Gracia Infinita

Gracia Infinita

by Estrella Montealegre De Albarr N

Paperback

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Product Details

ISBN-13: 9781462042883
Publisher: iUniverse, Incorporated
Publication date: 08/11/2011
Pages: 180
Product dimensions: 6.00(w) x 9.00(h) x 0.41(d)

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Gracia Infinita

Una Historia De Esperanza
By Estrella Montealegre De Albarrán

iUniverse, Inc.

Copyright © 2011 Estrella Montealegre de Albarrán
All right reserved.

ISBN: 978-1-4620-4288-3


Chapter One

TRÁGICA DECISIÓN

Era un día nevado de Febrero, había estado enferma por más que dos años y ningún medico me había podido ayudar. Por los últimos dos meses no había podido dormir, comer ni descansar de los dolores y molestias de mi enfermedad. En las últimas dos semanas ya había perdido la esperanza de mejorar y poder seguir con mi vida normal.

Pero eso tampoco valía la pena ... nada era normal en mi vida ... mis hijas no me hablaban ... había perdido mi iglesia, una de las cosas que más amaba en la vida ... mi familia estaba alejada, no había comunicación entre nosotros ... mucha gente me había lastimado, mi dolor era demasiado, entonces decidí hacerlo ... el día 13 de Febrero del 2008 me quité la vida ...

Voy a compartir contigo la historia de mi vida, las cosas que sobre salen; porque no sería posible poner toda mi vida en un libro. Realmente, si te contara todo, sería un libro insoportable de leer porque hubieron muchas cosas terribles que pasaron y que he sufrido que decidí no escribir.

Lo más importante de todo, y que no quiero que se te escape durante tu lectura, es que estás leyendo un recuento de mi pasado; ya mi vida ha sido transformada por el amor, gracia infinita y misericordia de Dios. Por favor no olvides esto mientras lees.

Había estado deprimida por años, y aunque había conocido al Señor desde la edad de 5 años y le amaba con todo mi corazón, pasaron muchas cosas en mi vida que poco a poco me hicieron dudar de su amor

Esta parte de mi historia, inicia con la muerte de mi mamá; ocurrió cuando yo tenía 8 años de edad. Todo comenzó con un resfriado que le dio. Viajamos a una misión en Oaxaca, México; que es donde vivíamos. Ese día, fuimos bautizados varios de mis hermanos y yo. Cuando regresamos, mi mamá se enfermó con calentura y una tos muy fuerte. Oraron por ella, pero rehusó que la llevaran al doctor, asegurándonos que Dios la iba a sanar. Por un tiempo mis padres creían en la sanidad hasta el punto de no buscar ayuda médica. Estuvo enferma por varios meses sin mejorar, solo iba de mal en peor. Yo la oía por las noches tosiendo y con respiración laboriosa.

Mi madre tenía un reloj en su recámara que hacia TIC-TOC-TIC-TOC.... Me levantaba a verla y podía ver a la luz de su lámpara, cómo las venas de su cuello brincaban por la agitación de la fiebre. Un día vino mi abuelita y se la llevó a Cuernavaca, que era donde ella vivía en aquel entonces; quedaba como a 10 horas de camino. Todavía recuerdo ese día como si fuera ayer ... Todos mis hermanitos y yo le dijimos adiós a mi mamita. Mi papá la tubo que cargar para subirla a ese taxi. No nos imaginamos que ese sería el ultimo día que la veríamos.

Pasó como un mes, y cuando le avisaron a mi papá que había muerto, no nos dijo nada. Se fue y la sepultaron allá en Cuernavaca. Cuando regresó, nos llevó a mis seis hermanitos y a mi cargando al mas pequeñito de 10 meses en mis brazos, al Cerro del Fortín allá en Oaxaca; estacionó el carro y nos dijo: "TENGO ALGO QUE DECIRLES HIJOS ... comenzó ... SU MAMI SE FUE AL CIELO CON DIOS PORQUE ÉL LA NECESITA. LE PIDIÓ QUE SE FUERA CON ÉL ... ELLA LE PREGUNTÓ A DIOS QUE VA A PASAR CON USTEDES SIN ELLA Y DIOS LE PROMETIÓ QUE LOS VA A CUIDAR ... PERO ÉL LA NECESITA ALLÁ EN EL CIELO ... ASÍ QUE PÓRTENSE BIEN PORQUE ELLA LOS ESTÁ MIRANDO DESDE ALLÁ."

