La anatomía humana, desde una perspectiva… poética

De anatomía poética, el nuevo libro de la escritora mexicana Gilraen Eärfalas, describe en verso las diferentes partes que conforman el cuerpo humano, ofreciendo a los lectores una “historia clínica” amena y llena de reflexiones sobre la fascinante naturaleza del ser humano. El libro incluye bellas ilustraciones que pueden colorearse mientras se disfrutan las románticas meditaciones sobre el cerebro, los ojos, el corazón, los pulmones, los brazos, los pies…
Estimada Gilraen, bienvenida a Aroma de libros, el espacio de Barnes & Noble dedicado a nuestros lectores de libros en español.
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Tu estilo literario es muy peculiar, uno que ya habías empleado en tu anterior libro Desfribrilador y ahora en De anatomía poética, cuéntanos ¿Cómo surgió esta idea de referirte a la anatomía humana por medio de la poesía?
Cuando estaba en segundo año de la carrera, el profesor de Neuroanatomía, todos los viernes nos daba un tema sobre historia de la medicina. Habló de Girolamo Fracastoro. Lo primero que escuché fue "Médico y poeta". Para ese tiempo yo tenía un blog donde escribía poemas y un canal de YouTube donde recitaba los mismos. Así que, ¡desde luego llamó mi atención! Ese médico escribió “Syphilis sive morbus gallicus”, un poema latino donde describió la sífilis. Él proponía que la enfermedad se transmitía por "semillas del contagio", partículas invisibles que viajaban de un cuerpo a otro para sembrar la enfermedad. Esto, para esos años seguro sonó a total locura. ¿Cómo es que los demás creerían que hay algo invisible enfermándonos? Pero... años después, llega el microscopio y nos trae la novedad de que sí, hay semillas invisibles que causan enfermedades. ¿Lo precioso del asunto? Que un poeta, en su sensibilidad y su necesidad de nombrar lo que no se ve, se le adelantó a la ciencia. Después de traer este tema todo el día dándome vueltas en la cabeza, escribí “Terapia intensiva”, mi primer intento de llevar palabras médicas a un poema.
¿En qué momento decidiste volcar tus estudios de medicina hacia esta maravillosa expresión literaria?
Fue un accidente, porque yo jamás imaginé que dejaría de ejercer la medicina. Toda mi vida estaba trazada alrededor de ella, trabajar en consulta, ahorrar para estudiar una especialidad y seguir el camino que normalmente se espera de un médico general. Sin embargo, mientras hacía el internado médico, durante mi rotación por Ginecología y Obstetricia, había algunas noches tranquilas en las que no llegaban embarazadas. En esos momentos comencé a reunir los poemas que había publicado en mi blog y a darles forma de antología. Así surgió la primera versión de Desfibrilador. No era todavía el libro que conocemos hoy, pero decidí autopublicarlo en Amazon. Para mí era solamente un logro personal, pues nunca he sido demasiado soñadora en ese sentido; no imaginaba que alguien fuera a comprarlo, mucho menos leerlo. Pero sucedió, gracias a Dios. Poco a poco, el libro comenzó a moverse como si tuviera vida propia. Llegó a pequeñas librerías y empecé a recibir correos de personas que me preguntaban cómo podían conseguir ejemplares, solicitar un tiraje o llevarlo a sus países. Entonces llegó un momento en el que mi vida estaba completamente dividida: por un lado, la consulta médica, por otro, la escritura, los libros y mi trabajo como librera. Me sentía muy identificada con aquella frase de Antón Chéjov: “La medicina es mi esposa legítima; la literatura, mi amante”. Durante un tiempo sentí que tenía que elegir entre una y otra, pero encontré la manera de fusionarlas. Hoy no doy consulta (a menos que quieran) pero la medicina nunca desapareció de mi vida: vive en todos mis libros, en mi manera de observar el cuerpo, de construir personajes y de escribir sobre el dolor y la muerte.
¿Cuál ha sido la reacción de la comunidad médica al leer tu libro?
