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Siete hombres: Y el secreto de su grandeza
     

Siete hombres: Y el secreto de su grandeza

by Eric Metaxas
 

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En Siete Hombres, Eric Metaxas, uno de los autores más leídos del New York Times, presenta siete retratos cortos exquisitamente elaborados sobre hombres cristianos ampliamente conocidos ­­—aunque no del todo comprendidos—, cada uno de los cuales demuestra de forma singular su compromiso de

Overview

En Siete Hombres, Eric Metaxas, uno de los autores más leídos del New York Times, presenta siete retratos cortos exquisitamente elaborados sobre hombres cristianos ampliamente conocidos ­­—aunque no del todo comprendidos—, cada uno de los cuales demuestra de forma singular su compromiso de vivir, bajo determinadas virtudes, en la verdad del evangelio.

Escrito en un hermoso y cautivador estilo, 7 Hombres aborda lo que significa (o debería significar) ser un hombre en la actualidad, en donde los medios y la cultura popular nos muestran imágenes de masculinidad diferentes a las que observamos en las Escrituras y en la vida civil histórica. ¿Qué significa realmente ser un modelo ejemplar como padre, hermano, esposo, líder, instructor, consejero, agente de cambio y hombre sabio? ¿Qué significa ser símbolo de honestidad, coraje y caridad, especialmente cuando la cultura y el mundo van en contra de esos valores?

Cada una de las siete biografías representa la vida de un hombre que luchó y afrontó desafíos, haciéndose fuerte ante circunstancias que hubieran acabado con la determinación de cualquier otro hombre. Los siete personajes reseñados —George Washington, William Wilberforce, Eric Liddell, Dietrich Bonhoeffer, Jackie Robinson, Juan Pablo II y Charles Colson— invitan al lector a seguir un camino y un estilo de vida superior, uno que sea reflejo del evangelio en el mundo que nos rodea.

Product Details

ISBN-13:
9781602559011
Publisher:
Grupo Nelson
Publication date:
12/03/2013
Pages:
225
Sales rank:
810,236
Product dimensions:
5.90(w) x 8.90(h) x 0.90(d)

Read an Excerpt

SIETE HOMBRES

Y EL SECRETO DE SU GRANDEZA


By ERIC METAXAS, Graciela Lelli

Grupo Nelson

Copyright © 2013 Grupo Nelson
All rights reserved.
ISBN: 978-1-60255-902-8



CHAPTER 1

George Washington

1732–1799


Permíteme comenzar la primera biografía de este libro diciendo que aunque los siete grandes hombres tratados en sus páginas no estuvieran en orden cronológico, aun así empezaría probablemente con George Washington. Cuando se trata de la verdadera grandeza, Washington es difícil de superar. Pero la grandeza de alguien a veces le puede dar un aura de fama tan descomunal que comenzamos a pensar en él no como una persona real, sino como un superhéroe de dibujos animados o una leyenda. Este es a menudo el caso de Washington.

Como sabes, hay un estado que lleva su nombre (¿necesito decir cuál?). Y la capital de nuestra nación lleva su nombre; tiene un obelisco que se eleva en esa ciudad; el día de su cumpleaños es una fiesta nacional; y tiene un enorme puente con su nombre en mi ciudad natal, Nueva York. Y por si todas estas cosas no son lo suficientemente impresionantes, ¡su cara está en el billete de un dólar! (Tal vez eso ya lo sabías.) Así que, ¿quién piensa realmente en él como un ser humano de carne y hueso que luchó como todos luchamos y que era como cualquier otra persona? Ese es el problema de ser tan famoso. A menudo la gente no piensa en ti como persona para nada.

Si piensas en él, probablemente piensas en George Washington como ese viejo con la expresión un tanto amarga del billete de un dólar antes mencionado. En esa imagen de sobras conocida, luciendo un pelo excesivamente empolvado y con una camisa de encaje, se parece tanto a una mujer vieja como a un anciano.

