Doctrina: Lo que cada cristiano debe creer

Doctrina: Lo que cada cristiano debe creer

by Mark Driscoll, Gerry Breshears

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Overview

Doctrina: Lo que cada cristiano debe creer by Mark Driscoll, Gerry Breshears

Lo que cada cristiano debe creer
Doctrina trata de rastrear los grandes temas teológicos de la Escritura a lo largo de la historia de la Biblia. Este valioso libro está lleno de verdades transcendentales, sin muchas historias de ilustración y entretenimiento; estas omisiones fueron totalmente intencionales.

Este sustancioso pero ameno panorama de la doctrina básica ayudará a los cristianos a articular sus creencias de acuerdo a la Biblia de una manera interesante, clara y practica.

What every Christian must believe
Doctrina seeks to trace the big theological themes of Scripture along the storyline of the Bible. This book is packed with truth, without many stories for illustration and entertainment. These omissions are intentional.

This meaty yet readable overview of basic doctrine will help Christians articulate their beliefs in accordance with the Bible in an interesting, clear, and practical way.

Product Details

ISBN-13: 9781414389240
Publisher: Tyndale House Publishers
Publication date: 04/01/2014
Edition description: Spanish-language Edition
Pages: 496
Product dimensions: 5.50(w) x 8.25(h) x 1.25(d)

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Doctrina

LO QUE CADA CRISTIANO DEBE CREER


By MARK DRISCOLL, GERRY BRESHEARS, Mafalda E. Novella

Tyndale House Publishers, Inc.

Copyright © 2014 Mark Driscoll y Gerry Breshears
All rights reserved.
ISBN: 978-1-4143-8924-0



CHAPTER 1

LA TRINIDAD: DIOS ES


Después del bautismo, mientras Jesús salía del agua, los cielos se abrieron y vio al Espíritu de Dios que descendía sobre él como una paloma. Y una voz [Dios Padre] dijo desde el cielo: «Este es mi Hijo amado, quien me da un gran gozo». MATEO 3:16-17


Profundos anhelos impregnan el corazón humano.

Anhelamos el amor desinteresado, confiable y perenne de alguien fiel y útil en quien poder confiar.

Anhelamos que haya unidad en la gran diversidad humana, que se pueda vivir en paz y en armonía para beneficio de todos.

Anhelamos la comunicación —desde las conversaciones cara a cara hasta la proliferación de tecnología moderna creada con el propósito de hacernos conocer a los demás y de ser conocidos por ellos— y tenemos una pasión aparentemente insaciable de hablar y de que se nos hable.

Anhelamos la comunidad, con relaciones sinceras y significativas con los demás, para formar parte de un pueblo dedicado a algo más duradero y más grande que nuestra vida individual.

Anhelamos la humildad, donde la gente se entrega sin reservas para el beneficio y el bienestar de los demás.

Anhelamos la paz, la armonía y el altruismo seguro para los demás y para nosotros mismos, de modo que el abuso, la crueldad, la miseria y las lágrimas dolorosas que estos producen sean erradicados.

Anhelamos el bien común desinteresado, un mundo en el que cada uno hace lo que es mejor para otros y no está viciosa y exclusivamente consagrado al egoísmo y a los intereses personales.

¿Por qué? ¿Por qué tenemos estos anhelos persistentes que a veces nos impulsan a la acción y a menudo nos dejan frustrados o desanimados? ¿De dónde brotan y cómo podemos satisfacerlos?

Nuestros anhelos de amor, de unidad en la diversidad, de comunicación, de comunidad, de humildad, de paz, y de altruismo son, de hecho —por diseño—, los anhelos por el Dios trinitario de la Biblia y por un mundo que sea un reflejo de la Trinidad. Trágicamente, los deseos humanos corruptos por el pecado se vuelven contra sí mismos; en lugar de encontrar satisfacción en Dios, estos anhelos se convierten en codicia: pozos sin fondo de deseos egoístas que nunca son satisfechos, e inevitablemente conducen a la desesperación. Debido a que estamos hechos a la imagen del Dios trino para reflejar su gloria, nunca podemos detener el anhelo; sin embargo, nuestros anhelos manchados por el pecado distorsionan esa reflexión.

