Vive tu liderazgo

Vive tu liderazgo

by Abraham Figuera Alvarez

Paperback

$10.99
View All Available Formats & Editions
Usually ships within 6 days

Product Details

ISBN-13: 9780829759235
Publisher: Zondervan
Publication date: 08/22/2013
Series: LidereSeries Series
Pages: 176
Product dimensions: 8.20(w) x 5.40(h) x 0.50(d)
Age Range: 18 Years

About the Author

Abraham Figuera Alvarez es especialista en Entrenamiento de Ejecutivos y Entrenamiento para la Vida. También es entrenador de Líderes. Forma parte del equipo de entrenamiento de la organización Lidere, una organización creada por Marcos Witt y John Maxwell con el fin de proporcionarles recursos a un millón de líderes hispanos. Este libro es uno de esos recursos.

Read an Excerpt

Vive tu liderazgo

Lidere


By Abraham Figuera Alvarez

ZONDERVAN

Copyright © 2013 Abraham Figuera Alvarez
All rights reserved.
ISBN: 978-0-8297-5923-5


CHAPTER 1

No es lo que tienes, es lo que eres

"Levántate, pues ésta es tu responsabilidad; nosotros te apoyamos. ¡Cobra ánimo y pon manos a la obra!".

Esdras 10.4, NVI


Liderazgo, liderazgo, liderazgo. Es muy grande el cúmulo de cosas que se han hablado y escrito respecto a este tema. Existe una cantidad casi incontable de paradigmas respecto al asunto. Curiosamente, cuando uno conversa con las personas sobre este tema pareciera que algunos tienen ideas abstractas y hasta confusas; pero a pesar de eso, todos tienen algo que decir. Esto es natural porque el liderazgo es un elemento intrínseco en el funcionamiento de la humanidad, por lo tanto todos tienen una opinión aunque sea medianamente formada. Les he preguntado a unas cuantas personas qué es para ellas el liderazgo, les he pedido que me dijeran su óptica personal al respecto y en una gran cantidad de ocasiones la reacción y la respuesta fueron muy parecidas. La mayoría de sus ideas giraban en torno a los mismos elementos. Según lo que he observado, la creencia común es que un líder es alguien que:

Tiene carisma.

Ha tenido éxito en la obtención de bienes materiales o riquezas.

Goza de aceptación popular.

Tiene gente a su cargo, es el jefe o es el que manda.

Es manipulador o persuasivo (aunque no son lo mismo).

Logra que los demás hagan lo que él quiere.

Quizá algo de lo mencionado anteriormente no esté lejos de las cualidades o efectos que despliega o genera un líder, pero definitivamente liderazgo es algo que va mucho más allá de todo esto.

Veamos lo que dice el renombrado empresario, filántropo y genio de tecnología Bill Gates: "En Microsoft hay toneladas de grandes ideas brillantes y la idea común es que todas vienen de los altos cargos de la organización. Me temo que esto no es del todo correcto". Gates reconoce que no todas las cosas importantes suceden en la cima. Sabe que hay mucha gente en su organización que influyen, que realizan grandes aportes y que no pertenecen a la mesa de directivas y probablemente ni siquiera sean gerentes o altos ejecutivos. Seamos honestos: tú y yo sabemos que ideas como el Xbox 360 u otros programas innovadores por lo general son creación de algún genio que pasa la vida pegado a una computadora. Ellos no toman las grandes decisiones, pero sí crean los productos que hacen posible que haya muchas de esas decisiones que tomar. Te invito por un momento a pensar conmigo: ese individuo que generó una idea brillante que derivó en un producto que cambió el mercado y por ende el destino de una empresa, ¿es un líder o no? Mi respuesta personal es, sí lo es. No hace falta estar en la cima, ser carismático o tener personas a cargo para cambiar el rumbo de una organización, una familia o una nación. Gates sabe esto y reconoce que esas ideas que no son de la gente que está en el tope de su empresa muchas veces son las que hacen que su empresa sí lo esté.

Todo el panorama de nuestra vida empieza a cambiar cuando cobramos esta perspectiva. Empezamos a reconocernos y a reconocer a nuestros prójimos de forma diferente. Particularmente en nuestra vida todo empieza a fluir de forma especial cuando descubrimos y aceptamos que tenemos un caudal de cualidades, talentos, dones y potencialidad que está asociado a nuestra persona y que nos fue entregado por Dios con un propósito definido. Al entender que el liderazgo es algo que vives basado en lo que eres, no en lo que tienes o en lo que haces, se cobra un sentido más elevado sobre nuestros roles de vida. Ese entendimiento creciente nos permite tener la seguridad personal y paz suficientes para desarrollar nuestra caja de herramientas (cualidades, talentos, dones y potencial) y ponerla a funcionar conforme a un plan y un llamado de vida para el desarrollo propio y el de todo el que esté a nuestro alcance, es decir, para vivir nuestro liderazgo.