A esa edad no le repelas a tu padre nada, y mucho menos cuando era un padre como el mío. Pero comencé a sentir resentimiento contra Dios. ¿¡Cómo que Él necesitaba a mi mamá mas que yo y mis hermanitos?!

Recuerdo las veces que me sentaba con ella en la cocina y limpiábamos lentejas y cantábamos ... cuando me enseño a cantar la segunda voz en armonía con ella y despertó mi oído musical. También cuando tocaba el piano por las noches, después que todos mis hermanitos se habían dormido y yo me quedaba como en un ensueño oyendo las bellas notas de la música clásica que fluían de sus dedos en las teclas del piano.

En ocasiones, cuando mi papá llegaba del trabajo, se hincaba, le besaba sus pies y la tomaba entre sus brazos y bailaban a la música de "Muñequita Linda".

Recuerdo cuando los dos tomaron clases de sastrería y me llevaban con ellos para cuidar a mi hermanito Alex que era bebé y le lavaba sus pañalitos.

Recuerdo cuando ella tocaba su guitarra o el acordeón y cuanto disfrutaba oírlos cantar juntos.

Recuerdo también cuando me enseñó a bordar, cuanto me cuidaba y atendía, su alegre sonrisa y sus hermosos ojos verdes. Recuerdo muchas cosas, pero siempre me ponen triste por ella; la extraño tanto.

Los siguientes días después de su muerte fueron una pesadilla horrible. La soñaba todo el tiempo, sentía su presencia pero no estaba, podía oler su esencia pero solo era en mi memoria, la soñaba constantemente, oía su voz, la veía por todos lados pero era sólo mi imaginación. Era horrendo despertar cada día a la realidad de su ausencia.

Los primeros tres días me los pasé llorando sin parar. Creo que fui la única de mis hermanitos que comprendía hasta cierto punto que significaba la muerte. Recuerdo una ocasión en que fuimos a un funeral de un bebito, en un pueblo, yo lo toqué. Nunca voy a olvidar lo que sentí. Estaba DURO Y FRÍO. ¡NO LO PUDE DESPERTAR! Yo sabía que la muerte significa esto y que nunca regresan. Que los ponen debajo de la tierra y ese es el fin. Eso es lo que yo entendía.

De allí en adelante, mis hermanitos y yo, estuvimos en las manos de un padre lleno de dolor por la perdida de su esposa. Él adoraba a mi madre. Se volvió más exigente que nunca y duro con nosotros. Cuando se iba a las misiones, nos dejaba con las criadas que nos trataban muy mal, especialmente a mí. Una de ellas me dijo una vez: ¿TU CREES QUE TU MAMÁ DE VÉRAS SE MURIÓ? ¡NÓ! SE CANSÓ DE TANTO CHAMACO Y SE REGRESO A SU PAÍS, ELLA NO ESTÁ MUERTA, SE FUE A ESTADOS UNIDOS"

Eso me impresionó mucho y me llenó de dolor pensar que eso fuera posible. Pero no se lo creí. Yo sabía que éramos la vida de mi mamá y que nunca nos habría dejado así. Solamente que sí se fue con Dios y sí nos dejó. ¡Dios me la había quitado! No deje de soñarla, hasta que nació mi primera hija; y últimamente la he vuelto a soñar desde que estuve en el hospital.

¿Te imaginas la maldad que tiene que haber en una persona que es capazde decirle tal cosa a una niña de 8 años que acaba de perder a su mamá? Dios ha tenido que sanar muchas heridas en mi corazón, pero no pudo hacerlo hasta que yo reconocí mi dolor y le permití hacerlo; le rogué a gritos que me ayudara, Él lo hizo, por eso todavía estoy aquí para contártelo.

Me ha sucedido algo muy extraño cada ves que me enfermo, que no sabía que era. Le platicaba eso a mi esposo recientemente, que cada vez que me enfermo, percibo un olor muy hermoso que nunca percibo de otra manera ... se lo estaba diciendo, cuando de repente se me aclaró la memoria y me di cuenta que es la esencia de mi madre. No sé como explicarlo, pero es verdad.

