Paula (En espanol)

Paula (En espanol)

by Isabel Allende

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Product Details

ISBN-13: 9780525433507
Publisher: Knopf Doubleday Publishing Group
Publication date: 01/10/2017
Pages: 464
Sales rank: 111,637
Product dimensions: 5.20(w) x 7.90(h) x 1.10(d)

About the Author

Isabel Allende nació en Perú donde su padre era diplomático chileno. Vivió en Chile entre 1945 y 1975, con largas temporadas de residencia en otros lugares, en Venezuela hasta 1988 y, a partir de entonces, en California. Inició su carrera literaria en el periodismo en Chile y en Venezuela. Su primera novela, La casa de los espíritus, se convirtió en uno de los títulos míticos de la literatura latinoamericana. A ella le siguieron otros muchos, todos los cuales han sido éxitos internacionales. Su obra ha sido traducida a treinta y cinco idiomas. En 2010, fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura de Chile, y en 2012, con el Premio Hans Christian Andersen de Literatura por su trilogía El Águila y el Jaguar.

Hometown:

San Rafael, California

Date of Birth:

August 2, 1942

Place of Birth:

Lima, Peru

Read an Excerpt

scucha, Paula, voy a contarte una historia, para que cuando despiertes no estés tan perdida. La leyenda familiar comienza a principios del siglo pasado, cuando un fornido marinero vasco desembarcó en las costas de Chile, con la cabeza perdida en proyectos de grandeza y protegido por el relicario de su madre colgado al cuello, pero para qué ir tan atrás, basta decir que su descendencia fue una estirpe de mujeres impetuosas y hombres de brazos firmes para el trabajo y corazón sentimental. Algunos de carácter irascible murieron echando espumarajos por la boca, pero tal vez la causa no fue rabia, como señalaron las malas lenguas, sino alguna peste local. Compraron tierras fértiles en las cercanías de la capital que con el tiempo aumentaron de valor, se refinaron, levantaron mansiones señoriales con parques y arboledas, casaron a sus hijas con criollos ricos, educaron a los hijos en severos colegios religiosos, y así con el correr de los años se integraron a una orgullosa aristocracia de terratenientes que prevaleció por más de un siglo, hasta que el vendaval del modernismo la reemplazó en el poder por tecnócratas y comerciantes. Uno de ellos era mi abuelo. Nació en buena cuna, pero su padre murió temprano de un inexplicable escopetazo; nunca se divulgaron los detalles de lo ocurrido esa noche fatídica, quizás fue un duelo, una venganza o un accidente de amor, en todo caso, su familia quedó sin recursos y, por ser el mayor, debió abandonar la escuela y buscar empleo para mantener a su madre y educar a sus hermanos menores. Mucho después, cuando se había convertido en señor de fortuna ante quien los demás se quitaban el sombrero, me confesó que la peor pobreza es la de cuello y corbata, porque hay que disimularla. Se presentaba impecable con la ropa del padre ajustada a su tamaño, los cuellos tiesos y los trajes bien planchados para di simular el desgaste de la tela. Esa época de penurias le templó el carácter, creía que la existencia es sólo esfuerzo y trabajo, y que un hombre honorable no puede ir por este mundo sin ayudar al prójimo. Ya entonces tenía la expresión concentrada y la integridad que lo caracterizaron, estaba hecho del mismo material pétreo de sus antepasados y, como muchos de ellos, tenía los pies plantados en suelo firme, pero una parte de su alma escapaba hacia el abismo de los sueños. Por eso se enamoró de mi abuela, la menor de una familia de doce hermanos, todos locos excéntricos y deliciosos, como Teresa, a quien al final de su vida empezaron a brotarle alas de santa y cuando murió se secaron en una noche todos los rosales del Parque Japonés, o Ambrosio, gran rajadiablos y fornicador, que en sus momentos de generosidad se desnudaba en la calle para regalar su ropa a los pobres. Me crié oyendo comentarios sobre el talento de mi abuela para predecir el futuro, leer la mente ajena, dialogar con los animales y mover objetos con la mirada. Cuentan que una vez desplazó una mesa de billar por el salón, pero en verdad lo único que vi moverse en su presencia fue un azucarero insignificante, que a la hora del té solía deslizarse errático sobre la mesa. Esas facultades despertaban cierto recelo y a pesar del encanto de la muchacha los po sibles pretendientes se acobardaban en su presencia; pero para mi abuelo la telepatía y la telequinesia eran diversiones inocentes y de ninguna manera obstáculos serios para el matrimonio, sólo le preocupaba