En lugar de llenarte de definiciones académicas sobre lo que es liderazgo, deseo invitarte a vivirlo. No tengo ningún problema con las definiciones (de hecho, las aprecio), solo que para el caso más acción y menos definición es lo que se requiere. Si necesitas saberlo desde ahora mismo, comparto plenamente la idea que tanto se ha remarcado: "liderazgo es influencia". Para mí esto se traduce en transformación personal y vivir intencionalmente para afectar de manera positiva a otros. Esto implica añadir valor e impulsar a personas en el desarrollo de su carácter y potencialidad. ¿Que cómo funciona esto? Lo podrás descubrir a lo largo de este libro.


Un liderazgo atrofiado

Quiero hablarte de un campeón. Si pudiste ver los juegos olímpicos Londres 2012 posiblemente escuchaste sobre él: un suramericano que ganó la medalla de oro en esgrima, Rubén Limardo.

Rubén le dio a Venezuela su segunda medalla olímpica, por cierto, en un deporte muy poco común en nuestro país. Sabemos mucho de béisbol, algo de baloncesto y en años recientes nos hemos adentrado en el mundo del fútbol, pero definitivamente la esgrima no es común.

Recuerdo que estaba almorzando mientras veía el combate en que ganó el oro olímpico. La comunicación con amigos, punto tras punto, era incesante. El país entero se paralizó durante unos minutos ese mediodía de agosto, todos aupando juntos a nuestro esgrimista. Recuerdo con claridad como daba la última estocada con una habilidad y elasticidad magistrales, al tiempo que esquivaba los ataques, coronaba a su oponente con su arma de combate en la mano izquierda. Pero Limardo, a quien siempre vimos compitiendo como zurdo, ganar torneos y hasta convertirse en el campeón olímpico como zurdo, no es zurdo.

La periodista Mariana Moreno, de El Nacional, escribió esta interesante reseña acerca del atleta el 2 de agosto de 2012:

El sueño olímpico de Rubén Limardo comenzó hace casi dos décadas, en su natal Ciudad Bolívar, cuando jugaba a los piratas con sus primos. Sus compañeros de travesuras de entonces son hoy, en su mayoría, miembros de la selección nacional de esgrima. Su hermano menor, Francisco, compitió a su lado en Pekín 2008 y su prima, María Gabriela Martínez, lo acompaña en Londres.

Cuando el hijo mayor de Francisco Limardo tenía siete años de edad su tío, Ruperto Gascón, llegó de Ucrania con un diploma que lo certificaba como entrenador de esgrima, pero con nulas oportunidades de ejercer su profesión en Venezuela.

Gascón y sus hermanas reunieron a los niños de la casa y les enseñaron los fundamentos de la disciplina. Allí comenzó un camino que llevó a Rubén a ser Campeón Mundial Juvenil en 2005 y campeón panamericano en Río 2007.

Un accidente en patineta cuando tenía 12 años selló su destino deportivo. Una fractura en el brazo derecho le obligó a comenzar a competir como zurdo y a cambiarse de arma. En sus inicios, dominaba el florete. Pocos años después, decidió mudarse a Ucrania —y luego a Polonia—, siempre en compañía de su tío Ruperto, para formarse más rigurosamente.

De esos años duros, en una cultura distinta, con un clima tan lejano del de su tierra guayanesa, luchando por dominar el idioma y subsistir con privaciones, forjó su carácter y fortaleció su hambre de triunfo.


Esta es la actitud de un verdadero campeón: aprendizaje, cambio, transformación. Esta conducta muestra el carácter de alguien que está comprometido con una meta. De alguien que toma la resolución de hacer lo que sea necesario para desarrollar lo que tenga que desarrollarse, para poder así alcanzar lo que quiere ser alcanzado. Él no permitió que su liderazgo y su sueño se atrofiaran por ese gran obstáculo que se presentó en su camino.

En muchos, las cualidades, los talentos y los llamados personales se encuentran atrofiados. Algo atrofiado es algo que le ha sido imposible desarrollarse. Debes notar que hay una diferencia entre estar atrofiado y ser inexistente. Lo atrofiado existe, pero no se desarrolló. Lo inexistente simplemente no existe, nunca estuvo. Del mismo modo, el liderazgo en la vida de gran cantidad de personas existe, pero está atrofiado. Fuimos creados con la capacidad de liderar, solo que por diversas razones hemos atrofiado esta capacidad o hemos permitido que alguien lo haga. Debes ser libre del mito que dice que solo algunos nacieron para ser líderes. Todos fuimos creados con un plan y propósito de Dios para la vida, no es solo para un pequeño grupo de privilegiados. El liderazgo no tiene que ver con la altura en el organigrama, sino con la anchura del corazón. Los mejores líderes son aquellos que entienden que no estamos en la vida solo para ocupar espacio y consumir oxígeno y recursos, sino que nuestra presencia debe ejercer una influencia para el bien. Por esto, debemos esforzarnos, prepararnos y hacer lo que tengamos que hacer para cristalizar nuestra vida en torno a ese plan, y ayudar a otros a hacerlo.

