La bipolaridad como don: Cómo transformar la inestabilidad emocional en una bendición
A unique treatise on the nature and consequences of bipolar disorder, this book argues that if the emotional oscillations experienced by individuals with the disorder have come to be considered a disadvantage or a dysfunction, it is because medicine and psychology have treated them as such. The study—which examines the characteristics of bipolarity and its corresponding manic and depressive episodes in depth—holds that, rather than a brain disorder that can only be managed by chemical means, the condition is the result of undeveloped talents and can be cured by affirming and channeling those skills into appropriate outlets.

Un tratado único sobre la naturaleza y las consecuencias del trastorno bipolar, este libro arguye que si las oscilaciones emocionales experimentadas por individuos con el trastorno han llegado a considerarse una desventaja o disfunción, es porque la medicina y la psicología las han considerado como tales. El estudio—el cual examina a fondo las características de la bipolaridad, la manía y la depresión—sostiene que, en vez de ser un desorden del cerebro que solamente se puede estabilizar por medios químicos, la condición es un resultado de talentos sin desarrollar y se puede curar por afirmar esos dones y canalizarlos en direcciones más apropiadas.
 
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La bipolaridad como don: Cómo transformar la inestabilidad emocional en una bendición
A unique treatise on the nature and consequences of bipolar disorder, this book argues that if the emotional oscillations experienced by individuals with the disorder have come to be considered a disadvantage or a dysfunction, it is because medicine and psychology have treated them as such. The study—which examines the characteristics of bipolarity and its corresponding manic and depressive episodes in depth—holds that, rather than a brain disorder that can only be managed by chemical means, the condition is the result of undeveloped talents and can be cured by affirming and channeling those skills into appropriate outlets.

Un tratado único sobre la naturaleza y las consecuencias del trastorno bipolar, este libro arguye que si las oscilaciones emocionales experimentadas por individuos con el trastorno han llegado a considerarse una desventaja o disfunción, es porque la medicina y la psicología las han considerado como tales. El estudio—el cual examina a fondo las características de la bipolaridad, la manía y la depresión—sostiene que, en vez de ser un desorden del cerebro que solamente se puede estabilizar por medios químicos, la condición es un resultado de talentos sin desarrollar y se puede curar por afirmar esos dones y canalizarlos en direcciones más apropiadas.
 
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La bipolaridad como don: Cómo transformar la inestabilidad emocional en una bendición

by Eduardo H. Grecco
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by Eduardo H. Grecco

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A unique treatise on the nature and consequences of bipolar disorder, this book argues that if the emotional oscillations experienced by individuals with the disorder have come to be considered a disadvantage or a dysfunction, it is because medicine and psychology have treated them as such. The study—which examines the characteristics of bipolarity and its corresponding manic and depressive episodes in depth—holds that, rather than a brain disorder that can only be managed by chemical means, the condition is the result of undeveloped talents and can be cured by affirming and channeling those skills into appropriate outlets.

Un tratado único sobre la naturaleza y las consecuencias del trastorno bipolar, este libro arguye que si las oscilaciones emocionales experimentadas por individuos con el trastorno han llegado a considerarse una desventaja o disfunción, es porque la medicina y la psicología las han considerado como tales. El estudio—el cual examina a fondo las características de la bipolaridad, la manía y la depresión—sostiene que, en vez de ser un desorden del cerebro que solamente se puede estabilizar por medios químicos, la condición es un resultado de talentos sin desarrollar y se puede curar por afirmar esos dones y canalizarlos en direcciones más apropiadas.
 

Product Details

ISBN-13: 9788499881256
Publisher: Editorial Kairos
Publication date: 10/01/2017
Sold by: INDEPENDENT PUB GROUP - EPUB - EBKS
Format: eBook
Pages: 160
File size: 3 MB
Language: Spanish

About the Author

Eduardo H. Grecco is a clinical psychologist and psychoanalyst specializing in Jungian and transpersonal psychology, bioenergetics, and body phonology. He is considered a leading expert in the field of flower essence therapy.

Read an Excerpt

CHAPTER 1

QUÉ SON LOS AFECTOS

Yo voy por un camino, ella por otro, pero al pensar en nuestro mutuo amor, yo digo aún: "¿Por qué callé ese día?" y ella dirá: "¿Por qué no lloré yo?"

