Ansiosos por nada: Menos preocupación, más paz

Ansiosos por nada: Menos preocupación, más paz

by Max Lucado
Ansiosos por nada: Menos preocupación, más paz

Ansiosos por nada: Menos preocupación, más paz

by Max Lucado

Paperback

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Overview

Cuando se trata de ansiedad, depresión y enfermedades relacionadas con el estrés, llevamos la delantera. Afortunadamente, hay una prescripción práctica para abordar estos problemas. Ansiosos por nada, el más reciente libro del autor best seller del New York Times, Max Lucado, proporciona una guía para luchar y sanar la ansiedad.

¿Te sientes abrumado por las preocupaciones?
¿El camino por el que estás viajando está lleno de montañas que atravesar, obstáculos por esquivar y curvas cerradas por evitar?
¿Necesitas un poco de calma?


Si es así, tengo una escritura que necesitas leer. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. ¿Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Filipenses 4.6, 7 es el pasaje más subrayado en toda la Biblia. De acuerdo a esta promesa, la ansiedad es parte de la vida, pero no tiene que dominarla. Con Dios como tu ayudante y este versículo a tu lado, puedes dormer mejor esta noche y sonreír más mañana. Puedes tranquilizarte y ver las malas noticias a través del lente de la soberanía. Puedes descubrir una vida caracterizada por la calma y desarrollar las herramientas necesarias para enfrentar los embates de la ansiedad.

Invitemos a Dios a redefinir la forma en que afrontamos nuestros temores y ganar la guerra contra la preocupación. Por su poder estaremos «ansiosos por nada» y experimentaremos la «paz que sobrepasa todo entendimiento».

La ansiedad nos rodea, malas noticias nos acechan… es decisión tuya permitir que te roben la paz.

Anxiety is at an all time high, but there's a prescription for dealing with it. Max Lucado invites readers into a study of Philippians 4:6-7 where the Apostle Paul admonishes the followers of Christ, "Do not be anxious about anything..."

Anxiety is at an all time high, but there's a prescription for dealing with it. Max Lucado invites readers into a study of Philippians 4:6-7 where the Apostle Paul admonishes the followers of Christ, "Do not be anxious about anything..."
Philippians 4:6 encourages the believer to "be anxious for nothing." As Lucado states, the apostle Paul seems to leave little leeway here. "Be anxious of nothing. Nada. Zilch. Zero." What's he suggesting? That we should literally be anxious for absolutely nothing? Lucado says, "The presence of anxiety is unavoidable, but the prison of anxiety is optional. It's the life of perpetual anxiety that Paul wants to address. Don't let anything in life leave you perpetually in angst."


Product Details

ISBN-13: 9780718098711
Publisher: Grupo Nelson
Publication date: 09/12/2017
Pages: 256
Sales rank: 664,961
Product dimensions: 5.90(w) x 8.90(h) x 0.70(d)
Language: Spanish

About the Author

About The Author
Desde que entró en el ministerio en 1978, MAX LUCADO ha servido en iglesias de Miami, Florida; Río de Janeiro, Brasil; y San Antonio, Texas. Actualmente sirve como ministro de enseñanza de la Iglesia Oak Hills en San Antonio. Ha recibido el Premio Pinnacle 2021 de la ECPA por su destacada contribución a la industria editorial y la sociedad en general. Es el autor inspirador más vendido de Estados Unidos, con más de ciento cuarenta y cinco millones de productos impresos.

Siga su sitio web en librosdelucado.com

Read an Excerpt

CHAPTER 1

MENOS ANSIEDAD, MÁS FE

Es un temor de baja intensidad. Un malestar, una intranquilidad. Un viento frío que no deja de soplar.

No se trata tanto de la tormenta, sino de la certeza de que una se aproxima. Siempre ... acercándose. Los días soleados son meramente un interludio. No puedes relajarte. No puedes bajar la guardia. La paz siempre es temporal, de corta duración.

No es tanto encontrarte con un oso pardo, sino la sospecha de que hay uno, o dos o diez por ahí cerca. Detrás de cada árbol. A la vuelta de cada esquina. Inevitable. Solo es cuestión de tiempo antes que el oso pardo salte de las sombras, exponga sus colmillos y te devore a ti, junto a tu familia, tus amistades, tu cuenta bancaria, tus mascotas y tu país.