Algunos pueden llegar a pensar que es presuntuoso tratar de desarrollarse e ir por más, tratar de cambiar nuestra vida y desarrollar sus potencialidades. Muchos podrían preguntarse: "¿Quién soy yo para pensar que puedo afectar de manera positiva la vida de otros?". O: "¿Quién soy yo para pensar que puedo ser más de lo que soy hoy?" y cosas como estas. Estas ideas provienen de no creerse dignos de la oportunidad de caminar más allá de las fronteras marcadas por sus limitaciones.

El miedo a ponernos en movimiento y atrevernos a vivir nuestro liderazgo es una señal común de las personas que llevan vidas "promedio". Muy pocas veces las personas creen que tienen algo importante que aportar o decir y miran a sus sueños como "tonterías de un momento de ocio".

El liderazgo atrofiado es común; más común de lo que se piensa. Un buen ejemplo de esto es Juan el Bautista. Se encuentra en el capítulo tres del Evangelio de Mateo, en la Biblia. Ahí se nos narra que Juan estaba en el desierto haciendo algo para Dios. Él estaba llamando a las personas a un cambio en la vida (arrepentimiento) y bautizándolas. Un buen día apareció Jesús y esto fue lo que sucedió:

Un día Jesús fue de Galilea al Jordán para que Juan lo bautizara. Pero Juan trató de disuadirlo.

—Yo soy el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? —objetó.

—Dejémoslo así por ahora, pues nos conviene cumplir con lo que es justo —le contestó Jesús. Entonces Juan consintió (Mateo 3.13–15, NVI).


Me gusta pensar en cómo fue ese encuentro y te invito a imaginártelo conmigo. Pensemos en Juan diciéndole a Jesús algo parecido a esto: "Sé que estoy aquí bautizando a personas para ti y hablándoles que Dios es el Señor sobre todas las cosas. Pero tú no puedes venir aquí a pedirme algo que no estoy capacitado para hacer, que no soy digno de hacer". Jesús le respondió literalmente: "Dejémoslo así por ahora, pues nos conviene cumplir con lo que es justo". La respuesta del Maestro fue: "Mira Juan, vamos a dejar tus comentarios y enfoquémonos en lo que es importante. Yo te puse en esta tierra para cumplir con ciertos asuntos y en este momento necesito que me sirvas con lo que sé que te di. Así que vamos al grano, bautízame. Toma tu posición en esta vida. Cumple el papel que te toca cumplir y luego atendemos ese asunto de tu negativa inicial".

Dicho sea de paso, no puedo dejar de mencionar que en medio de esta escena descubrimos que Dios entiende perfectamente nuestras acciones, nuestros miedos y las parálisis que vivimos frente a las oportunidades de crecer. De hecho, Jesús prefirió decirle: "Dejémoslo así". No lo exhortó, no lo confrontó, solo lo comprendió, lo detuvo y lo guio a un punto decisivo. Los líderes conducen a las personas a momentos cruciales de cambio. Obviamente la negativa de Juan el Bautista no provenía de la rebeldía, sino de la indignidad personal que sentía frente al Señor. Tal como Jesús reconoció que Juan le hablaba desde su debilidad humana, de la misma manera reconoce nuestros frágiles, heridos y temerosos corazones y sabe perfectamente lo que nos ha impedido hasta hoy vivir nuestro liderazgo. "Dios nunca pregunta por nuestra habilidad ni por nuestra inhabilidad, solo por nuestra disponibilidad".

La vida avanza, no se detiene. Aunque tú estés paralizado, todo sigue adelante. Debes decidir si te pondrás en marcha o te quedarás impávido, expectante y lamentándote. Tú eliges si vivirás tu liderazgo o si solo andarás en una marcha sin sentido y carente de propósito. Si eliges lo segundo, hasta lo último de tus días estarás sintiendo que fuiste hecho para más. Personalmente estoy convencido de que Dios aún tiene grandes oportunidades para ti. No ha terminado contigo. Por lo tanto, tú tampoco deberías sentirte acabado en la carrera. Muévete. ¡Vive tu liderazgo!