La Trinidad es la primera comunidad y el ideal para todas las comunidades. Solamente esta comunidad no ha sido manchada por el pecado del egoísmo. Por lo tanto, en la diversidad de Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo está la unidad perfecta de un Dios que se comunica en la verdad, ama sin reservas, vive en comunión, sirve con humildad, interactúa pacíficamente y sirve desinteresadamente. En pocas palabras, la Trinidad es la comunidad ideal en todos los sentidos. O, en otras palabras, Dios es un Amigo y tiene Amigos.


¿QUÉ ES LA TRINIDAD?

Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Un Dios. Tres personas. Aunque la palabra Trinidad no aparece en las Escrituras, este concepto de Uno-que-esTres sí está claramente presente. La palabra Trinidad se emplea como una forma abreviada de explicar abundantes verdades bíblicas. Fue utilizada por primera vez por Tertuliano (155–220 d. C.), un padre de la iglesia. Decir que Dios existe como una Trinidad no quiere decir que hay tres Dioses, o que el único Dios meramente se manifiesta ya sea como Padre, Hijo o Espíritu Santo en diversas ocasiones.

La Confesión de Fe de Westminster (1647) resume la doctrina diciendo: «En la unidad de la Divinidad hay tres personas de una sustancia, poder y eternidad; Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo».

Para nuestros propósitos, usaremos la siguiente definición: La Trinidad es un solo Dios que existe eternamente como tres personas distintas —el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo—, quienes son cada una Dios plenamente e igualmente, en relación eterna entre sí.

Para aclarar, decir que cada miembro de la Trinidad es una «persona» no significa que Dios el Padre o Dios el Espíritu Santo se convirtieron en seres humanos. Más bien, significa que cada miembro de la Trinidad piensa, actúa, siente, habla y se relaciona, ya que ellos son personas y no fuerzas impersonales. Además, cada miembro de la Trinidad es igualmente Dios, lo que significa que comparten todos los atributos divinos como eternidad, omnisciencia, omnipotencia y omnipresencia.

La doctrina de la Trinidad reúne tres verdades bíblicas igualmente esenciales sin negarlas y sin disminuirlas.

En primer lugar, hay un solo Dios verdadero. El Antiguo Testamento contiene una serie de declaraciones claras acerca de que hay un solo Dios. Del mismo modo, el Nuevo Testamento dice claramente que hay un solo Dios. En conjunto, el incesante y estruendoso coro de las Escrituras de principio a fin dice que no hay sino un solo Dios.

Las Escrituras también enseñan claramente que no hay nadie como Dios y que cualquier pretensión de ser como Dios es una mentira satánica. En la práctica, esto significa que además de que existe una sola Trinidad y no hay otro, no hay otro Dios que sea eternamente existente y no creado, todopoderoso, omnisciente y omnipresente.

El énfasis bíblico sobre la existencia de un solo Dios verdadero plantea la cuestión sobre qué se debe hacer respecto a otros «dioses» que son adorados por gentes de diversas religiones tanto en los días de la Biblia como en nuestros días. La Biblia dice que estos «dioses» son ángeles caídos y muy poderosos que se rebelaron contra Dios. Ellos odian a Jesús y buscan adoradores, a quienes recompensan si les llegan a servir bien. Realizan poderosas señales, prodigios y milagros que pueden engañar a la gente haciéndole creer que son iguales a Dios. En la práctica, esto significa que existen demonios increíblemente poderosos —con nombres como Baal, quemos, Moloc, Brahman, Alá, la Madre Tierra, Mamón (dinero) y Afrodita (el sexo)—, que son erróneamente adorados por multitudes como dioses.

Desde el principio, el pueblo de Dios ha vivido con una presión constante de aceptar otras religiones y «dioses» como dignos de igual adoración que el Dios de la Biblia. Con demasiada frecuencia la gente es como Salomón dividiendo su devoción entre Dios y los «dioses». Para ayudarnos a ser valientes, la Biblia nos presenta conmovedoras historias de fieles seguidores del Señor, como Sadrac, Mesac, Abed-nego y Daniel, quienes nunca abandonaron o vacilaron en su devoción al único Dios, incluso al enfrentar gran oposición y persecución.

