Vivir con integridad y sabiduría: Persigue los valores que la sociedad ha perdido

Vivir con integridad y sabiduría: Persigue los valores que la sociedad ha perdido

by Miguel Núñez

Paperback(Spanish Language Edition)

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Overview

El tiempo es la prueba del carácter de un hombre. El carácter es la medida de la hombría. La sabiduría llega con los años... Esas frases pueden sonar muy repetidas, pero contienen grandes verdades. La integridad y la sabiduría son esenciales para la vida de un cristiano. En este libro, el Dr. Núñez nos conduce a las Escrituras, rescata esos dos valores y nos guía en maneras prácticas para aplicarlos en cada área de nuestra vida.

Time is the test of a man's character. Character is a the measure of a man. Wisdom comes with the years. These may sound cliché, but they hold great truths. Integrity and Wisdom are central in a Christian's life. In this book, Dr. Núñez brings us to Scriptures and rescues these two values; and guides us in practical ways to live these out in every area of our lives.

Product Details

ISBN-13: 9781433692123
Publisher: B&H Publishing Group
Publication date: 10/01/2016
Edition description: Spanish Language Edition
Pages: 352
Product dimensions: 5.50(w) x 8.40(h) x 1.00(d)
Age Range: 3 Months to 18 Years

About the Author

El Dr. Miguel Núñez (MD, DMin.), sirve como el pastor titular de la Iglesia Bautista Internacional (IBI) en Santo Domingo, República Dominicana, y es el presidente y fundador del Ministerio Integridad y Sabiduría, que tiene como visión impactar la generación de hoy con la revelación de Dios en el mundo hispano-parlante. Es además el presidente del Instituto Integridad y Sabiduría donde también es parte del equipo docente.
 Es médico de profesión con especialidades en medicina interna y enfermedades infecciosas. En el área ministerial cuenta con una maestría en teología del Southern Baptist School for Biblical Studies y doctorado ministerial del Southern Batist Theological Seminary.
Es el co-conductor del programa de televisión "Respuestas: Verdades absolutas para un mundo relativo", transmitido a través de toda Latino América y extendido a otros países, presentando una cosmovisión bíblica a una variedad de problemas. Miguel ha escrito varios libros y artículos, es invitado como conferencista con frecuencia por toda Latino América y Estados Unidos.
Él vive en Santo Domingo con su esposa de más de 30 años, la Dra. Catherine Scheraldi, quien todavía está en la práctica de la medicina.
 
 Dr. Miguel Núñez, MD, DMin. serves as the senior pastor of the International Baptist Church in Santo Domingo, and is the founding president of Wisdom & Integrity Ministries, which has as it’s vision, to impact today’s generation with God's revelation in the Spanish-speaking world. In addition he is the President of the Wisdom and Integrity Institute, as well as a member of the teaching staff.
He is a medical doctor by trade with specialties in Internal Medicine  and Infectious Diseases. In the area of ministry he has a master degree in Theology from the Southern Baptist School for Biblical Studies and a Doctor of Ministry from the Southern Baptist Theological Seminary.
He's the co-host of the TV show "Respuestas: Verdades Absolutas para un Mundo Relativo" (Answers: Absolute Truths for a Relative World), which is transmitted all over Latin America with extension into other countries, presenting the Biblical worldview on a variety of issues. Miguel has authored sevaral volumes and articles and is a frequent guest speaker throughout Latin America and the US. 
He lives in Santo Domingo, with his wife of over 30 years, Dr. Catherine Scheraldi, who is still in the practice of medicine.
 

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CHAPTER 1

¿QUÉ ES LA INTEGRIDAD? LA INTEGRIDAD: UN VALOR EN EXTINCIÓN

De los hijos de Isacar, expertos en discernir los tiempos, con conocimiento de lo que Israel debía hacer, sus jefes eran doscientos; y todos sus parientes estaban bajo sus órdenes.