¡Allá afuera hay problemas! Así que no duermes bien.

No te ríes a menudo.

No disfrutas del sol.

No silbas mientras caminas.

Y, cuando otros lo hacen, los miras con sospecha. Con esa mirada. Esa mirada tipo «eres un ingenuo». Es posible que hasta se lo digas: «¿Acaso no has leído las noticias y escuchado los reportes y visto los estudios?».

Los aviones se caen del cielo. Los mercados alcistas se desmoronan. Los terroristas aterrorizan. La gente buena se vuelve mala. Otro escándalo está a punto de salir a f lote. La letra menuda saldrá a relucir. La tragedia está al acecho; es solo cuestión de tiempo.

¿Qué tal si no cierro la venta? ¿Qué tal si no recibo el incentivo? ¿Qué tal si no podemos pagar los aparatos dentales de los chicos? ¿Qué tal si mis hijos tienen los dientes torcidos? ¿Qué tal si los dientes torcidos provocan que no tengan amigos, una carrera o una pareja? ¿Qué tal si terminan en la calle, hambrientos, con un letrero en la mano que diga: «Mis padres no pudieron pagar por mis aparatos dentales»?

La ansiedad es una inquietud.

Es una sospecha, un recelo. Es la vida en un tono menor con preocupaciones mayores. Es estar perpetuamente parado en el tablón del barco pirata.

Eres una mezcla de Chicken Little con Iíyoo (Eeyore). El cielo se está cayendo, y está cayendo sobre ti de una forma desproporcionada.

Como resultado, estás ansioso. Una sensación de temor flotante revolotea sobre tu cabeza, una redecilla sobre el corazón, un presentimiento nebuloso sobre las cosas ... que podrían ocurrir ... en algún momento futuro.

La ansiedad y el miedo son primos, pero no son idénticos. El miedo ve una amenaza. La ansiedad se la imagina.

El miedo grita: ¡Vete!

La ansiedad cavila: ¿Qué tal si?

El miedo resulta en luchar o huir. La ansiedad crea miseria y desolación. El miedo es el pulso que palpita cuando ves una serpiente de cascabel enroscada en tu jardín. La ansiedad es la voz que te dice: Nunca, nunca jamás, por el resto de tu vida, camines descalzo en la grama. Podría haber una serpiente ... en alguna parte.

La palabra ansioso se define por sí misma. Es un híbrido entre ansia y so. Ansia es una sensación de congoja o angustia. So es elsonido que hago en el décimo escalón de unas escaleras, cuando mi corazón late aprisa y me falta el oxígeno. Me pueden escuchar inhalando y exhalando, y sueno como la tercera sílaba de ansioso, lo que me hace cuestionar si las personas ansiosas son justo eso: gente sin aliento debido a las angustias de la vida.

En una ocasión, un hawaiano nativo me explicó el origen de haole, el nombre que usan los isleños para referirse a los que no somos hawaianos naturales. Haole es una palabra hawaiana que se traduce «sin aliento». El nombre se asocia con los inmigrantes europeos de los 1820. Si bien el término se explica de distintas formas, me gusta la que él me dio: «Nuestros antepasados pensaban que los colonos siempre andaban apurados construyendo plantaciones, puertos y haciendas. A los nativos hawaianos les parecía que estaban sin aliento».

Ciertamente, la ansiedad nos roba el aliento. ¡Si nos robara tan solo eso! También nos roba el sueño. Nuestra energía. Nuestro bienestar. El salmista escribió: «No pierdas los estribos, que eso únicamente causa daño» (Salmos 37.8 ntv). Causa daño a nuestro cuello y estómago, a nuestra quijada y espalda. La ansiedad puede obligarnos a hacer contorsionismo emocional. Puede causar un tic en el ojo, un aumento en la presión arterial, dolores de cabeza y sudor en las axilas. Para ver las consecuencias de la ansiedad, simplemente lee sobre la mitad de las enfermedades en un libro de medicina.

La ansiedad no es divertida.

Es muy probable que tú o alguien que conozcas esté batallando seriamente con la ansiedad. Según el Instituto Nacional de la Salud Mental, los trastornos de ansiedad están alcanzando niveles epidémicos. En un año determinado, cerca de cincuenta millones de norteamericanos sentirán los efectos de un ataque de pánico, fobias u otros trastornos de ansiedad. El pecho se nos apretará. Nos sentiremos mareados. Evitaremos el contacto con otras personas y temeremos a las multitudes. En Estados Unidos, los trastornos de ansiedad son el «problema mental número uno entre ... las mujeres, y el segundo, luego del uso y abuso del alcohol y las drogas, entre los hombres».

