la cosecha en el Reino sigue patrones distintos a los humanos. Por eso, recuerda la exhortación de aquel viejo himno: "Nunca esperes el momento de una grande acción.... Brilla en el sitio donde estés".

* * *

Pensaba ayer hasta qué punto es cierto aquello de que "una imagen vale más que mil palabras". Será por eso que me impactó la frase que escuché a un anciano días atrás: "Los cristianos debemos exprimir la Biblia como un limón". La Biblia, la Palabra de Dios, es a menudo pretexto para mil debates y discusiones interminables. Sucede en el mundo secular, donde pueden oírse los comentarios más peregrinos, aplicando a su lectura y estudio apelativos de conservadores o progresistas, como si estuviéramos discutiendo de economía política. Peor es cuando en el pueblo de Dios se hace bandera de la Biblia como excusa para la vanidad intelectual y las descalificaciones mutuas. Mi hermano quería decir otra cosa cuando me invitaba a "exprimir la Biblia como un limón". Su propio testimonio en la enfermedad explica perfectamente de qué se trata: escuchar y recibir la Palabra con autoridad sobre nuestras vidas, para que el Espíritu le de poder y aplicación en nuestros corazones. Así recibida, la Palabra de Dios nos transforma y renueva, nos hace sabios según Dios. Recuerda qué dijo el Señor Jesús: "las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida" (Jn.6,63).

* * *

Pensaba ayer en la música típica de Navidad. No me refiero a los villancicos, tampoco a "Noche de paz". La música navideña por excelencia para muchos es el sonsonete del sorteo de la Lotería. A propósito de esa especie de "compromiso ineludible" que consiste en dejarse miles y miles de pesetas en esos papelitos, me gustaría decir un par de cosas. La primera, para recordar que la Biblia apunta al trabajo, la honradez y el esfuerzo como los medios más nobles para que cada persona y familia edifiquen su bienestar. No es casual que los países de "cultura protestante" hayan desarrollado niveles de prosperidad elevados en base precisamente a la laboriosidad y la dedicación, frente a la caricatura del "pícaro" tan alabado en países de tradición católica. La segunda cosa que quiero recordar es mucho más importante: hermanos, el fundamento de nuestro bienestar material es Jehová Jiréh, el Dios que provee, el Padre cercano que sabe qué necesitamos y sabe cómo dárnoslo en el momento adecuado. Nuestros corazones no palpitan al sonido de los bombos de la lotería sino cerca del corazón de Dios, de cuyas manos esperamos toda bendición y todo bien.

* * *

Pensaba ayer en esos momentos de nuestras vidas cuando la existencia se complica y, en un instante, como escribía Miguel Hernández, entramos de nuevo "en el callejón del llanto". Es el tiempo severo y denso de la prueba. Casi todo lo que se puede decir al respecto suena hueco a quien se ve inmerso en la tormenta de la dificultad. Y sólo la mano tierna del Padre puede traer consuelo y ánimo al corazón afligido. Y lo hace. Nuestro Señor puede entender cómo nos sentimos en la crisis porque lo conoció en su propio cuerpo. Y el Espíritu aplica al alma herida el bálsamo que necesita.

Dios trae consuelo y, sobre todo, da sentido a la prueba porque la enseñanza permanente de la Escritura es que, en medio de las pruebas, Dios está cumpliendo en nosotros Su propósito: "que seamos hechos conformes a la imagen de su Hijo" (Rom.8,29). Está más allá de nuestra capacidad de comprensión entender cómo y por qué Dios se vale de experiencias terribles para conseguir ese propósito. Pero esa convicción, y la presencia cercana y tierna del Padre, sostiene al corazón doliente. Fue el testimonio de Job: "Me probará, y saldré como oro" (23,10) Y es la perspectiva que quiere comunicarnos el Señor en su Palabra: "que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo." (1aP.1,7).

* * * Pensaba ayer en este versículo: "El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo" (Prov.18,24). La amistad es una bendición para el corazón humano pero no brota mágicamente de la nada. La amistad, como toda realidad viva, debe ser sembrada, cuidada, regada y cultivada antes que produzca sus frutos.

¿Quieres amigos? ¡Sé amigo! ¿Quieres cosechar afecto? ¡Siémbralo tú primero! No esperes a recibir para dar; no midas lo que recibes de otro para responderle después del mismo modo. Así sólo construimos relaciones mediocres. Dios te trata de una manera bien distinta: siempre te da movido por un amor desinteresado y generoso. Nosotros no somos así, desde luego, pero ese es el camino más sabio que podemos seguir.

Siembra amistad, ofrece más de lo que crees recibir, cultiva tus relaciones con elementos sencillos pero que tanto bien hacen: escribe una tarjeta, deja un mensaje en el contestador, haz un pequeño regalo, comparte una palabra de ánimo, pregunta por el bienestar del otro, ... En definitiva, sé amigo y tendrás amigos.