~ 1 Crónicas 12:32

La crisis de la integridad en nuestros días

Hoy en día estamos experimentando una crisis de valores y no creemos que haya una sola persona que se desenvuelva en la sociedad que ponga esto en duda. Si analizamos nuestros tiempos, es decir, nuestra realidad como sociedad del siglo xxi en América Latina, enseguida nos daremos cuenta de que la integridad es un valor en extinción. Y esto no solo sucede a nivel secular; muchas veces, ocurre incluso dentro del pueblo de Dios. Hemos podido observar que la mayoría de los cristianos nunca se han detenido a pensar y reflexionar en qué significa verdaderamente vivir con integridad y sabiduría fuera de las cuatro paredes de la iglesia.

Es importante que reconozcamos el momento histórico que estamos viviendo y cómo luce esta crisis de valores a nivel de la sociedad y a nivel de la vida del creyente. Por tanto, hoy más que nunca la Iglesia necesita de hombres y mujeres que, como los hijos de Isacar, sean expertos en discernir los tiempos (1 Crón. 12:32), capaces de conocer y entender la época que les ha tocado vivir, y que, por la sabiduría que poseen, tengan la habilidad de saber qué deben hacer como individuos, como familia, como iglesia, como empresarios y aun como nación, en caso de que les tocara dirigirla.

Esta crisis de valores ha tenido consecuencias a diferentes niveles: en primer lugar, a nivel del individuo. Tanto en hombres como mujeres, podemos observar una falta de integridad o una crisis moral, que tiene que ver con que no tienen la fortaleza de carácter que se requiere para sostenerse en tiempos de dificultad, soportar la presión y vivir moralmente a nivel personal. Esto afecta todos los ámbitos de su existencia y se traduce en un irrespeto hacia la vida, el prójimo, las instituciones y la autoridad.

En el año 2005, una encuesta realizada por la empresa Gallup reveló que en Estados Unidos el 59% de los norteamericanos opinaron que para tener éxito hay que hacer lo que sea necesario, sin importar el costo, y un 42% opinó que para tener éxito hay que mentir. Esto fue reportado por Norman Geisler en su libro titulado Integrity at Work [Integridad en el trabajo]. Si esa es la mentalidad con la que el individuo vive, imaginémonos ahora qué va a suceder cuando esa persona pase a ser un empleado, un gerente o el presidente de una empresa. La manera en que este individuo vive a nivel personal tendrá un impacto en la forma en que se desempeñe en todas las demás áreas de su vida.

En segundo lugar, esta crisis de valores ha tenido consecuencias a nivel de la familia. Es lamentable la inestabilidad que reflejan muchos de los hogares en nuestra sociedad. Vemos un distanciamiento entre sus miembros a tal punto que, aun viviendo bajo el mismo techo, están alejados emocionalmente los unos de los otros. Cada día vemos más hogares fragmentados y un aumento en la tasa de divorcios, que en algunas sociedades alcanza hasta el 50%. Y esto sin contar aquellas parejas que, a pesar de no estar divorciadas desde el punto de vista legal, viven separadas física y emocionalmente, de tal forma que es casi un divorcio.

En tercer lugar, hay consecuencias a nivel de las instituciones, tanto privadas como gubernamentales. La corrupción, la ineficiencia en el trabajo y la falta de ética profesional son el resultado de una crisis de valores a nivel del individuo que está afectando a la sociedad.

en América Latina tenemos varios ejemplos de esto. El expresidente del Brasil, Fernando Collor de Mello, según relata Arnoldo Wiens, «había construido su prestigio presentándose como un cruzado contra la corrupción. Se hizo famoso como alcalde de Maceió y gobernador de Alagoas por sus batallas contra los «marajaes», como llaman los brasileños a los funcionarios que cobran varios sueldos estatales. Tal era su imagen pública que sustentó su triunfo en las elecciones de 1989». Esta persona fue elegida por sus promesas de luchar contra la corrupción en Brasil. En el momento de su renuncia el 29 de diciembre de 1992, Collor de Mello, ayudado por su tesorero, había derivado para él y su familia unos 350 millones de dólares producto del tráfico de influencias.

¿Cómo es que alguien que basa su campaña política en la anticorrupción termina robando el dinero de la nación que prometió defender? Es que el poder tiene un efecto embriagador y, si no se tienen convicciones sólidas, es difícil mantenerse firme cuando se presenta la tentación.