«Estados Unidos es ahora la nación más ansiosa en el mundo». (¡Felicitaciones a todos nosotros!). La tierra de las estrellas y las franjas se ha convertido en el país del estrés y la discordia. El precio de este logro es alto.

«Las enfermedades relacionadas con el estrés le cuestan a la nación trescientos mil millones de dólares cada año en facturas médicas y pérdida de productividad, mientras que el uso de calmantes aumenta vertiginosamente; solo entre 1997 y 2004, los norteamericanos más que duplicaron su consumo de medicamentos contra la ansiedad, como Xanax y Valium, de 900 millones a 2.1 mil millones de dólares».

El Journal of the American Medical Association citó un estudio que indica un aumento exponencial en la depresión. Las personas en cada generación del siglo xx «tenían tres veces más probabilidades de sufrir de depresión que los individuos de la generación anterior».

¿Cómo es posible? Nuestros autos son más seguros que nunca antes. Regulamos los alimentos, el agua y la electricidad. Si bien las pandillas todavía merodean nuestras calles, la mayoría de los norteamericanos no vive bajo el peligro de un ataque inminente. No obstante, si la preocupación fuera un evento olímpico, ¡ganaríamos la medalla de oro!

Irónicamente, los ciudadanos de países menos desarrollados disfrutan de más tranquilidad. Ellos sufren una quinta parte de los niveles de ansiedad de los norteamericanos, a pesar de que menos provisiones para las necesidades básicas para vivir. «No solo eso, cuando estos ciudadanos de países menos ansiosos y desarrollados inmigran a Estados Unidos, tienden a volverse igual de ansiosos que los norteamericanos. Entonces, algo sobre nuestro estilo de vivir particular nos está robando la calma y la serenidad».

Nuestros jóvenes universitarios también lo están sintiendo. En un estudio que incluyó a más de doscientos mil estudiantes de primer año, «estos presentaron niveles bajos sin precedentes en salud mental y estabilidad emocional en general». El psicólogo Robert Leahy señala: «El niño promedio de hoy día exhibe el mismo nivel de ansiedad que el paciente de psiquiatría promedio de la década de los cincuenta». Los niños tienen más juguetes, ropa y oportunidades que nunca antes, pero cuando llega el momento de irse de su casa, están más enredados que las momias egipcias.

Estamos tensos.

¿Por qué? ¿Cuál es la causa de nuestra ansiedad?

El cambio, entre otras cosas. Los investigadores especulan que ¡«el ambiente y el orden social [del mundo occidental] ha cambiado más en los pasados treinta años que lo que cambió en los trescientos años anteriores»! Piensa en lo que ha cambiado. La tecnología. La existencia de la Internet. El aumento en las advertencias sobre el calentamiento global, una guerra nuclear y los ataques terroristas. Los cambios y las nuevas amenazas son importados a nuestras vidas cada pocos segundos gracias a los celulares inteligentes, los televisores y las pantallas de computadoras. En la generación de nuestros abuelos, se necesitaban varios días para que la noticia de un terremoto en Nepal le daría la vuelta al mundo. En el tiempo de nuestros padres el noticiero nocturno comunicaba sobre la catástrofe. Hoy es cuestión de unos minutos. Apenas terminamos de manejar una crisis cuando ya escuchamos de otra.

Además, nos movemos más rápido que nunca antes. Nuestros antepasados viajaban tan lejos como un caballo o un camello pudieran llevarlos mientras hubiera luz natural. ¿Nosotros? Nos movemos entre husos horarios como si estuviéramos en las calles de un vecindario. Nuestros bisabuelos tenían que apagar los sensores cerebrales cuando se ponía el sol. ¿Nosotros? Encendemos las noticias por cable, abrimos la computadora portátil o sintonizamos el episodio más reciente del programa de supervivencia. Por años, mantuve una cita nocturna con el noticiero de las diez. Nada como dormirse con el relato de asesinatos y catástrofes frescos en el cerebro.

