Orgullosamente Episcopal: Proclamando la Buena Nueva de la Iglesia Episcopal

Orgullosamente Episcopal: Proclamando la Buena Nueva de la Iglesia Episcopal

by C. Andrew Doyle

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Overview

• Un libro popular en su versión en inglés traducido al español para el gran número de episcopale hispanohablantes • Ideal para nuevos miembros a la iglesia, clases de confirmación, grupos de estudio, y para episcopales de cuna Este libro será bien recibido por personas recién llegadas a la Iglesia así como personas episcopales de por vida quienes a lo mejor han olvidado por qué aman a su Iglesia. El Reverendísimo Andy Doyle ha estudiado muy de cerca el Pacto Bautismal y ha incorporado sus vivencias como Obispo de la Diócesis de Tejas para presentarnos esta guía. Este es un recurso práctico que nos invita a reconocer la historia de nuestra iglesia y los dones de la feligresía episcopal que a su vez prepara al lector para compartir su tesoro y dar testimonio en sus comunidades y en el mundo.

Product Details

ISBN-13: 9780819229878
Publisher: Church Publishing Inc.
Publication date: 03/01/2015
Sold by: Barnes & Noble
Format: NOOK Book
Pages: 136
File size: 216 KB

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Orgullosamente Episcopal

Proclamando la Buena Nueva de la Iglesia Episcopal


By C. Andrew Doyle

Church Publishing Incorporated

Copyright © 2014 C. Andrew Doyle
All rights reserved.
ISBN: 978-0-8192-2987-8



CHAPTER 1

Somos Episcopales


Estamos atados juntos en el mismo manto del destino, ligados en una red inescapable de mutualidad

—EL REVEREN DO DR. MARTIN LUTHER KING, JR.


El miércoles, 07 de septiembre 1774, en la sesión inaugural del Congreso Continental, con el peso de la guerra y la esperanza de la libertad en sus mentes, el Reverendo Jacob Duché, un sacerdote anglicano y rector de la Iglesia de Cristo en Filadelfia, fue invitado a leer oraciones al congreso. En ese tiempo, el salmo 35 estaba señalado en el Libro de Oración Común como parte de la oración matutina del día. Duché comenzó, "Defiende mi causa, oh Señor, con los que contra mí contienden; combate a los que me combaten. Hecha mano al escudo y la armadura, y levántate en mi ayuda".

El 28 de junio de 1836, fue un servicio episcopal el que acompañó a su entierro a James Madison, el cuarto presidente y uno de los padres fundadores del país. Y eran oraciones episcopales que consolaron a los dolientes en su dolor. Fue un servicio episcopal de Oración Matutina con himnos que inauguró la Carta Atlántica entre el primer ministro británico Winston Churchill y presidente Americano Franklin D. Roosevelt en la cubierta de barco HMS Prince of Wales, en la víspera de la segunda guerra mundial. Y en el servicio conmemorativo de la tercera inauguración de Roosevelt, en medio de la guerra, una oración episcopal fue utilizada para interceder por nuestros enemigos y orar por la paz.

Como seminarista episcopal, Jonathan M. Daniels seguía el llamado de Martin Luther King, Jr. cuando fue a Selma, Alabama, donde vivió con una familia afroamericana y ayudó en la labor de integrar a la parroquia episcopal en la localidad. El 20 de agosto de 1965, Daniels fue asesinado mientras salvaba la vida de una mujer joven afroamericana.

Tres años después, en la Catedral Nacional de Washington DC (una iglesia episcopal), el Dr. Martin Luther King, Jr. subió los trece escalones al ambón durante un servicio episcopal y dijo:

Estamos atados juntos en el mismo manto del destino, ligados en una red inescapable de mutualidad. Y lo que afecta directamente a uno indirectamente afecta a todos. Por alguna razón extraña, no puedo ser jamás lo que yo debería ser, hasta que ustedes sean lo que ustedes deberían ser. Y nunca pueden ser lo que deben de ser, hasta que yo sea lo que debería ser. Ésta es la forma de la cual el universo de Dios está hecho; ésta es la forma en que está estructurado.