la diferencia de edad, ella era mucho menor y cuando la conoció todavía jugaba con muñecas y andaba abrazada a una almohadita roñosa. De tanto verla como a una niña, no se dio cuenta de su pasión hasta que ella apareció un día con vestido largo y el cabello recogido y entonces la revelación de un amor gestado por años lo sumió en tal crisis de timidez que dejó de visitarla. Ella adivinó su estado de ánimo antes que él mismo pudiera de senredar la madeja de sus propios sentimientos y le mandó una carta, la primera de muchas que le escribiría en los momentos decisivos de sus vidas. No se trataba de una esquela perfumada tanteando terreno, sino de una breve nota a lápiz en papel de cuaderno preguntándole sin preámbulos si quería ser su marido y, en caso afirmativo, cuándo. Meses más tarde se llevó a cabo el matrimonio. La novia se presentó ante el altar como una visión de otras épocas, ataviada en encajes color marfil y con un desorden de azahares de cera enredados en el moño; al verla él decidió que la amaría porfiadamente hasta el fin de sus días. Para mí esta pareja fueron siempre el Tata y la Memé. De sus hijos sólo mi madre interesa en esta historia, porque si empiezo a contar del resto de la tribu no terminamos nunca y además los que aún viven están muy lejos; así es el exilio, lanza a la gente a los cuatro vientos y después resulta muy difícil reunir a los dispersos. Mi madre nació entre dos guerras mundiales un día de primavera en los años veinte, una niña sensible, incapaz de acompañar a sus hermanos en las correrías por el ático de la casa cazando ratones para guardarlos en frascos de formol. Creció protegida entre las paredes de su hogar y del colegio, entretenida en lecturas román ticas y obras de caridad, con fama de ser la más bella que se había visto en esa familia de mujeres enigmáticas. Desde la pubertad tuvo varios enamorados rondándola como moscardones, que su padre mantenía a la distancia y su madre analizaba con sus naipes del Tarot, hasta que los coqueteos inocentes terminaron con la llegada a su destino de un hombre talentoso y equívoco, quien desplazó sin esfuerzo a los demás rivales y le colmó el alma de inquietudes. Fue tu abuelo Tomás, que desapareció en la bruma, y lo menciono sólo porque llevas algo de su sangre, Paula, por ninguna otra razón. Este hombre de mente rápida y lengua despiadada, resultaba demasiado inteligente y desprejuiciado para esa sociedad provinciana, un ave rara en el Santiago de entonces. Se le atribuía un pasado oscuro, circulaban rumores de que pertenecía a la Masonería, por lo tanto era enemigo de la Iglesia, y que mantenía oculto un hijo bastardo, pero nada de eso podía esgrimir el Tata para disuadir a su hija porque carecía de pruebas y él no era persona capaz de manchar sin fundamento la reputación ajena. En esos tiempos Chile era una torta de milhojas —y en cierta forma todavía lo es—, había más castas que en la India y existía un epíteto peyorativo para colocar a cada cual en su sitio: roto, pije, arribista, siútico y muchos más hasta alcanzar la plataforma cómoda de la gente como uno. El nacimiento determinaba a las personas; era fácil descender en la jerarquía social, pero para subir no bastaban dinero, fama o talento, se requería el esfuerzo sostenido de varias generaciones. En favor de Tomás pesaba su linaje honorable, a pesar de que a los ojos del Tata existían antecedentes políticos sospechosos. Ya entonces sonaba el nombre de un tal Salvador Allende, fundador del Partido Socialista, que predicaba contra la propiedad privada, la moral conservadora y la autoridad de los patrones. Tomás era primo de ese joven diputado. Mira, Paula, tengo aquí el retrato del Tata. Este hombre de facciones severas, pupila clara, lentes sin montura y boina negra, es tu bisabuelo. En la fotografía aparece sentado empuñando su bastón, y junto a él, apoyada en su rodilla derecha, hay una niña de tres años vestida de fiesta, graciosa como una bailarina en miniatura, mirando la cámara con ojos lánguidos. Ésa eres tú, detrás estamos mi madre y yo, la silla me oculta la barriga, estaba embarazada de tu hermano Nicolás. Se ve al viejo de frente y se aprecia su gesto altivo, esa dignidad sin aspavientos de quien se ha formado solo, ha recorrido su camino derechamente y ya no espera más de la vida. Lo recuerdo siempre anciano, aunque casi sin arrugas, salvo dos surcos profundos en las comisuras de la boca, con una blanca melena de león y una risa brusca de dientes amarillos. Al final de sus años le costaba moverse, pero se ponía trabajosamente de pie para saludar