Al poco tiempo murieron mis dos abuelitas, quienes tuvieron mucha influencia en mi vida. Mi abuelita Montealegre, la madre de mi papá, mí "Lalita," como le decíamos. Ella vivió con nosotros casi toda nuestra niñez, así también como mi tío Andrés, hermano de mi papá. Ellos nos querían mucho y nos consentían. Mi Lalita nos ayudó por un tiempo cuando murió mi mamá, hasta que mi papá se casó de nuevo. Mi tío Andrés también se casó y ella se fue con él a Guadalajara, Jalisco.

Mi abuelita Erdman, madre de mi mamá, tuvo más influencia en mí en el sentido espiritual. Aún más después de la muerte de mi madre. Siempre me hablaba de las cosas de Dios. Fue con ella que recibí a Cristo en mi corazón a la edad de 5 años. Ella era misionera con mi abuelo desde que mi madre tenía 6 años. Eran de Michigan, USA y desde allá se fueron hasta Oaxaca, México, a servir al Señor.

Mi abuelo murió antes de sus 40 años, en el Océano Pacífico, por un ataque de corazón mientras nadaba con un grupo de hermanos del área. Mi madre era la mayor de cuatro hermanos, su hermanita, la más pequeña, también murió a la edad de 4 años por leucemia. A mi abuelita Erdman le dio cáncer del seno, y estuvo enferma y bajo oración por más de 10 años, yo sabía que no estaba bien y que no se estaba atendiendo médicamente, sólo se oraba por ella.

Estaba yo en la secundaria, cuando le pedí permiso a mi papá de faltar un año a la escuela para poder visitarla. Para mi gran sorpresa estuvo de acuerdo, y durante ese año la fui a visitar como cuatro veces. Ella ya no se levantaba de su cama. Entrar a su casa era como estar a un santuario. Todo silencio, reverente. Nadie hacía ruido, hablábamos en susurros para no molestarla, porque o dormía o estaba en oración y estudio, esa era su vida.

A los pies de su cama aprendí muchas cosas de la Biblia y como enseñar a niños; me dio un flanelógrafo y una caja llena de figuras. Eso ya no se usa ahora. Ella tenía planes de que cuando Dios la sanara, fuéramos juntas a predicar, ella a los adultos y yo a los niños. En el pasado habíamos ido juntas a Veracruz, México, y le había gustado mucho la idea de hacerlo; y yo ¡muy ilusionada!

En ese mismo año hice un viaje con mi segunda mamá y uno de mis hermanos a Salina Cruz Oaxaca; cuando regresamos, mi papá nos tenía la noticia que mi abuelita Erdman había muerto. Él y mis otros hermanos fueron a sepultarla a Cuernavaca. Otra vez no pude verla y asegurarme que en verdad estaba muerta, ni decirle adiós, igual que con mi mamá. Mis sueños murieron con ella.

Tenía 14 años cuando mis dos abuelitas murieron solamente días aparte. El día que mi papá recibió el telegrama avisándole de la muerte de su mamá, lo vi llorar como un niño. Ya la habían sepultado. Nunca lo había visto tan vulnerable. Nunca conocí a ninguno de mis abuelos, cuando yo nací ambos ya habían muerto.

Crecí rodeada de muerte, le tenía terror al momento que me fueran a decir que alguien más se me había muerto. Si alguien salía de viaje, era la primera cosa que pensaba: accidentes, enfermedades, temor al futuro; no podía depender de nadie ni de nada. Primero le temía a la muerte, luego me acostumbre a verla y al fin, con la vida que viví, la deseaba. Todo esto fue la obra del diablo para destruir mi vida. Hubo una lucha por mi alma ese día terrible en Febrero y ¡Dios ganó! ... Continuemos ...

Aunque yo sabía que mi papá me amaba, tenía un carácter muy difícil y era muy duro con nosotros. Había abuso verbal y físico. Cualquier cosa lo sacaba de sus casillas, y enojado era capaz de todo. Una vez me dejó sorda de un oído de una cachetada mal puesta, porque no le gustó el tono que usé cuando le dije algo, y tuve que usar medias negras para que la gente no viera los cinturonazos en mis piernas.

También tuve que curar a uno de mis hermanos, cuando le dejó la espalda hecha garras. Estos sólo son dos ejemplos de muchos. Mis hermanos y yo vivíamos en constante miedo de ser golpeados y muchas veces ni sabíamos el por qué. Si alguien le venía a mi papá con alguna queja, o algún chisme de nosotros, no investigaba, solamente llovían los trancazos y los demás oíamos los gritos y las súplicas. Mi hermanito el más pequeño, se escondía en el canasto de la ropa sucia cuando oía que llagaba mi padre.