Recuerdo estar viendo en la televisión, cuando el entonces presidente electo Barack Obama, comenzaba su día entrando a la iglesia episcopal de San Juan, en la plaza Lafayette, antes de tomar el juramento como nuestro 44° presidente de los Estados Unidos el 20 de enero de 2009. En los días cerca de la inauguración, iba a asistir a un servicio nacional de oración en la Catedral Nacional de Washington, y pronunciaría un discurso en las escalinatas del Monumento a Lincoln, donde Martin Luther King, Jr. soñaba su sueño.

En la ciudad de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, St. Paul Chapel (la capilla en la que George Washington, el primer presidente de los E.E.U.U., adoró a Dios después de su inauguración) se convirtió en el epicentro de los socorristas y una nación en crisis después del ataque al Centro de Comercio Mundial. En esta modesta capilla de la venerable iglesia episcopal de la Trinidad en Wall Street, unos cinco mil voluntarios transformaron una capilla del siglo XVIII en una vasija sacramental derramando amor y cuidado para todos. Socorristas episcopales han reconstruido casas, han construido refugios temporales, y han dado agua potable a víctimas de los tsunamis, terremotos y huracanes. Después del huracán Katrina dirigimos esfuerzos para reconstruir ciudades de la costa del Golfo de Mississippi desde Nuevo Orleans hasta Texas. Hemos albergado a decenas de miles de personas en Haití. Hemos trabajado entre los pobres en zonas urbanas y también en zonas rurales desamparadas.

La Iglesia Episcopal da la bienvenida a todos y tenemos una tradición de poner en práctica las palabras del profeta Isaías, que Jesús repitió en la sinagoga de Nazaret (Lucas 4:18-19): "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado para dar buenas noticias a los pobres; me ha enviado a anunciar la libertad a los presos y dar la vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, y a anunciar el año favorable del Señor". Como Jesús mismo, nosotros, los miembros fieles de la Iglesia Episcopal, hemos intentado a través de los años encarnar el amor de Dios en la misión y el ministerio de nuestra iglesia.

La Iglesia Episcopal es la comunidad en la que yo me crié, como hijo de un sacerdote. Es la tradición de fe en que fui bautizado en la capilla de la Universidad Metodista del Sur (SMU), donde mis padres ayudaron a dirigir el centro estudiantil episcopal. Fue la tradición que estudiaría para mi confirmación cuando muy joven; habiendo aprendido de memoria el Padre Nuestro, el Credo Niceno, y el Catecismo (o las enseñanzas de la iglesia) de la parte posterior del "nuevo" Libro de Oración Común del 1979. Me arrodillé delante del obispo José Guadalupe Saucedo de México, que en ese tiempo era una diócesis de la Iglesia Episcopal, y fui confirmado. Llegué a apreciar esta tradición aún más en mis años adultos como un consejero de campamento de verano y miembro del personal en Camp Allen, un campamento episcopal al noroeste de Houston. De igual manera, seguía apreciando esta tradición como participante en la misión universitaria en el Colegio Canterbury en la Universidad de North Texas, y como miembro del personal de la Escuela Episcopal de San Esteban en Austin, Texas.

Cuando discerní la llamada para servir a Jesucristo en el ministerio ordenado, la Iglesia Episcopal dio voz a mi propia fe, mi creencia en Dios y la revelación de Dios. La tradición de la oración matutina diaria y el canto de himnos y cánticos sonaba durante mis estudios teológicos en el Seminario Teológico de Virginia. Las palabras y las oraciones del Libro de Oración Común me consolaron cuando ministré a las víctimas del colapso fatal de una hoguera y sus familias en la universidad de Texas A & M en el 1999.

Esta tradición me ha apoyado en mis mejores momentos y me desafió en mis peores momentos. En esta iglesia, he encontrado el reflejo más claro que sé de la iglesia una, santa, católica y fe apostólica que fue compartida a nosotros por los santos y transmitida a través de generaciones de fieles. Esta fe que ha sido cantada y orada por mil lenguas de fieles antes de mí, ésta es la iglesia que amo. Es la iglesia Episcopal y su testimonio especial y único de Jesucristo, que me inspira a la misión e inspira mi deseo de ser un mejor obispo y un mejor ser humano.