En segundo lugar, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son igualmente declarados en todas las Escrituras como Dios. Hay muchos pasajes en las Escrituras que clara y enfáticamente declaran que el Padre es Dios. En la historia de la iglesia cristiana y en la de todas las sectas y religiones que se han desviado de la verdad bíblica, nunca ha habido una enseñanza destacable que haya negado la divinidad de Dios Padre, porque está obvia y claramente establecida a través de toda la Escritura.

Jesús también es declarado Dios repetidamente a través de todas las Escrituras tanto por otros, como por él mismo, sin mediar disculpas o corrección. Vale la pena señalar que Jesús fue condenado a muerte en última instancia por haberse proclamado Dios, una declaración que, de haber sido falsa, hubiera sido una violación del primer mandamiento y un pecado blasfemo.

Además del Padre y del Hijo, el Espíritu Santo también es reconocido evidentemente como Dios a través de las Escrituras. En el Antiguo Testamento vemos que él posee los atributos de Dios, los cuales revelan su divinidad: él es creador, eterno, omnipotente o todopoderoso; omnisciente o que todo lo sabe, y omnipresente. En el Nuevo Testamento, él es indudablemente también declarado Dios.

En tercer lugar, aunque un solo Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son personas distintas. El Padre y el Hijo son dos personas que frecuentemente aparecen en las salutaciones que hallamos en las cartas del Nuevo Testamento, así como en otras Escrituras. En la Escritura también es evidente que Jesús y el Espíritu Santo no son la misma persona. Del mismo modo, el Padre no es el Espíritu Santo. Jesús enfatizó en varias oportunidades que él y el Padre son personas distintas, pero un solo Dios diciendo: «El Padre y yo somos uno» y «para que sean uno, así como nosotros». Además, el Espíritu Santo no es una fuerza impersonal, sino una persona que puede ser afligida, resistida o insultada. La personalidad del Espíritu Santo explica por qué Jesús habla de él como un «él» personal y no como un «eso» impersonal.


¿CÓMO ES EL DIOS TRINITARIO DE LA BIBLIA?

quizás la declaración más conocida sobre el Dios trinitario de la Biblia se encuentra en 1 Juan 4:8, que simplemente dice: «Dios es amor». Analizada a fondo, esta definición de Dios no tiene precedentes.

Del amor se habla alrededor de ochocientas veces a través de toda la Escritura. Al afirmar que «Dios es amor», la Biblia también revela que el Dios trinitario de la Biblia es al mismo tiempo la definición, el ejemplo y la fuente del amor verdadero.

En otras palabras, declarar que Dios es amor es confesar que Dios es trinitario. En la naturaleza misma de Dios hay un fluir continuo de amor, de comunicación y de unidad porque Dios es una comunidad relacional de amor. Por ejemplo, durante su vida terrenal, Jesús frecuentemente habló sobre el profundo amor entre él y Dios Padre:

• El Padre ama a su Hijo y ha puesto todo en sus manos.

• El Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace.

• Haré lo que el Padre me manda, para que el mundo sepa que amo al Padre.


En el Antiguo Testamento el nombre más sagrado para Dios es Yahveh. Yahveh es el nombre propio distintivamente personal para el Dios de la Biblia. Debido a que es sagrado, nunca se utiliza para referirse a los dioses paganos, ni es utilizado para referirse a cualquier ser humano. Está reservado exclusivamente para el único Dios verdadero. El nombre Yahveh aparece unas 6823 veces en el Antiguo Testamento, porque él es el centro y el héroe de las Escrituras. El tercer mandamiento nos advierte de no usar su nombre en vano o a la ligera. El nombre de Yahveh es tan sagrado que en Levítico 24:16 se ordenó que cualquier persona que lo utilizara de una manera blasfema sería condenada a muerte. Las graves consecuencias asociadas al mal uso del nombre Yahveh hicieron que el pueblo de Dios lo tuviera en tan gran reverencia que ejercitaban muchísima cautela para escribir o aun para mencionar su nombre. En consecuencia, cuando los judíos leían las Escrituras del Antiguo Testamento, no mencionaban el nombre Yahveh sino que lo reemplazaban por 'Edonai («Señor», a menudo transliterado del hebreo como «Adonai»). La antigua Biblia hebrea tenía solo consonantes, por lo que el nombre de Dios se escribió como YHWH. Cuando en su Biblia aparece la palabra «Señor» en letras mayúsculas o versalitas, debe saber que se trata de YHWH, el nombre personal de Dios.

