Aplaste a los gigantes que hay en su vida: Usted puede ganar la batalla y vivir en victoria
Estos gigantes son la plaga de la iglesia de hoy. Y si bien ellos no pueden blandir lanzas y escudos, son temibles, causando que muchos hijos de Dios tropiecen en su peregrinar. En este libro, el doctor David Jeremiah nos reta a enfrentarnos valientemente a los gigantes que intentan aterrorizar a los creyentes de hoy. La verdad bíblica del doctor Jeremiah sobre verdaderos guerreros le animará. A lo largo de todo el texto, el doctor Jeremiah elabora cautivadoras historias de la vida real de gigantes contemporáneos que enfrentaron cara a cara a sus propios Goliats: tentación, duda, postergación y celos. En este libro, usted descubrirá de nuevo la eterna promesa inquebrantable de Dios para vencer a esos gigantes.
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Aplaste a los gigantes que hay en su vida: Usted puede ganar la batalla y vivir en victoria
Estos gigantes son la plaga de la iglesia de hoy. Y si bien ellos no pueden blandir lanzas y escudos, son temibles, causando que muchos hijos de Dios tropiecen en su peregrinar. En este libro, el doctor David Jeremiah nos reta a enfrentarnos valientemente a los gigantes que intentan aterrorizar a los creyentes de hoy. La verdad bíblica del doctor Jeremiah sobre verdaderos guerreros le animará. A lo largo de todo el texto, el doctor Jeremiah elabora cautivadoras historias de la vida real de gigantes contemporáneos que enfrentaron cara a cara a sus propios Goliats: tentación, duda, postergación y celos. En este libro, usted descubrirá de nuevo la eterna promesa inquebrantable de Dios para vencer a esos gigantes.
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Aplaste a los gigantes que hay en su vida: Usted puede ganar la batalla y vivir en victoria

Aplaste a los gigantes que hay en su vida: Usted puede ganar la batalla y vivir en victoria

by David Jeremiah
Aplaste a los gigantes que hay en su vida: Usted puede ganar la batalla y vivir en victoria

Aplaste a los gigantes que hay en su vida: Usted puede ganar la batalla y vivir en victoria

by David Jeremiah

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Overview

Estos gigantes son la plaga de la iglesia de hoy. Y si bien ellos no pueden blandir lanzas y escudos, son temibles, causando que muchos hijos de Dios tropiecen en su peregrinar. En este libro, el doctor David Jeremiah nos reta a enfrentarnos valientemente a los gigantes que intentan aterrorizar a los creyentes de hoy. La verdad bíblica del doctor Jeremiah sobre verdaderos guerreros le animará. A lo largo de todo el texto, el doctor Jeremiah elabora cautivadoras historias de la vida real de gigantes contemporáneos que enfrentaron cara a cara a sus propios Goliats: tentación, duda, postergación y celos. En este libro, usted descubrirá de nuevo la eterna promesa inquebrantable de Dios para vencer a esos gigantes.

Product Details

ISBN-13: 9780718084561
Publisher: Grupo Nelson
Publication date: 12/29/2015
Sold by: HarperCollins Publishing
Format: eBook
Pages: 240
File size: 875 KB
Language: Spanish

About the Author

El doctor David Jeremiah es el fundador de Momento Decisivo (Turning Point), un ministerio internacional cuyo propósito es brindarles a los cristianos una enseñanza bíblica sólida a través de la radio y la televisión, Internet, eventos en vivo y materiales y libros de referencia. Es autor de más de cincuenta libros, entre ellos, Todo lo que necesitas, ¿Es este el fin?, ¿Hacia dónde vamos ahora?, El libro de las señales, y Una vida más que maravillosa. El doctor Jeremiah se desempeña como pastor principal en la iglesia Shadow Mountain Community Church en San Diego (California), ciudad en la que reside con su esposa, Donna. Tienen cuatro hijos adultos y doce nietos.

Read an Excerpt

Aplaste a los gigantes Ques Hay en su Vida

Usted Puede Ganar La Batalia Y Vivir En Victoria


By David Jeremiah

Grupo Nelson

Copyright © 2015 Grupo Nelson
All rights reserved.
ISBN: 978-0-7180-8456-1



CHAPTER 1

LA LUCHA CONTRA EL TEMOR

Puede ganar la batalla y vivir victorioso


Aarón Swavely estaba en un torneo de béisbol cuando recibió las noticias. Un espléndido día de abril, el disfrute sencillo del béisbol, y de pronto la más negra de las pesadillas que pudiera imaginarse.