* * *

Ligado por una Promesa

¿Por qué empezar en esta manera un libro dirigido a los nuevos bautizados y confirmados, y aquellos que anhelan recuperar esos votos? Tú has tomado un profundo juramento a Dios y a tu comunidad en el sacramento del bautismo y / o la confirmación o la recepción en la Comunión Anglicana y lo has hecho específicamente en el contexto de una iglesia episcopal. Tú has hecho un pacto con Dios, pacto que tiene sus raíces en las aguas de bautismo.

Es mi esperanza que en estas páginas, puedas explorar tus promesas sagradas a Dios y caminar en tu peregrinación con mayor intención. Más importante aún, espero que encuentres lo que muchos han encontrado: que Dios te está llamando para servir y ministrar en el mundo a tu alrededor. La obra que combina la oración con la misión es la piedra angular de la Iglesia Episcopal (y la mayor Comunión Anglicana) desde su nacimiento en el siglo XVI y su desarrollo bajo el liderazgo de la reina Isabel I y de los reyes Stuart en los 1600s. Tú eres parte de una larga línea de anglicanos que tomaron su fe en serio, que se fortalecieron por la liturgia, los sacramentos, la oración y las escrituras.

En la iglesia episcopal entendemos que nuestras promesas son igualmente dadas a Dios y a nuestro prójimo. Son promesas hechas para ayudar a construir el reino de Dios, piedra por piedra. Y estas promesas son hechas a las comunidades en las que vivimos y nos movemos y tenemos nuestro ser, las comunidades a las que llamamos nuestro hogar.

La realidad es que la iglesia Episcopal siempre ha tenido la raíces de su misión en los contextos de todo el país y a través de las otras diócesis nacionales del mundo en que nos encontramos. Somos una gran iglesia mundial con asociaciones de amplio alcance que están cambiando vidas diariamente. Innumerables personas cuyos nombres sabemos y aún más, cuyos nombres no sabemos, han encontrado fuerza en nuestras tradiciones y en nuestras liturgias, sea un bombero en la Zona Cero o una mujer rezando los salmos del Libro de Oración Común en la iglesia.

Es mi oración que tú, en tu propia vida, encuentres esa misma fuerza. Es mi deseo que todos los que están de búsqueda encuentren en la Iglesia Episcopal la posibilidad y la realidad de una fuerte relación con Dios. Oro que encuentres un almacén de sabiduría del cual aprovechar cuando no sepas por dónde ir. Que encuentres un pozo profundo de espiritualidad donde puedas extraer la sabiduría y el consuelo cuando tengas problemas, cuando estés temeroso, o tengas dolor, así como cuando estés celebrando las alegrías de la vida. Espero que puedas descubrir que la base firme de Jesucristo revelada en nuestras promesas bautismales y en nuestra tradición será una fundación sobre la cual será posible, con otros, renovar la faz de la tierra. Nosotros, en la iglesia Episcopal, tenemos una particular y hermosa forma de entender la obra redentora de Jesucristo, y nos encontramos como portadores del don de la gracia abundante de Dios para la humanidad.

Llegará un momento en tu vida, un momento en que cada palabra tendrá importancia, cada oración hablada o en silencio contará, cada acción será una oportunidad para el cambio. En estos momentos, anhelo que la sabiduría de nuestra herencia episcopal, adoración, oraciones y las escrituras estén presentes para mantenerte y sostenerte.

Practicamos este culto y esta oración y vivimos esta búsqueda tenaz de vivir nuestra fe por una razón. Somos llamados por el mismo amor de Cristo y por nuestros bautismos a dedicar nuestras vidas a la venida del Reino de Dios. Nosotros comprendemos una ciudadanía virtuosa que nos llama a cumplir nuestro deber y responsabilidad como misioneros del amor de Dios en el mundo que nos rodea. Así que oramos:

Envíanos ahora en paz al mundo;
revístenos de fuerza y de valor
para amarte y servirte
con alegría y sencillez de corazón;
por Jesucristo nuestro Señor. Amen.