A la vez, teníamos tiempos tan agradables con él. Pobrecito de mi padre; ahora me doy cuenta que tenía los mismos problemas que yo experimenté. Su pobre corazón también estaba hecho pedazos. Nunca dejé de quererlo o de respetarlo, y sé que siempre me amó y quería lo mejor para mí; solamente que estaba esclavizado a su dolor que no dejaba ir. Eso lo limitaba.

Hubo ocasiones en que lo veía arrepentido, pero no lo decía. Una ves que me encontró llorando por mi mamá, me dijo que él no merecía ser mi padre.

Cuando ya de casada nos visitó en nuestro hogar, y me vio con mis hijas y cuanto las quería y atendía; me dijo: "ME GUSTARÍA VOLVER A EMPEZAR" Eso me dijo mucho de sus sentimientos y arrepentimiento.

Se sentaba a ver Plaza Sésamo con mis hijas como si él fuese otro pequeñito; allí risa y risa los tres, cobijados junto al fuego para calentarse. Su personaje favorito era la rana René. Todo un abuelito cariñoso y acaramelado con sus nietecitas.

Mi padre tenía un lado tan bonito de él que no veíamos seguido, se la pasaba trabajando; para él no existían las palabras descanso, diversión, relajamiento. Todo eso era para él falta de carácter; flojera, dejadéz. Pero cuando íbamos a los pueblos, nos contaba cuentos. A veces nos compraba paletas heladas, no tenía mucho dinero, éramos 7 niños. Lo que sí, era un hombre muy determinado, lograba lo que se proponía, y me adoraba; el sabía que me gustaban los rabanitos así que cuando le traía flores a mi mamá, a mí me traía un ramito de rábanos frescos para mi solita. Mi papá tenía dos personas dentro de él, como todos; era cosa de que dejara a Dios cambiar su carácter y sanar sus heridas.

Sucedieron otras tragedias en mi familia que me quebraron el corazón más y más. Mi manera de lidiar con todo era no pensar en ello. Esto llegó a ser una práctica continua conmigo. Y aunque oraba y le pedía a Dios por mi familia, no esperaba respuesta. Dios había llegado a ser para mí, un Dios duro, castigador, egoísta, alejado, inalcanzable y desinteresado en mis problemas, luchas, y dolor.

Pero a la vez no podía negarlo, yo sabía que Él es, que me podía mandar al infierno por mis pecados. Pero yo no sentía amor hacia Él; solo miedo, coraje y resentimiento. Sí, seguía leyendo mi Biblia y orando, pero siempre me sentía llena de culpa y sin que Él me escuchara.

A pesar de esto, había enseñado escuela dominical a niños desde que tenía la edad de 11 años. Y de allí en adelante le había servido de una manera o de otra; Escuelas de vacaciones, coros de niños, clases de jóvenes, campamentos, visitas a los pueblos y misiones, y cantando.

Una de mis actividades favoritas venía una vez al año. A mi padre le gustaba preparar un servicio de Navidad hermoso, y yo era su mano derecha. Cada año, él escogía una historia de Navidad y hacíamos un cuadro plástico con actores del grupo de jóvenes; yo les hacía sus vestuarios y hacíamos el pesebre y todo.

Era mi trabajo también decorar la iglesia, dirigía el coro de los niños y los jóvenes que actuaban en el cuadro plástico. ¡Ah! ¡Como me encantaba! Esperaba esos días todo el año. Cada vez era una aventura y me sentía muy apreciada por mi papá en esos momentos. Toda la gente de las misiones en los pueblos venía a celebrar Navidad con nosotros hasta las horas de la madrugada, y después del servicio comíamos tamales y atóle que hacían las hermanas de la iglesia. ¡Si todo hubiera sido siempre así!

Cuando tenía 11 años, conocimos a una señorita misionera que apenas había llegado a Oaxaca. Era norte americana como mi mamá. Nos invitó a su casa a hacer galletas; tenía tanto tiempo que no teníamos esa clase de atención y cariño, que todos mis hermanitos y yo nos enamoramos de ella.

