A traves de cien montanas (Across a Hundred Mountains)

A traves de cien montanas (Across a Hundred Mountains)

by Reyna Grande

Paperback(Spanish-language Edition)

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Product Details

ISBN-13: 9781416544746
Publisher: Atria Books
Publication date: 05/01/2007
Edition description: Spanish-language Edition
Pages: 272
Sales rank: 827,977
Product dimensions: 5.31(w) x 8.25(h) x 0.90(d)

About the Author

Reyna Grande es una reconocida autora, oradora motivacional y profesora de escritura. Su primera autobiografía, La distancia entre nosotros, fue finalista del National Book Critics Circle Award y seleccionado como un libro asignado para programas de lectura en más de veinte escuelas y colegios, así como en catorce ciudades del país. Vive en Woodland, California, con su esposo y sus dos hijos. Visita ReynaGrande.com.

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A través de cien montañas (Across a Hundred Mountains)

Novela
By Reyna Grande

Atria

Copyright © 2007 Reyna Grande
All right reserved.

ISBN: 9781416544746

Adelina

-- Ésa es la tumba de tu padre -- repitió el viejo, en una voz casi inaudible. Había permanecido silencioso durante la mayor parte del cruce. Cuando tenía que hablar, lo hacía calla-damente, como si ese lugar fuera tan sagrado como una iglesia.

La frontera estadounidense.

Adelina miró el montón grande de piedras que él estaba señalando. El viejo tenía que estar equivocado. Su padre no estaba debajo de esas piedras. No podía estarlo.

Adelina se limpió el sudor de la frente con el dorso de la mano. Luego se puso la mano como un visor para proteger sus ojos del brillo del sol. Dio unos pasos hacia adelante hasta quedar bajo la sombra de la peña que se elevaba sobre ellos y el montón de piedras.

¿Sería posible que su padre estuviera enterrado ahí?

A Adelina se le hizo un nudo en la garganta. Tenía la boca seca, y tragar saliva le lastimaba la garganta, como si estuviera comiéndose una tuna con todo y espinas. Sintió que las lágrimas le quemaban los ojos y rápidamente se los secó.

-- No es demasiado tarde para darnos la vuelta y devolvernos -- dijo el viejo -- . Tal vez sería lo mejor.

Adelinarespiró profundamente, luego volteó a mirar los arbustos y matorrales esparcidos a su alrededor. La tierra parecía no tener fin. Les había tomado casi todo el día en llegar aquí. Esta vez no habían sido descubiertos por la migra.

Adelina volteó a mirar al viejo. Tenía que haber sido un buen coyote en sus viejos tiempos cuando era joven y ágil. Aun ahora, a sus sesenta años, con un ojo ciego y una rodilla lastimada, había logrado traerla hasta aquí, escapando de los ojos vigilantes de la migra en este su segundo intento.

-- Ya nos podemos ir de regreso -- dijo el viejo otra vez -- . Ya has visto su tumba, espero le baste con esto.

Adelina negó con la cabeza y empezó a caminar hacia las piedras.

-- Yo no vine a mirar una tumba. -- Se quitó la mochila que traía en su espalda y agregó -- : Yo vine a encontrar a mi padre y me lo llevaré conmigo, aunque tenga que cargar sus huesos en mi espalda.

El viejo la miró con sorpresa. Adelina no le miró el ojo café, el ojo bueno. Le miró el izquierdo, que estaba cubierto con un parche azul. Había descubierto que ésta era la única manera de hacer que el viejo desviara la mirada. El viejo volteó a mirar las piedras y no dijo nada.

Pero Adelina sabía lo que él estaba pensando. Ella le había mentido. No le había dicho que estaba planeando desenterrar el cuerpo y, si en verdad era su padre, se lo llevaría. Él no la habría traído si ella le hubiera dicho eso.

Adelina se agachó y empezó a levantar las piedras una por una. ¡Tantas piedras encima de él! ¡Tanto peso que aguantar! Quizá cuando las piedras desaparecieran, quizá cuando él estuviera libre, ella también lo estaría.

-- Puede que ni sea él -- dijo el viejo agarrándole el brazo para evitar que quitara más piedras.

-- Lo tengo que saber -- dijo Adelina -- . Por diecinueve años no he sabido qué le pasó a mi padre. Usted no tiene idea lo que es vivir así, sin saber. Hoy sabré la verdad. Adelina jaló el brazo. El viejo la soltó y ella continuó levantando más piedras. El viejo se alejó de ella.

Adelina trató de apurarse. Fue levantándolas una por una. Algunas piedras rodaron hacia abajo y le golpearon las rodillas. Tenía los dedos lastimados y le empezaron a doler. Todavía existía la posibilidad de que el viejo tuviera razón. Tal vez no era su padre. ¿Pero qué sería peor, que lo fuera o que no lo fuera?

¡Diecinueve años sin saberlo! Demasiados años pensando que él las había abandonado.

-- ¡Mira! -- gritó el viejo.

Adelina giró la cabeza y vió una nube de polvo ascendiendo en la distancia.

-- La migra -- dijo el viejo -- . Tenemos que escondernos.

Adelina volteó a ver las piedras y con desesperación empezó a tirarlas contra la peña. El sonido resonó contra el polvo acumulado. Ella tenía que saber quién estaba enterrado allí. Tenía que mirar por sí misma si en verdad era su padre.

-- ¿Qué estás haciendo? ¡Escóndete! -- El viejo rápidamente se dirigió hacia una grieta en la peña, pero Adelina continuó quitando las piedras y no se movió de donde estaba.

-- Déjelos que vengan -- dijo Adelina -- . Deje que la migra nos encuentre. Tal vez nos puedan ayudar a llevarnos de regreso los huesos de este hombre.

Adelina respiró con dificultad. Rápidamente quitó más piedras y desenterró una pequeña cruz de metal. Se cubrió la boca con la mano para ahogar un grito. Miró directamente al ojo cielo del viejo pero esta vez el no desvió la mirada.

-- Es un rosario blanco con cuentas de corazón, ¿verdad? -- preguntó el viejo.

Adelina asintió con la cabeza y miró la cruz mohosa, las cuentas blancas en forma de corazón, los huesos que alguna vez fueron una mano.

El viejo no había mentido.

-- Estaba apretando el rosario bien fuerte cuando lo descubrí muerto, ahí donde está ahorita -- dijo el viejo -- . Parecía que había estado rezando hasta su muerte. Rezando, tal vez, por un milagro.

-- ¡Ese coyote hijo de puta lo dejó aquí a que se muriera! -- gritó Adelina.

-- A tu padre lo mordió una culebra. El coyote probablemente lo dejó aquí pa' que la migra lo encontrara. Mira, ya vienen ahora.

Adelina se dio la vuelta y miró un vehículo blanco aproximarse. La migra había llegado. Solo que llegaban diecinueve años tarde para salvar a su padre.

Copyright © 2006 por Reyna Grande

Traducción copyright © 2007 por Reyna Grande



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Excerpted from A través de cien montañas (Across a Hundred Mountains) by Reyna Grande Copyright © 2007 by Reyna Grande. Excerpted by permission.
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