* * *

Pensaba ayer cuánto me cuesta ajustar el paso al día a día, sin apresurarlo ni pretender dar cinco pasos cada vez. Ese es el estilo del hombre natural: anticipar y planificar. Parece algo sensato, propio de las personas adultas. Sin embargo, el Señor nos advierte que esa actitud a menudo esconde un grave error porque se funda en nuestra propia sabiduría y en nuestros propios recursos y capacidades. Y la Palabra nos previene: "Lo que debéis decir es: si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello" (Stg.4,15) El Señor quiere llevarnos a un cambio radical de actitud: no apoyarnos en nosotros mismos sino depender cada día, uno tras otro, de Su providencia fiel. "Vivir al día" es una temeridad cuando es fruto de la irresponsabilidad, pero es fuente de paz y serenidad cuando resulta de la confianza en Dios. Nuestro Padre nos provee de la gracia y los recursos para vivir así, cada día dependiendo de Él, como recibían los israelitas el maná cada mañana en el desierto. Para tus luchas diarias, presentes y futuras, confía y descansa en el Señor: "No estéis, pues, preocupados por el día de mañana, porque mañana habrá tiempo de preocuparse. A cada día le basta con sus propios problemas." (Mt.6,34) "¡Buscad primeramente el reino de Dios!" (Mt.6,33).

* * *

Pensaba ayer delante del televisor que la sucesión de males en el mundo parece no tener fin. Cada día nos sacude la noticia de una nueva matanza, de un horror aún mayor que el anterior. Unas veces son premeditados, otras resultan de "errores" pero el caso es que provocan la muerte de víctimas doblemente inocentes. Desde la parte rica y estable del mundo, en la que nosotros vivimos, es difícil percibir la realidad de un planeta que gime un día tras otro por causa del dolor, la injusticia y el mal, pero la condición de la humanidad es realmente trágica.

Jesús nos enseña que esa realidad tiene que ver en última instancia con el pecado, que como un virus fatal ha infectado todos los planos de la vida humana y aún del cosmos. Jesús nos enseña también que ese estado de cosas dejará de ser el Día en que instaure definitivamente su Reino. Mientras tanto, Jesús nos enseña a clamar "¡¡Venga tu Reino!!" y a ser en nuestras vidas personales y como iglesia testimonio y anticipo de ese Reino que viene. No volvamos la espalda a un mundo herido y sufriente. Proclamemos el Evangelio del Reino y seamos, en el nombre del Jesús, hacedores de paz.

* * *

Pensaba ayer qué relevancia otorgamos a la exclamación del salmista acerca de Dios: "La santidad conviene a tu casa" (Sal.93,5) Otras versiones traducen así: "¡La santidad es el adorno eterno de tu templo!" (Dhh). En efecto, siendo Dios tres veces santo, su templo debe reflejar ese carácter de santidad. Sabemos que en Cristo nosotros somos "templo de Dios" (1aCor.6,19-20), y que lo somos tanto en el ámbito personal como comunitario. No puede extrañar, por tanto, que la Palabra de Dios exhorte al cristiano y a la iglesia vivir en santidad para reflejar el carácter del Señor y para dar de Él testimonio al mundo. La tendencia de nuestros días es de un individualismo atroz según el cual cada uno puede hacer lo que bien le parezca, pero la iglesia es un cuerpo, una familia en la que lo bueno y lo malo de cada miembro afecta a los demás (1aCor.12). Por eso la Palabra nos exhorta a que nos animemos unos a otros a lo mejor, a la santidad. Si olvidamos ese compromiso terminaremos por animarnos unos a otros a lo peor y reduciremos la vida de la iglesia a una sucesión de cultos sin más. El resultado sería una iglesia moralmente "tibia" que, en tiempos de tibieza generalizada, resultaría estéril en su testimonio. Y, aún peor, recibiría la desaprobación de su Señor: "por cuanto eres tibio (...) te vomitaré de mi boca" (Apoc.3,16).

* * *

Pensaba ayer en esa frase que escuchamos tan a menudo: "a cada uno le duele lo suyo". Decir tal cosa es, en cierto sentido, una obviedad. Pero quien lo dice, normalmente apunta más lejos y resume en esa frase su intención de convertir su problema en su mundo, dando la espalda a cualquier otra cuestión. En otras palabras, que cada cual se ocupe de lo suyo sin que los problemas de otros llamen a nuestra puerta. No debe extrañarnos esa actitud porque vivimos un tiempo saturado de individualismo, egoísmo y cerrazón; un tiempo en el que el universo de cada cual termina ante sus propias narices.