Aarón se enteró de que su pequeña familia estaba distribuida en tres hospitales. Habían rescatado a su amada esposa, su hijo de nueve años y su hija de siete de un choque de frente. Parado en el campo de juego dentro de la cancha de béisbol, se sentía incapaz de moverse o hacer nada más que pensar que esa mañana al despedirse de su esposa no le había dado un beso.

Un pensamiento y un clamor comenzaron a tomar forma en su interior; el pensamiento de que podía perder a su familia entera; y el clamor hacia Dios para que hiciera desaparecer los últimos terribles cinco minutos.

Diana Teters estaba dormida, soñaba con los nietos. Su hija, que estaba a punto de tener un bebé en los próximos días, la visitaba por el fin de semana con sus otros hijos. Un fuerte golpe en la cabeza la despertó abruptamente, entonces se escuchó a su hija que pedía ayuda: "¡Estoy perdiendo sangre y no puedo salir de mi cama!"

Sin embargo, una voz extraña le advirtió a Diana que no se moviera, que en un minuto iba a poder ir a ver a su hija. Pero ese minuto se transformó en seis horas. El intruso, el hombre que había despertado a Diana con un golpe en la cabeza, la forzó a vendar los ojos a su esposo. Dos de sus pequeñas nietas, de cinco y tres años y medio, se quedaron inmóviles en el cuarto. Se encogieron contra la pared sin saber qué ocurría. Le vendaron los ojos a Diana. Su hijo llegó a la casa, pero el intruso lo interceptó a punta de revolver.

En tanto Diana, lo único que podía pensar era en su hija embarazada, indefensa y sangrando. Y sintió mucho temor. Todo lo que supo hacer fue orar silenciosamente y en forma repetida. "Mantenlo en calma, Señor, que el hombre se mantenga calmo para que no nos dañe más ...".


Ivory Wilderman supo la verdad cuando vio los ojos de su doctor y escuchó su saludo solemne: "¿Vino sola?" El mensaje de su rostro decía "biopsia para Ivory". Minutos después, fue confirmado: los doctores habían encontrado cáncer de mamas.

Tan solo unos minutos antes, la vida de Ivory nunca había sido más prometedora. A los cuarenta y seis años sentía que las mejores cosas la esperaban. Había un nuevo trabajo, un nuevo departamento, un nuevo auto y –lo mejor de todo– una nueva relación que podía llevarla al matrimonio. La vida era buena; Dios la bendecía. "Quería apretar el botón de 'pausa' y simplemente disfrutar del momento en que estaba", dice hoy, cuando mira hacia atrás. Pero la vida no tiene botón para hacer pausa. Repentinamente el mundo de Ivory comenzó a adelantarse rápidamente fuera de control. Los especialistas no le dieron más que veinte por ciento de posibilidades de sobrevivir. Por primera vez comenzó a preguntarse cómo sería la experiencia de la muerte. Mientras permanecía despierta por la noche, sintió como si el miedo la sofocara. "Parecía que me habían aplicado una bolsa de plástico alrededor de la cabeza", explica.

"No había nada que hacer –dice–, solamente clamar al nombre de Jesús."


EL ENEMIGO MÁXIMO

No hay sensación que se parezca al helado apretón del miedo. Y viene de muchas maneras diferentes.

He estado en ese lugar; tal como usted. Recién incluí tres ejemplos de historias de amigos de nuestro ministerio. Fueron tan amables al escribirnos y contarnos sus puntos de crisis (y no se preocupen; si tienen la suficiente paciencia de terminar el capítulo, les contaré cómo cada uno de ellos salió adelante).

Las cartas llegaron luego de que prediqué una serie sobre el libro A Bend in the Road (Una curva en el camino), inspirado en mi propia lucha contra el cáncer. Nuestras oficinas de Turning Point fueron inundadas con increíbles relatos de momentos cruciales y horas de definición.

Esperábamos recibir tal vez de ochenta personas de nuestra audiencia, y creo que en total fueron ochocientas. Y una tras otras las cartas hablaban del más mortal de todos los enemigos: el temor.

Eso es lo más terrible de las curvas del camino, ¿no es así? Es el lugar desde donde no podemos ver lo que acecha a la vuelta de la esquina. Ann Landers, la periodista de la columna de Consejería en cierto momento recibía diez mil cartas al mes de personas con todo tipo de problemas. Alguien le preguntó si había un común denominador entre todos los que enviaban correspondencia. Ella dijo que el tema dominante de todas las cartas que leía era el temor, temor a todo lo imaginable, hasta que el problema se transformaba, para los incontables lectores, en temor a la vida misma.