Gustavo Adolfo Bécquer

Los afectos son algo que nos afecta. Y no es un juego de palabras. No existe otro registro posible en la conciencia de las personas, en relación con las emociones, que el vivirlas. Ya el poeta, teólogo y predicador inglés contemporáneo de Shakespeare, John Donne, supo expresar esta cuestión de "bajar los afectos" al cuerpo y manifestarlos: "También el alma de los amantes puros / debe descender a facultades y afectos / que los sentidos puedan alcanzar y aprehender, / de otro modo, un gran príncipe yace encarcelado". Sin embargo, desde la niñez, aprendimos a reprimir y disfrazar nuestras emociones, a mantener encarcelado al "gran príncipe" que habita en nuestro interior y que podría llegar a convertirse en rey, si nos atreviéramos a romper los barrotes de esa prisión. Así, paulatinamente, fuimos perdiendo capacidad para expresar nuestras emociones y para darnos cuenta del auténtico sentir de nuestra alma.

Cada afecto que sofocamos produce la mutilación de una parte de nuestra vida. De tal modo que, así como hay personas discapacitadas físicas o mentales, las hay, también, afectivas.

La discapacidad afectiva es un mal bastante general en nuestra época, hasta tal punto que, como en ninguna otra, han surgido numerosos caminos de búsqueda para aprender a dar salida a esa energía sofocada. Talleres corporales, grupos de encuentro, reuniones de sensibilización, son algunos ejemplos de un gran abanico de posibilidades que dan testimonio del hambre del hombre moderno por poder contactarse con el mundo de la vivencia, que ha pasado, hoy, a ser la dimensión de lo perdido.

Del mismo modo que el ahogo de los afectos conlleva, como consecuencia, la anestesia en segmentos de nuestra vida, su expresión coartada implica la generación del conformismo y la mediocridad.

No se puede tener medio orgasmo ni medio embarazo, pero, en cambio, sí nos permitimos tener "medio enojo", "media depresión" o "un poco de celos". El desenlace es que concluimos siendo "mediocres emocionales". Y, entre la represión y la mediocridad, los afectos que no expresamos y en los cuales quedamos atrapados, se hacen síntomas. Así, la causa de nuestros síntomas radica en las emociones atrapadas en el pasado, que siguen siendo vigentes hoy, dado que lo que dejamos pendiente siempre retorna.

Sin embargo, es bueno tener en cuenta que eso que nos hace sufrir no es pasado. Usamos este concepto temporal sólo por una cuestión práctica pero, en realidad, lo que nos hace doler hoy es algo que no hemos podido dejar atrás, que sigue siendo permanente actualidad. Que lo repetimos en este momento porque no lo aprendimos, y no lo aprendimos porque no lo vivimos intensamente. Curiosamente, el pasado es lo que nos queda por vivir.

Para sanar de raíz los síntomas debemos, entonces, curar las emociones que están en la base de cada uno de ellos ya que los síntomas están en el lugar de un afecto que falta.

Este proceso se ajusta a dos principios fundamentales:

• no se puede sanar una emoción en ausencia (ley de la actualidad) y

• no se puede dejar atrás lo que no se vive primero intensamente (ley de la saciedad).

Los afectos están para ser sentidos

Los afectos están, entonces, para ser sentidos, y anhelan dar rienda suelta a su capacidad de expresión. Son procesos energéticos, que tienen la particularidad de comprometer y actuar sobre el propio cuerpo. En las emociones no hay nada abstracto, al punto de que podemos decir que nuestro cuerpo es un cuerpo emocional, que las emociones moldean nuestro cuerpo. Cuando tocamos o acariciamos un cuerpo no estamos tocando y acariciando un grupo muscular sino un tejido de afectos.

Los afectos se diferencian de los "actos eficaces". Una acción eficaz dirige su actividad hacia el mundo exterior y es aquella que logra resolver una necesidad, mientras que las emociones, por el contrario, aparecen como inútiles para resolver problemas o tensiones. Así, por ejemplo, una reacción de miedo, con su repertorio de comportamientos somáticos y psíquicos, no aporta ninguna solución para eliminar los motivos que lo originaron. Sin embargo, su existencia, aparentemente inadecuada, está cumpliendo una finalidad dentro de la economía psíquica de la persona que lo sufre. Buscarle su sentido es la tarea que permite transformar una emoción en aprendizaje.