Pero ese sentir está en las antípodas del carácter cristiano. La exhortación de la Palabra de Dios es muy distinta: "(...) no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros." (Filip.2,4). Cada día se hace más evidente el abismo que separa el carácter del mundo del carácter propio del Reino de Dios. Jesús murió en la cruz y nos trajo salvación porque se dolió con nuestro dolor. Y esa actitud sella también el corazón de todo aquel que sigue a Jesucristo. "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús" (Filip.2,5). Allá este mundo si quiere ahogarse bajo montañas de egoísmo y cerrazón del alma; nosotros somos llamados a experimentar el mismo carácter de Jesús. Quien vive así es, paradójicamente, bienaventurado.

* * *

Pensaba ayer que cada persona escoge de qué sentirse orgulloso, pero que a la luz de la Palabra de Dios algunos motivos son más que discutibles. El llamado orgullo gay ha logrado aprobación y relevancia social al punto que aún la legislación será modificada en breve para dar lugar a matrimonios y adopción de niños por homosexuales. Incluso en círculos evangélicos se escuchan opiniones favorables sobre esa realidad.

En mi opinión, la Escritura es clara al respecto: la persona del homosexual, como toda persona más allá de cualquier aspecto de su identidad, merece todo respeto porque es portadora de una dignidad única que Dios le ha dado y es, además, objeto de Su amor. Dicho esto creo que la Palabra de Dios es igualmente clara en la absoluta desaprobación de la práctica homosexual. Para disculpar dicha práctica o para aceptarla sin más podremos usar diferentes argumentos, pero tendrá que ser a costa de silenciar el testimonio radicalmente contrario de la Escritura. El tiempo que nos toca vivir nos exige a cada uno criterios definidos y meditados, y lo exige de cada iglesia también. Nosotros nos debemos a la enseñanza bíblica y en su luz no hallamos motivo alguno para enorgullecernos de ningún pecado: ni de la práctica homosexual, ni de cualquier inmoralidad relacionada con la sexualidad, ni de ninguna otra. Que Dios nos ayude a todos a vivir en todo en toda santidad.

* * *

Pensaba ayer en un reciente informe según el cual los españoles vemos al año 6.000.000 de anuncios en televisión. No me extraña que cuando pensamos en anunciar el Evangelio nos parezca una tarea casi imposible; no podemos competir con las técnicas de comunicación y con los recursos materiales con que se anuncia cualquier cosa en los medios de comunicación.

No me extraña que nos parezca casi imposible porque, además, tendemos a pensar en términos humanos, en nuestros propios recursos, en la estrategia que podamos idear con nuestra mente. Pero la evangelización es otra cosa. Es un milagro. Es una obra sobrenatural.

También decimos eso, es verdad, pero actuamos a menudo como si, en el fondo, creyéramos lo contrario. Somos enviados por Dios a compartir el Evangelio, hablando sencillamente del amor que Dios ofrece a todos sin distinción. Todo lo demás pertenece a la acción del Espíritu Santo de Dios. Él convence, abre los corazones, mueve las vidas, rinde las personas a los pies de Jesucristo. Haces bien en recordar que anunciar el Evangelio está más allá de tus posibilidades; pero recuerda también que es Dios quien da el crecimiento a las semillas sembradas (1aCor.3,6-7). Por eso, siembra la Palabra, riégala en oración, y deja el resultado al Señor.

* * *

Pensaba ayer en el conocido lema de William Carey, llamado por muchos el padre de las Misiones modernas: Esperar grandes cosas de Dios, emprender grandes cosas para Dios. Esa combinación de entusiasmo y de fe resulta necesariamente explosiva y fuente de bendición.

Una iglesia dinámica, entusiasta, comprometida con el crecimiento del Reino, para la gloria de Dios, que tiene sus ojos fijos en las manos poderosas de su Señor, y que está dispuesta a arriesgarse y dar pasos en fe confiada en Sus promesas, esa es una iglesia que experimentará la gloria de Dios en su medio.

De éstos queremos ser: de los que no retroceden "ni para coger impulso", de los que miran siempre adelante y hacia arriba, en lugar de mirarse a sí mismos y a sus propios recursos; de los que todo lo fían a Dios y en Dios. Así queremos ser: una iglesia que no es temeraria ni caprichosa, pero sí valiente y decidida; una iglesia que no se deja llevar de vientos de doctrina o de modas pasajeras, pero que está abierta a la dirección siempre fresca y nueva del Espíritu; una iglesia obediente a la Palabra de Dios, que vive bajo el señorío de Jesucristo, y en la unción del Espíritu Santo. "Fiel es el que os llama, el cual también lo hará" (1aTes.5,24).

(Continues...)



Excerpted from Sobre la marcha by Emmanuel Buch Copyright © 2011 by Emmanuel Buch. Excerpted by permission of Thomas Nelson. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Table of Contents

Contents

Prologo....................13
Introduccion....................15
Pensaba ayer....................59
Escuchar la Palabra....................91
12 Aguijones con proposito....................111

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