Aunque el temor es simplemente una parte de la trama de la vida, Dios nos ha equipado así para que seamos lo suficientemente sabios para protegernos de lo inesperado. El temor nos provee de repentinos estallidos de fuerza y velocidad, justo cuando son necesarios. Es un instinto básico de supervivencia, una cosa buena, mientras se mantenga dentro de lo racional. Pero también existe un tipo de temor conocido como fobia. Una fobia es lo que resulta cuando el temor y la razón no están en contacto. Una mujer llamada Marjorie Goff, por ejemplo, cerró la puerta de su departamento en 1949. Luego, durante los siguientes treinta años, solamente salió tres veces: una para ser operada, otra para visitar a su familia y otra vez para comprar helado para una amiga agonizante.

Marjorie sufría de agorafobia, temor a los lugares abiertos, y lo más terrible que podía imaginarse era algo que a usted y a mí nos traería placer: una caminata al aire libre.

También leí sobre un joven camionero que atraviesa a diario la ruta del puente de la Bahía Chesapeake. De pronto le vino un pensamiento a la mente de que simplemente podría sentirse impulsado a detener el camión, bajarse y saltar desde el puente para morir. No existía ninguna razón racional para sostener esa creencia, pero ese temor lo atrapó completamente. Finalmente le pidió a su esposa que lo esposara al volante para poder estar completamente seguro de que su temor más profundo no se fuera a hacer realidad.

Exactamente eso es lo que hace el temor cuando edifica su poder sobre nosotros: encadena nuestras manos y nos impide hacer las cosas comunes de la vida, trabajar, jugar, vivir y servir a Dios. Nos entregamos a la esclavitud del terror.

Uno de cada diez de los que leerán este libro sufrirá de alguna fobia específica de algún tipo. Los otros nueve serán más parecidos a mí: no están controlados por ningún tipo irracional de temor pero, aún así luchan con el variado jardín del terror, esos horribles momentos cuando la vida parece arruinarse. Cualquier pastor puede relatarle historias como las del comienzo de este capítulo. Nos sentamos en los hospitales junto a los miembros aterrorizados de una familia. Sostenemos las manos temblorosas de aquellos que enfrentan futuros inciertos. Con frecuencia estamos presentes en las salas de espera cuando el doctor trae el mensaje que hace añicos las esperanzas, o cuando el teniente de la policía nos dice que no tienen la menor pista del niño que se ha fugado.

¿Y qué hay de la vida después del divorcio?, ¿de la muerte de un cónyuge?, ¿de la pérdida del medio de subsistencia?

He tenido mis propios momentos de temor abrumador. Me he puesto delante de enormes multitudes, con temor a hablar. Me he sentado en estadios de fútbol y observado a dos de mis hijos recibir terribles golpes cerca del cuello, y permanecer inmóviles sobre el césped durante minutos que parecían horas. Me he sentado en el hospital con mi hija Jennifer luego de que sufriera un severo golpe en un partido. Dudo que existan temores más terribles que aquellos que tienen como protagonistas a los hijos. También he conocido el temor de mi propia muerte pendiente, cuando el doctor trajo las noticias de una seria enfermedad.

Se ha descripto al temor como un pequeño chorro de duda que fluye a través de la mente hasta que produce un canal tan grande, que todos sus pensamientos se escurren por allí. Los pequeños temores, casi imperceptibles, pueden crecer día a día hasta que nos encontramos paralizados e incapaces de funcionar. ¡Y existen tantas variedades! Craig Massey detalla seis categorías generales que la mayoría de nosotros enfrentamos: pobreza, crítica, pérdida del amor, enfermedad, vejez y muerte.2


DONDE EL TEMOR Y LA FE SE CRUZAN

¿Y los cristianos? Uno podría pensar que el temor es equipaje sobrante para aquellos que viven en la presencia de un Dios Todopoderoso. Debería serlo, pero habitualmente no funciona así.

La Biblia, de hecho, no pinta un cuadro de una vida libre de temores. A juzgar por Las Escrituras, el pueblo de Dios parece estar atormentado por los mismos temores que el resto.

Los discípulos, que tenían a Jesús a su lado, aparecían temerosos constantemente –de las tormentas, de las multitudes, de la pobreza, de los ejércitos, de la pérdida de su líder–. Pensamos inmediatamente en el día cuando Jesús les dijo que cruzaran al otro lado del Mar de Galilea. La noche se cerró como un manto, una tormenta apareció desde algún lugar, y los discípulos se encontraron luchando por sus vidas mientras el barco se sacudía sobre las olas.