Los afectos son actos justificados, no por su capacidad de resolver una necesidad o una situación, sino por el significado que conllevan. Cada emoción posee un sentido particular, existe para enseñar algo al sujeto que la siente y es por eso que el mundo afectivo puede ser concebido como un gran maestro de la vida, aquel que nos va indicando cosas que debemos modificar, lecciones que debemos aprender para acercarnos a un equilibrio mayor, a una armonía creciente y a una salud más plena.

1. Lo que los afectos son

Los afectos son energía que necesita descargarse

La energía afectiva busca expresarse. Cuando no lo logra obtener por las vías usuales: motricidad (hacer), timia (sentir), palabra (decir) o sublimar (crear), puede manifestarse en el cuerpo como síntoma. Entonces, el cuerpo grita, en forma de síntoma, el afecto sofocado.

Hay que insistir: el síntoma está en el lugar del afecto sofocado. Decimos, por ejemplo, que el asmático se ahoga porque no se angustia o que el ulceroso sangra por no dejar salir su rencor y que parte de toda la tarea terapéutica consiste, justamente, en ayudar a catalizar este afecto ausente de la conciencia y así liberarlo de su anclaje o atadura al síntoma sustitutivo y permitirle de este modo expresarse de una manera más sana y más plena.

En suma, los afectos están para ser sentidos y, cuando quedan marginados de poder realizar esta experiencia, se estancan e intentan forzar otras vías de salida, y una posible es la "facilitación corporal". Los afectos sofocados regresan como síntomas en el cuerpo. Pero no lo hacen en cualquier lugar sino que la geografía corporal les impone condiciones de expresión. Así, ciertos afectos aparecen en ciertas partes de nuestro cuerpo y en ciertos sistemas físicos con predilección a otros.

Las emociones son la presencia del pasado en nuestra vida

Todos los afectos son "transferenciales" en el sentido de que son reproducciones de experiencias pasadas, algunas de profundo color filogenético, otras cargadas del colorido de la ontogenia, pero siempre evocando experiencias históricas, tal como ocurre en el caso de la angustia, que reproduce las condiciones iniciales del nacimiento y de toda separación significativa.

La clave histórica de la angustia enseña que, en el momento del nacimiento, las mismas reacciones psicofisiológicas que acompañan este afecto fueron elementos decisivos para la sobrevivencia del niño. Así, entonces, cuando la persona se encuentra ante situaciones similares (por una equivalencia psíquica inconsciente) repite un comportamiento que en un momento de su vida fue eficaz, aunque ya no sirva para eliminar el peligro presente.

Esto es lo que hace que los afectos, presentes y activos hoy dentro de una persona, rememoren escenas olvidadas. Es como si los afectos fueran, en cierta medida, una manera de recordar, como si los afectos fueran una manera de contar nuestra historia pero a la luz de cómo la vivimos en el ayer.

Cada experiencia nos deja un "resto" y ese resto constituye los anclajes emocionales en los cuales estamos atrapados. De manera que las emociones representan nuestros apegos, nuestro pasado, aquello que, por momentos, nos impide abrirnos a la experiencia del presente. Así, los afectos tiñen la manera que el hombre tiene de leer el mundo que lo rodea. Al cambiar su estado afectivo cambia su manera de ver y relacionarse con el mundo externo y también el modo en el cual se mira a sí mismo. La frase "el mundo es según el cristal con el que se lo mira" es aplicable aquí y el cristal son las emociones. Basta recordar la fábula de la zorra y las uvas para que este aspecto de las emociones quede confirmado.

Los afectos son maneras de resignificar el tiempo y el espacio

El presente, el pasado y el futuro cobran valores diferentes según el estado emocional dominante. El tiempo corre de prisa cuando se está ansioso, en estado de felicidad o exaltación, y se lentifica en la tristeza, la pena y el aburrimiento. Del mismo modo ocurre con el espacio. En el amor el espacio se suelda, las distancias se achican; la felicidad dilata el espacio, la tristeza lo encoge y la desesperación lo torna vacío. La Psicología habla de tiempo y espacio "páticos", aludiendo a la modalidad con que una persona vive el discurrir (duración) y el sitio (situación) en donde está incluida, que no coinciden con la sucesión y la contigüidad objetivas del tiempo y del espacio físico.