y despedir a las mujeres y apoyado en su bastón acompañaba a las visitas hasta la puerta del jardín. Me gustaban sus manos, ramas retorcidas de roble, fuertes y nudosas, su infaltable pañuelo de seda al cuello y su olor a jabón inglés de lavanda y desinfectante. Trató con humor despren dido de inculcar a sus descendientes su filosofía estoica; la incomodidad le parecía sana y la calefacción nociva, exigía comida simple —nada de salsas ni revoltijos— y le parecía vulgar divertirse. Por las mañanas soportaba una ducha fría, costumbre que nadie en la familia imitó y que hacia el final de su existencia, cuando parecía un anciano escarabajo, cumplía impávido sentado en una silla bajo el chorro helado. Hablaba en refranes contundentes y a cualquier interrogatorio contestaba con otras preguntas, de modo que no sé mucho de su ideología, pero conocí a fondo su carácter. Fíjate en mi madre, que en este retrato tiene algo más de cuarenta años y se encuentra en el apogeo de su esplendor, vestida a la moda con falda corta y el pelo como un nido de abejas. Está riéndose y sus grandes ojos verdes se ven como dos rayas enmarcadas por el arco en punta de las cejas negras. Ésa era la época más feliz de su vida, cuando había terminado de criar a sus hijos, estaba enamorada y todavía su mundo parecía seguro. Me gustaría mostrarte una fotografía de mi padre, pero las quemaron todas hace más de cuarenta años. ¿Dónde andas, Paula? ¿Cómo serás cuando despiertes? ¿Serás la misma mujer o deberemos aprender a conocernos como dos extrañas? ¿Tendrás memoria o tendré que contarte pacientemente los veintiocho años de tu vida y los cuarenta y nueve de la mía? Dios guarde a su niña, me susurra con dificultad don Manuel, el enfermo que ocupa la cama a tu lado. Es un viejo campesino, operado varias veces del estómago, que lucha todavía contra el estropicio y la muerte. Dios guarde a su niña, me dijo también ayer una mujer joven con un bebé en los brazos, que se había enterado de tu caso y acudió al hospital a ofrecerme esperanza. Sufrió un ataque de porfiria hace dos años y estuvo en coma más de un mes, tardó un año en volver a la normalidad y debe cuidarse por el resto de sus días, pero ya trabaja, se casó y tuvo un niño. Me aseguró que el estado de coma es como dormir sin sueños, un misterioso paréntesis. No llore más, señora, dijo, su hija no siente nada, saldrá de aquí caminando y después no se acordará de lo que le ha pasado. Cada mañana recorro los pasillos del sexto piso a la caza del especialista para indagar nuevos detalles. Ese hombre tiene tu vida en sus manos y no confío en él, pasa como una corriente de aire, distraído y apurado, dándome engorrosas explicaciones sobre enzimas y copias de artículos sobre tu enfermedad, que trato de leer, pero no entiendo. Parece más interesado en hilvanar las estadísticas de su computadora y las fórmulas de su laboratorio, que en tu cuerpo crucificado sobre esta cama. Así es esta condición, unos se recuperan de la crisis en poco tiempo y otros pasan semanas en terapia intensiva, antes los pacientes simplemente se morían, pero ahora podemos mantenerlos vivos hasta que el metabolismo funciona de nuevo, me dice sin mirarme a los ojos. Bien, si es así sólo cabe esperar. Si tú resistes, Paula, yo también. Cuando despiertes tendremos meses, tal vez años para pegar los trozos rotos de tu pasado o mejor aún podemos inventar tus recuerdos a medida según tus fantasías; por ahora te contaré de mí y de otros miembros de esta familia a la cual las dos pertenecemos, pero no me pidas exactitudes porque se me deslizarán errores, mucho se me olvida o se me tuerce, no retengo lugares, fechas ni nombres, en cambio jamás se me escapa una buena historia. Sentada a tu lado observando en una pantalla las líneas luminosas que señalan los latidos de tu corazón, trato de comunicarme contigo con los métodos mágicos de mi abuela. Si ella estuviera aquí podría llevarte mis mensajes y ayudarme a sujetarte en este mundo. Has emprendido un extraño viaje por los médanos de la inconsciencia. ¿Para qué tanta palabra si no puedes oírme? ¿Para qué estas páginas que tal vez nunca leas? Mi vida se hace al contarla y mi memoria se fija con la escritura; lo que no pongo en palabras sobre papel, lo borra el tiempo. Hoy es 8 de enero de 1992. En un día como hoy, hace once años, comencé en Caracas una carta para despedirme de mi abuelo, que agonizaba con un siglo de lucha a la espalda. Sus firmes huesos seguían resistiendo, aunque hacía mucho él se preparaba para seguir a la Memé, quien le hacía señas desde el umbral.