Pero lo que sucedió en Brasil no es muy distinto de la realidad de otros países latinoamericanos. El 21 de mayo del 1993 se produjo la destitución del presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, por el delito de malversación de fondos públicos. El 29 de marzo de 1996 le fue otorgado asilo político en Costa Rica al vicepresidente de Ecuador, Alberto Dahik, luego de que el Congreso Nacional lo acusó de corrupción y abuso en el ejercicio de sus funciones. El 7 de abril del 2009, Alberto Fujimori, expresidente del Perú, fue condenado a 25 años de cárcel por ser el «autor mediato de la comisión de los delitos de homicidio calificado, asesinato bajo la circunstancia agravante de alevosía en perjuicio de los estudiantes de La Cantuta y el caso Barrios Altos».

El Banco Mundial identificó la corrupción como el obstáculo número uno para mejorar el nivel de vida de más de un billón de personas que viven con un dólar al día. El 14 de mayo del 2004 una comisión del Senado norteamericano recibió el informe de que el Banco Mundial había perdido desde el año 1946 unos 100 billones de dólares en préstamos destinados a naciones más pobres, producto de la corrupción. Otros 26 a 130 billones de dólares fueron mal usados por esas naciones. Y mientras tanto, en esas mismas naciones, 16.000 niños mueren de hambre cada 24 horas. Ante tal realidad, Dios espera que Su Iglesia no permanezca callada y de brazos cruzados.

Esta es la realidad de varios gobiernos latinoamericanos cuyos representantes han sido acusados de corrupción en múltiples ocasiones. Lamentablemente, el pueblo de Dios no ha quedado exento de este mal y hemos visto cómo muchos pastores se han visto involucrados en escándalos de corrupción. Pero, a pesar de los tiempos que estamos viviendo, como creyentes debemos recordar que a la Iglesia se le ha dado el rol de ser sal y luz, y no debe callar ni tampoco puede permanecer pasiva ante realidades como esta.

Factores contribuyentes a la corrupción administrativa

Existen múltiples factores que contribuyen a la corrupción administrativa. Uno de ellos es la inestabilidad política que resulta de gobiernos que cambian cada cuatro años. En países como los nuestros, esto da lugar a que los funcionarios gubernamentales asuman el poder con la mentalidad de que tienen cuatro años para hacerse de toda la riqueza que puedan adquirir mientras están en el poder. Esto es algo que ha sido analizado y estudiado.

Otro factor que contribuye a esta realidad es la burocracia administrativa, y quizás usted pueda preguntarse cómo, pero lo cierto es que, mientras más largos son los procesos y trámites administrativos, más dinero se está dispuesto a pagar para acortarlos. Si las oficinas trabajaran de forma eficiente, no habría necesidad de pagar dinero para que se agilicen los procesos.

Un tercer factor es la existencia de un sistema legislativo y judicial débil, en el cual las leyes no están bien formuladas ni tampoco son aplicadas de manera firme e imparcial. Por otro lado, en culturas como la nuestra, la existencia del «amiguismo» es otro factor que ha contribuido a la corrupción administrativa. Es muy común ver a individuos que conocen a alguien, o de alguna forma están vinculados a otra persona, cuya influencia o conexiones sociales pudieran ser usadas para obtener algún tipo de beneficio o evitar tener que cumplir con una responsabilidad en determinado momento.

Por último, la existencia de «una cultura de la pena», algo que es muy propio de países latinoamericanos, ha contribuido mucho a la corrupción y a la crisis administrativa de nuestros días. No tomar decisiones porque nos «da pena» la suerte del otro nos ha llevado a permitir una serie de situaciones que nunca debieron tener lugar. Aun dentro de la iglesia a veces no tomamos decisiones porque nos da pena el efecto que estas puedan tener sobre la congregación. Pero la pena que sentimos por el otro no puede estar por encima de la verdad; la pena no puede estar por encima de la integridad; la pena no puede estar por encima de la ley moral de Dios. Negociar nuestros valores por pena o por amiguismo es una falta de integridad para con el Señor.

Hasta aquí hemos citado varios ejemplos de las consecuencias que la crisis de la integridad ha tenido a nivel de las instituciones gubernamentales, pero lo que hemos visto a nivel de las corporaciones privadas no es diferente.