Los afectos son proyecto

Los afectos son maneras que tenemos los seres humanos de construir la realidad, un modo de indagar, tantear y edificar el futuro. Mirar al futuro, desde los afectos, es también corregir el pasado y el presente, pagar nuestras deudas, triunfar en la vida, invertir en el mañana. Por esto la prospectiva afectiva es un magnífico procedimiento de compensación y regulación psíquica ya que nos permite reordenar nuestra existencia con metas renovadas, cargadas de la fuerza de la realización emocional.

Los afectos son cuerpo

Además del hecho de que los afectos son historia y vivencia, las emociones presentan claves somáticas particulares, de modo tal que muchas veces percibimos la presencia de un afecto sólo por sus expresiones somáticas, porque tal como lo expresa sabiamente John Donne, por fuera de toda consideración terapéutica y sólo en dos versos: "Los misterios del amor crecen en las almas /pero el cuerpo es su libro"; es decir, este poeta –de un modo sintético admirable–, al afirmar que "el cuerpo es el libro" del amor, está diciéndonos que este sentimiento (diríamos aquí: los afectos, las emociones) se lee en el cuerpo, porque se escribe necesariamente en el cuerpo y con el cuerpo; pero, además, la ecuación cuerpo = libro también expresa que el cuerpo "sabe" mucho acerca de las pasiones de los hombres y es allí donde "se leen". (Tal vez sería interesante señalar que este poeta, también teólogo y predicador –contemporáneo de Shakespeare, como ya se dijo–, se enfrentó con los que él llamaba "católicos demasiado obedientes" y se hizo sacerdote anglicano.)

La singularidad de cada clave orgánica hace que cada emoción afecte áreas precisas y específicas del cuerpo. Así, por ejemplo, es frecuente encontrar afectos de tristeza, depresión, desaliento y desesperación en las enfermedades pulmonares, o que los músculos del cuello se tensen cuando se odia, y hasta hay veces en que el duelo por la muerte de un ser querido lleva a sentir como Miguel Hernández (ante la pérdida de su gran amigo Ramón Sijé): "Tanto dolor se agrupa a mi costado / que por doler me duele hasta el aliento".

Los afectos no son buenos ni malos

En la vida cotidiana nos referimos a los afectos como protagonistas de una película del viejo oeste americano. Decimos que hay buenos (positivos) y malos (negativos). Sin embargo, los afectos no saben de esta valoración; cada uno de ellos es energía que puede estar aplicada en muchas direcciones. Por ejemplo, la envidia, que a veces conduce al ataque destructivo del semejante, sirve también para desarrollar la capacidad de modelar (copiar creativamente) del otro algún comportamiento que podemos aprender y así incorporar como algo eficaz en nuestras vidas.

Los afectos siempre poseen un sentido

Son signos que nos señalan aspectos que debemos enfrentar, conductas que debemos cambiar, deudas que tenemos que saldar, tareas que debemos realizar, aspiraciones que debemos cumplir. Así, por ejemplo, los celos hablan de una demanda de mayor intimidad, de un requerimiento de más cercanía, de la sensación de que hay algo que no se comparte con el otro y se quiere compartir. Es decir, los afectos nos ayudan a darnos cuenta de anhelos que no percibimos como representaciones conscientes y a aprender lecciones que tienen que ver con la realización de nuestro plan de vida. A veces no tienen que ver con nuestra personalidad sino que son mensajes del alma y a veces no son señales de deseos o anhelos nuestros sino de los otros.

Los afectos son vínculos

Los afectos son vínculos, contactos. De hecho, una de las maneras en las cuales los afectos nos afectan es en el modo en el cual establecemos relaciones en nuestra vida. Esto se debe, en parte, a que los afectos los aprendimos, los descubrimos o los procesamos en el contexto esencial de nuestra familia. Aprendimos a amar, odiar, tener miedo, etc. dentro de una relación y ahora reproducimos en todos nuestros encuentros mucho de lo que allí asimilamos. Al cambiar nuestros afectos cambian nuestros vínculos y, por otra parte, nuestros estados afectivos condicionan el modo y el tipo que tenemos de interactuar con otras personas.

¿Qué hacer con los afectos?

Es imperioso dar curso a la expresión de los afectos porque los afectos que no drenan no se agotan, siguen vivos y latiendo.

Más que suprimir las emociones, deberíamos acostumbrarnos a vivirlas con toda su riqueza e intensidad. Pues es muy cierto lo que dice el gran poeta portugués Fernando Pessoa: "También mis emociones / son cosas que me acontecen".