Pero lo que he descubierto es que este famoso retrato nos ha dado a muchos de nosotros una imagen escandalosamente falsa de lo que Washington realmente era. Se le presenta como un anciano con dolor dental crónico, que no parece muy feliz por ello. Pero la realidad es completamente diferente.

¿Y si te dijera que, en su día, George Washington fue considerado el hombre más viril que la mayoría de la gente hubiera visto nunca? No es broma. Prácticamente todos los que le conocieron o le vieron parecían afirmarlo. Era alto y poderoso. También era a la vez audaz y elegante. En el campo de batalla, tenía varios caballos de tiro debajo de él; en la pista de baile, fue un compañero muy codiciado.

Hay tanto que decir acerca de Washington que es difícil saber por dónde empezar. Por un lado, era un hombre de enormes contradicciones. Por ejemplo, el hombre que llegó a ser conocido como el padre de nuestro país nunca tuvo hijos. Y perdió a su propio padre cuando era un niño. El que fuera considerado un hombre profundamente honorable, en realidad contó algunas mentiras tremendas cuando era joven, a pesar del episodio ficticio de Parson Weems sobre el cerezo: "No puedo mentir". Más que nadie, él fue el responsable de la liberación de los colonos americanos de la mayor potencia militar en la tierra, el Imperio Británico, y sin embargo mantuvo a unos trescientos hombres negros, mujeres y niños como esclavos en Mount Vernon.

Pero aquí viene la mayor contradicción: Washington era un joven muy ambicioso que trabajó duro para alcanzar la fama, la gloria, la tierra y las riquezas; sin embargo, en un momento crucial de la historia de Estados Unidos, hizo algo tan desinteresado que es difícil de comprender plenamente. Es principalmente por esto que está incluido en este libro.

Entonces, ¿qué hizo? En pocas palabras, renunció de forma voluntaria a un poder increíble. Cuando conoces los detalles de su sacrificio, es difícil creer que lo hizo por su propia voluntad. Y sin embargo, así fue. La tentación de no entregar todo ese poder debió haber sido extraordinaria. Había muchas buenas razones para no renunciar a él, pero la historia registra que de alguna manera lo hizo. De algún modo llevó a cabo un gran sacrificio imposible y, al hacerlo, cambió radicalmente la historia del mundo. Si Washington no hubiera estado dispuesto a hacerlo, seguramente Estados Unidos no existiría tal como lo conocemos. Esto no es ninguna exageración.

Esta es la razón por la que los monumentos contemporáneos a Washington lo describen como un Moisés estadounidense, como alguien prestado a los estadounidenses por Dios. Él fue el hombre adecuado para su tiempo ... podría decirse que fue el único hombre que podría haber dado a luz con éxito el experimento americano. Si te preguntas si las acciones y el carácter de una persona importan, no necesitas mirar más allá de la historia de George Washington. Así que aquí está.


* * *

George Washington nació el 22 de febrero de 1732, en lo que hoy es el condado de Westmoreland, Virginia. Fue el primer hijo de Mary Ball Washington y del productor de tabaco Augustine Washington. George tenía dos hermanastros mayores, Augustine y Lawrence, y una hermanastra, Jane, que eran hijos del primer matrimonio de su padre. George también tuvo cinco hermanos menores: Samuel, Elizabeth, John, Charles y Mildred.

Augustine y Lawrence fueron enviados a Inglaterra para su educación, pero el padre de George murió cuando él solo contaba once años, lo que implicaba que la educación inglesa para él fuera financieramente imposible. Él lamentaría este déficit en su educación durante toda su larga vida. El hermano de George, Lawrence, que era catorce años mayor, se convirtió en una figura paterna para él, alguien cuyo consejo el joven George quería escuchar. En 1751 Lawrence llevó a un George de diecinueve años a Barbados, donde Lawrence esperaba curarse de la tuberculosis. Desgraciadamente, George contrajo la viruela en aquel viaje. Aunque la enfermedad era peligrosa, en realidad resultó un acontecimiento tremendamente afortunado; George quedó inmunizado de la enfermedad a una edad temprana, lo que impidió así futuros brotes cuando fue general. Durante la Guerra de la Independencia, un gran número de soldados murieron por enfermedad más que por ataques enemigos.