CHAPTER 2

Elegir el Camino del Peregrino


Celebrante ¿Quieres ser bautizado?

Candidato Si quiero.

Jesús dijo: "Sígueme".

— LUCAS 9:23


Los sociólogos, los observadores de la cultura, y los líderes de la iglesia han estado hablando desde hace algún tiempo acerca de un libro importante: Búsqueda del alma: La vida religiosa y espiritual de los adolescentes estadounidenses. Publicado en 2005, el libro se basa en unas tres mil entrevistas con adolescentes, y destaca las sensibilidades emergentes de esta nueva generación de peregrinos espirituales.

Los autores afirman que hay cinco conceptos que constituyen el fundamento de la fe de esta generación, que en conjunto forman una perspectiva llamada deísmo moralista terapéutico. Afirman las siguientes creencias:

1 Un Dios existe que creó y ordena el mundo y vela sobre la vida humana en la tierra.

2 Dios quiere que la gente sea buena, agradable y justa entre sí, como se enseña en la Biblia y por la mayoría de las religiones del mundo.

3 El objetivo central de la vida es ser feliz y sentirse bien con uno mismo.

4 Dios no necesita estar particularmente involucrado en la vida de uno, excepto cuando Dios se necesita para resolver un problema.

5 Las personas buenas van al cielo cuando mueren.


Esto no es una mala lista de creencias para vivir. De hecho, si todo el mundo viviera estas creencias básicas, el mundo sería un lugar mucho mejor. Pero yo diría que nosotros, como episcopales, tenemos una forma diferente de ver el mundo y nuestro lugar en el mundo. Cuando se nos pregunta si deseamos ser bautizados, o cuando reafirmamos nuestro bautismo, damos un paso hacia adelante y decimos al mundo que creemos diferente.

Hay algunas cosas que tenemos en común con otras creencias religiosas y otras que tenemos en común con la familia cristiana. Pero cuando afirmamos la fe de la iglesia y reafirmamos nuestra propia fe, tenemos el reto de vivir una fe diferente, como pueblo de Dios particular y único.

* * *

No Cualquier Dios

El Pacto Bautismal que hacemos con Dios y con nuestras comunidades dice que creemos en un Dios que creó y ordenó al mundo, pero a la vez, creemos que lo ordenó para un propósito específico: para la belleza y la relación humana. Creemos en un Dios, que vela por la vida humana e interactúa con toda la vida en la tierra, con una relación particular con la comunidad humana, por medio de Jesucristo. Tenemos fe en un Dios que quiere que la gente sea buena, agradable, y justa entre sí, y que dice que tenemos la responsabilidad de cuidar el uno del otro cuando somos pobres, hambrientos, solos o necesitados.

Aceptamos como una verdad que Jesucristo viviente, y resucitado es ejemplo de cómo la humanidad ha de tratarse unos a otros, y que debemos tratar de imitar sus acciones. Aunque es bueno buscar la felicidad y sentirse bien con uno mismo, creemos que ésta no es la meta principal de la vida humana. Nuestra fe nos enseña que Dios nos pide que sacrifiquemos nuestras vidas por el bien de los demás.

El centro de nuestra vida es Dios, y Dios mayormente se identifica con los débiles y los pobres. Creemos que el enfoque sobre el consumismo crea vidas desordenadas que están fuera de proporción con las necesidades más amplias del mundo que nos rodea. Creemos en un Dios que está con nosotros en medio de nuestros problemas y también los tiempos buenos. Creemos en un Dios quien es compañero en el camino (Lucas 24), que nos llama "amigos" (Juan 15:15), y que come y bebe con los pecadores (Marcos 2:16). El Dios que proclamamos está presente con nosotros en todas nuestras acciones. Creemos en el reino de los cielos, pero creemos que nosotros somos partícipes en realizar este reino en el mundo de hoy. No pasamos mucho tiempo preocupándonos por la vida después de la muerte; pasamos la mayor parte de nuestra vida trabajando para hacer realidad el reino en este mundo. Nos recordamos que la obra de Jesús consistía en enseñar y proclamar la buena nueva del reino de Dios, sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo, y que él dijo: "Sígueme" (Lucas 9:1-23).