La reacción ha sido muy variada, pero en general bastante bonita. Hay médicos que conectan de inmediato con la intención del libro porque reconocen un lenguaje que les resulta cotidiano, solo que resignificado desde la poesía. Me han dicho que les sorprende leer palabras que normalmente aparecen en expedientes, diagnósticos o guardias convertidas en imágenes de amor, pérdida, duelo, ruptura. Para algunos incluso ha sido una forma de volver a mirar la medicina desde un lugar más humano. Otra de las cosas más bonitas que me ha regalado este libro ocurre en las firmas. En verdad, en cada una, sin importar el país, siempre aparece alguien que me dice: “Entré a la medicina por este libro”. ¡Yo nunca imaginé que pudiera influir en una decisión tan grande como elegir una carrera! No es que yo quiera romantizarla, pero, pienso que quizá el libro no le enseñó medicina, pero sí le mostró que dentro de ella había belleza y sensibilidad y que no tiene que escoger entre ser científico y conservar el corazón.
También hay colegas que se divierten con los paralelismos, porque reconocen perfectamente el término médico, pero no esperaban verlo utilizado de esa manera. También existen lectores con una mirada más estrictamente científica que buscan en el poema una explicación médica exacta o una base académica. Pero esa nunca ha sido la intención.
Creo que, al final, la reacción más valiosa ha sido recordarle al personal de la salud que, aunque el sistema nos lleva a perder la sensibilidad, detrás del uniforme, aún se asoma el humano.
En la portada del libro se puede leer la leyenda: “En ningún hospital sangré tanto como en las páginas de este libro”. ¿Encierra esta frase el sacrificio implícito al escribir tu libro?
Encierra la vulnerabilidad de hacerlo. En el hospital la sangre es visible, es muy escandalosa. En el libro no podemos ver cuánto del autor está derramado. Te doy un ejemplo, (porque tengo una debilidad por la confesión) hay un poema en el libro en donde cito: “¿cómo te verás sin cicatrices?” Ahí hablo de mi necesidad de creer en otra vida después de esta, porque me niego a pensar que mi madre no tendrá jamás oportunidad de vivir en un cuerpo donde no tenga memoria del sufrimiento y dolor, en cómo quisiera conocer esa versión de ella sin heridas. Sería muy diferente, yo lo sé, sin embargo, si existe esa vida donde no hay dolor, seguramente, no voy a reconocerla.
A eso me refiero con la frase de la portada. Me permito ser vulnerable, aunque no siempre de una manera tan explícita como en esta explicación. Intento decirla en unas cuantas palabras. El lector ve una cicatriz, pero yo sé toda la sangre que hubo detrás de ella.
En uno de los capítulos, hablas sobre el cuerpo humano como una entidad que teme parar. ¿Cómo se puede interpretar este miedo hacia la pasividad?
Creo que ese miedo hacia la pasividad nace de haber aprendido a vivir en estado de urgencia. Cuando estaba en el hospital, vivía corriendo. No había demasiado espacio para pensar en mí ni en nada que no fuera el trabajo. Mis compañeros vivían de la misma manera, porque eso es lo que el sistema enseña y exige. No desperdicies ningún segundo.
Te cuento algo que todavía noto en mí. Ahora que ya no estoy ahí, a veces me cuesta trabajo saludar antes de decir lo que necesito. Quiero ir directamente al asunto y omito el “hola, ¿cómo estás?”, porque en el hospital esas palabras podían sentirse como una pérdida de tiempo. El cuerpo se acostumbra tanto a estar alerta que, cuando te das un espacio para detenerte, interpretas la calma como si algo estuviera mal. Descansar produce culpa. Salir de ese estado cuesta un montón. Yo sé que me entiendes, igual el sistema ya es el mismo en todo el mundo y en varias profesiones.
¿Qué impacto esperas causar en los lectores de De anatomía poética?
La verdad es que no pienso demasiado en el impacto. No soy una persona que sueñe mucho a largo plazo; me gusta vivir el día a día y trabajar con lo que tengo enfrente. Más que esperar un gran impacto, me gustaría que alguien pudiera detenerse un momento, colorear, leer un poema y mirar su cuerpo con un poco más de curiosidad o ternura. Si sucede algo más grande, será un regalo que el libro me dará después. Gracias infinitas.
Gilraen, muchas gracias por concedernos esta entrevista. De anatomía poética ya está disponible en librerías Barnes & Noble y en bn.com Entrevista preparada por Ernesto Martínez, Comprador de libros en español de Barnes & Noble