En algún momento entre los años 600 y 900 D. C. los rabinos comenzaron a poner puntos y guiones en torno a las antiguas consonantes para que la gente pudiera ver las vocales. Cuando llegaron al nombre divino YHWH, añadieron las vocales de 'Edonai. Esto fue luego transliterado como JeHoWaH. No hay nada malo con el nombre Jehová, pero estamos seguros de que este no es el nombre que Dios le dio a Moisés y su pueblo.

A la luz del poder, la fortaleza y la gloria sin precedentes de Yahveh, es también asombroso considerar la forma que Dios eligió para revelarse a su pueblo en Éxodo 34:6-7 (este es el pasaje más citado en la Biblia por la Biblia):

¡Yahveh! ¡El Señor! ¡El Dios de compasión y misericordia! Soy lento para enojarme y estoy lleno de amor inagotable y fidelidad. Yo derramo amor inagotable a mil generaciones, y perdono la iniquidad, la rebelión y el pecado. Pero no absuelvo al culpable.


Esta descripción de toda la Trinidad es tan plena que tenemos que considerar cada verdad que allí se revela.

1) Yahveh, el Dios trinitario de la Biblia, es un ser personal con el nombre de «Señor». En el Antiguo Testamento, el pueblo de Dios fue rodeado por los asirios, babilonios, fenicios, filisteos y otras naciones, todas con sus propios dioses. Estos falsos dioses gobernaban sobre un pueblo y sobre un lugar; pero no lo hacían sobre todas las personas y todos los lugares como el Señor de la Biblia. Lo mismo se puede decir del Nuevo Testamento, donde el pueblo de Dios también se encontraba en un mundo lleno de ídolos, e incluso en nuestros días, cuando la espiritualidad es bastante popular, pero muy poca gente espiritual conoce al Señor que gobierna sobre todos los espíritus y espiritualidades.

2) Yahveh, el Dios trinitario de la Biblia, comienza diciéndole a Moisés y a nosotros que él es un ser personal. Él tiene un nombre. Él quiere relacionarse. Esto es muy diferente de la espiritualidad contemporánea de Oprah, el budismo de Hollywood y La guerra de las galaxias, donde solo existe «la Fuerza» que fluye a través de todo.

3) Yahveh, el Dios trinitario de la Biblia, es compasivo con las personas heridas que sufren. Él ve nuestras vidas, conoce nuestra fragilidad y responde con compasión.

4) Yahveh, el Dios trinitario de la Biblia, nos ayuda. Dios no solamente nos gobierna y se compadece de nosotros, sino que también actúa por nosotros. Nuestro Dios es un siervo que se deleita en servir humildemente a la gente que ha creado; él lo hace no porque tenga que hacerlo, sino porque él lo desea como una manifestación de su bondad.

5) Yahveh, el Dios trinitario de la Biblia, es lento para la ira. A diferencia de los dioses griegos y romanos que son irritables e inestables y que descargan su ira sobre los hombres a menos que los aplaquen con sacrificios o alabanzas, el Dios de la Biblia es lento para la ira. Yahveh puede enojarse, pero solo después de haber sido provocado por pecadores determinados a despertar su ira mediante pecados y rebeliones sin arrepentimiento que abusan de su paciencia.

6) Yahveh, el Dios trinitario de la Biblia, es amorosamente fiel; esto lo demuestra la maravillosa y poderosa palabra hebrea jesed, la cual habla del amor constante, apasionado, desbordante, buscador, espléndido, ilimitado, confiable y misericordioso de nuestro Dios, que siempre nos busca. Nos habla de su cuidadosa provisión que viene de su gran misericordia.

7) Yahveh, el Dios trinitario de la Biblia, es confiable y veraz. Él nunca falla y nunca miente. Como resultado, solo él es totalmente digno de fe, confianza y devoción, porque solo él cumplirá siempre sus promesas.