La falta de integridad a nivel privado

El 2 de diciembre del año 2001, la famosa empresa Enron, una compañía estadounidense con alrededor de 20.000 empleados, se declaró en bancarrota. La acusación: soborno y tráfico de influencias en América Central, América del Sur, África, Filipinas y la India; además de deudas y pérdidas no reportadas. La pérdida se calculó en unos 63.400 millones de dólares, la quiebra corporativa más grande en la historia de Estados Unidos, hasta que quebró WorldCom al año siguiente. Esta quiebra fue moral antes que financiera. El escándalo financiero que causó Enron puso en tela de juicio las prácticas y actividades de contabilidad de muchas empresas en Estados Unidos, como Adelphia (declarada en quiebra en el 2002), Global Crossings y una serie de compañías que se sucedieron unas a otras y que dieron lugar a una enorme crisis financiera que, en cierta forma, afectó al mundo entero. Todo, producto de una crisis de la integridad en aquellos que estaban al mando de dichas compañías.

La falta de integridad a nivel de la Iglesia

En cuarto lugar, la crisis de valores es también evidente a nivel de la Iglesia. Cada vez más escuchamos sobre escándalos sexuales que involucran a ministros de Dios y vemos cómo el consumo de pornografía entre creyentes alcanza en ocasiones un nivel tan alto como entre los no creyentes. Del mismo modo, los escándalos financieros entre los ministerios cristianos es algo cada vez más común. Resulta muy triste ver cómo muchos ofrecen el evangelio a precio de ganga, prometiendo el favor de Dios a cambio de diezmos y ofrendas que terminan en los bolsillos de unos pocos, mientras descuidan a la congregación y la causa de Cristo.

El cristiano debería distinguirse por encima del no creyente por su manera de comprar, vender, invertir, administrar sus recursos y, en general, hacer negocios. Cuando el creyente es mal administrador del tiempo y los recursos que Dios ha puesto en sus manos, deshonra el evangelio de Cristo, el cual recibe una mala reputación.

En ese sentido quisiéramos citar al pastor John MacArthur, quien en su libro El poder de la integridad nos ayuda a ver la falta de integridad en muchas de las prácticas que se observan en la Iglesia. A continuación aparecen cinco de las circunstancias que este autor señala en su libro, acompañadas de mis comentarios. El primero de los señalamientos que MacArthur menciona como una contradicción es el hecho de que «personas que dicen creer en la Biblia asisten a iglesias donde no se enseña la Palabra de Dios». Estas personas faltan a su propia integridad. De igual manera, es una falta de integridad y una incongruencia que, no teniendo confianza en mis líderes, acceda a seguir siendo liderado por ellos. Si usted, como miembro de una iglesia, tuviera alguna inquietud acerca de sus líderes, lo mínimo que debería hacer es ir a hablar con ellos y, con un espíritu de mansedumbre y reverencia, presentarles sus inquietudes.

Otra manera en la que las acciones de algunos individuos entran en contradicción con la integridad que dicen tener es cuando nos encontramos con «personas que están de acuerdo con que el pecado debe castigarse, pero no si esos pecados son cometidos por sus hijos». Este es el segundo señalamiento que hace el autor. De repente, el estándar parece cambiar cuando afecta de una manera u otra a la persona que debe tomar acción en contra del pecado. Pero el estándar de la Palabra es el mismo para todos, pues Dios no hace acepción de personas (Deut. 10:17).

De igual forma, vemos un tercer ejemplo cuando «las personas se oponen a la deshonestidad y la corrupción hasta que deben confrontar a sus jefes y arriesgarse a perder su empleo». Pero la integridad consiste en permanecer firme en mis convicciones sin importar el costo o el riesgo que eso me pueda traer.

Un cuarto ejemplo serían las «personas que mantienen altas normas morales hasta que relaciones contrarias a la Palabra de Dios encienden sus deseos». Lo vemos, por ejemplo, en jóvenes y no tan jóvenes que viven con altos estándares morales, pero que, tan pronto se sienten atraídos por alguien, sus deseos se encienden y de repente su moralidad comienza a verse comprometida.