De joven, George visitaba con frecuencia la casa de Lawrence en el río Potomac, que fue nombrado Mount Vernon. También visitaba con asiduidad Belvoir, propiedad de la familia política de Lawrence. Como un biógrafo dijo, en Mount Vernon y Belvoir "George descubrió un mundo que nunca había conocido". En particular, Belvoir "era una gran estructura, un escaparate de arquitectura elegantemente adornado con exquisitas piezas de fundición y ricos paneles y decorado con gusto, con muebles y accesorios traídos de Inglaterra". George "se mezcló con el pueblo" en estos hogares, con "gente de influencia", adultos "instruidos y reflexivos, hombres que estaban acostumbrados a ejercer el poder".

El joven George estaba decidido a convertirse en uno de ellos, sobre todo en alguien como Lawrence, que no solo era un héroe de guerra, sino también un distinguido ayudante general de Virginia, miembro de la legislatura de Virginia, de la Casa de los Ciudadanos y, por matrimonio, miembro de la socialmente prominente familia Fairfax. George se lanzó a aprender buenos modales, leer libros serios, vestirse adecuadamente y mejorar su carácter. Con el tiempo también llegó a medir casi dos metros, lo que le hacía mucho más alto que la mayoría de sus contemporáneos y le daba la apariencia heroica e imponente de un comandante nato.

Teniendo en cuenta su futura carrera, es ciertamente irónico que la madre de George se enfrentara a sus esfuerzos, con catorce años, por convertirse en oficial de la Marina Real. Pensó que semejante vida sería demasiado dura para su hijo, por lo que George decidió prepararse para convertirse en agrimensor. Estaba ferozmente decidido a adquirir propiedades y riquezas, y una carrera en topografía podría llevarle a una rápida fortuna en tierra y dinero. En el momento en que cumplió veinte años, George poseía unas mil hectáreas de tierra en la frontera de Virginia.

Pero ese mismo año, 1752, ocurrió una tragedia. El querido hermano de George, Lawrence, perdió su batalla contra la tuberculosis. La esposa y la hija de Lawrence también murieron a los pocos años. Esto significa que, en última instancia, George heredaría Mount Vernon, una finca que tuvo la ambición de ampliar y mejorar durante las siguientes cuatro décadas.

Cuando tenía veintiún años, George centró una vez más su atención en la posibilidad de una carrera militar. Mediante la intervención de amigos influyentes, y a pesar del hecho de que George no tenía experiencia militar, el gobernador de Virginia lo nombró comandante de la región militar sur de Virginia, un puesto que le dio el rango de mayor. Este fue un acontecimiento inesperado, y no pasaría mucho tiempo antes de que George tuviera la oportunidad de probar su valía de manera dramática ... y, en última instancia, histórica.

En el horizonte se alzaba la Guerra Francesa e India, en la que los franceses y algunas de las tribus de nativos americanos se unieron contra Gran Bretaña (incluyendo a los angloamericanos) por lo que entonces se llamaba el territorio de Ohio: un área extensa, mucho más grande que el actual estado de Ohio. Tanto Francia como Gran Bretaña reclamaban este territorio, y en 1750 Francia envió un ejército allí y construyeron Fort Le Boeuf, a unos veinticuatro kilómetros del lago Erie, en lo que hoy es la esquina noroeste de Pensilvania. Aquel movimiento agresivo de los franceses enfureció a muchos virginianos, en particular a los que poseían tierras en la región. ¿Qué hacer? El gobernador de Virginia, Robert Dinwiddie, consultó a funcionarios de la Corona en Londres, quienes le aconsejaron enviar un emisario a los franceses, haciéndoles saber de manera inequívoca que el territorio pertenecía a los ingleses y que habrían de retirar sus tropas de inmediato.