Todas las razones por las cuales sientas que no puedes para liderar se caen frente a la idea de que el liderazgo es algo que vives basado en lo que eres, no en lo que tienes o haces; es decir, es algo que está dentro de ti. Solo debes sacarlo y ya es el tiempo.


Me quitaron la tablita flotante

Recuerdo que de niño sufría de algunas dificultades respiratorias, cuando muy pequeño incluso me daba asma. Cuando crecí un poco, el médico le dijo a mi mamá que para mejorar mi condición tomara clases de natación. Cerca de mi casa había un club con una gran piscina, así que mis padres decidieron inscribirme para que tomara clases durante las tardes. De modo que ahí estaba yo.

Cada tarde iba a tomar lecciones para aprender a nadar. Al principio me costó hasta entrar solo en la piscina. Pero el entrenador era muy bueno y tenía carisma, así que se ganó mi confianza rápidamente. Como todos éramos niños, teníamos una tabla plástica que era un flotador. La recuerdo perfectamente. Era de color anaranjado y fue mi compañera por muchos meses. El propósito de ella era que pudiera sostenerme de algo mientras desarrollaba la capacidad de nadar.

En realidad le tomé gusto a la natación. Iba muy entusiasmado cada día a las clases, el único detalle era que después de mucho tiempo aún seguía usando la tabla de flotar. Andrés (así se llamaba el entrenador) me decía que soltara la tablita y yo me negaba rotundamente. ¡Le decía que iba a morirme ahogado! Aunque muy dramático de mi parte, sí tenía mucho miedo a ahogarme en la piscina. Sabía de primera mano lo que era tener dificultades para respirar.

Una tarde todo terminó. Andrés se acercó a mi mamá y le dijo: "Señora, su hijo ya sabe nadar, pero no se atreve a dejar la tabla de apoyo". Mi mamá, en un movimiento muy temerario, le dijo: "Pues llévelo al medio de la piscina, se la quita y lo deja ahí". Pero no pienses mal de mi mamá. Esa fue la mejor decisión que pudo tomar respecto a eso. Yo sabía nadar, ya estaba listo en cuanto a preparación, pero no en cuanto a mi actitud y creencias. Estaba dominado por el miedo y por lo tanto, no me atrevía a salir de mi zona de comodidad y seguridad.

Siguiendo con la historia. Inmediatamente Andrés le preguntó: "¿Pero quiere que lo haga hoy?". Mi mamá le respondió: "¡Noooooo! Eso me da mucho miedo. Espere a la clase siguiente". Ella habló con mi prima Yaluz, quien es mayor que yo y es como mi hermana, y le dijo que me llevara a la clase de natación y le explicó lo que iba a suceder. Y llegó el momento. Recuerdo que ahí estaba agarrado a mi tablita, nadando, chapoteando agua y seguramente con una sonrisa en el rostro, silbando y tarareando alguna canción. Imagínalo, un niño, la piscina y la seguridad de que todo está absolutamente bien, disfrutando el momento. Pero de repente de la nada salió Andrés, tal como un tiburón de película, me arrancó el flotador y desapareció. Ahí quedé yo, en la mitad de una piscina de enormes dimensiones. Empecé a ofenderlo en cuanta manera conocía, pero de forma entrecortada porque me estaba hundiendo. Comencé a manotear por todos lados, a tragar agua y a desesperarme. Sin embargo, en medio de aquello me dije: "¡YO SÉ NADAR!". Empecé a calmarme y en lugar de dar manotazos comencé a dar brazadas y avanzar hacia la orilla. Logré llegar a un lugar seguro y hasta ese día utilicé la tablita. En ese momento no tuve más opción, tenía que usar lo que sabía que estaba dentro de mí y vencer lo que me decía que no podía lograrlo o me ahogaría. Claro que Andrés no lo iba a permitir, pero no yo no podía contar con eso. ¡Él me había quitado la tablita! Mejor que me valiera por mí mismo y me aseguraba de llegar a la orilla.

Es tiempo de dejar atrás el temor y dar pasos con coraje y valentía. Al no atrevernos a vivir nuestro liderazgo estamos privándonos y privando a muchas personas alrededor de nosotros de experimentar vidas mejores. No se trata de ti; mira a tu alrededor. Cuando movilizas, inspiras, ayudas o sirves a otros, entonces estás liderando ... y para hacer esto no necesitas nada más que decidirte a hacerlo. "Levántate, pues esta es tu responsabilidad; nosotros te apoyamos. ¡Cobra ánimo, y pon manos a la obra!" (Esdras 10.4, NVI).
(Continues...)


Excerpted from Vive tu liderazgo by Abraham Figuera Alvarez. Copyright © 2013 Abraham Figuera Alvarez. Excerpted by permission of ZONDERVAN.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.

Customer Reviews

Most Helpful Customer Reviews

See All Customer Reviews