Aún cuando vieron que Jesús se aproximaba sobre las aguas, estaban aterrorizados. Pensaron: ¡es un fantasma! (vea Mateo 14:22-33). Permitieron que el temor se apropiara de lo mejor de ellos.

El orgulloso ejército israelita vivía atemorizado por un hombre. Por supuesto, la cinta para medir al hombre decía: tres metros quince centímetros. Goliat jugaba sin piedad con el temor de ellos, los ridiculizaba con desafíos, sabía que no se iban a animar a aceptar. El rey Saúl estaba gobernado por el temor, primero del gigante, y luego del muchachito que mató al gigante. David mismo no estuvo libre de temor antes de la gran batalla. Pero tomó su honda y sus cinco piedras y se mantuvo en pie de todas maneras. Tal como Mark Twain lo dijo una vez, el coraje no es la ausencia de temor, sino cómo lo manejamos; es el lugar en el que el temor y la fe se cruzan. David nos muestra una historia del poder del coraje.

Pero también tenemos historias del poder del temor. Tal vez la más notable de todas es la referida a la delegación de espías que fueron enviados a Canaán. Fueron comisionados a ir a una expedición para descubrir la verdad sobre el territorio desconocido que tenían por delante. Esta era la Tierra Prometida, el hogar final, luego de generaciones de esclavitud en Egipto. Era la tierra de Abraham, el suelo patrio de sus sueños. Pero habían pasado muchas generaciones lejos. La tierra tenía en sí tanto misterio como promesa. Sin ninguna duda, Canaán era la curva en el camino del éxodo, y los israelitas no podían ver lo que asomaba a la vuelta de la curva. Por lo tanto se reunieron en asamblea en Cadesbarnea y decidieron enviar a los que harían el reconocimiento.

La experiencia de estos hombres tuvo un impacto sobre Israel que duró cuarenta años. Les costó años de penas y tragedias. ¿Tendrían que haber entrado directa y rápidamente, sin mediar el acto tentativo de enviar espías? No podemos decir eso porque Dios permitió y alentó la misión de reconocimiento. Podríamos decir que los hombres deberían haber tomado una decisión diferente. La mayoría falló al no ver la tierra con la perspectiva que Dios quería que tuvieran. Dios no había establecido al espíritu de temor que trajo el comité de recomendación.

Al estudiar cuidadosamente esta narración encontramos principios claves sobre la tiranía del temor y la libertad de la fe.


1. El temor ignora el Plan de Dios

"Y salidos de Horeb, anduvimos todo aquel grande y terrible desierto que habéis visto, por el camino del monte del amorreo, como Jehová nuestro Dios nos lo mandó; y llegamos hasta Cades-barnea. Entonces os dije: Habéis llegado al monte del amorreo, el cual Jehová nuestro Dios nos da. Mira, Jehová tu Dios te ha entregado la tierra; sube y toma posesión de ella, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho; no temas ni desmayes" (Deuteronomio 1:19-21).


El mandato de Dios era claro: "Aquí está su tierra. Este es mi regalo para ustedes. Ahora ¡vayan y tómenla!"

Con sus más grandes esperanzas y sueños puestos por delante, como presentes con hermosos envoltorios bajo el árbol de Navidad, deberían haber tomado impulso e ir hacia delante gozosamente. Deberían haber reclamado toda la abundancia y realización que Dios deseaba que tuvieran. A pesar de que habían llegado tan lejos, atravesado el desierto con su desesperación polvorienta, hambrunas y sed, no podían cruzar la línea final. Habían prevalecido sobre el ejército del Faraón, atravesado las altas olas del Mar Rojo, superado el desafío del viaje, pero no podían tomar una posición contra este obstáculo final: el temor.

Usted puede estar en el umbral de la más grandiosa promesa que Dios tiene para darle, pero nunca reclamará sus bendiciones si deja que el temor domine su vida. Él le desea tantas riquezas en su plan perfecto que únicamente la miopía de su temor puede impedirlas. Escuche con atención las palabras de Pablo sobre este tema: "Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio" (1 Timoteo 1:7).

El poder no se acobarda ante la incertidumbre; el amor nunca es vencido y el dominio propio no se relaciona con la especulación irracional. Dios tiene un territorio rico, una tierra prometida a nombre suyo, y desea que vaya a la carga con un grito de victoria y no con un lloriqueo de temor.