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Paula (en espanol) 3.4 out of 5 based on 0 ratings. 20 reviews.
Anonymous More than 1 year ago
Can the book be switched from spanish to english?
Guest More than 1 year ago
This book brought more tears and more insight than most books I have read. There was also a lot of joy. Her description of their family life and the abuses of life in Chile and Argentina was a real eye opener. Isabels honesty at revealing what seem to be mistaken choices in her life is amazing. Her love for her daughter and the suffering they experienced is both heartrending and memorable. A great book.
Anonymous More than 1 year ago
Paula is an autobiography based on an emotionally difficult time in the author's life because she is losing her daughter, Paula to a long and excruciating illness. Through out the book, Allende's wry and ironic sense of humor lightens the tense, sad mood. For example, in the begining she is telling a story about when her father, Tomas, abandons his family, and how her mother was glad to return his coat of arms, which featured three starving dogs- an ironic reference to the blue blood(nobility) that Tomas brought to the family, then took away. The book is narrated by the author, Isabel Allende. She begins the book by talking to her daughter, who is in acoma. She says her reason for writing the book is so when Paula awakes from her acoma, she can read the diary and be fully aware of what happened while she was unconisious. She starts the story when she got a call saying Paula was ill, in a Madrid hospital. At the time, she had just published her book "The Infinate Plan" and was on a book tour in Spain, thus was able to get there in a matter of hours. She was grateful to be nearby, but was disheartened when she learned that Paula had been sick for some time, and Isabel hadnt done anything earlier. Next she flips to talking about her childhood, in Santiago, Chile. She had been enrolled in numerous schools and was expelled from some due to her strong will and rebelling to conform. Also around this timie she was introduced to the joys of story telling. Isabel tells how she believes that she was lonely, and out of lonlieness she began making up stories. Then, she begins talking about her dreams of Paula's death and how she often awakes crying. She feels Paula's acoma has lasted to long, and she cant enjoy Spain because of it. She wants to return Paula back to California, but to do so she must get her off of the oxygen. She asks the doctors to do just that, and they agree so slowly they wean her off day by day. After time in the hospital, scans ran showed that Paula has irreversable brain damage, so if she ever came out of acoma, she would never be able to read the diary. After some thought, Isabel decides to take Paula back to California. Back in San Fransisco, Paula has a hospital bed and all neccesary equiptment installed in her room, and family members are close enough to visit her in her last days. Paula's grandmother comes up from Chile to see her, and is surprised to see her in such a fragile state. Paula had significantly deteriorated, her hair, once down to her waist is all cut off, she continues to lose weight and curl up into fetal postion. Hope for Paula is quickly losing its stregnth. Overall, I liked the book, though it definetly wasnt one of my favorites. Paula's story i found more interesting than Allende's life story. I also didnt like how she was constantly switching back between past and present. When she did switch back and forth, in my opinion the transition wasnt very smooth. My favorite part of the whole book was the ending, when she describes how she had to say goodbye to her daughter on her trip to the next world. If i had to pick a moral for the book it would be a tie. I've learned that you can never take any day for granted, and to always expect the unexpected. You never know whats gonna happen, or when. So by living each day to its fullest, and never take anything for granted, you will better enjoy life, and when the unexpected happens you can embrace whatever happens knowing you did exactly what you wan
carlosmock More than 1 year ago
Paula by Isabel Allende When Allende's daughter succumbs to a disease that leaves her in a coma, the author starts to write her autobiography and reads it everyday to her dying daughter. The story reveals extraordinary ancestors, memories both sweet and sour of Paula's youth, incredible anecdotes from the family history, and the most secret whispers. Paula is, more than anything, the suffering of a mother that is seeing her daughter sleeping away towards death, unable to do anything else but to keep her memory alive by telling her stories. I loved the book and was deeply affected, since I lost a sister and took care of her.
Anonymous More than 1 year ago
THIS BOOK IS IN SPANISH!!
Anonymous More than 1 year ago
Nowhere in thedescription did I see that thisbook is in Spanish. Who knows if it's good or not because I CAN'T READ IT .
Anonymous More than 1 year ago
Anonymous More than 1 year ago
This book brought tears and a lot of thinking. The way Isabel Allende describe her life from the beginning is just so amazing.
Anonymous More than 1 year ago
Did not like it kk
Anonymous More than 1 year ago
As it turns out, Paula- the REAL Paula- never came out of the coma, she died one day while Isabel was sitting in a chair in her hospital room reading,"Paula" to her. So sad...
Anonymous More than 1 year ago
Anonymous More than 1 year ago
Anonymous More than 1 year ago
Anonymous More than 1 year ago
Anonymous More than 1 year ago
Anonymous More than 1 year ago
Anonymous More than 1 year ago
Anonymous More than 1 year ago
Anonymous More than 1 year ago
Does it come in spanish?
Anonymous More than 1 year ago
GAY