Cuando nosotros como episcopales nos presentamos frente a la comunidad, y eligimos hacer nuestra profesión de fe, nos alejamos de una creencia generalizada en un Dios generalizado, que participa en forma general en nuestras vidas. Elegimos específicamente caminar por el camino peregrino con Dios y vivir una revelación particular encontrada de forma única en la iglesia Episcopal.

* * *

No Somos Cualquier Pueblo

Los genetistas hablan de algo que se llama un "meme". El concepto originó con Richard Dawkins, un genetista que también ha ganado fama como parte de los diálogos ateos que últimamente son populares. La teoría del "meme" es básicamente la aplicación de la teoría genética darwiniana a la cultura, el idioma, y la narración. Dawkins dice que el ser humano se apega a Dios por miedo y ansiedad sobre el satisfacer nuestras necesidades más básicas. Para Dawkins, Dios es como una historia o un rasgo genético o un meme que se perpetúa a través de las generaciones debido a nuestra ansiedad y nuestro miedo.

Como te puedes imaginar, Dawkins y yo no estamos de acuerdo. Para el cristiano, las palabras tienen significado y sustancia. Lo que decimos es verdadero. Pero ese lenguaje es más que sólo una construcción social. Como un pueblo encarnado en la Palabra de Dios, creemos que nuestras palabras y nuestras acciones tienen sus raíces en las palabras y los hechos de Dios. Creemos que lo dicho antes de todo lo visible y lo invisible es la base de nuestra proclamación actual. Cuando nos ponemos de pie y hacemos nuestras promesas delante de Dios, con la congregación y la comunidad como testigos, creamos una vasija verbal de gracia que abre paso a través de la creación y nos acerca cada vez más al ser divino y el uno al otro. Tú y yo estamos haciendo en nuestras declaraciones de fe, no simplemente promesas sobre nuestras creencias; también estamos haciendo declaraciones sobre el tipo de personas en que queremos convertirnos, y el tipo de mundo en que deseamos vivir. Cuando nos presentamos, estamos diciendo que no somos ateos o solamente gente buena. Cuando nos presentamos, estamos proclamando que somos episcopales y que tenemos una visión particular y única del mundo que nos rodea.

Esta visión única del mundo no se forma por el capitalismo o alguna teoría política. Nuestra visión episcopal del mundo está formada por una vida vivida en relación con los sacramentos.

En la iglesia Episcopal hay dos sacramentos evangélicos: la eucaristía y el bautismo. Estos se consideran los sacramentos del evangelio, porque Jesús los dio a la humanidad y a la Iglesia como signos específicos de la gracia de Dios. Decimos que tenemos siete sacramentos (como la iglesia Romana) y sí los tenemos; pero para los anglicanos, los cinco sacramentos adicionales son secundarios y no son dados por Jesucristo a la Iglesia. En vez, los sacramentos de confirmación (la segunda mitad del bautismo), matrimonio, unción de los enfermos, reconciliación de un penitente y ordenación se denominan cariñosamente como sacramentos con una "s" minúscula porque la iglesia cree que son vasos sacramentales de la gracia de Dios. Ellos no son necesarios para vivir una vida para Dios, aunque pueden ayudar a vivir una vida con Dios. En las palabras de nuestro catecismo, creemos que todos los sacramentos son "signos externos y visibles de gracia interna y espiritual, dados por Cristo como medios seguros y eficaces de que recibimos la gracia".


(Continues...)

Excerpted from Orgullosamente Episcopal by C. Andrew Doyle. Copyright © 2014 C. Andrew Doyle. Excerpted by permission of Church Publishing Incorporated.
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Table of Contents

Contents

Agradecimientos,
1. Somos Episcopales,
2. Elegir el Camino del Peregrino,
3. Contando la Única y Verdadera Historia,
4. El Fuego del Evangelio,
5. Los Pasos por el Sendero de la Montaña,
6. Iniciar y Continuar,
7. Vuelve, Vuelve, Vuelve,
8. No te Resistas,
9. La Mesa ya Está Lista,
10. El Hombre en la Puerta,
11. Tú Eres la Respuesta a la Oración,
Notas finales,

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