«Personas que son honestas hasta que un pequeño acto de deshonestidad les ahorra dinero». Cristo lo dijo de una forma muy sencilla: El que es fiel en lo muy poco, es fiel también en lo mucho; y el que es injusto en lo muy poco, también es injusto en lo mucho (Luc. 16:10). El individuo que hoy engaña al gobierno mañana podría terminar engañando a su esposa. Y la realidad es que las razones por las que él no debe engañar al gobierno son las mismas por las que no debe engañar a su esposa: temor de Dios, integridad personal, respeto a sí mismo y amor al prójimo. Quizás este sea un concepto difícil de transmitir, pero el respeto a nuestra propia integridad debería ser un valor que busquemos abrazar y defender independientemente de las consecuencias que pueda traer a nuestras vidas. Es lamentable, pero muchos prestan más atención al miedo al rechazo y a pasar vergüenza que a su propia integridad.

Aunque el concepto de corrupción ha sido asociado casi siempre al ámbito político, la realidad es que la definición misma de corrupción tiene que ver con el concepto de integridad, algo fundamental en la vida de la Iglesia.

Cambio de definiciones

La corrupción se define como la «alteración de la integridad, de una virtud o de un principio moral». Otra definición señala que la corrupción consiste en «inducir (como en el caso de un oficial público) por medios inapropiados (como el soborno) a violar una responsabilidad (como el que comete una violación criminal)». Note cómo ambas definiciones están relacionadas con el concepto de integridad. Una de las definiciones habla de que una persona está induciendo a otra, por medios inapropiados, a violar un principio de responsabilidad. Sin embargo, en la primera definición no es tal el caso, de manera que somos capaces de comprometer por nosotros mismos nuestra integridad sin que necesariamente otro nos haya inducido, solo porque deseamos algo, queremos alcanzar un fin, y por ello violamos nuestra integridad.

El problema es que la línea entre lo que es bueno o malo, correcto o incorrecto, comienza a verse cada vez más borrosa tan pronto deseamos algo. Es increíble la habilidad que tiene el ser humano para calificar como área gris lo que antes era claramente blanco o negro, solo por el hecho de que ahora están en juego sus intereses. La realidad es que vivir con integridad tiene implicaciones muy amplias.

Las sociedades han ido cambiando con el transcurrir de los años, y con ellas han cambiado también sus valores. Al cambiar los valores, cambiaron también las definiciones, de manera que lo que antes se definía de una forma hoy en día podría considerarse o definirse de otra. Como resultado de estos cambios, hoy podríamos encontrarnos cómodos aceptando algo que en el pasado habría representado una violación a nuestra integridad y convicciones.

En la actualidad, la palabra inmoralidad, en la enorme mayoría de los diccionarios, solo implica una violación de las normas que la sociedad acepta como buenas y válidas. Sin embargo, cuando buscamos la misma palabra en un diccionario de la década de 1820, nos encontramos con que la inmoralidad era definida como «cualquier hecho o práctica contraria a los mandatos de Dios». Esta es una diferencia enorme. Pero nos hemos conformado; nos sentimos cómodos con las nuevas definiciones, pues ellas no nos hacen cuestionar nuestra integridad ni nuestro modo de vivir.

(Continues…)



Excerpted from "Vivir con Integridad y Sabiduría"
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Table of Contents

Introducción,
1. La integridad: un valor en extinción,
2. ¿Qué es la integridad?,
3. La integridad: un valor deseable, admirable y poderoso,
4. Mi integridad y mi conciencia,
5. Nunca ceda a la presión,
6. La verdad, solo la verdad y nada más que la verdad,
7. Mi carácter determina mi integridad,
8. El carácter en la literatura de sabiduría,
9. Integridad y sabiduría en la literatura de sabiduría,
10. Integridad y sabiduría en el manejo de las finanzas,
11. Integridad y sabiduría al resistir la tentación,
12. Cómo tomar decisiones sabias para vivir con integridad,
13. Cómo buscar, entender y aceptar la voluntad de Dios,
14. Discernimiento espiritual,
Conclusión,
Bibliografía,
Sobre el autor,

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