¿Y qué del embate de retos personales? Estás enfrentando, tú o alguien que conoces, la ejecución de una hipoteca, luchando contra el cáncer, atravesando un divorcio o batallando contra una adicción. Alguien que conoces, o tú mismo, está en bancarrota, no tiene ni un centavo o está cerrando una empresa.

Sin excepción, estamos envejeciendo. Y con la edad llega una comitiva de cambios. Mi esposa encontró una aplicación que calcula la edad luego de evaluar una foto del rostro de la persona. La aplicación falló la edad de Denalyn por quince años, hacia el lado más joven. A ella le encantó. El mío lo falló por cinco años, hacia el lado más viejo. Así que lo volví a tomar. Y añadió siete más. Luego diez. Dejé de hacerlo antes que dijera que me había muerto.

Cualquiera pensaría que los cristianos estamos exentos de la ansiedad. Pero no es así. Nos han enseñado que la vida cristiana es una vida de paz y, cuando no sentimos paz, asumimos que el problema es interno. Entonces, no solo nos sentimos ansiosos, ¡sino que también nos sentimos culpables sobre nuestra ansiedad! El resultado es una espiral descendente de preocupación, culpa, preocupación, culpa.

Esto basta para que alguien se sienta ansioso.

Es suficiente para que nos cuestionemos si el apóstol Pablo estaba ajeno a la realidad cuando escribió: «No se inquieten por nada» (Filipenses 4.6 nvi).

«Inquiétense menos» habría sido desafío suficiente. O, «inquiétense solo los jueves». O, «inquiétense solo en épocas de angustia severa».

Pero aquí no parece que Pablo nos esté dando ningún margen. No se inquieten por nada. Nada. Niente. Cero. Nulidad. ¿Fue esto lo que quiso decir? No exactamente. Él escribió la frase en tiempo presente activo, lo que implica un estado continuo. Lo que Pablo quería abordar era la vida en un estado de ansiedad perpetua. La Traducción Lucado Revisada dice: «No permitas que nada en la vida te deje sin aliento y en angustia perpetuamente». La presencia de la ansiedad es inevitable, pero la prisión de la ansiedad es opcional.

La ansiedad no es pecado; es una emoción. (Así que, no estés ansioso por sentirte ansioso). Sin embargo, la ansiedad sí puede llevar a una conducta pecaminosa. Cuando adormecemos nuestros temores con latas y latas de cerveza o con atracones de comida; cuando vomitamos ira como el volcán Krakatoa; cuando traficamos nuestros miedos con cualquiera que los compre, sí estamos pecando. Si la ansiedad tóxica te lleva a abandonar a tu cónyuge, a descuidar a tus hijos, a romper pactos, o a romper corazones, presta atención. Jesús pronunció estas palabras: «Tengan cuidado y no dejen que sus corazones se hagan insensibles por [...] las preocupaciones de esta vida» (Lucas 21.34 dhh). ¿Crees que la ansiedad ha insensibilizado tu corazón?

Presta atención a estas señales:

• ¿Te estás riendo menos que antes?

• ¿Ves problemas en cada promesa?

• ¿Te describirían las personas que mejor te conocen como alguien negativo y crítico?

• ¿Asumes que algo malo va a ocurrir?

• ¿Suavizas o minimizas las buenas noticias con una dosis de tu versión de la realidad?

• ¿Hay muchos días en los que preferirías quedarte en la cama en vez de levantarte?

• ¿Exageras lo negativo y desestimas lo positivo?

• Dada la oportunidad, ¿evitarías cualquier interacción con la humanidad por el resto de tu vida?

Si contestaste sí a la mayoría de estas preguntas, tengo un amigo que quiero presentarte. En realidad, me gustaría que leyeras un pasaje bíblico. He leído estas palabras tantas veces que ya somos amigos. Me gustaría nominar este pasaje para el Salón de la Fama de las Escrituras. En la pared del museo donde se exhiben las palabras enmarcadas del salmo 23, el Padrenuestro y Juan 3.16, también deberían exhibir Filipenses 4.4-8 (NVI):

Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense! Que su amabilidad sea evidente a todos. El Señor está cerca. No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio.

Cinco versículos con cuatro admoniciones que llevan a una promesa maravillosa: «la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos» (v. 7).

Celebra la bondad de Dios. «Alégrense siempre en el Señor» (v. 4).

Acércate a Dios y pídele ayuda. «Presenten sus peticiones a Dios» (v. 6).