Es necesario luchar contra la programación que desde niños nos han impuesto la cultura, la familia, el medio ambiente, etc. acerca de contenernos y mantener un bajo perfil en todo lo que tenga que ver con el mundo de nuestros afectos. Sin duda, esta tarea puede parecer bastante costosa porque hemos edificado a lo largo de los años muchos diques de contención afectiva, algunos, inclusive, con ribetes morales. Pero, sólo es cuestión de empezar, ya que la inercia emocional opera en ambos sentidos y a medida que comenzamos a nadar el agua se nos torna más amigable.

2. Los afectos como polaridad

Los afectos siempre aparecen en pares de oposición, tal como amor-odio o alegría-tristeza. ("Para dejarme vivir, oh, ámame, y también ódiame" –clama John Donne avant la lettre de la Psicología moderna.) Este hecho no hace otra cosa que poner de relieve una constante inherente a la naturaleza misma de la vida emocional: la polaridad complementaria.

El concepto de oposición es bastante fundamental en la Psicología contemporánea. Esto se debe, en parte, al hecho de que es un término que la ciencia en su conjunto utiliza con bastante reiteración desde hace varias décadas.

Generalmente se lo asocia, en el campo psíquico, con el de dinámica y con modelos de explicación como los de Freud y de Jung, y parece bastante cierto afirmar que hoy día ningún análisis psicológico puede realizarse sin incluir esta dimensión.

Una concepción dinámica propone que el concepto de oposición permite ver la realidad desde el punto de vista de su movimiento, es decir, de su historia. Esto significa que existe en la realidad general un proceso y que ella es, en sí misma, proceso. Por lo tanto, lo psíquico –como parte de la realidad– es un proceso que está en permanente cambio y evolución. Pero una evolución pensada no como el desarrollo de lo que estaba en potencia sino como una "evolución emergente", es decir, una transformación donde siempre aparecen cosas nuevas y diferentes.

Que una emoción sea polar significa que conlleva en sí misma su polo opuesto. El hombre desarrolla una serie de estrategias para enfrentar este hecho, tales como, entre otras, la sofocación (hacerla desaparecer), la negación (no sentir nada) y la ambivalencia (sentir al mismo tiempo dos afectos contrarios, como amor y odio, por ej.), que sería, esta última, la respuesta más madura, ya que integra y reconoce aspectos opuestos que están formando parte de una misma estructura de conciencia.

A veces el polo contrario está en la sombra, otras actúa disfrazado, a veces parece no existir, otras está a la par, en la conciencia, pero disociado ... Las posibilidades son muchas, pero lo importante es que los afectos siempre implican la presencia de su contrario en alguna parte.

3. Los afectos como vibración

Los afectos son vibración. Cada emoción posee un ritmo, una intensidad y una modalidad de vibración acorde con su propia naturaleza. La alteración de este funcionamiento, en cualquiera de sus aspectos, implica consecuencias para la persona que la vive, muchas veces en términos de sufrimiento y enfermedad.

La teoría cuántica aporta la idea de que los cuerpos, en el nivel microscópico, pueden ser vistos, al mismo tiempo, como un conjunto indivisible de materia y onda.

(Continues…)


Excerpted from "La Bipolaridad Como Don"
by .
Copyright © 2009 Eduardo H. Grecco.
Excerpted by permission of Editorial Kairós.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
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Table of Contents

Prólogo, por Dr. Fernando Bilbao Marcos,
Nota Preliminar,
Introducción,
Parte Primera: DEL AFECTO A LA AFECCIÓN,
Capítulo I - Qué son los afectos,
Capítulo II - La tristeza y sus variaciones,
Capítulo III - La alegría y sus variaciones,
Parte Segunda: EL MUNDO BIPOLAR,
Capítulo IV - La bipolaridad como padecimiento,
Capítulo V - La biografía del paciente bipolar,
Capítulo VI - Cómo vive el paciente bipolar,
Capítulo VII - La filosofía bipolar,
Capítulo VIII - Las siete caras del alma bipolar,
Parte Tercera: QUÉ HACER PARA SANAR EL PADECER BIPOLAR,
Capítulo IX - Las terapéuticas posibles,
Epílogo,
Bibliografía,
Contracubierta,

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