Cuando el joven George Washington se enteró de la necesidad de un mensajero que viajara a través de las montañas y del desierto durante el inminente invierno, de inmediato se ofreció como el hombre indicado para el trabajo. El gobernador Dinwiddie aceptó la oferta de Washington y le dio también otras responsabilidades. Fue a espiar la tierra y el tamaño de las fuerzas francesas. También se le encargó que consultara con el llamado "medio-rey", el jefe de la tribu Seneca, la posibilidad de una unión con los británicos contra los franceses en el caso de que la guerra estallase. Y tratar de encontrar un buen lugar para la construcción de una fortaleza inglesa en la zona, algo que era una necesidad absoluta si la Compañía de Ohio, una empresa de especulación de la tierra de Virginia, lograba "ganar el título legal de los cientos de miles de hectáreas que se codiciaban en el país de Ohio".

Así que George, con veintiún años, partió con la carta del gobernador y seis compañeros. Pasaron semanas recorriendo los muchos kilómetros entre Virginia y Ohio, a través de un terreno interminable de nieve invernal, dirigiéndose a Fort Le Boeuf.

Cuando llegaron cerca de su destino, una patrulla francesa les encontró y acompañaron a Washington y a sus hombres a la fortaleza. Los franceses les trataron cortésmente, como era la costumbre. Les dieron la bienvenida, les dieron de comer, recibieron y leyeron la carta que George les entregó y entonces le dieron su respuesta para llevarla de vuelta a Virginia. Pero como George sospechaba por las conversaciones que oyó, la respuesta no era la que esperaban los ingleses. Los franceses declararon resueltamente que la tierra era suya. Si eso era cierto, las dos potencias mundiales pronto estarían en guerra.

George y sus hombres regresaron a casa con la carta en la que los franceses reclamaban la tierra como suya, y él preparó un relato de su aventura, que se publicó en los periódicos coloniales. Su fama se extendió también a través de Londres, cuando sus memorias se publicaron en forma de folletín con el título The Journal of Major George Washington [El diario del mayor George Washington]. Era la primera vez que los británicos oirían hablar de este joven valiente y, obviamente, no sería la última.

Ante el desafío francés, la Casa de los Ciudadanos se vio obligada a tomar medidas. Los miembros votaron financiar lo que llamaron el Regimiento de Virginia, un ejército de voluntarios de trescientos hombres. Este regimiento viajaría al Valle de Ohio para ayudar en la construcción de una fortaleza que Dinwiddie consideraba esencial para proteger los intereses británicos. El Regimiento de Virginia sería conducido por un soldado británico con experiencia llamado coronel Joshua Fry. El ambicioso Washington presionó con éxito a amigos políticos para que lo elevaran al rango de teniente coronel, y se unió al regimiento con este rango.

Pero Fry no podía dejar Virginia de inmediato, por lo que fue el joven Washington quien se encargó de dirigir a 186 hombres al oeste de Pensilvania. Al enterarse de que los franceses habían enviado un millar de soldados para construir lo que iban a nombrar Fort Duquesne, Washington se encontró con un dilema. Tenía muchos menos hombres a su disposición que los franceses. Había estado instando a los indios para que se unieran a los británicos, pero no tenía forma de saber si realmente lo harían.

También temía repercusiones negativas si, en efecto, se rendía antes de reunirse con las tropas francesas. ¿Debía esperar al coronel Fry y los refuerzos? Se añadieron a la inquietud de Washington los cercanos y furtivos sonidos nocturnos de hombres. ¿Eran desertores o soldados franceses?

Los exploradores indios le dieron a Washington un mensaje aun más confuso. Dijeron que una fuerza de soldados franceses se dirigía en dirección a Washington con la esperanza de encontrarle y atacar a los ingleses. Washington decidió quedarse donde estaba y dos días más tarde recibió más noticias de Christopher Gist, que había viajado con él en su anterior periplo por el desierto de Ohio: un destacamento francés, de unos cincuenta hombres, se acercaba. Estos soldados "habían invadido las inmediaciones del refugio del desierto [de Gist], jurando matar a sus vacas y aplastar "todo lo que hubiera en la casa".