Mi papá sacó dinero de no sé donde, porque estaba muy limitado, y le compró un árbol de Navidad. Fuimos todos a su casa para decorarlo, y recuerdo como nos enseñó a hacer cuerdas de palomitas de maíz para colgar del arbolito. Me sentía en las nubes de la alegría.

Recuerdo la noche que mi papá nos llevó al centro a buscar un trío para llevarle serenata a su ventana. Fue tan bonito ser parte del cortejo ... ¡yo quería que se casaran y que ella fuera mi mamá! Es que durante esos años que mi papá estuvo solo, tuvo varias pretendientes. A mí no me gustaba eso, lo celaba mucho y siempre le decía que no olvidara a mi madre.

No que fuera necesario decírselo, pero yo quería estar segura. Una vez, conoció a una mujer de Francia y me pregunto si me caía bien para mamá, le dije un rotundo no. Otra vez fue una irlandesa, y mi respuesta fue NO. Pero cuando conocí a Dorothy Long algo me pasó en el corazón, Dios la tenía para mí, para nosotros. Han tenido que pasar años y muchas cosas en mi vida para que la apreciara de verdad. Ahora puedo ver hacia atrás y reconocer como Dios estaba cuidando de mí en muchas maneras, pero en ese tiempo nunca lo vi.

Yo estuve presente con todos mis hermanitos, el día que mi papá nos llevó a todos juntamente con Dorothy a la Fuente de las Siete Regiones, allá en Oaxaca; y allí le propuso matrimonio. No recuerdo que dijo ella, o cuanto se tardó en decirle que sí, lo que sí se, es que lo aceptó con siete niños de pilón.

Cuando lo supieron sus amistades, le dijeron que estaba loca. Ella no se desanimó, y el 20 de Abril de 1968 se casaron con siete niños de cola. ¡El paquetazo que se echó encima! Pobrecita de mi mamá. Solamente después, ya siendo madre y esposa, llegué a comprender lo difícil que tiene que haber sido para ella tener tal responsabilidad de buenas a primeras. Y no solamente eso, si no tener que vivir con la sombra de otra mujer que ni mi papá ni yo dejábamos morir.

Yo esperaba que ella fuera igual a mi madre, recordaba ciertas cosas que quería volver a vivir; no con malas intenciones, porque lo hice inocentemente, pero no consideré que ella es otra persona con su propio carácter, modos, costumbres, etc. Esto causo divisiones, celos, y favoritismos entre nosotras que me desilusionaron mucho.

(Continues...)



Excerpted from Gracia Infinita by Estrella Montealegre De Albarrán Copyright © 2011 by Estrella Montealegre de Albarrán. Excerpted by permission of iUniverse, Inc.. All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Table of Contents

Contents

PREFACIO....................IX INTRODUCCIÓN....................XI
CAPITULO 1 TRÁGICA DECISIÓN....................1
CAPITULO 2 EL COMIENZO DEL DESCENSO....................13
CAPITULO 3 DEPRESIÓN INTENSA....................23
CAPITULO 4 PÉRDIDA DE MI HIJO....................31
CAPITULO 5 LA MUERTE DE MI PADRE....................35
CAPITULO 6 LA PÉRDIDA DE MI IGLESIA Y DE MI HIJA MENOR....................41
CAPITULO 7 PERDIENDO MI SALUD....................49
CAPITULO 8 VANIDADES CON QUE TRATÉ DE LLENAR MI VACÍO....................53
CAPITULO 9 MI RELACIÓN CON MI FAMILIA SE EVAPORA....................59
CAPITULO 10 ALICIA....................83
CAPITULO 11 PERDIENDO LA ESPERANZA....................89
CAPITULO 12 EL DÍA DE MI MUERTE....................95
CAPITULO 13 DIOS DIJO "NÓ"....................101
CAPITULO 14 UN CAMBIO INESPERADO....................109
CAPITULO 15 EL PROCESO DE REGRESAR A LA VIDA....................115
CAPITULO 16 VIVIENDO EN UN INFIERNO....................123
CAPITULO 17 SIETE MESES CON DIOS....................129
CAPITULO 18 MI PADRE SE REVELA A MÍ....................135
CAPITULO 19 EVIDENCIAS DE VIDA ABUNDANTE....................141
CAPITULO 20 FRUTO DE VIDA....................149
CAPITULO 21 TRANSFORMACIÓN EVIDENTE....................153
CONCLUSIÓN....................159

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