En La Biblia hasta le dice cómo debe ser el sonido de ese grito de victoria: "Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!" (Romanos 8:15). Clama al nombre del Señor. Este versículo nos asegura que podemos recurrir a la intimidad con la que un niño reclama a su papá. Él nos ha adoptado como propios, y todos tenemos los derechos de los hijos del Rey. No tenemos por qué enfrentar solos ninguna situación.

La verdad es que Él tiene un plan y que podemos reclamarlo con gozosa seguridad. El temor ignora ese plan. ¿Alguna vez ha visto un príncipe tímido y acobardado? Deje de vivir como un indefenso huérfano callejero, porque tiene en sus manos las credenciales del palacio real.


2. El temor distorsiona los propósitos de Dios

El temor hace algo predecible: nos distorsiona la visión. El temor nos roba la perspectiva. Escuche cómo Moisés resume las actitudes de su pueblo:

"Y murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: Porque Jehová nos aborrece, nos ha sacado de tierra de Egipto, para entregarnos en manos del amorreo para destruirnos. ¿A dónde subiremos? Nuestros hermanos han atemorizado nuestro corazón, diciendo: Este pueblo es mayor y más alto que nosotros, las ciudades grandes y amuralladas hasta el cielo; y también vimos allí a los hijos de Anac" (Deuteronomio 1:27-28).


El temor saca lo peor de nosotros. Nos lleva a la queja, a la desconfianza, a la acusación y a la desesperación. Todo podemos verlo en estos versículos. Dios había provisto la victoria sobre los opresores egipcios. Los liberó a través del desierto. Les ofreció un nuevo plan para vivir a través de los mandamientos del Monte Sinaí. Y ahora les ofrecía inmuebles, el don de una nueva tierra para edificar una nación. Pero, atemorizado, el pueblo permanecía acobardado en sus tiendas, acongojados por las intenciones de Dios: "Dios nos trajo hasta acá para entregarnos en manos del amorreo".

¿No es cierto que el temor nos hace esto? Cuando usted habla con un aterrorizado amigo o familiar, quisiera decirle: "¡Pero eso es absurdo!" Porque para nosotros es fácil ver la irracionalidad y ausencia de perspectiva de otras personas gobernadas por el temor. Los espías trajeron un cuadro distorsionado e infectaron a la nación entera. "¡Hay gigantes en la tierra! ¡Anakim!"Esa palabra llevaba el terror para los israelitas. Era sinónimo de gigantes monstruosos y merodeadores. Pero, por supuesto, mientras que veían un gigante o dos, el único formidable gigante era el que estaba dentro de sus cabezas, y ese era el temor.

Vale la pena leer el relato paralelo en Números 13:32-33, donde vemos los temores de los espías pintados aún en tonos más oscuros. La tierra "devora a su habitantes", dijeron. "Éramos como langostas ante nuestros ojos".

El temor es un ejército de gigantes, porque se multiplica, uno se transforma en muchos. Al mismo tiempo que hace eso, también nos transforma en langostas ante nuestros ojos. Perdemos de vista la promesa de que podemos hacer todas las cosas a través de Aquel que nos fortalece. Perdemos la habilidad de ver todas las cosas en su verdadera perspectiva. El temor, no el objeto del temor, devora a sus habitantes

En la imaginación de los espías había cantidad de ciudades fortificadas, atestadas de gigantes. Sus perspectivas estaban tan distorsionadas que aún transformaron a Dios en un gigante malvado. "Nos ha traído todo este camino para que seamos la comida de los impíos", decían. Desafío a cualquier persona para que encuentre algún tipo de lógica detrás de esta conclusión. Pero, ¿todos no hemos dicho cosas como estas? "¡Dios quiere atraparme! ¡Me trajo todos este camino para hacer de mí un miserable!" Cuanto más grande es el temor, más débil el razonamiento.


(Continues...)

Excerpted from Aplaste a los gigantes Ques Hay en su Vida by David Jeremiah. Copyright © 2015 Grupo Nelson. Excerpted by permission of Grupo Nelson.
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Table of Contents

Contents

Gigantes en la Tierra, 9,
1. La lucha contra el temor, 13,
2. Destruya su desaliento, 33,
3. Libérese de la soledad, 49,
4. Gánele a la preocupación, 67,
5. Protéjase de la culpa, 83,
6. Domine la tentación, 101,
7. Ataque su enojo, 117,
8. Resista a su resentimiento, 133,
9. Desarme a sus dudas, 149,
10. Posponga su postergación, 167,
11. Enfrente su fracaso, 187,
12. Vaya más allá de los celos, 205,
Índice de temas, 221,
Referencias, 223,
Reconocimientos, 227,
Acerca del autor, 229,

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