Como señala un historiador, el inexperto Washington tomó "una decisión crucial y violó las instrucciones de Dinwiddie para mantener al ejército dentro de sus fortificaciones". Washington envió a la mitad de sus hombres por delante y supo por un indio aliado que los franceses habían sido vistos no muy lejos. Washington se llevó a cuarenta de sus hombres en una marcha nocturna lluviosa, decidido a emprender un ataque sorpresa. Lo que sucedió a la mañana siguiente de ese mayo de 1754 simplemente supera la imaginación.

A su llegada, Washington descubrió a treinta y dos soldados franceses preparando con calma su desayuno. Por alguna razón desconocida, Washington ordenó a sus hombres que abrieran fuego, y una docena de los franceses fueron masacrados inmediatamente. Una vez que el humo se disipó, el alférez francés Joseph Coulon de Villiers, Sieur de Jumonville, intentó explicar a Washington que sus tropas estaban en una misión diplomática. Pero en el momento en que "Jumonville leyó este ultimátum, las cosas fueron infinitamente a peor: el medio-rey dio un paso adelante, le abrió la cabeza [a Jumonville] con un hacha, introdujo sus manos en el cráneo, se las embadurnó con cerebro de la víctima y le arrancó el cuero cabelludo".

Washington nunca olvidaría esta indescriptiblemente grotesca escena o los horrores demoníacos del caos que sobrevino. Los Seneca que viajaban con él ahora atacaban brutalmente y arrancaban el cuero cabelludo a los heridos franceses, empalando la cabeza de un hombre en una estaca. "Inmovilizado por la sed de sangre o por las horribles visiones que estaba contemplando por primera vez, Washington no hizo ningún intento por detener la matanza", escribe el biógrafo John Ferling. Es posible que Washington no quisiera enemistarse con los indios al tratar de detener sus atrocidades.

Después de que todo hubiese terminado, Washington le escribió a Dinwiddie afirmando que los soldados franceses eran en realidad "espías de la peor clase", que pretendían preparar el terreno para un ataque de los franceses. Esto podía haber sido cierto, el mensaje diplomático de hecho podía haber sido un pretexto, pero a sabiendas de que sus prisioneros franceses tendrían su propia historia que contar sobre lo que pasó, Washington advirtió a Dinwiddie que no les creyera.

Sin duda, Washington tenía más cosas de qué preocuparse que de una posible condena de Dinwiddie. Cuando los líderes franceses de Fort Duquesne se enterasen de la matanza que había tenido lugar en contra de sus hombres, sin duda buscarían venganza. Washington ordenó de inmediato a sus hombres que comenzaran la construcción de lo que él llamaría Fort Necessity [Fuerte de la Necesidad]. Pero la ubicación de la fortaleza estuvo bastante mal escogida: bosques y colinas rodeaban de cerca la fortaleza, lo que significaba que los franceses podrían acercarse a ellos y disparar a los ingleses como peces en una charca.

Esto fue precisamente lo que ocurrió. Unos novecientos combatientes franceses e indios llegaron bajo las órdenes de Louis Coulon de Villiers, hermano de Jumonville, y enseguida abrieron fuego. Después de haber matado o herido a una cuarta parte de los hombres de Washington, Villiers le preguntó a este si quería rendirse. Washington accedió a hacerlo y, lo peor desde el punto de vista de sus antecedentes, firmó un documento en el que confesaba que Jumonville había sido asesinado.
(Continues...)


Excerpted from SIETE HOMBRES by ERIC METAXAS, Graciela Lelli. Copyright © 2013 Grupo Nelson. Excerpted by permission of Grupo Nelson.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Meet the Author

Eric Metaxas es el autor del best seller del New York Times Amazing Grace, Todo lo que siempre quisiste saber acerca de Dios pero temías preguntarlo y treinta libros para niños. Es fundador y organizador de Sócrates en la ciudad en la ciudad de Nueva York, donde vive con su esposa y su hija. Sus escritos han aparecido en el New York Times, Atlantic, Washington Post, Books & Culture, Christianity Today Marks Hill Review y Fist Things. Ha escrito para VeggieTales y Rabbit Ears Productions, ganando tres nominaciones al premio Grammy como la Mejor grabación de los niños.

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