8) Yahveh, el Dios trinitario de la Biblia, es clemente. Dios está plenamente consciente de nuestro pecado. Sin embargo, en su amor misericordioso él está dispuesto y apto para perdonar a los pecadores arrepentidos.

9) Yahveh, el Dios trinitario de la Biblia, es justo. Al final, nadie que viva en el pecado y rechace su oferta de relación amorosa a través del perdón de los pecados tendrá excusa alguna. Dios es totalmente santo y bueno, y porque es justo, no puede y no perdonará o pasará por alto el pecado de quien no se arrepintió en relación con él.


Esta revelación de Dios adquiere una profundidad extraordinaria, porque el Señor la dio en el contexto de la traición y el pecado terribles de Israel cuando el pueblo adoró al becerro de oro. Yahveh, el Dios trinitario de la Biblia, es un ser personal compasivo, ayudador, lento para la ira, amoroso, confiable, clemente y justo para con los pecadores que no se lo merecen. Él es aquel a quien vemos en el Dios-hombre, Jesucristo. Juan nos dice que él está lleno de gracia y de verdad. Esta es una alusión inconfundible a Éxodo 34:6-7. Lo que Juan está diciendo aquí es que Jesucristo está lleno de Yahveh. Él ha venido para revelar al Padre.


¿SE ENSEÑA LA TRINIDAD EN EL ANTIGUO TESTAMENTO?

Los primeros versos de las Escrituras revelan a Dios de una manera sorprendente:

En el principio, Dios creó los cielos y la tierra. La tierra no tenía forma y estaba vacía, y la oscuridad cubría las aguas profundas; y el Espíritu de Dios se movía en el aire sobre la superficie de las aguas.


Aquí vemos que Dios Padre y el Espíritu de Dios tienen parte en la creación.

Se hace aún más interesante cuando nos fijamos en cómo los antiguos rabinos judíos entendieron este pasaje y cómo hicieron su traducción interpretativa de la Biblia hebrea al arameo, la lengua común de la gente. Ellos hicieron un estudio de la palabra principio (re'shit en hebreo) y encontraron que se usa en paralelismo sinónimo con la palabra hebrea para «primogénito» (bekor en hebreo) cuatro veces en el Antiguo Testamento. Esto significaría que las dos palabras, principio y primogénito, pueden tener el mismo significado. Por lo tanto, su traducción de las palabras iniciales de la Biblia incluye ambas palabras:

En el principio, por el primogénito, Dios creó los cielos y la tierra. La tierra no tenía forma y estaba vacía y la oscuridad cubría las aguas profundas; y el Espíritu de Dios se movía en el aire sobre la superficie de las aguas.


(Continues...)

Excerpted from Doctrina by MARK DRISCOLL, GERRY BRESHEARS, Mafalda E. Novella. Copyright © 2014 Mark Driscoll y Gerry Breshears. Excerpted by permission of Tyndale House Publishers, Inc..
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Table of Contents

Contents

PREFACIO, xi,
CAPÍTULO 1. LA TRINIDAD: DIOS ES, 1,
CAPÍTULO 2. LA REVELACIÓN: DIOS HABLA, 29,
CAPÍTULO 3. LA CREACIÓN: DIOS HACE, 71,
CAPÍTULO 4. LA IMAGEN: DIOS AMA, 103,
CAPÍTULO 5. LA CAÍDA: DIOS JUZGA, 139,
CAPÍTULO 6. EL PACTO: DIOS BUSCA, 171,
CAPÍTULO 7. LA ENCARNACIÓN: DIOS VIENE, 205,
CAPÍTULO 8. LA CRUZ: DIOS MUERE, 241,
CAPÍTULO 9. LA RESURRECCIÓN: DIOS SALVA, 275,
CAPÍTULO 10. LA IGLESIA: DIOS ENVÍA, 303,
CAPÍTULO 11. LA ADORACIÓN: DIOS TRANSFORMA, 335,
CAPÍTULO 12. LA ADMINISTRACIÓN: DIOS DA, 369,
CAPÍTULO 13. EL REINO: DIOS REINA, 405,
RECURSOS PARA GRUPOS PEQUEÑOS, 435,
ÍNDICE GENERAL, 451,
ÍNDICE DE CITAS BÍBLICAS, 463,

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