Lleva y deja tus preocupaciones ante él. «Denle gracias ...» (v. 6).

Medita en todo lo bueno. «Consideren bien [...] todo lo que sea excelente o merezca elogio» (v. 8).

Celebra. Acércate y pide. Lleva y deja. Medita. C.A.L.Ma.

¿Podrías usar algo de calma? Si es así, no estás solo. La Biblia es el libro más marcado y resaltado en las tabletas Kindle. Y Filipenses 4.6, 7 es el pasaje bíblico más marcado y resaltado. Aparentemente, todos podemos usar una palabra reconfortante.

Dios está listo para pronunciarla.

Con Dios como tu ayuda, dormirás mejor esta noche y sonreirás más mañana. Redefinirás tu manera de enfrentar tus temores. Aprenderás cómo disuadirte para alejarte de la cornisa; aprenderás a mirar las malas noticias a través del lente de la soberanía, a discernir las mentiras de Satanás y a decirte la verdad. Descubrirás una vida que se caracteriza por la calma y desarrollarás herramientas para enfrentar los ataques de ansiedad.

Esto exigirá algo de trabajo de tu parte. De ninguna manera quiero dar la impresión de que podemos despedirnos de la ansiedad con una sencilla charla alentadora. De hecho, para algunos de ustedes la sanidad de Dios incluirá la ayuda de las terapias y los medicamentos. Si ese es el caso, no pienses ni por un momento que serías un ciudadano del cielo de segunda categoría. Pídele a Dios que te dirija a un consejero o médico cualificado para proveerte el tratamiento que necesitas.

De algo estoy seguro: la voluntad de Dios no es que vivas en ansiedad perpetua. No es su voluntad que enfrentes cada día con miedo e inquietud. Él te creó para mucho más que una vida de angustia que te robe el aliento y de preocupación que divida tu mente. Él tiene un capítulo nuevo para tu vida. Y él está listo para escribirlo.

Tengo un recuerdo de mi niñez que atesoro con mucho cariño. A mi papá le encantaba comer pan de maíz y suero de mantequilla. (¿Te pasó por la mente que me crié en un pueblo pequeño en el oeste de Texas?). Todas las noches, cerca de las diez, él deambulaba hasta la cocina y desmenuzaba un pedazo de pan de maíz en un vaso de suero de mantequilla. Luego se paraba al lado del mostrador de la cocina, vestido con sus calzoncillos y camiseta, y se lo tomaba.

Luego, hacía su recorrido por las puertas delantera y trasera, para verificar que estuvieran cerradas con llave. Una vez todo estaba seguro, entraba a la habitación que yo compartía con mi hermano y decía algo como: «Todo está seguro, muchachos. Ya pueden dormirse».

No me inclino a pensar que a Dios le encante el pan de maíz y el suero de mantequilla, pero sí creo que ama a sus hijos. Él vela por tu mundo. Vigila tu vida. Dios no necesita inspeccionar las puertas; en realidad, él es la puerta. Nada te ocurrirá sin su permiso.

(Continues…)



Excerpted from "Ansiosos por Nada"
by .
Copyright © 2017 Grupo Nelson.
Excerpted by permission of Grupo Nelson.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Table of Contents

Reconocimientos, xi,
1. Menos ansiedad, más fe, 1,
SECCIÓN 1: CELEBRA LA BONDAD DE DIOS Alégrense en el Señor siempre.,
2. Alégrate en la soberanía del Señor, 19,
3. Alégrate en la misericordia del Señor, 39,
4. Alégrate en el Señor siempre, 55,
SECCIÓN 2: PÍDELE AYUDA A DIOS Presenten sus peticiones a Dios.,
5. Calma contagiosa, 73,
6. Oración, no desesperación, 87,
SECCIÓN 3: LLEVA Y DEJA TUS PREOCUPACIONES ANTE ÉL Denle gracias ...,
7. Gratitud abundante, 101,
8. La paz de Dios es tu paz, 111,
SECCIÓN 4: MEDITA EN TODO LO BUENO Consideren bien ... todo lo que sea excelentej merezca elogio.,
9. Piensa en lo que piensas, 129,
10. Aférrate a Cristo, 141,
11. C.A.L.M.A, 155,
Preguntas para reflexionar, 169,
Texto bíblico, 219,
Notas, 239,

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